Tratado de Tordesillas


Tratado de Tordesillas

Se conoce como Tratado de Tordesillas al compromiso suscrito en Tordesillas (actualmente en la provincia de Valladolid, en el noroeste de España) el 7 de junio de 1494[1] entre Isabel y Fernando, reyes de Castilla y Aragón, y Juan II rey de Portugal, en virtud del cual se establecía un reparto de las zonas de conquista y anexión del Nuevo Mundo mediante una línea divisora del Océano Atlántico y de los territorios adyacentes. El tratado se firmó para evitar conflictos entre las coronas de España y Portugal interesadas en el control de los mares y tierras exploradas por sus marineros.

Planisferio de Cantino de 1502, que muestra el meridiano designado en el tratado.

Contenido

El Tratado de Alcáçovas

Artículo principal: Tratado de Alcáçovas

El 4 de septiembre de 1479 se selló la paz entre los dos vecinos mediante el Tratado de Alcáçovas suscrito por Alfonso V de Portugal y los Reyes Católicos, poniendo fin al conflicto desencadenado por la sucesión de Castilla. Además de servir para formalizar el fin de la beligerancia, el pacto contenía otras cláusulas concernientes a la política de proyección exterior, en un momento en que los dos reinos competían por el dominio del Océano Atlántico y de las costas africanas. Portugal obtenía el reconocimiento de su dominio sobre Madeira, las Azores, Cabo Verde, Guinea y en general todo lo que es hallado e se hallare, conquistase o descubriere en los dichos términos, allende de que es hallado ocupado o descubierto, mientras que Castilla recibía las Islas Canarias.

El Primer Viaje de Colón

Artículo principal: Primer viaje de Colón

Finalizados todos los preparativos, la expedición zarpó de Palos de la Frontera (Huelva) el 3 de agosto de 1492, con las carabelas La Pinta y La Niña, y con la nao, Santa María.

Hasta el 6 de septiembre estuvo en las islas Canarias, concretamente en La Gomera (visitando a Beatriz de Bobadilla, gobernadora de la isla) y en Gran Canaria, arreglando el timón de La Pinta. El 12 de octubre de 1492 Colón llega a América, especificamente a una isla de las Bahamas llamada Guanahani, cuya exacta localización aún se discute. El 25 de diciembre de 1492 las embarcaciones llegan a la isla de Santo Domingo donde se hundió la nave capitana, la Santa María. Sus restos fueron usados para construir el Fuerte de La Navidad, constituyendo así el primer asentamiento español en América.

Las dos carabelas, al mando de Colón, regresaron al puerto de Palos el 15 de marzo de 1493. El día 3 de abril de 1493, Colón fue recibido por el Rey Fernando el Católico en Barcelona para recibir el informe de su llegada por el oeste a lo que él creía era la India. Varios años después, ya muerto Cristóbal Colón, los europeos descubrirían que las tierras a las que había llegado no eran en realidad parte del Asia, sino de un continente cuya existencia desconocían.

Negociación del Tratado

Reacción portuguesa al viaje de Colón

De regreso de su primera expedición a «las Indias» el 4 de marzo de 1493 Colón llegó a Lisboa forzado por el temporal. Once días antes de rendir viaje en Palos de la Frontera tuvo ocasión de entrevistarse con Juan II de Portugal y ponerle al corriente de sus descubrimientos. Inmediatamente el monarca portugués reclamó la pertenencia de las nuevas tierras alegando derechos derivados del tratado de Alcáçovas. Los Reyes Católicos, por su parte, negaron tal pretensión aduciendo que la navegación se había efectuado siempre al oeste, y no al sur de Canarias.

Las Bulas Alejandrinas

Artículo principal: Bulas Alejandrinas

En demanda y confirmación de la plena soberanía castellana sobre los recién hallados territorios, Isabel y Fernando acudieron al veredicto papal. La arraigada tradición teocrática de los pontífices romanos imponía la aceptación de su arbitraje en el mundo cristiano en estos asuntos territoriales. Le correspondió pues al valenciano Rodrigo Borgia, a la sazón titular de la sede de San Pedro como Alejandro VI, proceder al reparto de las tierras y los océanos del Nuevo Mundo entre las dos potencias que optaban a su descubrimiento, colonización y dominio: Castilla y Portugal. En las cuatro bulas Alejandrinas de mayo a septiembre de 1493 (las dos Inter Cœtera, Eximiœ Devotionis y Dudum Siquidem) dictadas con tal ocasión, se fijó el meridiano divisorio de las zonas de influencia española y portuguesa a 100 leguas al oeste de las Azores y Cabo Verde, siendo la zona occidental la correspondiente a Castilla y Aragón y la oriental a Portugal.[2] Se dejó notar el origen eclesiástico de dichos documentos, pues se decretaba la excomunión para todos aquellos que osasen viajar a las Indias sin autorización de los reyes de Castilla.

Negociación final y firma

Casa del Tratado en Tordesillas.

Las prerrogativas derivadas de las bulas Alejandrinas, en especial de la última Inter Caetera muy favorables a los Reyes Católicos, no satisficieron a Juan II de Portugal, quien quedaba excluido en la práctica de las empresas americanas, toda vez que la línea imaginaria de demarcación trazada por designio papal le relegaba a las costas africanas, quedando el Nuevo Mundo de forma privativa para el rey y la reina de Castilla, de León, de Aragón, de Sevilla, de Granada, etc. Las circunstancias internas y externas del momento político aconsejaron a los Reyes Católicos pactar con el lusitano unas nuevas condiciones. Los pactos se recogieron en el Tratado de Tordesillas, firmado en esa localidad vallisoletana el 7 de junio de 1494 por los delegados de ambas monarquías. Por parte de los Reyes Católicos firmaron Enrique Enríquez de Guzmán, mayordomo mayor de los reyes, Gutierre de Cárdenas, comendador mayor de Santiago y contador real, y el doctor Francisco Maldonado; por el lado portugués firmaron Ruy de Sousa, su hijo Juan de Sousa y el magistrado Arias de Almadana. Se fijó un plazo de cien días para su ratificación por los respectivos monarcas; los Reyes Católicos lo refrendaron el 2 de julio de 1494 en Arévalo, y Juan II lo hizo el 5 de septiembre siguiente en Setúbal. Los originales del tratado se conservan en el Archivo General de Indias en Sevilla (España) y en el Arquivo Nacional da Torre do Tombo en Lisboa (Portugal).[3]

El Tratado indicaba que se solicitaría su confirmación por la Santa Sede pero también estipulaba claramente que ninguna de las partes podría ser dispensada de cumplirlo alegando el «motu proprio» papal.[4] El papa Alejandro VI nunca confirmó el Tratado y hubo que esperar a que Julio II lo hiciese por medio de la bula Ea quae pro bono pacis en 1506.

Contenido del Tratado

Página original del tratado. Biblioteca Nacional de Lisboa.

La esencia del Tratado consistió en el convenio de una nueva línea de demarcación, siendo ésta la que, teniendo sus extremos en ambos polos geográficos, pasase a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde.[5] Esta línea viene a coincidir con el meridiano situado a 46º 37’ longitud oeste (meridiano que pasa prácticamente por el sector este de la actual ciudad de São Paulo). La gran diferencia con la demarcación establecida en las bulas pontificias es que la parte oriental de América del Sur, el extremo este de Brasil, quedaba ahora adscrito al área de acción de Portugal, lo que posibilitó el sometimiento a su soberanía cuando en 1500 Pedro Álvares Cabral arribó a costas brasileras.

Otros puntos del tratado contemplaban la renuncia de Castilla a los derechos que tenía sobre el Reino de Fez, salvo la región que rodea a Melilla, así como la exclusión de navíos de pesca castellanos al sur del Cabo Bojador y la confirmación del derecho castellano, dentro del área portuguesa, de realizar «Cabalgadas» entre ese punto y el Río de Oro.

En su Historia de España, Menéndez Pidal califica el Tratado de Tordesillas como el primer tratado moderno de la historia europea pues, por primera vez, al lado de los diplomáticos que llevaban las conversaciones había dos grupos de peritos (españoles y portugueses) que asesoraban técnicamente a los primeros.

Que se haga y asigne por el dicho mar océano una raya o línea derecha de polo a polo, del polo Ártico al polo Antártico, que es de norte a sur, la cual raya o línea e señal se haya de dar e dé derecha, como dicho es, a trescientas setenta leguas de las islas de Cabo Verde para la parte de poniente, por grados o por otra manera, como mejor y más presto se pueda dar, de manera que no será más. Y que todo lo que hasta aquí tenga hallado y descubierto y de aquí adelante se hallase y descubriere por el dicho señor rey de Portugal y por sus navíos, así islas como tierra firme, desde la dicha raya arriba, dada en la forma susodicha, yendo por la dicha parte de levante, dentro de la dicha raya a la parte de levante, o de norte o sur de ella, tanto que no sea atravesando la dicha raya, que esto sea y quede y pertenezca al dicho señor rey de Portugal y a sus subcesores para siempre jamás. Y que todo lo otro, así islas como tierra firme, halladas y por hallar, descubiertas y por descubrir, que son o fueren halladas por los dichos señores rey y reina de Castilla y de Aragón, etc., y por sus navíos, desde la dicha raya, dada en la forma suso dicha, yendo por la dicha parte de poniente, después de pasada la dicha raya, para el poniente o al norte sur de ella, que todo sea y quede y pertenezca a los dichos señores rey y reina de Castilla y de León, etc., y a sus subcesores para siempre jamás.


Dificultades para establecer la posición de la línea

Primeras líneas de demarcación (1495–1545).

El tratado sólo especificaba la línea de demarcación en 370 leguas desde las islas de Cabo Verde. No especificaba la línea en grados de meridiano ni identificaba la isla desde la que debían contarse las 370 leguas ni tampoco la longitud de la legua.[6] El tratado declaraba que esas materias serían establecidas por una expedición conjunta que nunca se llevó a cabo. A eso debía agregarse que no era conocido exactamente el tamaño de la esfera terrestre y por lo tanto la distancia entre cada meridiano variaba de acuerdo a la longitud que se le atribuía a la esfera, esto hacía que aunque se estuviera de acuerdo en cuantas leguas había en un grado de longitud, su distancia en kilómetros variaría de acuerdo al tamaño atribuido a la Tierra. La determinación de la longitud era la única manera de poder fijar distancias en el mar y la única forma muy imprecisa de determinarla era por medio del tiempo empleado en recorrer una distancia determinada.

para que la dicha línea o raya de la dicha partición se haya de dar y dé derecha e a lo más cierta que se pudiere por las dichas trescientas setenta leguas de las dichas islas de Cabo Verde a la parte de poniente, como dicho es, es asentado con los dichos procuradores de ambas las dichas partes, que dentro de diez meses primeros siguientes, contados desde el día de la fecha de esta capitulación, los dichos señores constituyentes hayan de enviar dos o cuatro carabelas, una o dos de cada parte, o más o menos, según se acordare por las dichas partes que sean necesarias, las cuales para el dicho tiempo sean juntas en la isla de Gran Canaria (...) Los cuales dichos navíos, todos juntamente continúen su camino a las dichas islas de Cabo Verde, y de ahí tomarán su rota derecha al poniente hasta las dichas trescientas setenta leguas, medidas como las dichas personas acordaren que se deben medir, sin perjuicio de las dichas partes, y allí donde se acabare, se haga el punto y señal que convenga por grados de sur o de norte, o por singladuras de leguas, o como mejor se pudiere concordar (...).
El Meridiano de Tordesillas según diferentes geógrafos: Ferber (1495), Cantino (1502), Oviedo (1545), los peritos de Badajoz (1524), Ribeiro (1519), Pedro Nunes (1537), João Teixeira Albernaz, el viejo (1631, 1642) y Costa Miranda (1688).

La primera opinión española sobre la posición de la línea del tratado fue la del catalán Jaume Ferrer en 1495, realizada a solicitud de los reyes de Castilla y Aragón. Ferrer consideró que la línea de demarcación debía establecerse desde 18° al occidente de la más central de las islas de Cabo Verde, la isla de Fogo, estableciendo que la línea del tratado estaba a los 42°25'O, pero creía que el tamaño de la esfera terrestre era un 21.1% más grande que el que en realidad es. Ferrer también estableció que la legua debía ser de 32 estadios olímpicos (6.15264 km), de esta manera la línea de Ferrer coincidía con el meridiano 45°37'O.[7]

La primera representación gráfica conocida de la línea podría ser la del mapa de Juan de la Cosa del año 1500.

Mapa de Juan de la Cosa (1500). Se muestra el Nuevo Mundo en la parte superior (en verde) y el Viejo Mundo en la parte central e inferior (en blanco).

La más antigua mención portuguesa aparece en el Planisferio de Cantino de 1502, la línea de demarcación estaba situada a mitad de camino entre el Cabo San Roque (punto extremo nordeste de América del Sur) y el estuario del río Amazonas, aproximadamente a los 42°30'O.

En 1518 el español Martín Fernández de Enciso localizó la línea a los 47°24'O, pero creía que la esfera terrestre era un 7.7% más pequeña de lo que es, por lo que su línea pasaba a los 45°38'O.[8]

Junta de Badajoz y Elvas de 1524

En razón de la disputa por las islas Molucas, entre el 1 de marzo y el 31 de mayo de 1524 se reunieron peritos de ambas coronas, entre ellos los navegantes españoles Tomás Durán, Sebastián Gaboto y Juan Vespucio, quienes dieron su opinión a la Junta de Badajoz-Elvas que fue establecida para fallar en la disputa. Ellos especificaron que la línea debía estar a los 22° desde 9 millas al occidente del centro de la isla de San Antonio (la más al occidente de las del Cabo Verde). La esfera terrestre considerada entonces era 3.1% más pequeña que la actual, por lo que la línea fijada a los 47°17'O corresponde en realidad a los 46°36'O. El mapa utilizado por la parte española fue el Totius Orbis Descriptio Tam Veterum Quam Recentium Geographorum Traditionibus Observata Novum de Juan Vespucio, impreso en Italia en 1524). Los portugueses presentaron a la Junta de Badajoz-Elvas un mapa en el que la línea fue marcada a los 21°30' al occidente de San Antonio (22°6'36" de hoy). Las reuniones terminaron sin alcanzar un acuerdo.[9]

El Tratado de Zaragoza firmado el 22 de abril de 1529 entre España y Portugal, donde reinaban Carlos I y Juan III , respectivamente delimitó las zonas de influencia portuguesa y española en Asia. El tratado fijaba las esferas de influencia de Portugal y España a 297,5 leguas al este de las Molucas. Esta línea de demarcación se encontraba por lo tanto cerca del meridiano 135 O.

Junta de Badajoz y Elvas de 1681

Cuando los portugueses fundaron la Colonia del Sacramento en la margen izquierda del río de la Plata en 1680, el gobernador de Buenos Aires reaccionó arrasando la colonia, por lo que Portugal reclamó ante la Corona española. El 17 de mayo de 1681 se firmó un tratado provisional en Lisboa que reprodujo las juntas de Badajoz y Elvas de 1524, ya que debían nombrarse comisionados de ambas partes que se reunirían alternativamente en Badajoz y Elvas para que en el plazo de dos meses emitir un dictamen sobre la posición de la línea de Tordesillas, sometiéndose a un laudo del papa Inocencio XI en caso de no hallarse una solución.[10]

La junta deliberó entre el 4 de noviembre de 1681 y el 22 de enero de 1682. Los comisarios portugueses pretendieron que las 370 leguas debían contarse desde el extremo occidental de la isla de San Antonio y los españoles desde el centro de la de San Nicolás. Se acordó que debían verificarse los puntos por donde pasarían cada una de las dos líneas propuestas y una vez determinadas, se procedería a establecer la isla de origen.

La segunda dificultad se presentó al no ponerse de acuerdo sobre qué cartas servirían de referencia, los españoles pretendían que fuesen las realizadas por cartógrafos holandeses, mientras que los portugueses pretendían valerse de sus propias cartas, las hechas por Pedro Núñez, Juan Texeira y Juan Texeira de Albornoz. De acuerdo a las castas holandesas, Colonia del Sacramento quedaba en territorio español, pero según las portuguesas, la línea podía pasar: 13 leguas al occidente (si se tomaba la isla San Antonio) o 19 al oriente (si se tomaba San Nicolás).

No habiendo acuerdo, se dispuso trasladar al papa la decisión, España envió a Roma al duque de Jovenazo, pero Portugal no envió a nadie y el papa dejó transcurrir el plazo de un año fijado para laudar.[11]

Transgresión del tratado

Observando las áreas de ocupación portuguesa en el Brasil antes del Tratado de Madrid de 1750 que anuló la línea de Tordesillas, se observa que Portugal transgredió en su colonización del continente americano la demarcación del Tratado de Tordesillas. De igual manera España colonizó las islas Filipinas en Asia, que estaban dentro del hemisferio portugués. Aunque gran parte esto fue debido a la dificultad existente en el siglo XV para la determinación de la longitud, y así fue hasta 1580, no hay que olvidar que durante 60 años el tratado dejó de tener sentido legal, puesto que entre 1580 y 1640 Castilla y Portugal tuvieron un mismo monarca en una unión dinástica aeque principaliter,[12] y los reyes otorgaron a exploradores portugueses capitanías y concesiones en la cuenca amazónica. Así, a partir de 1580 los comerciantes y colonos portugueses podían establecerse sin preocupaciones más allá del citado meridiano, penetrando profundamente en la selva brasileña. De este modo, cuando en 1640 se produjo la independencia de Portugal, retuvo consigo las posesiones adquiridas hasta entonces mucho más al Oeste de la demarcación del Tratado de Tordesillas en virtud del precepto uti possidetis ite possideatis.

En 1534 el rey portugués Juan III creó el sistema de capitanías hereditarias para colonizar Brasil, donó a Pero Lopes de Sousa la Capitanía de Santana que se extendía desde la isla de Mel en el grupo de Cananéia hasta Laguna, que entonces era considerado en Portugal como el punto extremo de su territorio en América del Sur, es decir por donde creían que pasaba la línea de Tordesillas.

Mapa de Luís Teixeira (c. 1574) con la división de la América portuguesa en capitanías. La línea de Tordesillas está desplazada diez grados más al oeste.

Posteriormente en diversos mapas portugueses la boca del Río de la Plata e incluso del Estrecho de Magallanes aparecían como situadas "al Este" de la línea de Tordesillas, es decir, como "territorios del Brasil". Además los portugueses transgredieron con creces las fronteras que les señalaba la línea de Tordesillas debido a la dificultad para fijar las longitudes (ubicación de los meridianos) debido a la imprecisión de los instrumentos de la época (entonces para señalar las longitudes o meridianos se hacían cálculos aproximativos en los cuales el recurso más apropiado solía ser la corredera; recién a mediados del siglo XVIII Inglaterra desarrolló precisos cronógrafos (cronómetro de Harrison inventado en 1765) que, unidos a los sextantes, dieron la posibilidad de ubicar con bastante precisión la posición de los meridianos).

Marco del tratado en Canes

Durante el tercer viaje de Américo Vespucio al Nuevo Mundo, el 15 de febrero de 1502 la expedición portuguesa que iba al mando de Gonzalo Coelho, al alcanzar la latitud aproximada de 25º 35' S, que corresponde a la isla de Cardoso en el grupo de Cananéia, celebró una junta que decidió si se continuaría el viaje a través de los dominios españoles, allí asumió el mando de la expedición Américo Vespucio. En 1767 fue hallada en la playa de Itacuruçá en la isla de Cordoso una pieza de mármol de 80 por 40 por 20 centímetros enclavada en el suelo y esculpida con el escudo de armas de Portugal. Magnaghi cree que la columna sólo pudo ser puesta por la expedición de Vespucio de 1502. El marco permaneció en la isla hasta 1841, cuando el ministro del Imperio de Brasil, el Barón de Capanema, lo retiró y lo llevó al Museo Imperial en Río de Janeiro.[13] [14]

Anulación del tratado

El Tratado de Madrid de 1750 anuló la línea de Tordesillas:

Artículo I: El presente tratado será el único fundamento y regla que en adelante se deberá seguir para la división y límites de los dominios en toda la América y en Asia; y en su virtud quedará abolido cualquier derecho y acción que puedan alegar las dos Coronas, con motivo de la bula del Papa Alejandro VI, de feliz memoria, y de los tratados de Tordesillas, de Lisboa y Utrecht, de la escritura de venta otorgada en Zaragoza, y de otros cualesquiera tratados, convenciones y promesas; que todo ello, en cuanto trata de la línea de demarcación, será de ningún valor y efecto, como si no hubiera sido determinado en todo lo demás en su fuerza y vigor. Y en lo futuro no se tratará más de la citada línea, ni se podrá usar de este medio para la decisión de cualquiera dificultad que ocurra sobre los límites, sino únicamente de la frontera que se prescribe en los presentes artículos, como regla invariable y mucho menos sujeta a controversias.

Sin embargo el Tratado de Madrid fue anulado por el Tratado de El Pardo de 1761, que restableció la línea de Tordesillas hasta que fue abandonada definitivamente por el Tratado de San Ildefonso del 1 de octubre de 1777.

Véase también

Referencias

  1. Boorstin, 1983, p. 178
  2. Boorstin, 1983, p. 248
  3. Davenport, 1917, pp. 85, 171.
  4. VANDER LINDEN, H. (Oct 1916). «Alexander VI. and the Demarcation of the Maritime and Colonial Domains of Spain and Portugal, 1493-1494». The American Historical Review Vol. 22 (nº1). págs. 1-20. 
  5. Boorstin, 1983, p. 249
  6. Boorstin, 1983, p. 179
  7. Harrisse, pp. 91–97, 178–190.
  8. Harrisse, pp. 103–108, 122, 192–200.
  9. Harrisse, pp. 138–139, 207–208.
  10. Cervantes virtual
  11. Memorias sobre las observaciones astronomicas, hechas por los navegantes españoles en distintos lugares del globo, las quales han servido de fundamento para la formacion de las cartas de marear publicadas por la dirección de trabajos hidrograficos de Madrid: Las quales han servido de fundamento ... Autor Josef Espinosa y Tello, Luis María de Salazar Salazar, Bern Dibner, Imprenta Real (Madrid), pág. 118 - 119
  12. España en Europa: Estudios de historia comparada: escritos seleccionados, John Huxtable Elliott, Universitat de València (2002), páginas 79-80
  13. Cazal:228
  14. Magnaghi:190

Bibliografía

Enlaces externos


Wikimedia foundation. 2010.

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