Reyes Católicos


Reyes Católicos

El título de Reyes Católicos fue conferido a Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla por el Papa valenciano Alejandro VI en la bula Si convenit expedida el 19 de diciembre de 1496. Dicha bula fue redactada tras un debate en el Colegio Cardenalicio (realizado el 2 de diciembre con el consejo directo de los tres cardenales Oliverio Caraffa de Nápoles, Francisco Piccolomini de Siena, y Jorge de Costa de Lisboa) en el que por primera vez recibieron el nombre de rey y reina de las Españas y en el que se barajaron y descartaron otros posibles títulos como defensores o protectores, siendo un homenaje a su labor en la propagación del catolicismo (finalización de reconquista con la toma de Granada en 1492, primer viaje de Colón a América, etc). El título de Rey Católico lo heredaron y conservaron sus sucesores (no en vano se habla de Felipe II como el Rey «Católico») y a día de hoy, la actual Constitución Española reconoce al rey Juan Carlos I de España el uso de los títulos tradicionales de la Monarquía española, por lo que también puede utilizar el de Rey Católico o ser llamado Su Católica Majestad.[1]

La pareja se casó en el Palacio de los Vivero de Valladolid el 19 de octubre de 1469, ella con 18 años y él con 17, pasando su luna de miel en el Castillo de Fuensaldaña (Fuensaldaña, Valladolid).

El reinado de los Reyes Católicos significó el tránsito del mundo medieval al mundo moderno en España. Con su enlace se consiguió la unión, en la dinastía de los Trastámara, de las Coronas de Castilla y de Aragón. Además de la paz entre las dos, en pugna por el territorio y la influencia política.

Los Reyes, apoyados por las ciudades y la pequeña nobleza, establecieron una monarquía fuerte frente a las apetencias de poder de eclesiásticos y nobles. Con la conquista de Granada, Navarra, Canarias, Melilla y otras plazas africanas consiguieron la unión territorial bajo una sola corona de la totalidad —exceptuando Ceuta y Olivenza que entonces pertenecían a Portugal— de los territorios que hoy forman España. Dicha unión territorial era personal, ya que se mantuvieron las soberanías, normas e instituciones propias de cada reino y corona. De modo que cuando se emprendía una acción militar o una empresa comercial, se hacía bajo estandarte común.

Los Reyes establecieron una política exterior común marcada por el carácter diplomático de Fernando el Católico, que supondría la hegemonía hispánica en Europa durante los siglos XVI y XVII. El descubrimiento de América en 1492 supuso un hito en la historia mundial. Esta circunstancia abrió enormes posibilidades a la economía, a la ciencia y acentuó la expansión atlántica que continuaría en los siguientes siglos.

En la Concordia de Segovia de 1475 quedaron acordados los títulos y la heráldica que habrían de pertenecer por igual a ambos esposos Isabel y Fernando, un caso inédito en la historia de la emblemática europea como recuerda Menéndez Pidal.[2] En la imagen, un sello policromo con el escudo de los Reyes Católicos de 1491. Es un cuartelado; 1º y 4º, contracuartelado de Castilla y León; en el 2º y 3º, partido de Aragón y Sicilia. El conjunto es sopstenido por un águila como soporte, nimbada y pasmada, también llamada de "San Juan".

Contenido

Política interior

Sentencia arbitral de Segovia (15 de enero de 1475) por la que los príncipes Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla acordaron las competencias para el futuro gobierno de sus reinos. Conservada en el Archivo General de Simancas (España).

Unificación territorial

Comienzo del reinado
Artículo principal: Guerra de Sucesión Castellana

Para reinar en Castilla, Isabel tuvo que vencer la oposición de una parte importante de la nobleza castellana, principalmente la alta nobleza, que prefería la alianza de Castilla con Portugal, por lo que se pusieron de parte de Juana, llamada despectivamente la Beltraneja, lo que acabó en un enfrentamiento armado. Tras la batalla de Toro (1476), las Cortes de Castilla reunidas en Madrigal de las Altas Torres proclaman reina a Isabel I.[3]

Control y Reorganización Política de Galicia

En palabras de Jerónimo Zurita y Castro, historiador célebre por su obra Anales de la Corona de Aragón del siglo XVII:

En aquel tiempo se comenzó a domar aquella tierra de Galicia, porque no sólo los señores y caballeros della pero todas las gentes de aquella nación eran unos contra otros muy arriscados y guerreros, y viendo lo que pasaba por el conde —que era gran señor en aquel reino— se fueron allanando y reduciendo a las leyes de la justicia con rigor del castigo. Volvió el rey de Galicia a Salamanca en fin del mes de noviembre, y desde aquella ciudad se envió su audiencia real formada a Galicia, para que residiese en aquel reino y con la autoridad de los gobernadores y jueces que allí presidiesen y con rigurosa ejecución se administrase la justicia; y el arzobispo de Santiago les entregó su iglesia habiendo pasado por el estado del conde de Lemos y por todas las otras tierras de señores que hay hasta llegar a su arzobispado sin ser recibidos los oidores: tan duros y pertinaces estaban en tomar el freno y rendirse a las leyes que los reducían a la paz y justicia, que tan necesaria era en aquel reino, prevaleciendo en él las armas y sus bandos y contiendas ordinarias, de que se siguían muy graves y atroces delitos y insultos. En esto y en asentar otras cosas, se detuvieron algunos días el rey y la reina en la ciudad de Salamanca.[4]

Tras la Revuelta Irmandiña, los Reyes Católicos reforzaron la autoridad monárquica en el Reino tomando, entre otras, las siguientes medidas:

  • La asunción del castellano como lengua de las clases altas y de la administración.
  • Nombramiento de un Gobernador-Capitán General foráneo plenipotenciario (auténtico virrey).
  • Creación de un órgano jurisdiccional para la impartición de la Justicia en el nombre de la Monarquía: La Real Audiencia del Reino de Galicia, presidida por el Gobernador-Capitán General.
  • Orden de no reconstruir los castillos derrumbados por los irmandiños.
  • Integración progresiva de los monasterios gallegos en las congregaciones de Castilla y Valladolid.
  • Se elimina a los nobles gallegos restantes que se oponen a la política o a la legitimidad del reinado de los Reyes Católicos, lo cual implica la anexión de sus territorios (incluyendo El Bierzo) en los de la Corona de Castilla. El mariscal Pero Pardo de Cela es decapitado en Mondoñedo; Pedro Madruga, conde de Camiña y Soutomaior es arrinconado en Portugal y, muy probablemente, asesinado.

La centralización administrativa y el control del Reino de Galicia se da como finalizada con el viaje a Santiago de Compostela de los Reyes Católicos en 1486. Se considera esta época como el fin del sistema feudal y comienzo de la Edad Moderna en Galicia.

Conquista de Granada
Rendición de Granada, por Francisco Pradilla, uno de los especialistas en la pintura de historia propia de la segunda mitad del siglo XIX.
Artículo principal: Guerra de Granada

Una vez que Isabel se afirmó en el trono de Castilla, reanudó la conquista del Reino nazarí de Granada. Aprovechando que dicho reino se encontraba en una crisis dinástica entre el sultán, su hermano el Zagal y su hijo Boabdil, comenzó la guerra por la conquista de Granada. Se distinguen varias fases:

  • (1469): Se casan los Reyes Católicos.
  • (1484 a 1487): Conquista de la parte occidental del reino. Boabdil firma un tratado con los Reyes, según el cual entregaría Granada a cambio de que le dieran un señorío en la zona oriental del reino.
  • (1488 a 1490): Empieza la conquista del oriente del reino. Se traslada la base de operaciones a Murcia. Durante esta etapa se rinde el Zagal.
  • (1490 a 1492): Se exige a Boabdil la entrega de Granada. Al enterarse el pueblo granadino de lo pactado, opone resistencia, que es respondida por los ejércitos de los Reyes. Al final Boabdil entrega Granada tras unas negociaciones secretas.

La victoria de esta guerra significó:

  • La aparición de un ejército estructurado y profesional, independiente de la nobleza, que estaría formado por los tercios reales.
  • La aportación de grandes recursos económicos.
  • El premio y apaciguamiento de ciertos sectores de la nobleza mediante el reparto de los territorios granadinos entre ellos.
Incorporación de las islas Canarias

En 1402, el rey Enrique III de Castilla concedió a Jean de Bethencourt el privilegio feudal sobre el archipiélago, dando inicio a la conquista de las Islas Canarias hasta entonces habitadas por los guanches, pueblo de raíz bereber que vivía de forma independiente. Posteriormente la Corona de Castilla recuperó para sí el derecho de conquista sobre las islas que los señores feudales no habían podido ocupar, Gran Canaria, Tenerife y La Palma; en 1478 en el marco de la expansión africana los castellanos iniciaron la conquista de Gran Canaria. La soberanía del archipiélago canario le fue reconocida a Castilla por el Tratado de Alcáçovas (1479), que definía los territorios españoles y portugueses. En 1492 se conquistaba la isla de La Palma y el proceso de incorporación de las Islas Canarias se completaría con la finalización de la conquista de Tenerife en 1496, en la llamada Paz de Los Realejos.

La conquista de Navarra
Artículo principal: Conquista de Navarra

Navarra estaba dividida a principios del siglo XVI en dos bandos: agramonteses y beamonteses, cada uno partidario de un rey distinto. En este enfrentamiento, los reyes de Navarra firmaron un tratado con el rey de Francia que ponía en peligro a España. Debido a que los reyes de Navarra fomentaron ciertas doctrinas religiosas que disgustaron al Papa, se dictó una bula de excomunión contra ellos.

En 1512 Fernando el Católico pidió permiso a Navarra —aliada natural de Francia (compréndase esto en el ambiente de continua rivalidad entre Aragón y Francia)— para que las tropas españolas pasaran por Navarra para atacar a Francia. La respuesta negativa por parte del rey navarro fue motivo suficiente para que Fernando el Católico ordenara al duque de Alba la ocupación de Navarra, mandando así ayuda a sus partidarios —los beamonteses— y, en menos de un año, la parte española del Reino de Navarra (la Alta Navarra) se incorporó a la Monarquía Católica. Sólo se encontró cierta resistencia en algunos puntos del sur; como anécdota cabría contar que Pamplona, la capital, cayó sólo en tres días.

Instituciones políticas

Corona de Castilla (Reinos de Castilla y León)

Se remodeló el Consejo Real en las Cortes de Toledo de 1480, haciéndolo más estructurado y dividiéndolo en partes.

Se formó la Audiencia de Granada. Se produjo un aumento en la Hacienda castellana debido a los impuestos y a los señoríos procedentes del reparto del territorio nazarita.

Para controlar el bandolerismo en los caminos, y en general el hurto, se instituyó en 1476 la Santa Hermandad (precursora de la actual Guardia civil), que sería la primera policía estatal de Europa. En Aragón, en los municipios de señorío se instauraron los corregidores, la autoridad en el ámbito municipal, que existía en Castilla desde 1393.

Corona de Aragón

Apenas se modificó. Lo más importante fue el mayor poder que se dio a los lugartenientes de la zona y el establecimiento del sorteo electoral, consistente en sacar de una bolsa un papel con el candidato propuesto. Esta innovación permaneció por 30 años más, cuando el Rey muere, y este reinado queda en el olvido.

Política religiosa

La Virgen de los Reyes Católicos, pintada entre 1491 y 1493. A la derecha de la Virgen, Fernando II de Aragón y el príncipe Juan (con el inquisidor); a la izquierda, Isabel I de Castilla, con la infanta Isabel. De pie, se hallan Santo Tomás de Aquino, sosteniendo a la Iglesia, y Santo Domingo de Guzmán, con un libro y una palma.

El Papa Inocencio VIII concedió a los Reyes Católicos el derecho de Patronato sobre Granada y Canarias, lo que suponía el control del Estado en los asuntos religiosos.

Una bula del Papa Sixto IV en 1478 creó la Inquisición en Castilla para un control de la pureza de la fe. Ya que en Aragón existía desde 1248, de este modo la Inquisición española fue la única institución común para los dos reinos. Fue muy dura la etapa de Fray Tomás de Torquemada como Inquisidor General.

En 1492 se expulsó a los judíos —de gran poder económico— de España, produciéndose una crisis económica. Salieron de España unos dos tercios, convirtiéndose los demás. También se obligó a los musulmanes a convertirse al cristianismo —pasándose a llamar moriscos— o a abandonar España.

El resultado de esta acción de limpieza religiosa fue la creación de un país de religión cristiana y el comienzo de la identificación de patria y religión.

Se instituye la Embajada permanente de España ante la Santa Sede, que es la primera embajada permanente del mundo y la primera vez que se emplea el nombre de España para un establecimiento oficial.

Economía y sociedad

Castilla era la potencia industrial y comercial más grande de la época y Aragón le seguía de cerca. La base económica estaba en la industria, la agricultura, la ganadería lanar y la exportación de materias primas. Para defender la riqueza que suponía la lana, los Reyes concedieron privilegios a la Mesta con la Ley de Defensa de las Cañadas de 1489, amenazadas por los agricultores. Se protegió a los artesanos por medio del comercio interno.

Social y económicamente se favoreció medianamente a la alta nobleza, que había aumentado su poder económico con los señoríos granadinos. Las Leyes de Toro de 1505 fortalecieron la institución del Mayorazgo.

En Cataluña se solucionó el problema de los payeses de remensa con la Sentencia Arbitral de Guadalupe (1486), que suprimió los malos usos y obligó a los campesinos a pagar nuevos impuestos.

Política exterior

La política exterior expansionista llevada a cabo por Fernando e Isabel fue posible gracias a una serie de factores:

  • La iniciativa diplomática de Fernando II de Aragón. Su propósito era conseguir los mejores acuerdos para su reino. Continúa la política tradicional de Aragón hacia el Mediterráneo con la vista puesta en Oriente, como lo demuestra su blasón (véase más abajo el apartado Blasones).
  • La eficiencia del ejército de la Corona al mando de Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como el Gran Capitán. Fernández de Córdoba organizó el ejército sobre una nueva unidad de combate, el tercio, o tercios reales, que supuso la creación del primer ejército moderno dependiente de la corona, prescindiendo de las mesnadas de los nobles.
  • La gran aportación de recursos económicos procedentes de la industria y del comercio de la lana y del trigo.
  • La política matrimonial de los reyes.
  • En 1502 heredan el título de Emperador y Autócrata de los Romanos.

Política matrimonial

Contrato matrimonial entre Juana la Loca y Felipe el Hermoso (1495). Archivo General de Simancas.

La política de los Reyes Católicos incluyó también las alianzas por los matrimonios de sus hijos. Fueron éstos:

En otras palabras, ésta se orientó en la búsqueda de la alianza con Portugal y en la creación de una coalición opuesta a Francia que siempre había alegado pretensiones sobre ciertos territorios de la corona de Aragón, al declararse heredera del Imperio de Carlomagno, aunque no había sido enemiga de Castilla.

Unieron sus fuerzas para enfrentarse a empresas militares y para relacionarse con otros países, pero no las unieron para tener la misma moneda, las mismas instituciones, leyes, etc.

La expansión por el Mediterráneo: Italia

Una vez finalizada la conquista de Granada, el rey Carlos VIII de Francia firmó con Fernando, en 1493, el tratado de Barcelona, mediante el cual Aragón recuperó el Rosellón y la Cerdaña a cambio de su postura neutral ante un inminente ataque francés al reino de Nápoles.

El ejército de Carlos VIII se desplazó al sur de Italia, destronando a Alfonso II, rey de Nápoles y pariente de Fernando el Católico. La situación de Francia en la península Itálica no gustó al Papa —el valenciano Alejandro VI— puesto que ponía en peligro los Estados Pontificios, por lo cual pidió ayuda al Rey Católico. Fernando no dudó en intervenir y, en poco tiempo, el ejército de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, expulsó a los franceses, recuperando su trono el rey napolitano.

En 1500 el nuevo rey de Francia Luis XII firmó con Fernando el Católico el tratado de Granada para ocupar conjuntamente el reino de Nápoles. Fernando accedió y el rey de Nápoles, a la sazón Federico I, fue destronado. Ambos ejércitos ocuparon la zona, pero las discrepancias empezaron a surgir y comienza una lucha de guerrillas. Pese a la inferioridad numérica de su ejército, el Gran Capitán derrota a los franceses y los expulsa de Italia. Nápoles es conquistada de nuevo y vuelve a ser incluida en la Corona de Aragón.

Durante los últimos años del reinado de Fernando el Católico se reanuda la intervención de Aragón en asuntos italianos. Fernando participa en la Liga de Cambrai de 1508, convocada por el Papa Julio II contra Venecia. Después de esta liga comienzan a producirse roces entre el Pontífice y Francia. Por el auxilio que pide el Papa, Fernando rodea Roma con sus tropas ante un posible ataque francés para destituir al Papa. En este contexto se produce la incorporación de Navarra a la corona.

Expansión por el Norte de África

Tras la conquista de Granada, los Reyes Católicos deciden iniciar la conquista del norte de África con una doble intención:

  • Continuar la Reconquista para la cristiandad de la Nova Hispania (el Magreb).
  • Conjurar la posibilidad de que los reinos del norte de África emprendieran una reconquista de Granada y eliminar los focos de la piratería berberisca de la zona.

La conquista comenzó con la toma de Melilla por Pedro de Estopiñán en 1497 y siguió en 1505 con la toma de Mazalquivir. Se ocuparon el Peñón de Vélez, Orán, Bugía, Argel, Túnez, La Goleta y Trípoli.

Cabe destacar la participación militar del propio cardenal Cisneros, confesor de Isabel la Católica y Arzobispo de Toledo, que en ese momento era la tercera persona más poderosa en España. La conquista del Norte de África se interrumpió en 1510 debido a la reanudación de las guerras en Italia y a que empezaba a revelarse más rentable dirigir los esfuerzos a la colonización de las Indias.

La expansión atlántica: América

Viajes de Colón.

En 1486 Cristóbal Colón ofreció a los Reyes Católicos un proyecto ya ofrecido a Portugal (con Castilla los únicos países europeos con una Marina capaz): viajar a las Indias hacia el oeste, en una nueva ruta por el Atlántico. Los informes científicos al respecto fueron muy poco favorables para Colón, y para la corona era cuestión prioritaria en esos momentos la conquista de Granada.

Terminada ésta, los Reyes Católicos aceptaron su proyecto, ya que el comercio de especias era un casi monopolio: de antiguo, los genoveses eran los únicos que habían conseguido tratar con el Imperio otomano, dueño de los viejos caminos del comercio de especias. Los vecinos portugueses estaban empezando a encontrar un camino propio, por mar, rodeando África. Un reino rico, como el de Castilla, se veía obligado a tener una ruta propia para obtenerlas, evitando depender de Génova o de Portugal, lo que sería muy rentable para su comercio.

Mediante las Capitulaciones de Santa Fe del 17 de abril de 1492 se recogieron las negociaciones llevadas a cabo con Colón: nombramiento de almirante, virrey y gobernador de los territorios por descubrir y la décima parte de todos los bienes obtenidos. El costo de la expedición fue estimado en 2.000.000 de maravedís, más el sueldo de Colón. En contra de la idea popular de que fue sufragado por «las joyas de Isabel la Católica», hay que aclarar que la mitad de dicho dinero lo prestó Luis de Santángel —tesorero de la Corona de Aragón, de familia conversa— con fondos de la Santa Hermandad, la cuarta parte la aportó el mismo Colón —que a su vez los pidió prestados—, y la cantidad restante probablemente la derramaron banqueros y mercaderes residentes en Andalucía, entre los que estaban los hermanos Pinzón y Juan de la Cosa, interesados en dicho comercio.

El 3 de agosto de 1492 partió Colón del puerto de Palos con la nao Santa María —propiedad de Juan de la Cosa— y las carabelas la Pinta y la Niña —propiedad de los hermanos Pinzón— con 120 tripulantes aproximadamente. El 12 de octubre llegaron a la isla de Guanahaní, que bautizaron con el nombre de San Salvador y desde la que pasaron a Cuba y la Española, dando comienzo a la colonización de las Indias Occidentales.

Poco más de un año después de la vuelta de Colón, se firmó entre España y Portugal el Tratado de Tordesillas en 1494, mediante el cual se redistribuyó la influencia territorial de cada país fijada en el Tratado de Alcáçovas.

En las Indias, anexionadas al reino de Castilla, se instauraron los sistemas administrativos tradicionales del reino castellano. Se instituyó en Sevilla en 1503 la Casa de Contratación, para controlar el comercio con América, impidiendo que cualquier otro puerto de España pudiese hacerlo. Se creó la Audiencia en Santo Domingo en 1510 y, para la administración de los nuevos territorios, se creó un antecedente del Consejo de Indias que más tarde instituiría formalmente Carlos I (1523) organizándolo a semejanza del Consejo de Castilla.

Los reyes consiguieron el Patronato de Indias —concedido por el Papa— que les dejó controlar la Iglesia americana. Se instauraron además las encomiendas para evangelizar a los indígenas.

Sucesión

Regencia de Fernando el Católico (1508 a 1516)

Fernando enviudó el 26 de noviembre de 1504 a la muerte de Isabel, a unos 12 años antes de su propia muerte. Firmada la Concordia de Salamanca (1505), el gobierno fue conjunto entre Juana, Felipe y Fernando. Pero ante discordancias entre Felipe con Fernando y por la Concordia de Villafáfila (1506), éste último se retiró del poder de Castilla y regresó a Aragón. Así quedó reinando el matrimonio en Castilla. Sin embargo, esta situación no duraría mucho, pues Felipe moriría en 1506.

Con la muerte de su marido, el estado de salud mental de la reina Juana se agravó y se la dio por incapacitada, nombrándose como regente al Cardenal Cisneros.

Cisneros y las Cortes pidieron a Fernando que regresara para gobernar Castilla como regente, pues así lo había deseado su difunta esposa si Juana estaba incapacitada. Fernando regresó y ocupó en 1507 su segunda regencia formando dúo con Cisneros y gobernando ambos hasta que Carlos I alcanzase la mayoría de edad.

Durante la regencia de Fernando el Católico y el Cardenal Cisneros se incorporó Navarra al reino de Castilla y se produjo el nuevo matrimonio de Fernando el Católico, esta vez con Germana de Foix, a pesar de no haberse cumplido un año aun de la muerte de su anterior esposa, Isabel.

Fernando el Católico murió en 1516 en Madrigalejo (Cáceres) antes de que Carlos I llegara al trono español. Así quedó como único regente en Castilla Cisneros, que murió en el trayecto hacia Asturias para dar la bienvenida al nuevo rey, Carlos I de España. Paralelamente, en Aragón quedó como regente el arzobispo de Zaragoza Alonso de Aragón hasta la llegada de Carlos I de España.

Enterramiento

Los restos de los Reyes Católicos reposan en la Capilla Real de Granada, lugar escogido por ellos mismos, creando, mediante Real Cédula de fecha 13 de septiembre de 1504, la Capilla Real.

Heráldica

Estandarte con el escudo de los Reyes Católicos (desde 1492).
Escudo y emblemas de los Reyes Católicos. Losar de la Vera (Cáceres), alrededor de 1500.

Fernando tuvo como emblema personal un yugo, con una cuerda suelta y el lema «Tanto monta... », en referencia al nudo gordiano que estaba en una cuerda atada a un yugo. Según la leyenda, quien deshiciera el nudo gordiano podría conquistar Oriente. Alejandro Magno cortó el nudo con la espada y dijo: «Es lo mismo cortarlo que desatarlo» o, en la divisa de Fernando, «Tanto monta... (cortarlo como desatarlo)». Aragón terminó la reconquista mucho antes que Castilla y se lanzó por la ruta de Oriente: los almogávares, el ducado de Atenas, son ejemplos de ello. Fernando se sentía heredero de estos afanes.

Isabel tomó como emblema el haz de flechas, que se representaba a veces atado, a veces suelto o con unas flechas paralelas en número variable, refiriéndose al viejo cuento del padre que al morir dice a sus hijos que, permaneciendo unidos como el haz, serán más fuertes.

Otro elemento empleado por Isabel es una modificación de las columnas de Hércules. Desde los griegos, las columnas de Hércules (Calpe —el peñón de Gibraltar— y AbilaCeuta—), en el estrecho de Gibraltar, señalaban el fin del mundo conocido o navegable (lo que no obsta para que los propios romanos llegasen por mar a las costas atlánticas de Galia o Britania, pero preferían hacerlo por tierra), por lo que representaron las columnas con una banda en la que estaba escrita la divisa «Non plus ultra» («No más allá»). Tras el descubrimiento de América, conseguida la navegación por el Atlántico, Isabel añadió al escudo de la corona las dichas columnas, cambiando la divisa de la banda en «Plus ultra» («Más allá»), que todavía se mantiene en el escudo nacional.

Por lo que respecta al soporte del águila de San Juan, fue utilizado primeramente por Isabel siendo aún princesa en 1473. En un escudo de ese año el águila de san Juan evangelista aparece nimbada y no coronada, sin duda debido a que aún no había sido coronada como reina de Castilla, suceso que tendría lugar en Segovia a fines de 1474. Posteriormente fue incorporada a las armas combinadas de ambos.[5] [6]

Filmografía

Cine

Año Película Director
1945 La carabela de la ilusión Benito Perojo
1948 Locura de amor Juan de Orduña
1951 Alba de América Juan de Orduña
1949 Christophe Colomb David MacDonald
1976 La espada negra Francisco Rovira Beleta
1992 1492:La conquista del paraíso Ridley Scott
2000 Isabel of Castille: The Royal Diaries William Freud
2001 Juana la Loca Vicente Aranda
2006 La reina Isabel en persona Rafael Gordon

Series TV

Año Serie Canal
2004 Memoria de España TVE
2012 Isabel, mi reina TVE

Véase también

Referencias

  1. Artículo 56.2: «Su título es el de Rey de España y podrá utilizar los demás que correspondan a la Corona».
  2. Faustino Menéndez Pidal, "<<Tanto Monta>>, El escudo de los Reyes Católicos." en Isabel la Católica vista desde la Academia. Luis Suárez Fernández
  3. «Guerra de la Independencia».
  4. Anales de la Corona de Aragón, Libro XX, capítulo LXIX.
  5. VV. AA., Isabel la Católica en la Real Academia de la Historia, Real Academia de la Historia, 2004. ISBN 9788495983541. Cfr. para el lema o mote pág. 73.
  6. Faustino Menéndez Pidal de Navascués, «"Tanto monta". El escudo de los Reyes Católicos», en Luis Suárez Fernández, Isabel la Católica vista desde la Academia, Real Academia de la Historia de España, (Estudios, 16), 2005, págs. 99-138. ISBN 9788495983657

Bibliografía

Enlaces externos


Wikimedia foundation. 2010.

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