Inmigración en Colombia


Inmigración en Colombia
Barranquilla, punto de entrada de imigrantes en el siglo XX.

El ingreso de extranjeros a Colombia siempre ha sido muy bajo en comparación con los demás países del continente, situación que se debe a las mismas políticas heredadas desde el tiempo de la Colonia Española, con leyes que siempre desestimulaban el ingreso de extranjeros al territorio, primero del Virreinato de la Nueva Granada y después de lo que sería Colombia.

La Constitución de 1991 abrió el país a una mayor aceptación de inmigrantes, tanto el desestímulo histórico a la inmigración como la actual situación política han dado como resultado que los escasos grupos de inmigrantes se integren completamente a la población nativa del país por medio de la valoración de su identidad;[cita requerida] La principal excepción es la comunidad siria y libanesa de Maicao en límites con Venezuela, donde hay colegios árabes, se practica el islam y se encuentra la mezquita más grande del país (y una de las mayores en América Latina).

Contenido

Españoles

Leer: Inmigración española en Colombia

Posteriormente a la época colonial estos ingresos han tenido lugar de forma escalonada en varios momentos del siglo XX. Así, hubo mayor penetración durante la "España de Franco" y durante la Segunda Guerra Mundial.

Durante tres siglos, los españoles migraron sin interrupción y fueron parte de la mezcla que dio origen a la sociedad mestiza colombiana. Sin embargo, como resultado del proceso de Independencia y el enfriamiento en las relaciones entre la Madre Patria y la nueva República, esta migración se detuvo bruscamente a comienzos del siglo XIX.

Los resentimientos exacerbados por la declaración bolivariana de guerra a muerte y la brutal reconquista conocida como el terror produjeron un sentimiento antiespañol que se prolongó por largo tiempo. Las dos naciones no restablecen plenamente sus relaciones sino en 1881. Durante el corto siglo XIX los intercambios de personas fueron casi nulos.

La joven nación imaginó, a lo largo de ese siglo, una estrategia para ayudar a consolidar su desarrollo republicano a través del fomento de una migración que la distanciara de la pesada herencia colonial y la dirigiera hacia un promisorio futuro, a semejanza de Estados Unidos.

El imaginario de la dirigencia neo granadina fue selectivo, pues aspiraba que contingentes de anglosajones se decidieran a venir al país y contagiaran de una nueva laboriosidad y un espíritu democrático a la población nativa. El verdadero ideal consistía, y así se expresaba reiteradamente, en `blanquear' la población.

Con el correr del tiempo y los bajos números de inmigrantes del norte de Europa, el país aceptó que la estrategia no funcionó.

Hacia 1860, Miguel Samper, uno de los primeros sociólogos del siglo XIX, expresó con desánimo una realidad tozuda: "Es vano intento dirigir nuestras miradas hacia el Viejo Mundo en busca de auxiliares".

Es hacia el final del siglo cuando la nueva República surgida de La Regeneración, en su voluntad de reconstruir el antiguo orden católico en el país, busca atraer nuevamente refuerzos europeos: la esperanza y la tarea recaen sobre las comunidades religiosas españolas, pero también italianas, que se prestan al refuerzo del proyecto educativo y religioso nacional.

Durante el siglo XX se distinguen cuatro períodos de inmigración de españoles que deciden venir a Colombia, pequeñas oleadas cuando se las compara con la gran masa de emigrantes que desde la vieja Europa se derraman sobre los nuevos mundos hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial.

El primer período abarca desde finales del siglo XIX hasta la víspera de la guerra civil española, en el verano de 1936. Pequeños números de comerciantes, artesanos y técnicos medios se suman a los religiosos que participan animosamente, mediante la educación y con presencia masiva en determinadas diócesis, que, al decir del historiador inglés Malcolm Deas, "pasaron a ser dominio de una a otra orden", en la consolidación del proyecto católico del presidente Núñez.

Adicionalmente, se reanudaron las giras de las tradicionales gentes de teatro, variedades y toreo que constituían el grueso de la diversión de una sociedad todavía ensimismada y que, por la proximidad de lengua y cultura, se trasladaban por la variada geografía, lo que les aseguraba una audiencia importante sin salir del país. Algunos de ellos se quedaron definitivamente. Entre todos, en el primer tercio del siglo, no sumaron más de tres centenares, cifra irrisoria comparada con el éxodo que llevó a más de medio millón de sus compatriotas a "hacer la América" durante la primera década del siglo XX.

Una alta participación de catalanes y gallegos es la marca del período: el clásico ejemplo lo constituye don José Carulla Vidal, creador del Escudo Catalán, establecimiento comercial que con el tiempo se convirtió en la cadena de supermercados Carulla. El padre José María Campoamor, gallego, combinó su labor apostólica con un intenso trabajo social al crear el Círculo de Obreros, germen de lo que se conocería más tarde como la Caja Social de Ahorros.

Un cierto número de españoles se refugió en el país huyendo de la dictadura del general Primo de Rivera, en la década de los 20, y algunos de sus descendientes todavía se reconocen en la sociedad Caleña. La ausencia de agricultores señala el fracaso de las políticas que buscaban fomentar esa clase de migración: un industrial, don Vicente Kataraín; un educador, don Miguel Fornaguera i Ramón; un comerciante, don Valentín García, ilustran el tipo de inmigrantes de la época.

La guerra civil española, y la caída de la República Española trajeron al país una segunda oleada de inmigrantes con características muy distintas a la anterior, puesto que primaban los grupos familiares encabezados por profesionales republicanos que constituirían un poderoso fermento en la educación y la política colombianas. El papel de los presidentes López Pumarejo y Santos, así como de algunos dirigentes liberales, fue el elemento decisivo en la atracción de buen número de estos republicanos españoles, dentro de una sociedad que en general mostraba desconfianza, cuando no desafecto, hacia los extranjeros.

Un importante número de españoles, pudo encontrar refugio por intervención directa de Santos y aun en contravía de los deseos de su canciller, Luis López de Mesa. Don Paulino Gómez Sáiz, ex-ministro de Estado del gobierno de Negrín, pudo embarcarse en Marsella gracias a la ayuda del cónsul colombiano, quien lo hizo pasar como uno de sus funcionarios.

La influencia benéfica de los republicanos se contraponía, en la opinión pública, con el temor a la "perniciosa influencia" de los denominados "rojos españoles" dentro de otro sector de la opinión nacional. A pesar de que su número siguió siendo muy bajo, apenas medio millar entre 1936 y 1948, la lista de personajes fue larga y significativa: médicos como Antonio Trías, Pedro Mayoral, Manuel Usano y Vicente Rojo; abogados e intelectuales como José Prat, José de Recasens, José María Ots Capdequí, Pedro Urbano de la Calle; economistas como Andrés Perea Gallaga, y científicos como Antonio García Banús, el botánico José Cuatrecasas y el antropólogo José Pérez de Barradas.

En la Plaza de Bolívar, en Bogotá, se enfrentan la remodelación de la catedral y el palacio arzobispal de Alfredo Rodríguez Ordaz con la remodelación de la plaza misma, obra de Fernando Martínez, el "Chuli", otro español. La educación, la geografía, la historia y la antropología se enriquecieron con las luces de españoles ilustres. La caída de la llamada república liberal significó un nuevo éxodo y la pérdida para el país de una influencia particularmente benéfica en la academia, la política, las ciencias y las artes.

A mediados de los años 50 se estableció la tercera oleada migratoria debido, por una parte, a la inusual bonanza de la economía colombiana y, por otra, a la posibilidad de salir de una España sumida en una precaria situación económica que expulsó un nuevo contingente de inmigrantes. Se configuró así una inmigración hacia Colombia de tipo económico que buscaba esquivar la crisis y que veía el futuro nuevamente en América: "Dichoso el que comía caliente una vez al día", expresa la situación de uno de aquellos que encontró buen puerto en Colombia.

Esta oleada la constituyen jóvenes con escasa preparación educativa que buscan un destino en Colombia y lo consiguen: a ellos se suma un buen número de religiosos expulsados de Cuba en los primeros años de la Revolución. La presencia de mujeres que viajan solas constituye un hecho singular así como un importante número de técnicos atraídos por la creación de la Flota Mercante Grancolombiana. Su número no fue superior a 5.000. Se puede afirmar que ' el último inmigrante llegó al país hacia mediados de los años 70.

En total se estima que llegaron a Colombia menos de 10.000 españoles durante el siglo XX. Un rasgo particular de los inmigrantes a Colombia lo constituyen los largos y complejos trayectos recorridos por muchos de ellos antes de recalar en el país. La casualidad condujo a no pocos a este país; como exclamó uno de ellos:"¡Colombia, el país a donde no venía!".

Italianos

Hoy en día representan una importante población inmigrante en Colombia, principalmente en ciudades del Caribe como Cartagena y Barranquilla y en menor medida Santa Marta (junto con holandeses). Desde el siglo XVII se ve la llegada de italianos a los puertos marítimos del país como Cartagena y Santa Marta, y algunos fluviales como Mompós.

Agustín Codazzi fue uno de los que entre ellos destacó. También en Barranquilla iniciaron industrias a finales del siglo XIX y principios del XX. Zapatos, joyas, bebidas, entre otras empresas, constituían sus grandes labores. Otros, médicos, ensayistas y demás, cuentan sus últimas historias en el sur de la costa Caribe y sus puertos marítimos.[1]

En noviembre de 1887, con el fin de conmemorar la independencia de Cartagena, se interpretó, en el Teatro Variedades de Bogotá, una canción fervorosa con letra de Rafael Núñez que fue luego adoptada por ley de 1920 como Himno de la República de Colombia: su encanto y su melodía provenían de alguien que había llegado como primer tenor de una compañía de ópera, el músico italiano Oreste Síndici.

Años atrás, el mapa que hoy tenemos de Colombia, con algunas modificaciones, fue trazado por primera vez por otro italiano, Agustín Codazzi, que llegó a Bogotá en 1849 y a él se le reconoce no sólo por haber concebido las imágenes de la geografía nacional, sino por haber sido el orientador de la Comisión Corográfica, que todavía hoy se considera una de las más importantes empresas científicas de la República. Tal fue la empresa titánica de representar con criterios, tanto científicos como estéticos, a una Nación que lleva el nombre de otro italiano, Colombia, en honor a Cristóbal Colón, quien dirigió la primera empresa europea que terminó con el encuentro con otro continente, América, que de la misma manera honra a otro italiano, Américo Vespucio.

Así que Italia está metida en el corazón de los símbolos patrios. A pesar de esta fuerte presencia cultural, no son muchos los italianos que han hecho su América en Colombia. En el censo de 1913 vivían oficialmente en Colombia 119 italianos, dentro de 895 extranjeros, o sea 10 por ciento del total. No obstante, en los años siguientes el país parece ir descubriendo una presencia italiana más consistente y numérica, y en estudios, a partir de la década de los 80, se ha concluido que existen hoy alrededor de 20.000, radicados en ciudades de la Costa Atlántica como Barranquilla, la de mayor afluencia; en Bogotá, Cali, Medellín, y Cúcuta.

Desde la primera década del cine, casi al mismo tiempo que en los países europeos, aparecen ya en Colombia los italianos Vicente y Francisco Di Domenico, quienes vienen a explotar comercialmente el nuevo invento. En 1912 estrenan el Teatro Olimpia de Bogotá, "con una capacidad asombrosa de 3.000 espectadores y rodarían la película italiana `II romanzo di un giovane povero "', la primera exhibida en Colombia en un teatro para tal fin. Cuando en 1927 se lanza el cine sonoro, nace la empresa que va a dominar hasta hoy el paisaje cinematográfico nacional: Cine Colombia, originada en las empresas de los Di Domenico. En 1912 IIegó a Barranquilla Floro Manco, quien importó la primera máquina filmadora de cine con la que realizó películas documentales, lo que puede ser el lejano origen de este género en el país.

En la arquitectura se vuelve a constatar la presencia italiana en la construcción de algunos de los emblemas de nuestra nacionalidad. El Capitolio Nacional es obra de Pietro Cantini. Su labor se desarrolla desde 1885 hasta 1906 y su aporte se extiende a crear una escuela de arquitectura, formada alrededor de la construcción del Capitolio Nacional. Esta escuela, la antigua academia Vásquez de pintura y la academia de música se fusionaron para formar la escuela de Bellas Artes, quedó constituida el 10 de abril de 1886 y es el origen de la actual facultad de artes de la Universidad Nacional de Colombia. También es de Cantini el Teatro Colón, considerado una de las más bellas y acabadas obras de toda la arquitectura colombiana.

Dos esculturas de gran simbolismo nacional también son de manos italianas. A mediados del siglo antepasado llegó a Bogotá la estatua pedestre del Libertador Simón Bolívar, obra de Pietro Tenerani, hoy en la Plaza de Bolívar. Y en Cali se encuentra la imponente escultura de Cristo Rey en uno de sus cerros recibiendo a los visitantes, obra de los hermanos Alineo y Ahdno Tazziob, quienes llegaron a Colombia entre 1929 y 1934.

En Colombia, la influencia italiana en el arte musical tiene raíces antiguas con Giovanni Battista Coluccine y Giuseppe Dadey, que fueron prácticamente los precursores de este arte. En los siglos XIX y XX llegan varias compañías de ópera y dan a conocer la música operática de Verdi, Rossini, Bellini. Particularmente, algunos himnos y coros se convirtieron en símbolos locales tan asumidos por los colombianos, que incluso hoy día varios de ellos se tararean diariamente, como ocurre con la de Aida, de Verdi.

Son muchos los campos de la cultura, las industrias y las ciencias nacionales abonados por italianos. El derecho, por ejemplo, recibió el influjo renovador de los grandes tratadistas italianos Francisco Carrara, César Lombrosso y Enrique Ferri. Sus enseñanzas marcaron los caminos del derecho penal y la criminalística colombiana, y dejaron su impronta en el Código Penal que desde 1936 hasta principios de 1981 estuvo vigente.

Las matemáticas como disciplina mucho le deben al profesor Carlo Federeci. Lo mismo, ceremonias urbanas como las del Niño Jesús del 20 de julio en Bogotá provienen del padre Juan de Rizzo.

En realidad, a través de la cultura, la ciencia y las artes, se ha generado una muy resuelta hibridación entre italianos y colombianos y quizá ello tenga que ver con una más profunda identidad y encuentro entre las filosofías de dos pueblos donde la dimensión estética de la vida es parte determinante en la construcción de sus respectivos futuros.

Alemanes

Geo von Lengerke

También en el siglo XIX llegaron alemanes a los departamentos de Santander y Boyacá, sobre todo en el municipio santandereano de Zapatoca, alentados por el pionero Geo von Lengerke que explotara el comercio de la quina con Europa. Después de la Primera Guerra Mundial y mucho más con la Segunda Guerra Mundial, vendrían grupos de judíos alemanes hasta que en 1939, el gobierno emitió un decreto que prohibía su ingreso al país.

Mundo Árabe

Ha sido una de las principales olas migratorias a Colombia. Los inmigrantes provenientes del mundo árabe que comenzaron a llegar al país hacia finales del siglo XIX procedentes del Líbano, Palestina, Siria y Jordania, de todos los credos, incluyendo musulmanes y judíos, aunque predominantemente cristianos. Como esos países estaban sometidos al Imperio otomano, los nativos comenzaron a llamar a estos inmigrantes "turcos". Los árabes se ubicaron especialmente en la Costa Norte del país (Barranquilla, Cartagena, Santa Marta, Montería, Sincelejo y Maicao) y poco a poco comenzaron a llegar también al interior, con excepción de la zona paisa. Los primeros grupos eran cristianos maronitas, de manera que no hallaron difícil la integración a una nación católica. Después de 1954, con la creación del Estado de Israel y la agudización de los conflictos en el Medio Oriente, Colombia vio llegar grupos de árabes musulmanes de Palestina que se ubicaron en San Andrés y Providencia y en La Guajira.

Los primeros árabes llegan a Colombia a finales del siglo XIX. Los emigrantes eran cristianos u ortodoxos que vivían en territorio ocupado por el imperio otomano. Países como Siria, Líbano y Palestina fueron dominados por los turcos de 1516 hasta 1917. Al liberarse del yugo turco estos países siguen siendo controlados por los mandatos británico o francés.

Las causas principales de emigración fueron principalmente económicas. Existen testimonios que cuentan como los turcos maltrataban a los sirio-libaneses y les hacían la vida difícil. Otro testimonio cuenta que los turcos trataban de mantener al pueblo ignorante y analfabeta para ejercer un control total sobre estos pueblos.

De esta forma empieza una emigración masiva hacia otros países. Los emigrantes eran principalmente jóvenes solteros que decidieron seguir el ejemplo de amigos al escuchar los relatos en los que se hablaba de las grandes maravillas que existían en el continente de todas las oportunidades: América.

Debido a la invasión otomana, los emigrantes partían con un pasaporte turco. Esto causó confusión en los países de destino en donde recibieron el alías de “turco”. Este sobrenombre aún es utilizado en nuestros días para referirse a los sirio-libaneses.

El principal destino de estos emigrantes era Norteamérica, seguido de Argentina, México y Brasil, países que representaban una protección contra todo tipo de persecución étnica y religiosa. Colombia en aquel entonces era un país con guerras civiles y problemas económicos y administrativos a medida que crecía el descontento y la oposición en contra del gobierno reformista y dictatorial del general Rafael Reyes.

Esta situación la convertía en un destino menos atractivo para los emigrantes, sin embargo algunos árabes empezaron a instalarse en el norte del país. Llegaban a puerto Colombia y se instalaban inicialmente en Barranquilla, que en aquel entonces era la segunda ciudad con más alto desarrollo económico, demográfico y social. A esta ciudad no sólo llegaban emigrantes de origen árabe, también se convierte en la residencia de judíos, alemanes, ingleses, franceses, americanos y hasta de venezolanos.

No hay que olvidar que muchos emigrantes llegaron al país por error pues muchas veces los que se dirigían hacía los Estados Unidos o Argentina pensaban que habían llegado al final del viaje y se bajaban del barco. Muchos de estos tardaron mucho tiempo antes de enterarse que no estaban en el país al cual debían llegar en un principio.

Los primeros en llegar lo hacen alrededor de 1880. En esta época ya empiezan a aparecer los primeros nombres árabes provenientes del Líbano, Siria y Palestina. Por ejemplo el señor Muvdi quien llega a los doce años de edad. Originario de Betyalá (Palestina), el cual tenía un hermano que había estado en Colombia y que le había hablado de las oportunidades que existían en ese país.

Las primeras actividades de estos recién llegados fueron muy restringidas debido a la ignorancia del idioma español. La venta ambulante fue la principal actividad pues la ignorancia de la lengua no les permitía ejercer otro tipo de empleo. Los Muvdi al igual que los primeros sirio-libaneses en Colombia empiezan vendiendo cordones, telas y mercancías variadas. Las ventas se efectuaban en las calles de Barranquilla.

Los colombianos se sentían atraídos por todas las pequeñas cosas que eran vendidas por estos personajes de acento particular. Muchos de estos vendedores llegaban con la intención de “hacer las Américas”, es decir, trabajar durante unos 6 meses para después regresar con las ganancias al oriente. Por esta razón, este oficio se adaptaba perfectamente a sus ideas futuras. Pero muchos otros, al ver que las ganancias eran importantes empezaron a abrir pequeños almacenes en donde vendían los mismos productos de mercería.

De esta forma empieza un proceso de instalación definitiva en Colombia y a partir de 1900 ya existen referencias de inmigrantes anunciando su mercancía en los diarios de Cartagena y de Bogotá. Para estos emigrantes el choque cultural no fue muy grande pues en la sociedad colombiana encontraron muchas similitudes con la de sus países de origen.

Segunda Etapa: Llegada de parientes y amigos

Esta parte de la inmigración es indispensable al analizar la ascensión económica de los sirio-libaneses en Colombia. Estos empiezan a organizarse en el país, abren pequeños comercios pero necesitan personas que les presten ayuda en sus almacenes, y al no confiar en los colombianos se ven obligados a pedir ayuda a sus familiares en el país de origen.

Surgen entonces las llamadas “cadenas de ayuda”. El emigrante enviaba dinero o un pasaje para facilitar el viaje de un miembro de su familia. Al llegar, éste se ocupaba del negocio para así poder devolver el dinero que debía a su pariente. De esta forma llegan muchos inmigrantes a comienzos de siglo.

Los que llegaban por sus propios medios no se encontraron con las dificultades de los pioneros pues su adaptación se efectúa muy fácilmente ya que encuentran muchos paisanos que estaban muy bien instalados desde hacía mucho tiempo; esto facilitará la integración de los recién llegados de una forma más rápida. Tal es el caso del señor Abuchaibe, originario de Betyalá, quien, en 1904 llega acompañado de su tío, Musa Abuchaibe, el cual ya había estado en Colombia dos veces y lo había convencido de efectuar el viaje en búsqueda de “El Dorado”.

Al igual que otros emigrantes, don José empieza a trabajar para un comerciante sirio-libanés, vendiendo en la calle los productos del almacén de este señor. Vendía hilos, peines, polvos para la cara, perfumes, pomadas, espejos, collares. Este remarcable ejemplo de solidaridad es el medio de protegerse en un país con una lengua y unas costumbres diferentes a las de este pueblo. Esta cohesión del grupo, ya sea a nivel familiar o comunitario entre los miembros de un mismo pueblo de origen va a llevarse a cabo incluso hasta nuestros días.

Esta ola migratoria se va a desarrollar hasta finales de los años 30, época en la que se empieza a decaer el movimiento migratorio en el continente americano a causa de la depresión de 1929. A parte de esto, a partir de esta época Colombia empieza a restringir la entrada de inmigrantes. Esto no impide el desarrollo de los sirio-libaneses que a esta época ya habían alcanzado un alto nivel económico y social.

1930 y 1950

A partir de este periodo la presencia árabe comienza a aumentar en la costa norte de Colombia. Por esta razón muchos inmigrantes deciden trasladarse al interior del país, buscar otras ciudades en las cuales no hubiera tanta competencia comercial. De esta forma, los árabes se empiezan a establecer en otros pueblos de la costa norte, por ejemplo en Lórica, San Bernando del Viento, Cereté y Cienaga de Oro así como en otros pueblos.

También se instalan en la región del departamento de Santander en ciudades como Cúcuta, Ocaña y Barrancabermeja al igual que en muchas otras ciudades del centro sur del país: Ibagué, Villavicencio, Buga, Girardot, Tunja, Cali y Bogotá sobresalían, en 1945, por el gran número de representantes de la comunidad árabe del país.

La 1 y 2 guerra mundial fueron un motivo para la llegada de emigrantes.

Antioquia es el único departamento en el que no se encuentra esta presencia; los habitantes de esta región son conocidos por su espíritu de tenacidad, ambición y regionalismo, se piensa que por esto los sirio-libaneses encontraron un obstáculo para quedarse definitivamente.

Para los sirio-libaneses que decidieron quedarse definitivamente en Colombia, lo más importante fue tratar de buscar la manera de triunfar económicamente; esto lo van a conseguir gracias a la devoción al trabajo y al alma comerciante que los caracteriza. Los sirio-libaneses van a aportar novedades al mundo del comercio. Por ejemplo, van a instaurar un nuevo sistema de venta: el “crédito”. Se van a fiar los productos y se pagan por mensualidades. Este nuevo sistema de venta va a revolucionar el comercio, estimulando así el crecimiento del consumo.

La ascensión económica implicó igualmente la aceptación de la comunidad en las “élites”. Muchos de los miembros de esta comunidad van a participar en la vida pública de Colombia y van a enviar a sus hijos a la universidad. Se puede observar que entre las carreras que estudian se encuentran principalmente derecho y medicina, campos en los cuales los sirio-libaneses cuentan con múltiples conquistas.

Un gran número de inmigrantes van a participar en la vida política del país. Este fenómeno se da de la misma forma en otros países de América Latina, por ejemplo en Argentina sobresale Carlos Menen ex-presidente de la república, cuyos padres son libaneses. Los inmigrantes van a adherirse a los diferentes grupos políticos; pero también se van a encontrar sirio-libaneses en otros campos profesionales: periodismo, artistas, escritores y pintores entre otros.

El caso más llamativo es el del santandereano Gabriel Turbay, candidato a la presidencia de Colombia en los años 40. Llamado “El turco” por sus enemigos y opositores, este personaje alcanzó una posición muy elevada en el mundo político colombiano. Su carrera política es ejemplar: en 1924 es elegido diputado; en 1926 llega a la Cámara de Representantes.

En 1933 es nombrado Ministro de Gobierno y en 1935 ya formaba parte de la Dirección Liberal Nacional. Si no hubiera sido por su desaparición prematura en París, hubiera llegado a la Presidencia de la República. También podemos nombrar al abogado Moises Elías Muvdi, hijo del señor Muvdi (nombrado anteriormente), quien en los años 40 ya ofrecía sus servicios profesionales.

Como se ha podido observar, el fenómeno de inmigración sirio-libanesa presenta su más alto nivel a comienzos de siglo y dura hasta finales de los años 20, fecha en la que la inmigración comienza a decaer a causa de los grandes problemas económicos de 1930. Durante los años 30 y 40 el movimiento migratorio es casi nulo.

Una nueva ola migratoria empieza con los problemas en Palestina a causa de la partición de Palestina en 1947 y en consecuencia la creación del Estado de Israel en 1948. Esto va a originar una serie de enfrentamientos entre los pueblos árabe y judío. Como resultado muchos palestinos van a ser obligados a abandonar sus tierras. Otro problema: una parte del territorio palestino es anexado a Jordania.

De la noche a la mañana todos los habitantes de aquella región deben cambiar su ciudadanía palestina por jordana; por este motivo los inmigrantes llegan a Colombia con pasaporte jordano. Durante un viaje de investigación a Barranquilla, se entrevistó a algunos miembros de la comunidad palestina que arribaron a partir de esta fecha. Se pudo constatar por ejemplo que la ONU ayudaba a los palestinos para que abandonaran las tierras y de esta forma los judíos pudieran aprovecharla.

A causa de toda esta discriminación muchos palestinos van a exiliarse; los que llegan a Colombia ya tienen contactos y se integran de forma rápida a la sociedad colombiana.

Actualmente se pueden encontrar sirio-libaneses en casi todas las ciudades colombianas, en donde no sólo ejercen actividades comerciales pues también trabajan en todos los campos profesionales. Se puede decir que la integración de los sirio-libaneses en Colombia ha sido exitosa pues hasta la cocina árabe se ha sabido integrar en las costumbres colombianas; se ha presentado una fusión entre la cocina árabe y la cocina de la costa atlántica colombiana.

Muchos platos aportados por los sirio-libaneses han sido adaptados a la cocina del país, dando como resultado nuevas formas de preparar los platos árabes o mezclas de platos para crear recetas originales.

Hoy en día algunos nombres sobresalientes en Colombia proceden del Medio Oriente, por ejemplo Turbay en la política, Juan Gossaín y Yamid Amat en el periodismo, y Shakira Mebarak, de origen libanés, en la música.

Judíos

Aunque ya desde los tiempos de la Colonia vinieron muchos judíos españoles, los judíos sefardíes o sefarditas, fueron obligados por la Corona Española a la conversión y después perseguidos por la Inquisición, que prácticamente los hizo desaparecer del virreinato por su asimilación. Algunos, sin embargo, afirman sin mayor veracidad, que muchos lograron no asimilarse y manteniéndose endógamos, ocultando su linaje e identidad. Sería sólo hacia fines del siglo XIX que volverían a Colombia judíos de otras partes del mundo, del mundo árabe y especialmente desde Palestina (judíos mizrajíes) pero fueron mayoría los judíos de Europa del Este (judíos asquenazíes), que se ubicaron generalmente en Barranquilla, Medellín, Bogotá y Cali. De la misma manera en poblaciones del Caribe como Valledupar.

Se sabe que los judíos de las Antillas, especialmente de Curazao, apoyaron económicamente la gesta libertadora de Simón Bolívar y entre ellos se destacan Abraham de Meza y Mordechai Ricardo. Por ello, en 1819, el gobierno les entregó a "los miembros de la nación hebrea" el derecho de radicarse en el país, así como la garantía de su libertad religiosa y los mismos derechos políticos del resto de los ciudadanos. Sin embargo, estos derechos se confirieron con restricciones y básicamente a estos judíos sefardíes se les permitiría residir únicamente en la costa del Caribe.

Es importante señalar que el desarrollo y la importancia de Barranquilla en el ámbito nacional está directamente ligado y se debe a las inmigraciones que recibió durante el siglo XIX.

El importante libro de Adelaida Sourdís Nájera titulado El Registro Oculto: los sefardies del Caribe en la formación de la nación colombiana 1813-1886, documenta el papel que vino a desempeñar la comunidad judía sefardí en el desarrollo de esta ciudad caribeña.

El estudio Árabes y judíos en el desarrollo del Caribe colombiano, 1850-1950, realizado por Louise Fawcett y Eduardo Posada Carbó analiza cómo la llegada de diferentes grupos de inmigrantes transformó la ciudad y la convirtió en la urbe más cosmopolita de Colombia.

Entre el grupo de familias sefardíes se destacan los apellidos Sénior, Salas, Álvarez Correa, Cortissoz, De Sola, López-Penha, Sourdís, Juliao, Salzedo y Heilbron, por mencionar algunos.

A pesar del desarrollo y el impacto que generó esta comunidad judía en Barranquilla. no ayudó a que la actitud del gobierno colombiano fuera más tolerante y benévola hacia la nueva ola inmigratoria que vendría de Europa oriental huyendo de la depresión y del holocausto.

Durante las décadas de los 30 y 40, los judíos de Europa Oriental que intentaron venir a Colombia huyendo de la Segunda Guerra Mundial se toparon con una serie de dificultades legales Los que arribaron provenían ante todo de Polonia, Rusia y Rumania; otros, de Siria, Egipto y Turquía.

En la preguerra surgió un tráfico de visas, resultado de las prohibiciones que se establecieron en torno a la inmigración. Los que llegaron a Colombia durante la década de los 20 y 30, ante el peligro que corrían sus familiares en Europa, hicieron lo imposible por traerlos legalmente. Pero el gobierno colombiano los obligaba a depositar en el Banco de la República la elevada suma de 1.000 pesos sólo para empezar las diligencias legales (en otras palabras, unos 11.000 dólares de hoy día), lo que hacía difícil y onerosa la traída de cualquier pariente al país.

El ministro de Relaciones Exteriores del presidente Eduardo Santos, Luis López de Mesa, quien gozaba de una curiosa fama de "sabio", fue el artífice de esta visión discriminatoria. Era claro que el gobierno de Santos consideraba inconveniente la inmigración de judíos. Las absurdas teorías racistas de López de Mesa lo llevaron a emitir una circular prohibiendo a las embajadas de Colombia que visaran judíos para venir al país.

Aun cuando existió un antisemitismo oficial que dificultó su entrada y por más que los decretos prohibieran la entrada de judíos o que llegaran con papeles falsos, no se registraron denuncias, devoluciones o extradiciones de quienes consiguieron ingresar al territorio nacional.

Ahora bien, estos judíos, a pesar de las condiciones precarias en las que llegaron, dejaron una gran huella sobre la realidad colombiana. Ayudaron a transformar y a modernizar aquellas ciudades en las que se asentaron en Colombia. Fabricaron lo que el presidente Alberto Lleras Camargo calificó en un artículo que escribió, a propósito del libro de crónicas de la época Yo vi crecer un país de Simón Guberek, como: "Una humilde revolución ". En palabras de Alberto Lleras Camargo:

"Inventaron el crédito a personas que siempre se juzgaron insolventes. Después de colocar los artículos; establecían una tabla mínima de pagos semanales, 50 centavos, un peso, y volvían cada domingo (jamás el sábado sagrado, a pesar de ser día de pagos) a recaudar su crédito de confianza a esos millares de personas humildes, artesanos, empleados domésticos, obreros no calificados, por todos los barrios pobres. Y no sólo en ellos sino buscando en la capa más pobre de la burguesía su clientela. Y vistiéndola, y cambiando poco a poco la faz de una nación de campesinos en algo mejor, menos pintoresco, más uniforme, pero también más igualitario".

Es evidente que los cambios que generaron no pasaron inadvertidos entre la burguesía bogotana y no dejaron de existir personas que vieron esta inmigración como amenaza y provocación a las buenas costumbres y la tradición cristiana.

En 1946, se vivieron instantes preocupantes: el Partido Conservador colombiano, encabezado por Laureano Gómez y Gilberto Alzate Avendaño, quienes simpatizaron con el nazismo y con el fascismo español, incitaron a sus seguidores a que apedrearan el comercio judío, localizado sobre la carrera séptima. A pesar de los sustos y las dificultades, el incidente no pasó a mayores. El mundo de estos inmigrantes, los miedos que tuvieron que vivir en los primeros años y la realidad que encontraron están retratados en la obra literaria de uno de los judíos de esta inmigración, Salomón Brainski, quien escribió uno de los primeros libros de literatura urbana de Colombia: Gente de la noria: cuentos bogotanos, de 1945.

Entre 1945 y 1950 sólo 350 judíos entraron a Colombia. Durante las décadas del 50 y el 60 la inmigración a Colombia de judíos se redujo aún más y estuvo compuesta básicamente por personas que se salvaron del holocausto.

Es difícil establecer cuál es el tamaño actual de la comunidad judía, pero se puede afirmar sin duda que es diminuta frente al impacto social y económico que han tenido en la vida nacional. Se calcula aproximadamente que hay unos 7.000 ciudadanos judíos colombianos en todo el territorio nacional.

Resulta indiscutible que, en cuanto a comunidad, la judía ha aportado al desarrollo nacional en múltiples campos y que han ayudado a impulsar el comercio, la industria, las artes, la medicina y la ciencia en el país.

Gitanos

Gitanos acabados de llegar al país

Llegaron desde la época colonial, a veces obligados por los españoles a embarcarse a América. Al terminar la I Guerra Mundial llegaron kumpanias procedentes de Europa oriental y los Balcanes, de los desintegrados imperios Austro-Húngaro y Otomano. Otros grupos arribaron durante la II Guerra Mundial procedentes de Francia y otros países invadidos por los nazis, que perseguían a gitanos y judíos.

Otros grupos

Sobre los otros grupos de inmigrantes hay menos información, debido a su menor presencia y a su rápida asimilación dentro de las sociedades colombianas. Con los procesos de industrialización del país desde finales del siglo XIX, han venido a Colombia personalidades destacadas en la ingeniería, el comercio y el arte de países como Italia, Francia, Alemania y Cuba, cuyos descendientes se encuentran en las ciudades principales del interior del país. En la Costa Norte, en cambio, se han quedado marinos de la China, Galicia y los demás países del Caribe. Con la segunda guerra mundial, llegaron varios pequeños grupos de austriacos, belgas, holandeses, suecos y serbios. También vinieron grupos de japoneses, chinos y coreanos alentados por el trabajo en los ingenios azucareros en el Valle del Cauca en los años 1940 y 1950. Otras pequeñas comunidades que han entrado al país y de las que poco se sabe, son las pertenecientes a países de Europa del Este, están establecidas generalmente en la región Andina, otras minorías en los puertos marítimos sobre el Caribe.

Durante la Guerra Fría entraron pequeños grupos desde Rusia, que se casaban con colombianos estudiantes en ese país. La Revolución Cubana hizo que cubanos como el cantante Orlando Contreras emigraran al país. Las fuertes dictaduras en Argentina y Paraguay hicieron que muchos intelectuales y artistas buscaran refugio en el país. Para concluir esta parte, es importante destacar que todas estas pequeñas inmigraciones han sido siempre pacíficas y han contribuido mucho a la nación. Su rápida integración al país hace que Colombia sea un país en general tolerante a otras culturas básicamente porque no ha recibido grandes oleadas como alguna vez paso en Argentina o ahora Chile y, por tanto, una vez alcanzada una mejor situación económica, social y política en Colombia, en unos 25 años, y debido a su estratégica situación geográfica, es predecible que el país se convierta en una opción atractiva.

Siglo XXI

En los últimos años han subido el número de inmigrantes provenientes de China, Japón y África especialmente países como Sudán, Somalia y Eritrea que llegan desde Ecuador. Los inmigrantes pagan 5.000 dólares cada uno, se aproxima que han entrado al país más de 600 personas mayormente de origen Chino.

Población extranjera según país de nacimiento

Shakira Mebarak una Colombiana con ascendencia Libanesa, italiana y española
Origen Población según el DANE[2] Población según otra entidad
Bandera de Alemania Alemania 1,892
Flag of Aruba.svg Aruba 247
Bandera de Argentina Argentina 2,563
Bandera de Australia Australia 176
Bandera de Austria Austria 167
Flag of Belgium (civil).svg Bélgica 348
Bandera de Bolivia Bolivia 656
Bandera de Brasil Brasil 1,873
Bandera de Canadá Canadá 789
Bandera de Corea del Norte Corea del Norte 161
Bandera de Corea del Sur Corea del Sur 220
Bandera de Costa Rica Costa Rica 846
Bandera de Cuba Cuba 1,459
Bandera de Chile Chile 1,622 4,652[3]
Bandera de la República Popular China China 1,632
Bandera de Ecuador Ecuador 11,404
Bandera de Egipto Egipto 112
Flag of El Salvador.svg El Salvador 308
Bandera de España España 5,312 8,196[4]
Bandera de los Estados Unidos Estados Unidos 15,094
Bandera de Francia Francia 1,652
Bandera de Guatemala Guatemala 369
Bandera de Honduras Honduras 282
Bandera de Hungría Hungría 112
Bandera de India India 115
Bandera de Irlanda Irlanda 104
Bandera de Israel Israel 375
Bandera de Italia Italia 2,250
Bandera de Japón Japón 578 1,345
Bandera de Jordania Jordania 143
Bandera del Líbano Líbano 940
Bandera de México México 2,286
Flag of Nicaragua.svg Nicaragua 459
Flag of Vanuatu.svg Vanuatu 166
Bandera de los Países Bajos Países Bajos 282
Bandera de Panamá Panamá 1,656
Bandera de Paraguay Paraguay 173
Bandera del Perú Perú 4,042 10,220[5]
Bandera de Polonia Polonia 204
Bandera de Puerto Rico Puerto Rico 443
Bandera del Reino Unido Reino Unido 998 3,600[6]
Bandera de la República Dominicana República Dominicana 309
Bandera de Rumanía Rumanía 178
Bandera de Rusia Rusia 539
Bandera de Siria Siria 109
Bandera de Suecia Suecia 146
Flag of Switzerland.svg Suiza 545
Bandera de Ucrania Ucrania 181
Bandera de Uruguay Uruguay 348
Bandera de Venezuela Venezuela 27,350
LocationAmericas.png Resto de América 598
LocationEurope.png Resto de Europa 951
LocationAsia.png Resto de Asia 741
LocationAfrica.png Resto de África 433
LocationOceania.png Resto de Oceanía 172
Flag of None.svg País desconocido 2,872
Total 109,971

Referencias


Wikimedia foundation. 2010.

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