Justiniano I


Justiniano I
«Justiniano» redirige aquí. Para el emperador homónimo, véase Justiniano II.
Justiniano I
Emperador del Imperio bizantino
Meister von San Vitale in Ravenna.jpg
Mosaico de Justiniano en la Iglesia de San Vital en Rávena
Reinado 1 de agosto de 52714 de noviembre de 565
Coronación 1 de agosto de 527
Nombre real Flavius Petrus Sabbatius Iustinianus
Nacimiento 11 de mayo de 483
Tauresium
Fallecimiento 14 de noviembre de 565
Constantinopla
Predecesor Justino I
Sucesor Justino II
Cónyuge/s Teodora
Dinastía Justiniana
Padre Sabbatius
Madre Vigilantia
Justiniano
Emperador del Imperio bizantino
Nacimiento Fecha desconocida
Venerado en Iglesia ortodoxa
Festividad 14 de noviembre

Justiniano I el Grande (En latín: Flavius Petrus Sabbatius Iustinianus; en griego: Ιουστινιανός) (Tauresium, 11 de mayo de 483Constantinopla, 14 de noviembre de 565) fue emperador de los romanos desde el 1 de agosto de 527 hasta su muerte, y el último en hablar latín como lengua materna.

Por su reforma y compilación de leyes y por la gran expansión militar que tuvo lugar en Occidente bajo su reinado, sobre todo gracias a las campañas de Belisario. Todo ello formaba parte de un magno proyecto de restauración del Imperio romano (Renovatio imperii romanorum), por el que es recordado como «el último emperador romano». Gracias a estas campañas, el imperio pasó a ganar un millon más de Sólidos al año. La Iglesia ortodoxa lo venera como santo el día 14 de noviembre.

Ha sido considerado tanto como un genio, como un gobernante pusilánime, celoso y un pésimo militar. Quitando su personalidad, hizo obras magnas como la Iglesia de Santa Sofía.

Contenido

Biografía

Justiniano nació en una pequeña aldea llamada Tauresio (Taoro) en Iliria (cerca de la actual Gradešti, Skopje, República de Macedonia), en los Balcanes, probablemente el 11 de mayo de 482. Su madre Vigilantia era hermana del famoso general Justino que ascendió desde el ejército a la dignidad imperial. Su tío le adoptó y se aseguró de que recibiese una buena educación: Justiniano siguió así el currículo educativo habitual, centrándose en la jurisprudencia y la filosofía. Avanzó en su carrera militar con gran rapidez, y se abría ante él un gran futuro cuando, en 518, Justino se convirtió en Emperador. Justiniano fue nombrado cónsul en 521, y posteriormente general del Ejército de Oriente. Mucho antes de que Justino le hiciese co-Emperador el 26 de septiembre de 526[cita requerida], ya participaba en las actividades de gobierno. Los emperadores bizantinos intentaron, en general, recuperar el antiguo Imperio romano de Occidente, pero en el siglo VI uno de ellos consiguió los mayores logros; ese fue Justiniano.

4 meses después, Justiniano pasó a ser el único soberano tras la muerte de Justino. Su reinado tendría un gran impacto en la historia mundial, dando lugar a una nueva era en la historia del Imperio bizantino y de la Iglesia ortodoxa. Fue un hombre con una capacidad de trabajo fuera de lo común, que tenía un carácter afable, moderado y alegre, pero que también podía ser despótico, artero y falto de escrúpulos cuando le convenía. Era un hombre que no salía de su despacho prácticamente, manejando desde allí el Imperio, y por sobre todos los aspectos personales sobresalía su falta de carisma, aspecto casi imprescindible en un soberano absolutista, más aún no despertaba simpatía alguna entre sus súbditos. Fue el último Emperador que intentó recuperar los territorios que poseyó el Imperio romano en tiempos de Teodosio I, y con este fin, puso en marcha grandes campañas militares. También desarrolló una colosal actividad constructiva emulando la de los grandes emperadores romanos del pasado. Partiendo de la premisa de que la existencia de una comunidad política se fundaba en las armas y las leyes, prestó especial atención a la legislación y pasó a la posteridad por ser el inspirador del Corpus iuris civilis. La intención de este código era recopilar una serie de leyes de la jurisdicción romana y armonizarla todo lo posible con la cristiana a fin de crear un Imperio homogéneo. Su pensamiento circundó, durante toda su actividad como emperador, en la idea del poder imperial sustentado por la gracia divina, es decir que el emperador era el representante de Dios sobre la Tierra.

En 523 se casó con Teodora, una ex-actriz; hasta entonces, las actrices resultaban socialmente próximas a las prostitutas, y en el pasado, a Justiniano le habría resultado imposible casarse con ella, pero Justino había aprobado una ley que permitía los matrimonios entre distintas clases sociales, lo que llevaría, ya en el reinado de Justiniano, a una cierta atenuación de las diferencias sociales en la corte bizantina. Teodora llegaría a ser una persona muy influyente en la política del Imperio, y algunos emperadores posteriores seguirían el precedente de Justiniano casándose fuera de la clase aristocrática. Procopio de Cesarea es nuestra fuente principal para la historia del reinado de Justiniano, aunque también contribuye con muchos detalles de interés la crónica de Juan de Éfeso, que se conserva como fundamento de muchas otras crónicas posteriores. Ambos historiadores hicieron comentarios a veces muy negativos sobre Justiniano y Teodora; Procopio, además de su historia, escribió otra Historia secreta que recoge varios escándalos de la corte. Las Historias de Agatías explican todos los sucesos acaecidos desde el año 552 hasta 558 o 559.

La segunda mitad de su reinado se vio ensombrecida por la epidemia de peste que se hizo virulenta a partir del año 542. Teodora murió en 548 y Justiniano la sobrevivió casi 20 años, para morir el 14 de noviembre de 565. D.T.R.

Actividad militar y campañas de Belisario

Mapa del Imperio bizantino en 550 d.C. En verde las conquistas durante el reinado de Justiniano I.

Política exterior basada en la Recuperatio Imperii

La ideología de la Recuperatio Imperii es una formulación que responde a los sentimientos extendidos entre amplias capas de la población de la Pars Occidentalis (sobre todo entre el elemento senatorial urbano y sectores vinculados con la administración) y en parte del gobierno del Imperio de Oriente, que intelectualmente juega con la continuidad imperial en Occidente; de hecho, el sentimiento de romanitas se encuentra —en el siglo VI— ampliamente extendido por todo el Imperio y es correspondido por la ideología oficial del gobierno imperial —según la cual éste no se hundió en Occidente sino que los bárbaros gobiernan allí en nombre del emperador de Oriente— y por parte de la intelligentsia de Constantinopla (por ejemplo, es el caso del escritor Juan Lido, contemporáneo de Justiniano). Estos sentimientos son aprovechados por la administración justiniana para realizar, precisamente, una política en consonancia con ellos (fuese sincera o interesada). Justiniano era el rey de todo, por así llamarlo; era el mayor responsable tanto militar como religioso.

Campañas contra el reino vándalo (533–534)

En mayo de 530, el monarca probizantino Hilderico fue depuesto por su primo Gelimer aduciendo a que su falta de personalidad habían llevado a los vándalos a ser derrotados por las tribus moras. Las protestas de Justiniano de que Hilderico pudiera regresar a Constantinopla no fueron escuchadas, por lo que preparó con cuidado una campaña que debía combinar eficacia militar y sobriedad de costes. Juan de Capadocia, responsable de las finanzas del Imperio y opuesto a la guerra, accedió al final a llevar los gastos de la campaña de una forma rígida. Belisario, el general más brillante de Oriente fue el encargado de llevar las armas.

La decisión de atacar el reino vándalo coincidió con la aparición en éste de una serie de debilidades. La simbiosis entre invasores e invadidos no llegó nunca a consolidarse, lo cual generó hostilidades con los últimos. El miedo a revueltas internas había conducido a la desfortificación de los núcleos urbanos por miedo a que acogieran revueltas. A su vez un general godo que regía Cerdeña en nombre del monarca de Cartago pretendió con ayuda militar oriental gobernar de forma independiente, pero fue detenido por Gelimer antes de que dicha ayuda llegara.

La flota oriental abandonó los puertos de Constantinopla a mediados de junio de 533 y vía Sicilia alcanzó las costas africanas al cabo de tres meses. Belisario encontró escasa resistencia, y tras un victorioso encuentro con los vándalos en la batalla de Ad Decimum, ocuparía Cartago dos días después. Gelimer, temeroso de que entronizaran al depuesto rey, ejecutó a Hilderico antes de la caída de Cartago y huyó a los rebordes montañosos. Tres meses después fue nuevamente derrotado en la batalla de Tricamerón y se refugió en las montañas de Tunicia, intentando escapar a España. Finalmente optó por entregarse a finales de marzo de 534. Belisario lo condujo hasta Constantinopla, donde el general fue recibido con grandes honores, reservados al emperador. La provincia fue anexionada al Imperio, a pesar que las tribus periféricas supusieron un peligro durante más de una década.

Campañas contra el reino ostrogodo (540–554)

A la muerte de Teodorico el Grande el control de la política ostrogoda cayó en manos de su hija Amalasunta, la cual ejerció el poder en nombre del rey niño Atalarico, hasta que este falleció en 534. La regencia se caracterizó por un viraje político hacia Oriente, generando una fuerte oposición interna. La pronta desaparición de su hijo forzó a la regente a la búsqueda de un monarca formal tras el que seguir moviendo los hilos del gobierno. El elegido fue Teodato, con el que contrajo matrimonio a fines de 534, este pronto se alejó del palacio de Ravena y ordenó la eliminación de su mujer en abril de 535 posiblemente a instigación de Teodora que buscaba un casus belli para la intervención de Justiniano.

Ese mismo año Justiniano daría dos golpes de mano que le permitieron tomar Sicilia al mando de Belisario y Dalmacia por Ilírico Mundo. Teodato recurrió a una embajada papal, pero se envió una embajada Imperial paralela al propio monarca ostrogodo para establecer un acuerdo secreto de cesión de Italia al imperio. Los diversos contratiempos que atravesaba el Imperio en ese momento, como la revuelta de África y la recuperación de territorios por germanos en Dalmacia indujeron a Teodato a romper el compromiso y a hacer frente a los ejércitos de Justiniano.

Justiniano reorganizó la jerarquía militar para poder poner al frente de las campañas italianas a Belisario ya que Mundo había fallecido en la ofensiva de Dalmacia. En su lugar se puso a Constantiniano, que recuperó la ofensiva en Dalmacia, reocupando Salona y expulsando a los ostrogodos de la región. Belisario ocupó Nápoles y finalmente Roma a comienzos de diciembre. Teodato, antes de la caída de Roma, fue depuesto por Vitiges, comandante de su guardia personal que demostró tener gran capacidad para las artes guerreras y puso sitio a Roma.

El precio de la conquista del reino ostrogodo quizá podría considerarse excesivo. Se provocaron continuas campañas de desgaste, siendo víctima principal la población itálica que sufrió la destrucción de su tejido social, productivo, político y fue azotada por la peste. Los veinte años de lucha aceleraron dramáticamente la transición al mundo medieval. Roma perdió su entidad urbana y dejó de ser la ciudad por antonomasia del mundo Mediterráneo.

La Pragmática Sanción de 554, mediante la cual Italia era reintegrada al Imperio romano, ratificaba la situación de facto al otorgar a los obispos el control de diversos aspectos de la vida civil (como la actividad de los jueces civiles) y la administración de las ciudades, poniéndolos a cargo del aprovisionamiento, la anona y los trabajos públicos, al tiempo que quedaban exentos de la autoridad de los funcionarios imperiales.[1]

Campañas contra el reino visigodo (552)

Artículo principal: Provincia de Spania

A finales de 552 Justiniano podía considerar la campaña itálica como finalizada, accediendo ese mismo año a la petición de ayuda formulada en el 551 por el rebelde visigodo Atanagildo a cambio de una franja costera desde Valencia a Cádiz. La colaboración oriental fue decisiva para decantar la guerra civil en el reino peninsular hispano a favor de aquel candidato frente a Agila. Pero la compensación territorial nunca fue plataforma para la conquista de la antigua Hispania, de hecho, las zonas concedidas en 552 comenzaron a menguar en las décadas siguientes, especialmente durante el reino de Leovigildo, hasta su evaporación en el 624, en que los bizantinos fueron definitivamente expulsados por el rey Suintila.

Frente a los eslavos

Los eslavos ocupaban una zona geográfica intermedia entre los conjuntos germánicos y esteparios. Esto, sumado a una variedad de pueblos, hacía que las incursiones fueran habituales en los Balcanes. A pesar de las contundentes victorias anteriores de Germano y Mundo sobre eslavos y búlgaros, estos últimos penetraron profundamente en el espacio griego a comienzos de 540 hasta llegar al istmo de Corintio, en la típica incursión de botín y cautivos que no produjo daños de cuantía ni la pérdida de puntos de importancia. Los eslavos por su parte llegaron hasta Dirraquio. Las expediciones de los cotrigures fueron más contundentes, llegando a cruzar el Danubio helado y llegando sin oposición hasta Mesia y Escitia, desde donde llegaron a Tracia y dividieron sus fuerzas en dos pelotones de saqueo. El mismo Zabergan se presentó en Constantinopla con 7000 jinetes, Belisario tuvo que salir de su retiro para liderar una contraofensiva que conjuró la amenaza.

Compilación justinianea

la majestad imperial conviene que no sólo esté honrada con las armas sino también fortalecida por las leyes, para que en uno y otro tiempo, así el de guerras como el de paz, puedan ser bien gobernados, y el principio romano subsista vencedor no solamente en los combates con los enemigos (...) Y así después de cincuenta libros del Digesto o de las Pandectas en que se recopiló todo ese derecho antiguo y los cuales hicimos valiéndonos del mismo Triboniano (...), mandamos que las mismas Instituciones se dividiesen en estos cuatro libros, para que constituyan los primeros elementos de toda la ciencia del derecho...
Instituta de Justiniano; Proemio; «Imperatoriam Majestatem»[2]

La monumental compilación del derecho romano realizada al inicio del reinado del Emperador (años 528 a 534) en lengua predominantemente latina concluye la evolución jurídica del derecho de Roma.

Sobre ella se efectuarán los renacidos estudios romanísticos, a partir del siglo XI, y se fundará la recepción del derecho romano en los países greco-latinos y en Alemania.

Las Institutas de Justiniano serán la conclusión de reiterados intentos previos en reunir el derecho vigente en un cuerpo legal, recogiendo tanto las leges como los iura. Colaborarán en tal emprendimiento las escuelas de Berito y Constantinopla, a través de juristas integrantes de ellas.[3]

Código

Por la constitución Haec Quae Necessario, del 13 de febrero del 528, el Emperador Justiniano nombra una comisión a la que le encarga realizar un código, utilizando los anteriores (Gregoriano, Hermogeniano y Teodosiano) así como también las constituciones posteriores.

Tenían la facultad de modificar las constituciones reuniendo varias en una, o dividiéndolas conforme las materias, según hubieran sido derogadas, o no respondieran a las necesidades.

La tarea fue breve y se publicó el Código el 9 de abril del año 529 (constitución Summa Reipublicae) y entrando en vigencia siete días después. No obstante, cuatro años más tarde fue modificado, por haber quedado anticuada la primera recopilación de las leyes.

El código del 529 es conocido como Codex Verus. El nuevo código (Codex Novis o Codex Iustinianus Repetitae Praelectionis) está dividido en 12 libros, los que a su vez, se subdividen en títulos. Algunas constituciones están redactadas en griego, siendo la más antigua la del emperador Adriano.

El primer libro trata de derecho eclesiástico y público en general; del segundo al octavo de derecho privado; el noveno de derecho penal y el procedimiento correspondiente; los últimos de derecho administrativo.

Al sancionarse el código del año 529, se dispuso la prohibición de recurrir a códigos y novelas anteriores. Así en la constitución Códice confirmando, Justiniano dispone:

Prohibimos a los que pleitean y a los abogados bajo pena de hacerse culpables de falsedad, el que citen otras constituciones que las insertas en nuestro código, y que las citen de otra manera que en la que en él se encuentran; la invocación de esas constituciones, añadiendo a ellas las obras de los antiguos intérpretes del derecho, debe bastar para resolver todos los pleitos, aunque carezcan de fecha, o no hayan sido en otro tiempo más que rescriptos particulares.[4]

Digesto o Pandectas

De las diferentes partes que componen el Corpus iuris civilis, el Digesto resultaría ser la única sin precedentes, como lo señalaría el propio Justiniano.

Una vez publicado el primer código, a través de una serie de constituciones, el Emperador ordenó el Digesto. El 15 de diciembre del 530, por la constitución Deo Auctore se autoriza al cuestor Triboniano para que organice un comisión para encarar dicha tarea. La obra monumental fue concluida el 30 de diciembre del 533.

Para ello debían redactar un cuerpo legal que contuviera la obra de los jurisprudentes (iura). Surgiría así el Digesto, palabra latina que significa que de lo que se haya ubicado metódicamente, o Pandectas, de etimología griega, significa lo que comprende todo.

Más al proceder al examen de todo el material nos comunicó la mencionada excelencia (Triboniano) que los antiguos habían escrito casi 2.000 libros, que abarcaban más de 3 millones de líneas que era necesario leer y atentamente indagar por entero, para elegir lo mejor de todos ellos (...).
Justiniano

La obra se integra con 50 libros; cada libro está dividido en títulos (salvo los número 30, 31 y 32), subdivididos en fragmentos y a su vez en parágrafos.

Dos tercios de los fragmentos contenidos en el Digesto pertenecen a los juristas de la ley de citas (Gayo, Ulpiano, Paulo, Papiniano y Modestino). De éstos, la mayor parte pertenece a Paulo. De otros siete juristas emanan una cuarta parte de los Iura (Cervidio Seavola, Juliano, Marciano, Pomponio, Jaboleno, Africano y Marcelo). El resto de la obra se reparte en opiniones de otros 27 juristas (como Celso, Florentino, Labeón, Neracio, Próculo, Sabino, entre otros).[5]

Institutas

Es un tratado elemental de derecho destinado a la enseñanza dirigida a la juventud ávida de estudiar leyes. Esta obra debía allanar las dificultades que por el volumen y la complejidad del Digesto impedían el estudio de las instituciones jurídicas, directamente de las Pandectas. Reemplazando obras utilizadas por entonces, especialmente las Institutas de Gayo.

Antes de concluirse el Digesto, la comisión dio termino a la tarea que fue publicada el 21 de noviembre de 533, mediante la constitución Imperatoriam Maiestatem. Por la constitución Tanta, junto al Digesto, se estableció la vigencia de las Institutas a partir del 30 de diciembre de 533.

Para las Institutas se basaron en obras elementales de la jurídica clásica y postclásica como las Institutas de Gayo, las de Marciano, Ulpiano y Florentino.

Su contenido era obligatorio para los ciudadanos romanos y resulta ser fuente real de derecho.

Están divididas en 4 libros, abordando los temas esenciales del arte jurídico: las personas, las cosas y las acciones.[6]

Novelas

En la Edad Media se comenzó a incluir, como integrando el Corpus iuris civilis un cuerpo legislativo comprensivo de una serie de constituciones dictadas con posterioridad a los códigos (Vetus y Novis) las Quinquaginta decisiones, el Digesto y las Institutas.

Comprende la obra legislativa de Justiniano a partir de 534 hasta su muerte en el año 565, la mayoría en griego y algunas en latín. Abarcaban diferentes materias, siendo escasas las referidas a derecho privado. Y fueron publicadas con carácter privado por algunos autores con el nombre de Novelas o Novellae leges (Nuevas leyes).

Cabe destacar que en vida del Emperador, no hubo recopilación oficial limitándose al Cuestor de palacio a registrarlas para ser publicadas periódicamente.

  • Alrededor del año 535 aparece una colección conocida como Epitome Juliani, por ser atribuida a Juliano, profesor de derecho de Constantinopla. En esta colección se hallan 124 constituciones en latín, reduciéndose a 122 por repetición de dos de ellas. Incluye las constituciones dictadas entre los años 535 y 555.
  • En el año 556 se conoce una segunda colección, con autor desconocido, de 134 constituciones en latín, conocida como las Auténticas.
  • La Colección griega, concentra en su idioma original Novelas tanto griegas como latinas. Habría sido realizada en el 578 y la integran 158 novelas de Justiniano y otros emperadores posteriores como Justino II y Tiberio II. Cuando en ésta colección aparecen un grupo de 13 Novelas de Justiniano incorporadas como apéndice son conocidas como Edicta Justiniani.
  • Otra obra fue conocida por la llegada de juristas bizantinos y manuscritos griegos, una vez caído el Imperio Oriental. Con 168 constituciones tenía su origen en Constantinopla.
  • Juan de Antioquía (El Escolástico, patriarca de Constantinopla) realizó una colección de cánones extraídos de las Sagradas Escrituras, la patrística, los concilios y sínodos. Luego de la muerte de Justiniano y antes del 578 correlacionó su obra con las disposiciones de las Novelas de Justiniano.[7]

Persecución y abolición de las religiones no cristianas

La política religiosa de Justiniano reflejó la convicción imperial en que la unidad del Imperio presuponía necesariamente la unidad de fe; y ello significaba indudablemente que esta fe sólo podía ser la ortodoxa. Aquéllos que profesasen una fe distinta, sufrirían directamente el proceso iniciado en la legislación imperial, que con Constancio II continuaba ahora con ferocidad. El Codex recogía dos leyes[8] que decretaban la destrucción total de la cultura helenista, incluso en la vida civil, y sus disposiciones serían puestas en práctica con virulencia. Las fuentes contemporáneas (Juan Malalas, Teófanes y Juan de Éfeso) refieren graves persecuciones contra los no cristianos, incluso de personas en las altas esferas.

Quizá el hecho más lamentable tuvo lugar en 529 cuando la Academia platónica de Atenas, fundada por Platón, y que funcionaba desde 362 a. C. pasó a estar bajo control estatal por orden de Justiniano, consiguiendo así la extinción real de esta escuela de pensamiento helenista. El paganismo sería activamente reprimido: sólo en Asia Menor, Juan de Éfeso afirma haber convertido a 70.000 paganos.[9] También otros pueblos aceptaron el cristianismo: los hérulos,[10] los hunos que habitaban junto al Don,[11] los abasgios[12] en el Cáucaso.

El culto de Amón en Áugila en el desierto libio, fue prohibido,[13] de igual modo que los restos del culto a Isis en la isla de File, junto a la primera catarata del Nilo.[14] El presbítero Julián[15] y el obispo Longino dirigieron una misión a la tierra de los nabateos,[16] y Justiniano trató de reforzar el cristianismo en Yemen, enviando allí a un eclesiástico egipcio.[17]

También los judíos sufrieron estas medidas, pues, no sólo vieron restringidos sus derechos civiles por parte de las autoridades,[18] que asimismo amenazaron su privilegios religiosos,[19] sino que, por su parte, el emperador interfirió en los asuntos internos de la sinagoga[20] y prohibió el uso de la lengua hebrea para el culto divino. A aquéllos que se opusiesen a estas medidas se les amenazaba con castigos corporales, el exilio y la pérdida de sus propiedades. Los judíos de Borium, cerca de la Gran Sirte, que habían opuesto resistencia a Belisario durante su campaña contra los vándalos, tuvieron que convertirse al cristianismo y su sinagoga fue transformada en una iglesia.[21]

El emperador se encontró con una mayor resistencia entre los samaritanos, que resultaron más refractarios a la imposición del cristianismo y se rebelaron repetidas veces. Justiniano les hizo frente con rigurosos edictos, pero no pudo evitar que a finales de su reinado se produjesen hostilidades contra los cristianos en Samaría. La política de Justiniano también suponía la persecución de los maniqueos, con el consiguiente exilio y amenaza de pena de muerte.[22] En Constantinopla, en una ocasión, cierto número de maniqueos fueron ejecutado en presencia del propio emperador: algunos quemados y otros ahogados.[23]

Política eclesiástica

De igual modo que en su administración secular, el despotismo estaba presente en la política eclesiástica imperial. Justiniano trató de regular todo, tanto en la religión como en la ley.

A comienzos de su reinado, consideró oportuno promulgar por ley su creencia en la Trinidad y en la Encarnación, y amenazar a todos los herejes con sanciones;[24] mientras que declaraba a continuación que a través de la ley pretendía privar a quienes fuesen contrarios a la ortodoxia de ejercer como tales.[25] Hizo del credo niceno-constantinopolitano el símbolo único de la Iglesia,[26] y confirió fuerza legal a las disposiciones canónicas de los cuatro concilios ecuménicos.[27] Los obispos que asistieron al Segundo Concilio de Constantinopla en 536 reconocieron que en la Iglesia no se podía hacer nada en contra de la voluntad y de las órdenes imperiales;[28] aunque también es cierto que el emperador no dejó pasar ninguna oportunidad para reafirmar los privilegios de la Iglesia y el clero, así como proteger y extender el monacato.

De hecho, si no fuese por lo evidente del carácter despótico de sus medidas, casi cabría la tentación de apodarlo «padre de la Iglesia», pues, tanto el Codex como las Novellae contienen numerosas normas sobre donaciones, fundaciones y la administración de la propiedad eclesiástica; la elección y derechos de los obispos, sacerdotes y abades; la vida monástica; las obligaciones de residencia del clero; el modo de llevar a cabo las ceremonias; la jurisdicción episcopal, etc. Justiniano también reconstruyó la iglesia de Santa Sofía, cuya construcción original había sido destruida durante la revuelta de Niká. La nueva Santa Sofía, con sus numerosas capillas y altares, su gran cúpula dorada y sus extraordinarios mosaicos, se convirtió en el centro y monumento más visible de la ortodoxia oriental en Constantinopla.

Justiniano fue conocido por su avaricia, pero también por sus grandes méritos y logros militares, gracias a él, el Imperio bizantino pudo sobrevivir y perdurar a su existencia; si bien, sin las glorias militares de su reinado; hasta 1453, cuando Constantinopla cayó bajo el asedio de los jenízaros del Imperio otomano.


Predecesor:
Justino I
Emperador del Imperio bizantino
527565
Sucesor:
Justino II

Véase también

Bibliografía

  • El romano, la tierra, las armas. Evolución histórica de las Instituciones del Derecho Romano. Haroldo Ramón Gavernet y Mario Antonio Mojer. Editorial Lex, 1992. La Plata, Argentina. ISBN: 950-9076-30-9.
  • Manual de Derecho romano. Historia e Instituciones. Luis Rodolfo Arguello. Editorial Astrea, 2000. Buenos Aires, Argentina. ISBN= 950-508-101-4.
  • Derecho romano. Luis Alberto Peña Guzmán y Luis Rodolfo Arguello. Tipográfica Editora Argentina, 1966. Buenos Aires, Argentina.

Referencias

  1. DUTOUR, Thierry (2003): La ciudad medieval. Orígenes y triunfo de la Europa urbana. Paidós, Buenos Aires, 2005, p. 90. ISBN 950-12-5043-1
  2. Cuerpo del Derecho civil romano. García del Corral. Tomo I, pág 5 y siguientes.
  3. El romano, la tierra, las armas. Evolución histórica de las Instituciones del Derecho Romano. Haroldo Ramón Gavernet y Mario Antonio Mojer. Editorial Lex, 1992. La Plata, Argentina. ISBN: 950-9076-30-9.
  4. El romano, la tierra, las armas. Evolución histórica de las Instituciones del Derecho Romano. Haroldo Ramón Gavernet y Mario Antonio Mojer. Editorial Lex, 1992. La Plata, Argentina. ISBN: 950-9076-30-9.
  5. El romano, la tierra, las armas. Evolución histórica de las Instituciones del Derecho Romano. Haroldo Ramón Gavernet y Mario Antonio Mojer. Editorial Lex, 1992. La Plata, Argentina. ISBN: 950-9076-30-9.
  6. El romano, la tierra, las armas. Evolución histórica de las Instituciones del Derecho Romano. Haroldo Ramón Gavernet y Mario Antonio Mojer. Editorial Lex, 1992. La Plata, Argentina. ISBN: 950-9076-30-9.
  7. El romano, la tierra, las armas. Evolución histórica de las Instituciones del Derecho Romano. Haroldo Ramón Gavernet y Mario Antonio Mojer. Editorial Lex, 1992. La Plata, Argentina. ISBN: 950-9076-30-9.
  8. Cod., I., xi. 9 y 10
  9. (cf. F. Nau, en Revue de l'orient chretien, ii., 1897, 482)
  10. Procopio, Bellum Gothicum, ii. 14; Evagrio Hist. eccl., iv. 20
  11. Procopio, iv. 4; Evagrio, iv. 23
  12. Procopio, iv. 3; Evagrio, iv. 22) y los tzani (Procopio, Bellum Persicum, i. 15
  13. Procopio, De Aedificiis, vi. 2
  14. Procopio, Bellum Persicum, i. 19
  15. DCB, iii. 482
  16. Juan de Éfeso, Hist. eccl., iv. 5 sqq.
  17. Procopius, Bellum Persicum, i. 20; Malalas, ed. Niebuhr, Bonn, 1831, pp. 433 sqq.
  18. Cod., I., v. 12
  19. Procopio, Historia arcana, 28
  20. Nov., cxlvi., 8 feb. 553
  21. Procopio, De aedificiis, vi. 2
  22. Cod., I., v. 12
  23. F. Nau, en Revue de l'orient, ii., 1897, p. 481
  24. Cod., I., i. 5
  25. MPG, lxxxvi. 1, p. 993
  26. Cod., I., i. 7
  27. Novellae, cxxxi.
  28. Mansi, Concilia, viii. 970B
  • Este artículo contiene textos de la Schaff-Herzog Encyclopedia of Religion.

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