Guerra del Chaco

Guerra del Chaco
Guerra del Chaco
Mapa de la Guerra del Chaco 002.jpg
Teatro de operaciones militares entre Bolivia y el Paraguay
Fecha Septiembre de 1932 a junio de 1935
Lugar América del Sur - Chaco Boreal
Causas Problemas de límites, petróleo, militarismo, salida al mar.
Conflicto Disputa territorial boliviano-paraguaya
Resultado Fijación de límites definitivos entre Paraguay y Bolivia.
Beligerantes
Bandera de Bolivia
República de Bolivia
Bandera de Paraguay
República del Paraguay
Comandantes
Filiberto Osorio
José L. Lanza
Hans Kundt
Enrique Peñaranda
José Félix Estigarribia
Fuerzas en combate
Movilizados en 3 años
250 000 soldados.
Movilizados en 3 años
120 000 soldados.
Bajas
Muertos y desaparecidos
60 000 soldados prisioneros
25 000 soldados
Muertos y desaparecidos
30 000 soldados prisioneros
2 500 soldados

La Guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia, se libró desde mediados del año 1932 hasta junio de 1935, por el control del Chaco Boreal. La aridez y escasa población de ese territorio hizo que, desde la época colonial, nunca se definieran sus límites en cuanto a la dependencia política-administrativa. Después de que Bolivia perdió la salida al océano Pacífico, como consecuencia de la Guerra del Pacífico (1879), esa región adquirió un valor estratégico para ese país. La ocupación del Chaco Boreal era ahora necesaria para salir al río Paraguay y tener acceso al océano Atlántico. Otra de las causas era la supuesta existencia de petróleo en el subsuelo chaqueño según la Standard Oil, que ya los explotaba en Bolivia.

Fue la guerra más importante en el continente sudamericano durante el siglo XX. Bolivia movilizó 250 000 soldados y Paraguay 150 000, que se enfrentaron en combates en los que hubo gran cantidad de bajas (60 000 bolivianos y 30 000 paraguayos), heridos y desaparecidos. Los distintos tipos de enfermedades, las características hostiles del teatro de operaciones y la falta de agua afectaron la salud de los sobrevivientes, a muchos de por vida.

La guerra dañó los recursos económicos de ambos países, de por sí muy pobres. El Paraguay sostuvo parte de las necesidades de su ejército con la gran cantidad de material bélico capturado en distintas batallas. Terminada la guerra, los vendió a España con motivo de la Guerra Civil Española.

Años después de concluido el conflicto, se descubrió que no existían yacimientos petrolíferos, aparte de los que ya se habían descubierto en la pre-cordillera boliviana lindante con el Chaco.

Contenido

Descripción de la región en litigio

Paisaje del Chaco (Israel Rojas Der's) Boreal, el árbol es el Schinopsis balansae.

La región central Sudamérica conocida como Gran Chaco se divide de norte a sur en tres regiones: Chaco Boreal (al norte del río Pilcomayo) el Chaco Central (entre el río antes citado y el río Bermejo) y el Chaco Austral. El área disputada entre Bolivia y Paraguay correspondía exclusivamente al Chaco Boreal.

El Chaco Boreal posee una extensión de aproximadamente 600 000 km² (un poco menos que Francia) y hasta fines de la década de 1920 estuvo casi despoblada y sin explorar. Sus límites son: al sur el río Pilcomayo y la Argentina; al este el río Paraguay y la región oriental del Paraguay; al noroeste la pre-cordillera boliviana y al noreste las regiones selváticas de Brasil y Bolivia.

La región está cubierta por matorrales espinosos y árboles como el quebracho siendo el potencial para la agricultura muy pobre. El clima es continental predominando altas temperaturas (entre 40 y 50 centígrados en verano) y seco, aunque ocasionalmente en invierno las temperaturas pueden bajar a los 0 grados centígrados. Es el hábitat de una gran variedad de serpientes venenosas y todo tipo de insectos muchos de ellos portadores de enfermedades (vinchuca, mosquito). El agua es escasa en las zonas centrales y los pocos pozos y lagunas existentes tuvieron una importancia vital durante la guerra.

Durante el invierno hay una temporada de lluvia en la que los pocos caminos de tierra, que eran senderos polvorientos durante la mayor parte del año, se convertían en ciénagas intransitables. Esta inhóspita región fue muchas veces el enemigo principal para ambos contendientes.

Antecedentes

Véase también: Antecedentes de la Guerra del Chaco

Los antecedentes y causas de la guerra son complejos. Debido a la vaga determinación de límites entre las distintas regiones y las pocas expediciones que se hicieron durante la época colonial, Bolivia y Paraguay, cuando se volvieron estados independientes, tuvieron que fijar sus respectivas jurisdicciones en base a documentos muchas veces contradictorios. Los cuatro tratados de límites que se acordaron entre 1884 y 1907, no fueron aceptados definitivamente por ninguna de las partes. Bolivia y Paraguay realizaron a su vez pocas expediciones al Chaco.

En el siglo XX las compañías petroleras asentadas en Bolivia creían que había yacimientos en el Chaco Boreal, y esto alentó aún más la guerra. La intención boliviana de poseer esa región puede ejemplificarse en el eslogan de la campaña política del presidente Salamanca: «Hay que pisar fuerte en el Chaco».

El Paraguay, unas décadas antes, había sido gravemente perjudicado por la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) cuya consecuencia fue la pérdida de enormes territorios en su zona oriental. Respecto del Chaco, la Argentina pretendió incorporarla a su territorio pero tras el arbitraje del presidente estadounidense Rutherford Hayes, en 1879, este falló que dichos territorios, desde el río Pilcomayo hasta el Verde, correspondían al Paraguay. Con estos antecedentes era difícil que el Paraguay pudiera aceptar las pretensiones bolivianas sobre la zona chaqueña. Agravó la cuestión el Tratado de Petrópolis (1903) por el cual Bolivia cedía definitivamente el Acre a Brasil y "como compensación" Brasil reconocía como boliviana la cuenca del Alto Paraguay.

Comandantes en jefe

Comandantes en jefe del ejército boliviano

El ejército boliviano tuvo varios comandantes en jefe:

Todos, salvo Peñaranda, fueron sustituidos por errores de conducción y motivos políticos. Detrás de ellos tenían fuerte influencia el presidente Salamanca y la oligarquía boliviana.

Hans Kundt: Fue la principal figura militar en Bolivia en las dos décadas anteriores a la guerra. Llegó al país en una misión militar contratada por el estado boliviano. Volvió a Alemania donde comandó una unidad menor en el frente oriental contra el debilitado ejército ruso. Regresó en 1921 y se nacionalizó boliviano asumiendo la jefatura del Estado Mayor hasta 1926. A mediados de 1930 pretendió orientar a los oficiales bolivianos en cuestiones políticas a favor de la re-elección del presidente Hernán Siles. Cuando este fue derrocado tuvo que exiliarse. En diciembre de 1932, ya con 63 años, fue llamado para dirigir al ejército boliviano. Fue calificado como "oficial tropero", por no poseer estudios de Estado Mayor, carencia que fue evidente en las deficientes movilizaciones del ejército boliviano para la guerra, tanto en 1928 como en 1932. Quizá por su edad y las desfavorables condiciones del Chaco era aficionado a dirigir desde "lejos" (teléfono-radio) acudiendo al frente solamente en casos de crisis. No solo tuvo que enfrentar a un hábil adversario (Estigarribia) sino también a las intrigas de los oficiales del Alto Mando boliviano. Tras los sucesivos fracasos, especialmente en Nanawa y en Alihuatá-Campo Vía, fue destituido por Salamanca en diciembre de 1933 retirándose a Alemania, donde falleció seis años después.

Enrique Peñaranda Castillo: Fue elegido en reemplazo de Kundt y no pudo frenar el avance enemigo durante los años 1934/35, desde Saavedra hasta Villa Montes. Peñaranda era de carácter modesto y contemporizador. Participó en el engaño del Alto Mando boliviano a Salamanca con motivo de la ocupación de Pitiantuta amparándose en la "obediencia debida".

Peñaranda era un hombre bueno, pero sin carácter ni inteligencia.
Querejazu Calvo (1977, capítulo II)

Fue responsable de la derrota en El Carmen mientras lo mejor del ejército boliviano perseguía al Segundo Cuerpo paraguayo. Y en el desastre de Yrendagüé no pudo imponer su autoridad para que Toro detuviera el avance y se retirara a un lugar más seguro. Su defensa de Villa Montes fue correcta. Encabezó el motín contra el presidente Salamanca, episodio que se conoce como "El corralito de Villa Montes". A partir de entonces el ejército bajo sus órdenes tuvo una conducción casi colegiada con David Toro y su favorito Germán Bush. El historiador Bruce W. Farcau sostiene[1] que está pendiente de evaluación si la conducción de Peñaranda no fue peor que la del denostado Kundt.

Comandante en Jefe del ejército paraguayo

En contraste con los sucesivos comandantes en jefe bolivianos, el ejército paraguayo fue dirigido por José Félix Estigarribia desde el comienzo hasta finalizar la guerra, periodo en el cual nunca abandonó el Chaco:

José Félix Estigarribia: De origen humilde, realizó estudios en la Facultad de Agronomía. Luego de obtener el diploma cambió de carrera y en 1910 se alistó en el ejército con el cargo de teniente de infantería. De 1911 a 1913, asistió a la Escuela Militar Bernardo O’Higgins (en Chile). Debido a sus aptitudes, en 1917, fue ascendido a capitán. Fue seleccionado para asistir al curso de Estado Mayor en la École Supérieure de Guerre (en Francia). En 1927 culminó el curso de tres años de duración y en 1928 fue nombrado jefe de Estado Mayor. Al poco tiempo tuvo que abandonar ese cargo por desacuerdos en la estrategia que se debía seguir para la defensa del Chaco. Sin embargo, cuando la guerra parecía inevitable, el gobierno decidió que Estigarribia era el hombre más capacitado.

En 1931, siendo teniente coronel, fue nombrado comandante en el Chaco con la misión de organizar una división de campaña. Gozaba de una reputación sólida en el ejército. Era un estudioso de la guerra de movimiento superadora de las estrategias de la Primera Guerra Mundial. Era un hombre tranquilo, serio e inconfundible en su austero uniforme con las mangas siempre cortas. El buen conocimiento de cada oficial bajo su mando directo le permitía exigir a cada uno el máximo de esfuerzo que podía dar. Dirigía las operaciones desde muy cerca del frente para agilizar la toma de decisiones y dejaba a sus oficiales en libertad para realizar las operaciones tácticas que el momento y lugar lo requirieran. Su mayor logro estratégico fue concebir la guerra en el desierto chaqueño como si se tratara de una batalla naval.

Estrategias de los ejércitos

Camión Ford similar a los que usaron Bolivia y Paraguay.

Estrategia boliviana

La estrategia boliviana se apoyaba en la indudable superioridad de recursos económicos y de población (3 a 1) que tenía Bolivia sobre el Paraguay. En los planes estratégicos del Estado Mayor boliviano el acceso al río Paraguay se veía más como un problema diplomático que militar. En ningún caso se tenía en cuenta la historia de ese pequeño país ubicado al sur y mucho menos a la importancia decisiva que este le asignaba a la posesión del Chaco Boreal.

Por esa razón, nunca se consideró importante la larga y difícil línea de abastecimiento, desde los centros principales de Bolivia hasta el frente chaqueño, por lo que no se tomaron las medidas para mejorarla, por ejemplo, con la construcción de una línea férrea hasta Muñoz y puntos de apoyo intermedios. Por otro lado, la compra de todo tipo de armamentos, a fines de la década del 20, fue tan desproporcionada frente al potencial enemigo paraguayo, que despertó la inquietud entre los otros países limítrofes. Esa compra, unificada mayoritariamente en la firma inglesa Vickers, le trajo a Bolivia una serie de problemas en cuanto a la calidad y el cumplimiento de los plazos de entrega. Al comienzo de la guerra, un volumen importante de armas todavía estaba sin fabricar ni embarcar en Inglaterra. Las tropas movilizadas tuvieron que ser transportadas por camión y ferrocarril hasta Villazón, desde allí en camión hasta Tarija y desde este punto a pie hasta la principal base, Villa Montes. Luego los soldados tenían que marchar hasta 400 kilómetros a través del polvo y el calor sofocante del Chaco Boreal. El medio básico de transporte fue el camión, y estos escaseaban en ambos ejércitos (menos en el boliviano debido a sus recursos superiores). Para cubrir las seis etapas del tramo Villazón-Muñoz se necesitaban en teoría unos 480 camiones. En vista de que solo había suficientes unidades para los pertrechos y sobre todo el agua, los soldados tuvieron que movilizarse a pie durante toda la guerra. Los camiones estaban limitados a su vez por los malos caminos, todos de tierra y que las lluvias hacían intransitables.

Se priorizó la ocupación territorial con vista a justificar "de facto" los derechos bolivianos. El avance hacia posiciones cada vez más lejanas hizo difícil y complicada la logística. La pérdida de un fortín eran vividas dramáticamente por el pueblo, el gobierno y el ejército bolivianos. Los partidos políticos y la prensa de la oposición no perdían ninguna oportunidad para criticar al presidente Salamanca con el único objetivo de lograr una mayor cuota de poder.

La preparación militar de los oficiales bolivianos y la del mismo Kundt estaban desactualizadas. Primaban todavía las doctrinas de la Primera Guerra Mundial con sus ataques frontales y su enorme costo en vidas como ocurrió en Toledo y Nanawa y que para el momento ya estaban siendo superadas por concepciones más modernas. Antes que comenzara la guerra, pese a los años que estuvo a cargo del ejército boliviano, el general Kundt nunca había estado en el Chaco.

Para los bolivianos, que provenían de zonas altas y frías, les fue difícil adaptarse física y psíquicamente al hábitat chaqueño. La unidad del pueblo boliviano frente a la guerra era débil. Los llamados "campesinos" se habían levantado contra la oligarquía terrateniente boliviana en 1927: Tres levantamientos en el norte de Potosí. Eduardo Nina Quispe (1930-1933) luchó por una República de Naciones y Pueblos Originarios y en 1935 se masacró campesinos en Pucarani para obligarlos a ir a la guerra.

¿Los indios son cobardes? No saben a conciencia qué es la Patria, pero se empeñan en fiera lucha contra quienes intuyen que son sus adversarios o, más propiamente, contra los oficiales que los comandan.
Subteniente boliviano Alberto Taborga (según Dunkerley, 1987, pág. 244)

La relación entre el presidente Salamanca y los comandantes bolivianos y la de estos entre sí fue difícil durante toda la guerra ya que muchos tenían ambiciones políticas que incidía en la conducción de las operaciones.

En el momento de declararse la guerra, Bolivia se encontraba con serias dificultades económicas debido a la caída del precio y el volumen de las exportaciones del estaño que en 1929 habían sido de 46,9 millones de dólares, reduciéndose a 10 millones de dólares en 1932. Además, el país carecía de crédito externo por haber entrado en mora en los pagos de la deuda externa.

Estrategia paraguaya

El Estado Mayor paraguayo planeó la defensa del Chaco sobre la base de la estructura de comunicaciones pre-existentes en la zona. Se trasladaron hombres y recursos desde Asunción utilizando el río Paraguay hasta Puerto Casado y desde allí por un ferrocarril de trocha angosta, usado en la explotación de tanino, hasta muy cerca de Isla Poí, la principal base militar en el Chaco.

Durante la primera parte de la guerra, esa ventaja logística favoreció al Paraguay y compensó, en cierta medida, la superioridad boliviana en recursos. Sin embargo, la falta de camiones fue crónica y permitió que muchas veces, con el enemigo totalmente desarticulado, este pudiera escapar del aniquilamiento mediante una retirada más rápida. El abastecimiento de agua, por igual motivo, fue otro problema difícil de resolver. Si el ejército paraguayo hubiera contado con los camiones suficientes la guerra hubiera terminado mucho antes.

Las ofensivas paraguayas estuvieron sincronizadas con las épocas de poca lluvia, cuando el calor era preponderante. Se utilizaron las tácticas del "cerco y aniquilamiento", el popularmente llamado "corralito", parecidas a las que se usarían después en la Segunda Guerra Mundial: ruptura o envolvimiento del frente, penetración hacia la retaguardia enemiga, corte de líneas de abastecimiento y mando enemigos. Se dio prioridad al movimiento, rebalsando por los laterales las defensas fijas bolivianas y evitando los ataques frontales de gran intensidad. Las retiradas no eran sentidas como "derrotas" siendo el objetivo esencial el aniquilamiento del ejército enemigo y no la ocupación territorial.

El pueblo paraguayo, con la convicción de estar siendo agredido nuevamente por un invasor que ahora provenía del noroeste, se unió detrás del gobierno y su ejército en lo que conceptualmente se conoce como "Guerra Total". Nadie dudaba de que el Chaco debía ser "defendido". Había homogeneidad entre oficiales y soldados donde todos tenían las mismas costumbres y hablaban el mismo idioma (el guaraní). En este aspecto existía una decisiva ventaja sobre su oponente boliviano donde había distintos grupos étnicos/lingüísticos, pronunciadas diferencias de clase, origen y cultura entre soldados y oficiales, y hasta extranjeros en los mandos superiores.

La compra de armas realizada por el Paraguay tuvo tres problemas fundamentales:

  • La escasez de recursos y de créditos;
  • La necesidad del secreto para no provocar una reacción boliviana que acelerara la guerra antes de que las mismas llegaran al Paraguay;
  • Tener abiertas las líneas de comunicaciones que pasaban por la Argentina (vías férreas y navegación).

Por consiguiente las compras se hicieron con gran meticulosidad y secreto, eligiendo las mejores armas, a diversos proveedores. El Paraguay empezó y terminó la guerra con los mismos oficiales y soldados. Solo tuvo que reponer los muertos, heridos y enfermos. Esto significó disponer, a los pocos meses de continuos combates, de un ejército pequeño pero con experiencia para la difícil guerra chaqueña.

El ataque fronterizo en la laguna Pitiantuta (15 de junio 1932)

Artículo principal: Incidente de laguna Pitiantuta
Sellos de ambos países reclamando el Chaco.

El 15 de junio de 1932, un destacamento del ejército boliviano atacó y capturó el fortín Carlos Antonio López, ubicado al borde de la laguna Pitiantuta o "laguna Chuquisaca" como fue bautizada después por los bolivianos. Esta acción militar se hizo contrariando órdenes expresas del presidente Salamanca de evitar todo tipo de provocación en el Chaco. Con esta "operación" de encubrimiento, mentiras y desobediencia (y hasta extravío de documentación) realizada por miembros del Alto Mando boliviano a espaldas del presidente se iniciaba uno de los conflictos que afectarían a Bolivia durante toda la guerra, la de Salamanca contra los responsables del ejército y que culminaría, años después, con su destitución. El 16 de julio, el destacamento paraguayo Coronel Palacios recuperó la laguna después de una pequeña refriega.

Reacción boliviana: captura de tres fortines paraguayos (27 de julio de 1932)

Este hecho que volvía las cosas a su lugar, no lo fue para el presidente Salamanca. Como si se tratara de una afrenta al honor nacional pidió al general Filiberto Osorio el enjuiciamiento de los oficiales responsables. Poco después, debilitado políticamente y empujado por un clima guerrerista, Salamanca ordenó al ejército que se apoderara, en represalia, de los fortines paraguayos Corrales, Toledo (el 27-28 de julio) y Boquerón (el 31 de julio).

Ejecute bien la orden, si hay en ello algún mérito, sería suyo; si surgen responsabilidades, serán mías
Mensaje del presidente Salamanca al general Quintanilla (según Dunkerley, 1987, pág. 219)

En el frente diplomático, ante la protesta paraguaya en su calidad de país agredido, Salamanca se mostró firme en no entregar esos fortines para volver al statu-quo anterior exigiendo, a su vez, que los tres fortines fueran integrados a una "zona en litigio" entre ambas partes. Ordenó además que la delegación boliviana ante la Comisión de Neutrales se retirara el 22 de julio.

Con esta excesiva reacción, el gobierno boliviano transformó, sin tener en claro las consecuencias, una serie de incidentes fronterizos menores en una guerra con miles de muertos y heridos. Lo increíble fue que Bolivia, a fines de julio de 1932, no estaba preparada para realizar una operación militar en gran escala. El general Osorio, el 30 de agosto, en su Memorando 507/32 dirigido a Salamanca, con un tono casi altanero e irrespetuoso, manifestó que el Alto Mando no tenía directivas precisas ni existía un Plan de Operaciones concreto que guiara al ejército boliviano en el Chaco. En el mismo memorando adjuntó su propio plan que consistía en avanzar por el norte, en el Alto Paraguay, zona diametralmente opuesta al que, sin planes, se estaba realizando en el sur. Todo esto ocurrió a solo nueve días del ataque en gran escala de todo el ejército paraguayo, es decir, del inicio de la guerra. A su vez el general Quintanilla, a cargo de las fuerzas bolivianas en el Chaco, solicitó a Osorio que autorizara la ocupación de dos fortines más: Nanawa al sur y Rojas Silva al este.

En julio de 1932, los bolivianos contaban en el Chaco con el Primer Cuerpo del Ejército (4000 hombres) en la parte sudoeste y 2 divisiones (2000 hombres) en el noroeste. Durante el mes de agosto más de 6000 soldados comenzaron a ser trasladados, con serias complicaciones logísticas, rumbo al Chaco.

Reacción paraguaya, movilización general e inicio de la guerra (1 de agosto al 9 de septiembre de 1932)

Los sucesos de junio y julio (captura y destrucción del fortín paraguayo Carlos A. López y la ocupación "en represalia" de tres fortines sumados a la actitud intransigente y belicista del gobierno boliviano) convencieron al gobierno paraguayo de que solo quedaba la solución militar a los problemas chaqueños. El presidente Ayala decretó la movilización general para lanzar al Paraguay a una guerra a gran escala. Durante el mes de agosto de 1932 se concentraron 8000 soldados en Isla Poí; 1500 en Nanawa y 3000 se ubicaron al norte, en el alto río Paraguay. Otros 3000 refuerzos fueron enviados a Isla Poí a fines de agosto. Allí se construyó una pista de aterrizaje y se trasladó toda la fuerza aérea. Se requisaron camiones y barcos privados, los primeros para el transporte de tropas y recursos en el Chaco y los segundos para reforzar la logística que por el río Paraguay se hacía desde Asunción hasta el puerto Casado.

El teniente coronel Juan B. Ayala (del Estado Mayor) que había estudiado todas las causas del fracaso de la movilización del año 1928 que en gran medida impidió que la guerra de iniciara ese año, mostró ahora su eficacia al triplicar, en un mes, las fuerzas del ejército en tiempos de paz. El teniente coronel Estigarribia sabía que con el cambio sorpresivo en la escala de la confrontación, el ejército enemigo recién podría completar su movilización masiva (y alcanzar la inevitable superioridad en hombres y recursos) en 90 días, tiempo suficiente para llevar adelante, con ventaja, la "Primera Ofensiva Paraguaya" (septiembre a diciembre de 1932). El 29 de agosto la Comisión de Neutrales propuso una tregua incondicional de 60 días que Bolivia aceptó si se reducía a 30 días pero que el Paraguay, con toda la maquinaria bélica en pleno movimiento, rechazó aduciendo que su "seguridad se encontraba seriamente amenazada".

Primera ofensiva paraguaya (septiembre de 1932 a diciembre de 1932)

Primera batalla en la guerra del Chaco: Boquerón y sus alrededores (9 al 29 septiembre de 1932)

Véase también: Batalla de Boquerón

Después de la pequeña refriega en la laguna Chuquisaca/Pitiantuta (16 de julio), la 4.ª División boliviana fue enviada con alrededor de 300 hombres a ocupar los fortines paraguayos Corrales, Toledo y Boquerón. A fines de julio los dos primeros fueron capturados con suma facilidad, y después de un combate de dos horas también cayó el último. El teniente coronel Aguirre falleció durante la captura de Boquerón, dejando el mando a su segundo, el teniente coronel Manuel Marzana.

Este competente oficial fue el responsable de sostener el cerco de Boquerón resistiendo los embates del grueso del ejército paraguayo, que desde el 9 al 29 de septiembre de 1932 lo atacaría sin cesar. Finalmente, los pocos soldados sobrevivientes, agotados y sin municiones, no pudieron impedir que los paraguayos ocuparan el fortín. Pero la batalla de Boquerón comprendió también los importantes combates que se libraron más allá del fortín.

El 8 de septiembre, aviones de combate bolivianos detectaron la aproximación del RI-2 paraguayo en el camino hacia Boquerón y bombardearon y ametrallaron la columna, ocasionando bajas entre hombres y caballos. Muchos de los soldados, la mayoría de los cuales nunca habían visto un ataque aéreo, se atemorizaron y desaparecieron entre los arbustos. Los oficiales tuvieron que pasar el resto del día reuniendo sus unidades.

Los paraguayos atacaron desaprensivamente a Boquerón el 9 de septiembre. Cuando los voluntariosos ataques iniciales no tuvieron éxito, las fuerzas atacantes tomaron posiciones en la retaguardia boliviana para emboscar a las fuerzas que pudieran acudir en ayuda del cercado fortín. El día 10, una columna de camiones del RI-14 boliviano cayó en una emboscada sufriendo fuertes bajas. En estos primeros días pudo observarse muchas deficiencias en el ejército paraguayo, principalmente en el abastecimiento del agua. Acuciados por la sed, los soldados abandonaban las líneas para buscar agua en la retaguardia. También hubo falencias en la sincronización de los movimientos entre las unidades.

La aviación boliviana trató de neutralizar la "artillería" que bombardeaba Boquerón y que era la que más bajas producía sin poder ubicarla. Se trataba de los modernos morteros Stokes-Brandt que hasta Marzana creía que eran cañones de largo alcance. Los combates iniciales sirvieron para que los paraguayos ganaran en experiencia a costa de muchas bajas. Los bolivianos intentaron ingresar ayuda al fortín, siempre con pequeñas unidades, algunas con éxito y otras no, pero con gran costo en bajas. Estas operaciones no tenían un objetivo claro ya que esas fuerzas debían salir casi de inmediato del fortín por la carencia de recursos en el lugar. La aviación lanzó municiones, alimentos y medicinas pero el fuego antiaéreo y la necesidad de conservar los aviones los obligó a lanzarlos desde gran altura. Muchos se destruyeron en la caída, otros cayeron en poder del enemigo.

En el campo diplomático, Bolivia aceptó la propuesta de la Comisión de Neutrales de suspender las hostilidades creando un cinturón de neutralización de dos kilómetros alrededor de Boquerón. El Paraguay no lo aceptó y mantuvo la posición inicial de que previamente Bolivia debía devolver los fortines capturados en el mes de julio.

En el otro conflicto, el del presidente boliviano contra sus comandantes, el 21 de septiembre (8 días antes de la caída de Boquerón y de la retirada general boliviana), Salamanca respondió a Osorio su impertinente memorando del 30 de agosto diciendo que mientras el ejército había seguido las instrucciones presidenciales se había logrado la captura de Toledo, Corrales y Boquerón y por no haberlo hecho se había perdido la laguna Chuquisaca. Rebatió el plan de atacar por el norte y sostuvo su propio plan de atacar hacia el sureste para “descargar golpes mortales que permitan a Bolivia imponer un tratado de paz en Asunción, ya que la marcha sobre la capital paraguaya sería un golpe asestado al corazón del enemigo” (Nota de Salamanca a Osorio, 21 de septiembre de 1932).

El Alto Mando convenció finalmente a Salamanca sobre la necesidad de abandonar el fortín. Una tormentosa reunión (que casi termina a los tiros) se realizó en Arce en la que participaron varios generales. Allí se llegó a la misma conclusión, sin embargo Quintanilla, el día 27, pidió a Marzana que soportara diez días más hasta que se organizase un contraataque. Ninguna de las dos cosas podía cumplirse debido al agotamiento de las fuerzas de Marzana y la superioridad del enemigo. El Alto Mando boliviano se negaba a reconocer lo que ya era evidente, de que había sido sorprendido por la estrategia paraguaya de atacar con todo su ejército. Cuando el Mayor Julio Aguirre, el día 10 de septiembre, informó que los paraguayos debían ser varios miles, porque eran más de 400 soldados solo en el camino Yujra-Boquerón donde había sido emboscado el día anterior, recibió la siguiente respuesta de su comandante, el coronel Francisco Peña: “Miró usted visiones... El enemigo es cobarde y no pasa de unos mil hombres.”

Al ocultarse y/o desconocerse la situación real, fue un tremendo golpe para el gobierno boliviano cuando se enteró, por noticias provenientes del Paraguay y la Argentina, de que el fortín había caído. Esto lo obligó, a su vez, a retacear la información al pueblo boliviano. Una vez conocido el resultado de Boquerón, Salamanca no perdió tiempo, destituyó a Filiberto Osorio y lo reemplazó por el general José L. Lanza.

En Boquerón, y en los desiguales combates que tuvieron lugar en los alrededores, Bolivia perdió, entre muertos y prisioneros, los oficiales y soldados con más experiencia en el teatro de operaciones chaqueño.

Retirada boliviana hacia Saavedra

Después de la captura de Boquerón, el ejército paraguayo con 15 000 hombres continuó su avance hacia el fortín Arce.

El Coronel Estigarribia envió una división por el camino Yujra-Arce mientras que una segunda avanzó por la derecha para ganar la espalda del enemigo. La tercera quedaba como reserva esperando que la conquista de Arce fuera más difícil que la de Boquerón. El comandante paraguayo actuaba con cautela sabiendo que un error en esas circunstancias podía ser fatal dado los escasos recursos del Paraguay. Los bolivianos abandonaron los fortines Ramírez y Castillo (8/oct), Lara (11/oct)y Yujra (12/oct), colocándose defensivamente a 11 km del poderoso fortín Arce. Completada la maniobra de aproximación hacia Arce, el 22 de octubre, al amanecer, comenzó el ataque paraguayo y para el mediodía los regimientos paraguayos lograron rodear las líneas bolivianas y salir a su retaguardia. Cuatro regimientos bolivianos abandonaron sus posiciones completamente desmoralizados, solo los combatientes del Loa, Campero, Lanza y el RI-16 permanecieron en sus puestos hasta que el Coronel Peñaranda, temiendo ser rodeado, ordenó la retirada. Las fuerzas paraguayas entraron en Arce (renombrado como "Francia") encontrándolo vacío y en ruinas. Los 4000 defensores se retiraron al fortín Alihuatá primero y hacia Saavedra poco después.

El ministro de Guerra, Espada, que se encontraba en Arce, intentó poner algún orden en el torrente humano que se dirigía al camino al sur. Fue inevitable ordenar un nuevo repliegue hacia Alihuatá. De todos modos la multitud se arrojó hacia el camino y las sendas, e incluso rompió monte a machetazos, abandonando por todas partes su armamento. La sed y el agotamiento fueron aniquilando a muchos y las rutas de retirada se marcaron con los cadáveres en actitudes grotescas.
Brockmann (2007, pág. 213)

Aunque resulte paradójico esta retirada (organizada o no) era lo mejor que podía hacer el ejército boliviano frente a un enemigo superior ganando un tiempo valioso hasta que Bolivia pudiera realmente movilizar sus recursos. Estigarribia hubiera deseado que presentaran batalla para poder aniquilarlos.

El ejército boliviano recién pudo resistir el avance paraguayo a 7 km del Fortín Saavedra, al borde de un largo y ancho pajonal que los paraguayos debían atravesar si querían llegar a Muñoz. Allí se posicionó la 4.ª División al mando del teniente coronel Bernardino Bilbao Rioja, que reemplazó al teniente coronel Enrique Peñaranda por motivos de salud. Mientras tanto, arreciaban las críticas contra Salamanca y el comando boliviano. El general Quintanilla contesta esas críticas con amargura diciendo que ni el general Kundt ni nadie podrían remediar la falta de efectivos, armamentos y deficiencias orgánicas que caracterizaban la situación del ejército boliviano en el Chaco.

El 30 de noviembre de 1932, desde las trincheras se observó al Capitán de la aviación boliviana Rafael Pavón enfrentándose al teniente Benítez Vera de la aviación paraguaya que llevaba de observador a un oficial del Estado Mayor paraguayo y que terminó con la destrucción del aparato paraguayo.

Ofensiva boliviana (diciembre de 1932 a julio de 1933)

El ejército paraguayo había avanzado durante tres meses hasta "Kilómetro 7", pero ―completada la movilización boliviana a fines de diciembre de 1932― debía enfrentar la embestida de la totalidad del ejército boliviano al mando de su flamante comandante, el general alemán Hans Kundt.

Salamanca convocó a Hans Kundt presionado por la creencia generalizada de que podía conducir a las fuerzas bolivianas a la victoria y bajo el supuesto de que le serviría para controlar políticamente a los altos oficiales del ejército.

El ejército boliviano era obra de Hans Kundt, era el ejército que desfilaba en formaciones perfectas los días de recordación cívica, era el ejército que realizó maniobras en el altiplano provocando inquietud en los gobiernos de Chile y Perú, y era también el ejército que nunca había sido preparado para una campaña en clima tropical y terreno boscoso
Querejazu Calvo (1990, pág. 55)

Hans Kundt solicitó a Salamanca una fuerza de 25 000 hombres. Su llegada como salvador levantó la moral y el ánimo de los ciudadanos bolivianos que pedían su vuelta a Bolivia después del desastre de Boquerón y la retirada hasta "Kilómetro 7", lo que molestó a los oficiales bolivianos quienes veían menoscabadas su capacidad y orgullo por el anciano oficial alemán. Esta situación de tirantez entre Kundt y sus subordinados bolivianos se mantuvo desde entonces hasta el día de su renuncia.

No tuve un amigo en los comandos para transmitirle mis inquietudes y quejas; parecía que todos formaban un bloque, solo para aplastarme personalmente, y hacerme fracasar en la campaña.
General Hans Kundt (según Dunkerley, 1987, pág. 220)

Kundt ordenó que el Segundo Cuerpo (8ª y 3ª División) capture los fortines Corrales, Toledo y Fernández mientras Primer Cuerpo (7.ª División formado por las fuerzas que defendían las regiones de Agua Rica, Murguía y Cuatro Vientos reforzadas por regimientos de la 4.ª División) tomara Nanawa.

Primer ataque a Nanawa (20 al 26 de enero de 1933)

Artículo principal: Primera batalla de Nanawa
Situación entre los días 20 y 24 de enero de 1933

Este fortín era importante porque abría varias posibilidades estratégicas: una de ellas era avanzar hacia el norte para alcanzar Isla Poí, centro de operaciones paraguayo; la otra, dirigirse al este y salir al río Paraguay frente a la ciudad de Concepción. Después de una minuciosa preparación, el 20 de enero de 1933, se libró la primera batalla de Nanawa. Era tal la confianza del general Kundt en su plan y en la capacidad de sus tropas que se aventuró a pronosticar la hora en que caería el fortín. La 7.ª División, al mando del coronel Gerardo Rodríguez, una de las mejores del ejército boliviano, con fuerte apoyo de artillería y la colaboración de 3 escuadrillas de aviones, se dividió en 3 columnas con la idea de rodear el fortín y ocuparlo mediante ataques frontales. Pese al gran esfuerzo realizado, los bolivianos fracasaron en su objetivo de cercar al fortín por el ala norte debido a que cerraron prematuramente el avance con lo cual chocaron con el flanco derecho de las fortificaciones. Tampoco prosperó un ataque posterior sobre el ala sur. En un momento de la batalla y debido a las fuertes lluvias que dificultaba el abastecimiento y al alto consumo para frenar el ataque, la 5.ª División paraguaya comenzó a quedarse sin municiones. El coronel Estigarribia ordenó al teniente coronel Irrazábal que construyera una pista de aterrizaje de emergencia para que los aviones pudieran reaprovisionar el fortín. Después de sufrir fuertes bajas en su calidad de atacante, las fuerzas bolivianas se consolidaron en un peligroso semicírculo alrededor del fortín. El frente se estabilizó con combates menores y duelos de artillería durante los meses de febrero a junio de 1933, período en el cual ambas partes mejoraron sus respectivas posiciones. El historiador estadounidense Zook atribuyó el fracaso de la operación boliviana a cuatro factores: 1) Insuficiencia de coordinación; 2) Falta de información necesaria antes de la acción; 3) Violación del principio de economía de las fuerzas; 4) Subestimar al adversario.[2]

Ataques hacia el Norte

Captura de Platanillos y batalla de Fernández (Herrera) (7 de enero al 28 de enero de 1933)

La 8.ª División boliviana recuperó fácilmente el fortín Platanillos que había sido el centro de las comunicaciones entre los fortines bolivianos antes de la guerra y, confiadamente, intentó hacer lo mismo con Fernández (Herrera) defendido por la 2.ª División paraguaya. Esta maniobra apuntaba a atacar al fortín Arce (Francia), centro de operaciones del ejército paraguayo hacia el sureste. El 7 de enero, el general Filiberto Osorio (comandante del 2.º Cuerpo de Ejército boliviano), informado erróneamente sobre el número de defensores en Fernández, envió solo dos regimientos de la 8.ª División que fueron fácilmente rechazados. Kundt ordenó entonces que el resto de la División reforzara el ataque. Del día 21 al 23 de enero, esta columna de 1500 hombres también fue rechazada por los defensores con fuertes bajas. En el ataque el regimiento "Colorados" (Guardia de Honor del Palacio Quemado) resultó prácticamente diezmado. El día 28 también fracasó un intento de envolver a los defensores paraguayos que rechazaron ambas alas de ataque. En la defensa del fortín paraguayo se destacó, desde el primer momento, el mayor Paulino Antola, comandante del RI-1 "Dos de Mayo" quien poco después, por su desempeño, sería ascendido a teniente coronel y asumiría el comando de la 2.ª División paraguaya.

Batallas de Corrales y Toledo (1 de enero al 12 de marzo de 1933)

Artículo principal: Batalla de Corrales
Artículo principal: Batalla de Toledo

Cumpliendo con la Directiva n.º 2 (del 27 de diciembre de 1932) del general Kundt, en las primeras horas del día 1 de enero de 1933, la 3.ª División, al mando del coronel Gamarra, atacó el fortín Corrales. A las 12:00 horas, el capitán paraguayo Aguirre, ante el peligro de ser cercado, abandonó el fortín rumbo a Toledo, abriéndose paso a la fuerza. Ante esta incursión boliviana, el día 20 de enero, Estigarribia ordenó al teniente coronel Ayala, estacionado en Toledo, que accionara ofensivamente contra el sector Corrales-Platanillos para aliviar la presión boliviana sobre Nanawa y Fernández (Herrera). Ayala, al mando del 2.º Cuerpo de Ejército (en formación), integrado por dos Divisiones, intentó desalojar a los bolivianos atacando desde el 27 al 30 de enero pero, por problemas en el abastecimiento de agua que ponía en peligro a sus hombres, decidió retirarse nuevamente a Toledo.

El general Kundt, ante esta inusitada retirada, percibió la debilidad paraguaya en la zona Corrales-Toledo y ordenó a la 3.ª División que avanzara contra ese estratégico fortín que le abría la posibilidad de amenazar la Colonia Menonita y la ruta de toda la logística paraguaya.

Ofensiva boliviana de enero a marzo de 1933.

Después de una lenta marcha de 22 días por culpa de la lluvia y el barro, el 26 de febrero, la 3.ª División boliviana, al mando del teniente coronel Quintela, atacó a las fuerzas de Ayala en Toledo. La unidad paraguaya contaba con tropas recién incorporadas, sin experiencia en combate, carecía de los armamentos reglamentarios o los que tenía eran obsoletos. Una peste de disentería y tifoidea afectaba además a muchos soldados. Por esa razón y para aumentar el control operativo sobre las unidades, Ayala organizó la defensa no en líneas continuas sino en centros de resistencia que, como erizos, apuntaban para todos lados y dejaban espacios abiertos entre ellos que servían de verdaderas trampas. El ataque frontal de la 3.ª División boliviana provocó gran cantidad de bajas entre los bolivianos. Cundió la desmoralización en diversos regimientos lo que se observó en los días sucesivos. Cuando el 10 de marzo, el teniente coronel Ayala ordenó el contraataque, algunos regimientos bolivianos se amotinaron y huyeron hacia Corrales sin sus oficiales, llegando incluso a disparar contra las propias fuerzas que trataban de contenerlos. La batalla finalizó el 11 de marzo con la retirada de la diezmada 3.ª División hasta 15 km antes de Corrales donde estableció una línea defensiva.

Nuevamente el general Kundt no concentró en la zona una fuerza de ataque importante para lograr un objetivo que hubiera creado serias preocupaciones al comando paraguayo.

La reconquista boliviana de Alihuatá (13 de marzo de 1933) y retirada paraguaya de Campo Jordán (17 de marzo de 1933)

Artículo principal: Primera Batalla de Alihuatá

El plan ofensivo del general Kundt quedó paralizado en sus extremos norte y sur, la 3.ª División entre Corrales y Toledo y la 7.ª División delante de Nanawa. Las otras dos Divisiones tampoco progresaron en sus esfuerzos. Entre la 4.ª División, que seguía en "Kilómetro 7", y la 8.ª y 3.ª Divisiones, que actuaban en el ala izquierda, existía una línea vacía, sin solución de continuidad, de más de 50 km. Kundt planeó una maniobra por ese sector para definir la situación de la 4.ª División que continuaba combatiendo en "Kilómetro 7". Con la División de Reserva (9.ª División) salió en el flanco derecho paraguayo capturando, el día 13 de marzo, el fortín Alihuatá. El ataque, pese a estar bien organizado, tuvo errores de ejecución lo que produjo bajas desproporcionadas al objetivo y los pocos soldados paraguayos que defendían ese fortín de tránsito logístico.

La sorpresiva aparición boliviana en el centro de su dispositivo fue un contratiempo para Estigarribia que no esperaba una penetración tan audaz, sin embargo, trató de sacar provecho concentrando fuerzas en Arce para envolver a su vez a la 9.ª División. El regimiento Campos cortó al camino Alihuatá-Saavedra, ruta de abastecimiento de la 1.ª División paraguaya que combatía en "Kilómetro 7", "Kilómetro 12" y Campo Jordán y la 4.ª División boliviana (3000 hombres) aumentó su presión sobre esa División. Estigarribia pidió al coronel Fernández que tratara de sostenerse unos días más en su posición para poder cercar a la 9.ª División. Fernández consideró que su situación era cada vez más delicada al no contar con una ruta de suministros directa y segura por lo que tomó la decisión de abandonar silenciosamente las trincheras durante la noche. La retirada de la 1.ª división paraguaya hacia la zona de Gondra fue perfectamente planificada por un camino abierto al tránsito de camiones, sin pérdida de hombres ni material pesado.

Véase también: Batalla de Campo Jordán

Luego de la captura de Alihuatá, los bolivianos intentaron retomar el fortín Arce, centro de operaciones del 1er. Cuerpo paraguayo, pero fueron rechazados a 15 km del fortín. Kundt decidió capturar previamente Fernández para luego, con más libertad, volver sobre Arce pero fue nuevamente rechazado por las fuerzas paraguayas.

En seis meses de ofensiva era bastante poco lo que Kundt había logrado salvo la captura de Alihuatá y la corrección de la saliente paraguaya en "Kilómetro 7". Entonces Kundt volvió a su plan original: la captura del estratégico fortín Nanawa, al sur.

Véase también: Combates en Gondra

Actividad diplomática (diciembre de 1932 a mayo de 1933: El Paraguay declara la guerra a Bolivia (10 de mayo de 1933)

En los meses de diciembre de 1932 y enero de 1933 fracasaron dos intentos de mediación llevados adelante por la Argentina y Chile separadamente, en cuanto integrantes del grupo ABCP (Argentina, Brasil, Chile y Perú) o sea países limítrofes de Bolivia y Paraguay. Los mediadores solicitaban:

  • La suspensión de las hostilidades;
  • El retiro de los ejércitos de la zona de operaciones;
  • El sometimiento de la cuestión litigiosa a la Corte Permanente de Justicia Internacional;
  • La desmovilización y la devolución de prisioneros.

El 25 de enero de 1933 Argentina y Chile (ahora en forma conjunta), con el acuerdo de Brasil, enviaron a los gobiernos de Bolivia y Paraguay, en forma confidencial, una nueva propuesta que luego se denominó Acta de Mendoza, la cual fue entregada oficialmente un mes después, el día 24 de febrero. El 27 de febrero, Bolivia y Paraguay aceptaron el Acta con una serie de objeciones. Durante el mes de marzo y buena parte de abril las negociaciones se estancaron, por esa razón, los días 21 y 22 de abril, el grupo ABCP insistió a las partes para que suspendieran las hostilidades. El 23 de abril, el gobierno paraguayo retiró sus objeciones para facilitar las negociaciones pero Bolivia, el día 26, objetó la presión que supuestamente recibía del grupo ABCP. El día 8 de mayo los gobiernos de Chile y Argentina acusaron a Bolivia de hacer fracasar la negociación.

El gobierno paraguayo, reconociendo que Bolivia solo intentaba demorar las propuestas de los mediadores mientras mantenía la ofensiva de su ejército desatada desde diciembre de 1932, con la cual pretendía ganar la guerra o, por lo menos, una posición más favorable para negociar, decidió declarar formalmente la guerra a Bolivia el 10 de mayo de 1933. El objetivo, además de pretender complicar el abastecimiento de armas y suministros a su oponente, fue eliminar de la mediación a la Comisión de Neutrales, liderada por los Estados Unidos, que el Paraguay presumía favorable a Bolivia. Así, dicha Comisión, debido a sus sistemáticos fracasos desde antes de la guerra, cesó en su actividad de mediador el 27 de junio de 1933.

Segundo ataque a Nanawa: El mayor ataque frontal de toda la guerra (julio de 1933)

Artículo principal: Segunda Batalla de Nanawa
Situación inicial en julio de 1933.

Los informes de inteligencia le indicaban al coronel Estigarribia la gran concentración de medios que se estaba realizando frente a Nanawa. Su preocupación estratégica era saber si el general Kundt pensaba tomar por asalto el fortín o seguir de largo, dejando una pequeña unidad de control alrededor de él y, mediante un amplio rodeo por el sur, salir en la punta del riel de Casado, en la retaguardia de todo el ejército paraguayo o, en su defecto, avanzar hacia el este, hacia el río Paraguay y salir casi frente a la ciudad de Concepción. Cuando Kundt inició el ataque frontal contra el fortín, Estigarribia comprendió el error de su adversario y ordenó al teniente coronel Irrazábal que resistiera hasta el último hombre.

En julio de 1933, Kundt terminó la cuidadosa preparación para la captura de Nanawa. Contando con superioridad aérea, fuerte apoyo de artillería, dos grupos de tanques Vickers y los novedosos lanzallamas, lanzó sus tropas contra las posiciones paraguayas que habían sido mejoradas desde la última batalla de enero y que esperaban el ataque.

Meses antes, el presidente Salamanca había advertido su preocupación a Kundt:

Permítame ahora expresarle inquietud gobierno respecto ataque Nanawa donde seguramente enemigo ha concentrado sus elementos y hará máximo esfuerzo [...] si sufrimos un rechazo, nuestra situación en el Chaco quedará perdida, o poco menos.
Presidente Salamanca (según Cuadros Sánchez, 2003, pág. 195)

Las defensas de Nanawa se habían preparado con tiempo y en muchos casos tenía semejanzas con las empleadas por los bolivianos en Boquerón. Aunque los bolivianos utilizaron la fuerza aérea y tanques como apoyo cercano y contaban, además, con una enorme superioridad en artillería, los ataques frontales no fueron tan exitosos como durante la Primera Guerra Mundial porque estos requieren de una coordinación muy precisa entre aviones, artillería, tanques y la infantería que avanza, capacidad técnica de la que carecían los bisoños oficiales y soldados bolivianos.

Los atacantes lograron penetrar, con gran heroísmo y derroche de bajas, en varios sectores del sistema defensivo pero, agotados y diezmados por el esfuerzo realizado, fueron rechazados por el contraataque de las reservas.

El ataque fracasó con más de dos mil bolivianos muertos y heridos en comparación con las 189 bajas y 447 heridos paraguayos, proporción esperable en un ataque de este tipo. Fue la primera derrota importante de Kundt y le permitió a Salamanca retomar su crítica contra el comando boliviano indicando ahora que las operaciones debían hacerse economizando hombres lo que introducía una peligrosa restricción en materia de conducción. Kundt, ya desde junio de 1933, como consecuencia de las intrigas de los oficiales bolivianos bajo su mando, venía pensando dejar su puesto, pero recién en septiembre puso a disposición de Salamanca su renuncia, la que no fue aceptada.

Intento de cerco en Gondra (11 al 15 de julio de 1933)

Aprovechando la concentración de fuerzas bolivianas realizada por Kundt frente a Nanawa y el resultado negativo obtenido en ese ataque, el teniente coronel paraguayo Rafael Franco puso en marcha un plan largamente preparado para destruir a la 4.ª División boliviana. Fiel a su estilo de conducción hizo construir, por el flanco sur, una picada profunda hacia la retaguardia de esa División y, contrariando los manuales militares, envió un regimiento reforzado a más de 20 km de su base de operaciones pensando compensar ese riesgo con los efectos multiplicadores que produce toda sorpresa. Efectivamente, el 11 de julio, el RI-4 más un batallón de refuerzo avanzó silenciosamente por esa picada y al día siguiente cortó el único camino de aprovisionamiento boliviano a la altura donde estaba el puesto de mando del coronel Peñaranda y la artillería divisionaria boliviana. Toda la sanidad de la 4.ª División fue capturada (médicos, enfermeros, heridos y enfermos y, sobre todo, un valioso e importante parque de medicamentos). Lograda la confusión en las líneas de mando y logística, lanzó simultáneamente un ataque frontal que penetró en las posiciones bolivianas. Sin embargo, tres factores jugaron en contra para el éxito de esta increíble operación:

  • La primera fue que la masa de maniobra paraguaya en la retaguardia enemiga resultó ser demasiado débil para lograr rápidamente la desarticulación de las fuerzas bolivianas;
  • La segunda fue la decisión inmediata de Peñaranda y Moscoso (a cargo del Estado Mayor) de retirarse hacia Alihuatá abriendo un camino a toda velocidad hacia el noroeste;
  • La tercera fue el clima frío que permitió que las fuerzas bolivianas subsistieran más tiempo con las reservas de agua disponibles al momento del ataque.

Cuando el día 15 las fuerzas paraguayas cortaron finalmente la ruta de escape hacia Alihuatá, la 4.ª División se había escurrido totalmente del cerco.

Batalla del fortín Rojas Silva (Falcón) (3 al 6 de agosto de 1933)

El ataque al fortín Rojas Silva (Falcón) planeado por el general Kundt tenía como objetivo militar cortar la ruta de abastecimiento de la 1.ª Div. ( a cargo del teniente coronel Franco) que defendía la zona central del dispositivo paraguayo en Gondra y aliviar la comprometida situación de la 4.ª División boliviana que se había salvado de ser rodeada y quizás aniquilada en la maniobra del 10 al 15 de julio de 1933. También tenía un objetivo psicológico y político: después del fracaso en Nanawa y la retirada de la 4.ª División, el general Kundt quería tomar ese fortín haciéndolo coincidir con el 6 de agosto, día de la independencia de Bolivia y borrar de alguna manera la impresión, cada vez más generalizada, del fracaso de su ofensiva y lenta pérdida de la iniciativa en las operaciones militares en curso. Sin esperar la llegada de los nuevos refuerzos para reconstruir sus mermadas y cansadas unidades planeó un ataque demostrativo general en todo el frente para ocultar su intención de ocupar los caminos Gondra-Pirizal y Pirizal-Falcón, llegando, en este último caso, el día 4 de agosto, a Campo Aceval, a 15 kilómetros de Falcón.

En forma independiente, el día 3 de agosto, dos regimientos de la 9.ª División, el RI-18 "Junín" (al mando del mayor Condarco) y el RI-36 (al mando del mayor Jorge Rodríguez), comandados por este último, salieron de Alihuatá y, abriendo una picada angosta para no ser detectados, salieron sorpresivamente el día 5 frente al fortín Falcón después de dos días de marcha agotadora. El ataque debía coincidir con otro realizado en la zona de Campo Aceval. Efectivamente, producido este ataque distractivo, el regimiento paraguayo "Batallón 40" salió en ayuda hacia el sur dejando un claro en la defensa del fortín por donde se infiltró la columna boliviana que dirigía Rodríguez y que venía desde el oeste. El fortín tenía defensas que estaban en construcción y en algunas partes carecía de ellas. La columna boliviana salió de noche en la retaguardia de un escuadrón del RC-9 “Capitán Bado” y llegó hasta el puesto de mando de su jefe, el capitán Nicolás Goldsmith que se salvó milagrosamente al ser ametrallado mientras dormía. Iniciado el combate, las fuerzas bolivianas, que habían capturado las primeras líneas con mucha facilidad, atacaron la segunda línea a donde se habían retirado los defensores y pese al cansancio intentaron tomarla y rodearla. Pero, perdida la sorpresa y enfrentando fuerzas que acudían de todas partes, el mayor Rodríguez, casi sin municiones, con sus fuerzas diezmadas, tuvo que retirarse nuevamente a los montes cercanos donde, después de un breve descanso, dejaron muertos y heridos y se retiraron de vuelta hacia Alihuatá. El día 6 de agosto volvió todo a la normalidad en el fortín Falcón.

Kundt repitió una vez más el error de enviar fuerzas insuficientes a gran distancia, sin apoyo de reservas y sin ninguna posibilidad de lograr un resultado favorable pese a que en esta circunstancia se había logrado una sorpresa total.

El mayor Jorge Rodríguez, jefe de la expedición boliviana, un buen conductor encargado de realizar una absurda misión, dijo a sus oficiales: “Podemos estar contentos por haber salido con vida de esta payasada”. La captura del fortín Rojas Silva (Falcón), que debía anunciarse el 6 de agosto de 1933, fue un rotundo fracaso.

Segunda ofensiva paraguaya (agosto a diciembre de 1933)

Los cercos de Campo Grande y de Pozo Favorito (30 de agosto al 15 de septiembre de 1933)

Artículo principal: Batalla de Campo Grande

Los ataques y contraataques en la zona Nanawa-Gondra obligó al comando boliviano a debilitar el sector avanzado de Alihuatá, donde quedaron tres unidades con un débil enlace entre ellas: el regimiento Ballivián en Campo Grande, a la izquierda de Alihuatá; El regimiento Chacaltaya, en el centro, sobre el camino Alihuatá-Arce; y una pequeña compañía del regimiento Junín, en Pozo Favorito. La 7.ª División paraguaya (liderada por el teniente coronel Ortiz) realizó tres movimientos de cerco separados, uno contra el regimiento Ballivián, que era el principal, y los otros dos, con unidades menores, contra el regimiento Chacaltaya y la compañía del regimiento Junín.

Situación al 15 de septiembre de 1933.

La batalla de Campo Grande duró varías días. Las unidades bolivianas hicieron desesperados esfuerzos para salir de los cercos. Los regimientos Loa y Ayacucho, que se encontraban en Nanawa, fueron en su ayuda, pero el Loa también cayó en el cerco y el Ayacucho no pudo alterar la situación. Tanto Kundt como el coronel Banzer (9.ª División) apreciaron erróneamente el volumen y la dirección principal del ataque paraguayo lo que produjo una mala distribución de las fuerzas bolivianas.

Tras días de sufrimiento por la falta de agua y el hostigamiento enemigo, el día 15 de septiembre, los regimientos Ballivián y Loa capitularon. Un total de 509 soldados, con 2 jefes, 11 oficiales, 3 médicos y 10 suboficiales se rindieron. La compañía del regimiento Junín también se rindió. En el centro, el regimiento Chacaltaya iba a correr la misma suerte, pero la aparición oportuna de los regimientos Lanza y Campos, después de duros combates, abrieron un brecha por donde pudo escapar.

Estas tres maniobras contra las fuerzas bolivianas que defendían el sector avanzado de Alihuatá fue el primer síntoma del cambio de estrategia del ejército paraguayo y un ensayo en miniatura de lo que vendría después.

Una batalla modelo: Alihuatá-Campo Vía (23 de octubre al 11 de diciembre de 1933)

Artículo principal: La Segunda Batalla de Alihuatá
Batalla de Alihuatá-Campo Vía.
No puedo evitar ocultar a usted el angustioso dolor que me causa el pensar en el derramamiento de sangre en el Chaco. Confío en que usted sepa economizar nuestro cruel desgaste en cuanto sea posible sin comprometer el éxito final de la campaña.
Mensaje de presidente Salamanca al general Kundt (según Querejazu Calvo, 1990, pág. 89)

Salamanca recomendaba no repetir los ataques como el de Nanawa, sugiriendo una estrategia defensiva, con el menor costo posible en vidas y materiales, que desgastase al enemigo hasta obligarlo a llegar a un tratado de paz razonable. Salamanca ya no pensaba, como un año antes, llegar hasta Asunción, la capital paraguaya, para firmar allí el final de la guerra.

Por el otro lado, el presidente Eusebio Ayala viajó al Chaco el día 3 de octubre para ascender a Estigarribia al rango de General. En esa reunión aprobó el Plan de Operaciones presentado por Estigarribia contra las fuerzas bolivianas en la zona Zenteno-Alihuatá, y se comprometió a enviar todos los recursos que el Paraguay pudiera disponer para llevarla a cabo con éxito.

El 11 de octubre los representantes de Argentina y Brasil firmaron el Acta de Río de Janeiro en la que se declaraba que el conflicto del Chaco podía ser resuelto por medio del arbitraje. Fue la última oportunidad para Bolivia de llegar a un acuerdo ventajoso. El Paraguay aceptó la propuesta pero Bolivia la rechazó.

El día 23 de octubre, luego de traer de todos lados importantes fuerzas a la zona, Estigarribia ordenó el inició de una serie de ataques contra la 9.ª División (liderada por el coronel Carlos Banzer) de acuerdo a la primera fase de su plan que era empujarla a sus líneas principales.

Una vez amarrada las posiciones de los defensores se pasó a la segunda fase, rodear su flanco izquierdo, maniobra que encabezó la 7.ª División paraguaya. Durante todo el mes de noviembre las fuerzas paraguayas avanzaron sobre el ala izquierda de la 9.ª División desbordándola permanentemente pese a los refuerzos que enviaba Kundt que no se daba cuenta de la enorme superioridad enemiga. El 3 de diciembre de 1933 la vanguardia de esa poderosa masa de maniobra llegó hasta los bordes del Campo 31, cortando el camino Saavedra-Alihuatá con lo quedaba la 9.ª División en peligro de ser copada. Para asestar el golpe final el General Estigarribia asumió personalmente la dirección táctica de las operaciones. Otras fuerzas cortaron después una segunda ruta más larga que por Pozo Negro también iba hacia Saavedra. Sin posibilidad de recibir una ayuda masiva para evitar el cerco en ciernes, Banzer decidió replegar su División por una tercera ruta que todavía quedaba libre. El fortín Alihuatá fue evacuado, y los restantes 7000 hombres de la golpeada División abandonaron silenciosamente sus posiciones hacia un costado, en dirección sureste, hacia la 4.ª División que combatía en la zona de Gondra.

Lo que el coronel Banzer desconocía era que el frente de Gondra se había roto por un sorpresivo ataque nocturno que, por iniciativa propia, realizó el coronel Rafael Franco y que la 4.ª División boliviana también se estaba replegando hacia la misma zona donde convergía la 9.ª División.

Rendición en Campo Vía (11 de diciembre de 1933)

Artículo principal: El cerco de Campo Vía

En su retirada, la 9.ª y 4.ª División bolivianas se encontraron en Campo Vía. La ruptura del frente de la 4.ª División efectuada por la 1.ª División paraguaya (liderada por el coronel Franco) terminó rodeando a dos Divisiones bolivianas, el grueso de su ejército en el Chaco. El 10 de diciembre se completó el anillo. Toda la ofensiva paraguaya fue una sorpresa estratégica para los bolivianos y el general Kundt reaccionó lentamente a la crisis que se desarrollaba. Consideró alarmistas e incorrectos los informes de los pilotos y del propio Banzer ya que estaba convencido de que el ejército paraguayo no estaba capacitado para llevar a cabo operaciones coordinadas con una gran cantidad de unidades en un frente tan amplio. Muchas de sus órdenes no fueron o no pudieron ser cumplidas por sus subordinados. Tal el caso de Peñaranda que, sin autorización de Kundt (ausente en La Paz), retiró inexplicablemente su división desde "Km 21" hacia Saavedra, al sur, impidiendo la ayuda a Banzer. Cuando Kundt volvió a Muñoz lo recriminó y ordenó que volviera inmediatamente a esa posición para colaborar en el escape de las dos divisiones cercadas aunque ya era demasiado tarde. Banzer y Kundt intentaron abrir una picada para escapar pero la presencia paraguaya, la espesura del monte, el calor y el cansancio de los zapadores bolivianos impidieron su concreción.

El 10 de diciembre, los bolivianos llevaron a cabo un desesperado contraataque para intentar salvar las fuerzas aisladas pero el apoyo aéreo fue deficiente y muchas de las bombas cayeron sobre las propias unidades. Desde adentro solo el regimiento Lanza, en una lucha feroz y con grandes pérdidas, logró romper el cerco y escapar con otras pequeñas unidades. El 11 de diciembre, las dos divisiones bolivianas, sin ninguna opción, tuvieron que rendirse.

Fue la primera gran derrota del ejército boliviano en el Chaco: murieron 2600 soldados y aproximadamente 7500 cayeron prisioneros. De un solo golpe, más de dos tercios de las mejores fuerzas de combate fueron destruidas. Solo 1500 hombres "escaparon" de la zona aislada, que en su mayoría pertenecían a las fuerzas de Peñaranda que no estuvieron dentro del cerco sino fuera de él. Cuando Kundt comunicó a La Paz que se habían perdido 7500 soldados pero que se había salvado Peñaranda con sus hombres este nunca aclaró esta situación y la cosechó en su favor como si fuera el héroe de la jornada, por esa razón Salamanca lo promovió en su lugar. Cuando los ministros y el coronel Toro llegaron a Muñoz el 11 de diciembre de 1933 para destituir al general Kundt, este los recibió en su choza:

Ya no estaba en el rol del dios Thor, que molería sus míseras existencias de funcionarios en un yunque con su martillo de trueno. Mas bien deslizó con amargura que se sentía enfermo y agobiado no solo por las preocupaciones de la campaña y sus últimos resultados sino por la situación de su familia y sus negocios.
Brockmann (2007, pág. 323)

El resto del ejército boliviano se retiró rápidamente. La rendición de Campo Vía proporcionó al Paraguay 8000 fusiles, 536 ametralladoras, 25 morteros, 20 piezas de artillería, muchos camiones y una gran cantidad de municiones por lo que no tuvo que realizar nuevas compras en armamentos.

La capacidad que demostró el ejército paraguayo para planificar y llevar a cabo rápidamente una maniobra compleja por la gran cantidad de soldados comprometidos y en pleno verano, sorprendió totalmente al comando boliviano.

Un armisticio de veinte días (19 de diciembre de 1933 al 6 de enero de 1934)

Con la derrota sufrida en Alihuatá y Campo Vía al ejército boliviano solo le quedó la 7.ª División apostada delante de Nanawa, la que tuvo que retirarse rápidamente hacia Saavedra. La propuesta del coronel Franco de utilizar todos los camiones disponibles para avanzar rápidamente hacia Ballivián-Villa Montes y acabar con el resto del ejército boliviano no prosperó. El presidente Eusebio Ayala creyó que había ganado la guerra y que Bolivia, sin ejército, no tenía otra opción que capitular y solicitar la paz y, para dar tiempo a la diplomacia, propuso un armisticio que el gobierno boliviano aceptó de inmediato.

El armisticio favoreció enteramente a Bolivia.

Creación del Segundo Ejército Boliviano

Bolivia aceptó el armisticio no para rendirse sino para formar un nuevo ejército. Durante el primer año y medio de guerra, Bolivia había movilizado 77 000 hombres de los cuales solo quedaban 7 000 en el Chaco (la Séptima División). Del resto: 16 000 habían muerto, 32 000 fueron evacuados por heridas o enfermedades, 10 000 cayeron prisioneros y 6 000 desertaron. Muchos soldados que veían como las tierras de sus comunidades eran expropiadas por los terratenientes bolivianos (dando lugar a levantamientos campesinos) ahora debían ir a luchar por un desierto inhóspito y estéril.

Cuando el armisticio caducó, el ejército boliviano había recuperado su estructura, contaba nuevamente con dos Cuerpos del Ejército, formados por dos divisiones cada una, cada división compuesta de tres regimientos, un grupo de artillería y un grupo de morteros. El Primer Cuerpo contaba con la Cuarta División (regimientos Pérez, Sucre y Murguía), la Séptima División (regimientos Campero, Florida y Colorados), con el regimiento Castrillo como reserva. El Segundo Cuerpo contaba con la Tercera División (regimientos Jordán, Loa y Santa Cruz), y la Octava División (regimientos Campos, Ayacucho y Chorolque) con el Ingavi como reserva. Los regimientos Abaroa, Aroma y Lanza constituían la reserva inmediata a las órdenes del Comando Superior mientras el regimiento Montes custodiaba la región de Carandaitý. Un total de 18 regimientos con efectivos superiores a las fuerzas que Kundt comandó un año antes.

Pero esta enorme estructura tenía tres graves inconvenientes:

  • Los soldados carecían de buena preparación y de experiencia en combate; su moral y motivación eran bajas. En muchos casos se reclutaron soldados que no estaban capacitados físicamente para soportar las exigencias del teatro de operaciones chaqueño. El soldado Severino Menduina del RI 12 Florida se queja de la mala comida, del temor a la selva chaqueña y de los fusilamientos de desertores que los soldados están obligados a presenciar. Por esta razón, a principios de 1934, el Alto Mando boliviano reconoció que se necesitaban, para la defensa de posiciones, 2 soldados bolivianos recién reclutados por cada 1 soldado paraguayo, siempre que estuvieran bien alimentados y con el apoyo de ametralladoras y artillería. Esta relación, en caso de tener que atacar, subía a 4 soldados bolivianos por cada 1 soldado paraguayo. Todo esto producía una complicación adicional desde el punto de vista logístico que ya Kundt había analizado el año anterior, especialmente en el suministro de alimentos, agua y municiones que los reclutas sin experiencia eran afectos a derrocharlas;
  • El cuadro de oficiales estaba tan raleado que se tuvo que entregar el comando de la mayoría de los regimientos a capitanes y mayores con poca experiencia o tener que contratar directamente oficiales mercenarios extranjeros, especialmente chilenos, que en número de 105 ingresaron desde abril y hasta fines de 1934. Mientras el ejército boliviano alistaba a los estudiantes como soldados, su par paraguayo los preparaba para oficiales y suele atribuirse la poca capacitación y cantidad de oficiales a la estructura de la sociedad boliviana, al elitismo y al racismo.
  • La derrota de Alihuatá-Campo Vía no consolidó al ejército y gobierno bolivianos sino todo lo contrario. Las camarillas existentes dentro del ejército se fracturaron aún más. Cuando el nuevo comandante en jefe, Peñaranda, quiso nombrar al coronel David Toro como Jefe del Estado Mayor, se opusieron varios altos oficiales, por lo que recibió una severa advertencia de Salamanca:
Está usted al borde de una rebelión militar frente al enemigo extranjero. Reflexione bien y deténgase a tiempo [...] Su deber es cumplir la orden que le he reiterado ya cuatro veces y que ahora le reitero por quinta vez.
Mensaje del presidente Salamanca a Peñaranda (según Dunkerley, 1987, pág. 224)

Tercera ofensiva paraguaya (enero de 1934 a diciembre de 1934)

El ejército paraguayo, luego de este descanso, continuó su avance capturando los fortines Platanillos, Loa, Esteros, Jayucubás y Muñoz, mientras el ejército boliviano, en actitud defensiva, intentó crear diversas líneas de contención.

Caída del fortín Magariños (11 al 12 de febrero de 1934)

Artículo principal: Caída del Fortín Magariños

Tras la derrota de Campo Vía, el Alto Mando boliviano decidió retirarse hasta la línea Magariños-La China. Allí el 1er. Cuerpo boliviano construyó el sistema defensivo mejor realizado de toda la guerra del Chaco.

A comienzos de febrero de 1934 el ejército paraguayo comenzó su accionar sobre el sector de La China y constató que los bolivianos trasladaban tropas desde Magariños a La China para aumentar la defensa. Para impedir ese movimiento, el 10 de febrero, se planeó un ataque demostrativo sobre la zona de Magariños para fijar allí la mayor cantidad de fuerzas bolivianas. El día 11, para sorpresa del comando paraguayo, el ataque demostrativo logró abrir una brecha de 300 metros en esa poderosa línea defensiva por donde los paraguayos penetraron 7 kilómetros hacia la retaguardia enemiga. Al día siguiente, los defensores abandonaron las fortificaciones sin combatir. Los bolivianos tuvieron 60 bajas entre muertos y heridos, los paraguayos 10 muertos y 27 heridos. El fortín Magariños fue destruido.

Batalla de Cañada Tarija (27 de marzo de 1934)

El Estado Mayor (EM) boliviano planeó un ataque desde el norte contra el 2.º Cuerpo de ejército paraguayo con el objetivo de salir en la retaguardia del mismo y aislarlo de los otros dos Cuerpos de Ejército. El coronel Franco reaccionó rápidamente enviando una poderosa fuerza hacia el frente norte considerando que la fuerza que avanzaba desde Picuíba hacia Garrapatal debía ser importante.

A fines de marzo (1934), Franco inició el avance hacia el Noreste y el día 27, la 6.ª Div. paraguaya, al mando del teniente coronel Federico W. Smith, interceptó en Cañada Tarija al RI-18 Montes con 1.500 hombres de la nueva 9.ª División, en proceso de re-estructuración, que habían avanzado desde Garrapatal hacia Cañada Tarija. El comandante paraguayo envió dos regimientos (RI 8 y 5) por la derecha e interceptó el camino detrás del regimiento boliviano. En esta operación se capturó todo el parque del regimiento. Por la izquierda hizo lo mismo una sección del RI 14 mientras que dos secciones del RI 14 lo atacaban de frente. El regimiento boliviano fue rodeado y sin municiones tuvo que rendirse. Perdió más de 1000 hombres entre muertos, prisioneros, heridos y extraviados, y todo su armamento. Su comandante, el teniente coronel Ángel Bavía, que supuestamente intentó suicidarse, fue llevado en grave estado al campamento paraguayo donde falleció el 5 de abril. El 28 de marzo cayó Garrapatal en manos de las fuerzas paraguayas que establecieron posiciones defensivas más allá del fortín.

El ejército paraguayo se apoderó de los nuevos códigos del ejército boliviano y de importantes mapas donde figuraban todos los caminos en la zona central del Chaco relevados por la aviación boliviana. Una importante información dada por los prisioneros capturados fue que al norte de Garrapatal y hasta Carandaitý, al noroeste, no existían pozos de agua, lo que limitaba seriamente la posibilidad de acciones militares a gran escala en esa árida zona chaqueña. Sin embargo, tanto Franco como Estigarribia tomaron debida nota de esta circunstancia pensando en las posibilidades que en el futuro podía ofrecer ese desierto para realizar acciones sorpresivas.

Batalla de Cañada Strongest (18 al 25 de mayo de 1934)

Artículo principal: Batalla de Cañada Strongest

La nueva línea defensiva boliviana tenía una gran debilidad, y era el espacio abierto entre los dos cuerpos de ejército que defendían Ballivián. El comando paraguayo constató esa brecha y decidió realizar una maniobra penetrando por ella hasta alcanzar el río Pilcomayo y aislar al Primer Cuerpo boliviano que defendía Ballivián. Pero la aviación boliviana descubrió la picada oculta que abrían los paraguayos en el bosque y en la que se trabajaba por las noches.

Plan estratégico del Ejército boliviano.

El comando superior, más concretamente el coronel Ángel Rodríguez, resolvió dejar que los paraguayos avanzaran hasta cierto límite, para poder encerrarlos mediante una maniobra concéntrica que juntase a sus espaldas a regimientos del Primer y Segundo Cuerpo, salidos de sus respectivos sectores.

El día 10 de mayo, los 9 regimientos y la artillería que componían el Primer Cuerpo paraguayo avanzaron por el claro existente entre los dos Cuerpos de Ejército bolivianos sin sospechar que se metían en una trampa. Dos columnas de la poderosa 9.ª División boliviana (14 000 hombres), comenzaron la maniobra de cerco cortando el camino El Lóbrego en la retaguardia de la 7.ª y 2.ª División (5500 hombres) pero en su avance tropezaron con un batallón paraguayo de 200 soldados del RI-16 Mcal. López al mando del capitán Joel Estigarribia. Sin ninguna necesidad táctica se empecinaron en aniquilarlo rodeándolo con un triple cerco perdiendo varios días y el objetivo central de la maniobra debido a la obstinada resistencia de esa pequeña unidad. Por culpa de esta demora fracasó también el envolvimiento de los regimientos bolivianos Jordán y Loa del Segundo Cuerpo, que formaban el brazo norte y que habían llegado al límite de su radio de acción y que al no poder unirse a la 9.ª División que debía avanzar desde el sur quedaron a medio camino con su retaguardia y flanco expuestos.

Pasada la sorpresa inicial y gracias a la demora en cerrar las dos tenazas, los regimientos paraguayos, al constatar la importancia de los movimientos adversarios en su retaguardia, buscaron inmediatamente su liberación. Algunas unidades lograron salir por sendas construidas al efecto o aún no controladas, otras se abrieron paso a la fuerza. Esta fue la llamada Batalla de Cañada Strongest, aunque la localización del cerco se ubicó en Cañada Esperanza, a unos pocos kilómetros de la cañada ya mencionada.

El combate tuvo lugar desde el 18 hasta el 25 de mayo de 1934. El ejército boliviano logró capturar a 67 oficiales y 1389 soldados (más de la mitad de los que capturarían en toda la guerra) de los regimientos Sauce, Capitán Bado, Dos de Mayo y Mariscal López perdiendo el ejército boliviano la posibilidad de cercar a una o las dos divisiones paraguayas (7.ª y 2.ª División). Se tomaron además armas livianas y diez camiones, en su mayoría de origen bolivianos. Toda la artillería divisionaria paraguaya logró evadir el cerco.

Los prisioneros paraguayos muestran un semblante alegre, casi jovial. Apenas se ve alguna cara triste. Conversan con sus oficiales con toda naturalidad; ríen, parecen satisfechos de su situación, a pesar de que traen las manos amarradas con cuerdas [...] Los prisioneros paraguayos se han caracterizado siempre por su hinchada altivez y ante todo por su fe absoluta en el triunfo de su ejército en esta guerra. [...] «Nosotros somos del Dos de Mayo ―me informa un prisionero, blanco, barbudo, que debe frisar en los 40 años―. Éramos los mejores del ejército, gente escogida»
Lara (1972, págs. 58-59)

Si bien la batalla de Cañada Strongest no tuvo el éxito que se buscaba (la aniquilación de todo un Cuerpo de Ejército enemigo), su resultado parcial tonificó la moral del comando, combatientes y población del país. De todas formas el ejército boliviano tuvo que continuar con su retirada.

Estancamiento de las operaciones (junio a julio de 1934)

Pese al traspié sufrido en Cañada Strongest, el comando paraguayo insistió en ocupar Ballivián, a cuya defensa el comando boliviano daba gran importancia, dado que la caída sería otro golpe más a la frágil confianza que en su capacidad tenía el gobierno y el pueblo bolivianos.

Durante junio, julio y la primera quincena de agosto de 1934 se sucedieron intensos ataques y contraataques llevando la peor parte las fuerzas bolivianas. El historiador y ex combatiente boliviano, el mayor Hugo Rene Pol, menciona el estado físico y mental en que se encontraban las unidades bolivianas después de meses de combates:

Será menester apuntar que la fatiga y otros factores [...] quebró en más de una vez la moral de nuestras aguerridas unidades, como en los casos de la ruptura de la línea fortificada del denodado regimiento Pérez (R.3) en la madrugada del 18 de junio [en Ballivián]. Se creyó o arguyó que esta ruptura se debía a un descuido debido a una sorpresa a los puestos avanzados. Sin embargo, poco después, el 8 de julio, el regimiento Manchego (R.12), a pesar de las medidas de precaución tomadas la noche anterior, a la primera presión del enemigo dejó sus posiciones permitiendo a este incrustarse en un sector de 4 kilómetros [...] dos días después, el desarrollo de una operación tendiente a envolver al enemigo en sus posiciones nos fue malogrado por el desbande del regimiento Colorados (R.41), uno de los mejores del 1er Cuerpo de Ejército [...] (lo mismo ocurrió con) las sucesivas rupturas de nuestras líneas en los sectores de los regimientos Beni, Sucre, y las interiores del Campero, Loa, Santa Cruz...
Pol (1945, pág. 91)

Estos comentarios del historiador Pol denuncian la afección psicológica que luego se llamó "fatiga de combate", y que por entonces se la confundía equivocadamente con cobardía.

En este periodo de la guerra se llegó a un equilibrio: el ejército boliviano, mientras no abandonara Ballivián carecía de la superioridad necesaria para lanzar una ofensiva con éxito. Por igual razón, el ejército paraguayo no podía capturar Ballivián. Salamanca consideró que estaban dadas las condiciones para una acción diplomática. Consideró que políticamente se podían fijar los límites sobre las líneas que habían alcanzado ambos ejércitos y para compensar los malos resultados de la guerra se podía obtener una salida al río Paraguay ocupando una zona en el Alto Paraguay, sin ninguna presencia paraguaya, para un futuro puerto hacia el Atlántico. Salamanca suponía que esto no afectaría en nada al Paraguay ni a las negociaciones diplomáticas y para Bolivia justificaría, en el frente interno, la guerra y su resultado. A tal efecto comenzó a formar un Cuerpo de Ejército pese a la oposición de los militares que consideraban este plan, que ya había propuesto el general Osorio en agosto de 1932, como una distracción de recursos.

Blitzkrieg hacia Carandaitý y la zona petrolífera boliviana (14 de agosto al 5 septiembre de 1934)

A diferencia de lo que pensaba Salamanca, cuando el servicio de inteligencia paraguayo comunicó al gobierno el objetivo del nuevo Cuerpo de Ejército boliviano que se estaba formando, cundió una alarma generalizada. El avance boliviano en el Alto Paraguay podía significar un enorme peligro para los puertos ribereños ubicados más abajo entre las cuales estaba Casado, desde donde se abastecía a todo el ejército paraguayo. Lo que para Salamanca era una última e intrascendente ocupación antes de proponer la paz, para el Paraguay significaba un peligro mortal. Esta decisión de Salamanca cambió el curso y el teatro de operación de la guerra.

Sin perder tiempo, el general Estigarribia encomendó al coronel Franco, y su 2.º Cuerpo de Ejército, la misión de abortar la posible operación boliviana hacia el Alto Paraguay. El plan consistió en ocupar el fortín “27 de Noviembre” y cortar la ruta de abastecimiento al fortín Ingavi desde donde tendría que partir el avance boliviano. La zona al norte de Garrapatal (La Faye-Picuíba-El Cruce-27 de Noviembre) era considerada por ambos contendientes como difícil e inhóspita para realizar operaciones militares. Ya en el mes de marzo, el coronel Rodríguez, del Estado Mayor boliviano, había considerado que el desierto era la mejor defensa ante cualquier avance enemigo en ese sector. Sin embargo, para el coronel Franco, ese teatro de operaciones era el ideal para poder desarrollar toda la capacidad táctica a la que era tan afecto: la sorpresa y el movimiento.

Blizkrieg 2.º CE paraguayo (17 de agosto al 6 de septiembre de 1934).

El coronel Franco desprendió sus divisiones del frente occidental con el mayor secreto, dejando en la posición que abandonaba pequeñas fuerzas que debían desarrollar una intensa actividad para engañar al enemigo. El día 13 de agosto, salió de Garrapatal, pasó por La Faye el día 14 y capturó por sorpresa Picuíba el día 15, tomando 450 prisioneros y un parque importante, al costo de muy pocas bajas y heridos. Luego capturó El Cruce y abriendo en dos su columna, una la dirigió hacia Yrendagüé y con la otra capturó el fortín 27 de Noviembre el día 17, dando por terminada su misión en solo cinco días.

Dándose cuenta de que habían sorprendido a los bolivianos, Estigarribia accedió al pedido de Franco de seguir avanzando hacia Carandaitý, teniendo como objetivo el río Parapetí y la zona petrolífera boliviana. Esta maniobra de largo alcance comenzó el 17 de agosto de 1934, a gran velocidad y riesgo según era la característica del coronel Franco, quien en su giró hacia el oeste causó una gran consternación en Bolivia. En 13 días, el 2.º Cuerpo avanzó 160 km, dejando atrás su propia artillería, a través de un desierto con colinas de arena y malezales, y llegó a 5 km de Carandaitý donde tuvo que detenerse por problemas logísticos ya que el agua debía traerse desde Garrapatal, a 250 km de distancia al sureste, ya que recién el 27 de octubre el equipo de ingenieros paraguayos encontraría agua en Yrendagüé. Daniel Salamanca viajó con urgencia al Chaco e instó a los militares a buscar la manera de conjurar este peligro.

Primera batalla de Algodonal (22 de agosto de 1934)

Artículo principal: Primera batalla de Algodonal

En su veloz avance, el 22 de agosto, las fuerzas del coronel Franco cayeron sorpresivamente sobre Algodonal derrotando a un pequeño destacamento boliviano al mando del teniente Hugo Rene Pol que sustituía al Mayor alemán Brandt que circunstancialmente se había ausentado horas antes. La inesperada presencia de los paraguayos, tan lejos de Picuíba, desde donde el teniente Pol había huido unos pocos días antes, produjo muchas bajas bolivianas capturándose un depósito de armas sin usar. Después de huir nuevamente de Algodonal y de deambular por el desierto tratando de llegar a Carandaitý, el teniente Pol, junto con unos pocos soldados sobrevivientes, se entregó a las fuerzas paraguayas.

Creación del Cuerpo de Caballería del coronel David Toro

Para conjurar la amenaza del 2.º Cuerpo paraguayo se organizó el llamado Cuerpo de Caballería, integrado por los mejores regimientos bolivianos, cuyo comando, por razones políticas, se entregó al coronel David Toro.

Frente a esta situación, la nueva misión estratégica encomendada por Estigarribia al coronel Franco fue que realizara una retirada escalonada para ir alejando al coronel Toro de las operaciones que se estaban planeando sobre la zona central del dispositivo boliviano en Cañada El Carmen. El coronel Toro enfrentaba al oficial más hábil e impredecible del ejército paraguayo, el coronel Rafael Franco, el mismo que, por propia iniciativa, había cerrado sorpresivamente la ruta de escape de dos divisiones bolivianas en Campo Vía.

La distribución estratégica de las fuerzas bolivianas, cuyo peso principal seguía estando en la defensa del fortín Ballivián, se modificó lentamente debido al traslado de fuerzas hacia el noreste para formar el Cuerpo de Caballería del coronel Toro y la constitución del 2.º Cuerpo boliviano al mando del coronel Bilbao Rioja en la zona del Parapetí. Se comenzó a cumplir así lo que había planeado el general Estigarribia con la maniobra de Franco hacia la zona de Carandaitý: que la zona central (Cañada El Carmen) se debilitara para poder irrumpir por ese sector y aislar a las fuerzas bolivianas ubicadas en Ballivián, en el extremo Sur.

Persecución boliviana por el desierto (septiembre a noviembre de 1934)

Desde principios de septiembre de 1934, el Cuerpo de Caballería al mando del coronel David Toro comenzó la persecución de las dos divisiones del coronel Franco que habían llegado hasta 5 km de Carandaitý. El coronel Toro sostenía que una vez destruido el Segundo Cuerpo enemigo se estaba «en situación de copar el grueso del ejército paraguayo que operaba contra Ballivián-Villamontes al oeste, aislándolo de sus principales bases y obligándolo, cuando menos, a efectuar una desordenada retirada hacia el sudeste».

La realidad era que, a medida que la fuerza del coronel Toro avanzaba por el desierto, primero hacia el este y luego hacia el sur, en pleno verano, contra un enemigo que, según Estigarribia, se tenía que dejar "mordisquear" y huir, para lo cual se detenía, lo enfrentaba, se dejaba rodear y luego escapaba, iba estirando su línea de aprovisionamiento (de agua principalmente), debilitaba su seguridad e iba agotando física y moralmente a los soldados.

A principios de septiembre de 1934, la 6.ª División paraguaya ―al mando del teniente coronel Paulino Antola― fue rodeada en Puesto Burro:

[El día 5 de septiembre, Toro ordenó a sus hombres que cercaran a la 6.ª División, lo que se hizo recién el día 8. [...] Sin ningún rastro de modestia en su personalidad, el día 9, Toro anunció que su victoria le hacía recordar el triunfo del ejército alemán en Tannenberg, en la Primera Guerra Mundial. Pero precisamente ese día, mientras se autofelicitaba por el triunfo, los paraguayos de la 6.ª División arruinaron la celebración escapando silenciosamente por una brecha.
De la Pedraja Toman (1990, págs. 371-374)

El día 22 de septiembre nuevamente Toro cercó a la 6.ª División que se había detenido en Algodonal. El historiador Farcau relata:

La segunda reunión fue al día siguiente con la presencia de Salamanca, Peñaranda, Tejada Sorzano y Rivera. Como si las relaciones entre Salamanca y los mandos militares necesitaran ser peores, Salamanca tenía en las manos una carta de Toro en la que reclamaba que su “victoria” de Algodonal no había tenido suficiente cobertura en la prensa. Toro manifestaba que 700 bolivianos habían vencido a 800 paraguayos que sin poder escapar a través de ninguna brecha se vieron obligados a un ataque masivo para salir del cerco por arriba de los cuerpos de los defensores bolivianos. Toro parecía pasar por alto que pese a las dificultades del enemigo para escapar esto no lo transformaba en una victoria. Incluso duplicaba el tamaño de las fuerzas paraguayas encerradas y subestimaba las propias fuerzas.
Bruce W. Farcau (historiador)[1]

El 9 de noviembre Toro volvió a cercar en Yrendagüé a la 6.ª División y a la División de Reserva con el mismo resultado. A fines del mismo mes las expulsó del fortín Picuíba a donde habían retrocedido. Así, lo que el coronel Franco había logrado en 16 días (de Picuíba a Carandaitý), el coronel Toro lo revirtió en agotadores y costosos 3 meses de lucha (septiembre-noviembre 1934).

Batalla de El Carmen (16 de noviembre de 1934)

Artículo principal: Batalla de El Carmen
Situación al 16 de noviembre de 1934.

A mediados de noviembre, el ejército paraguayo realizó una de las maniobras mejor ejecutadas de todo el conflicto chaqueño. Con tres divisiones, rodeó a la 1.ª División de Reserva al mando del coronel Zacarías Murillo que se encontraba defendiendo el lugar denominado Cañada El Carmen. Mientras una atacó frontalmente fijándola a su posición, la 8.ª División y la 2.ª División avanzaron por los costados de su presa. Pese a la detección de patrullas en la retaguardia y a la emboscada en la que murió el mayor Celso Camacho del Estado Mayor (que había logrado escapar del cerco de Campo Vía) y que tenía en su poder mapas, disposición y número de tropas y los planes operativos, Murillo no hizo ningún cambio ni intentó retirarse.

El día 11 de noviembre fui invitado a celebrar copiosamente [sic] el cumpleaños del coronel Murillo con la acostumbrada serenata de la víspera en la que aparte de la música se hizo nutrido fuego con toda clase de armas que disponía la División.
Edmundo Ariñez Zapata, médico cirujano del Regimiento de Caballería 20 de Bolivia

Pocos días después de esta celebración, el 16 de noviembre, toda su División quedó cercada por la 8.ª (al mando del coronel Garay) y la 2.ª División paraguayas que se unieron en su retaguardia. También ingresó a la trampa otra división boliviana (la 2.ª División de Reserva al mando del coronel Walter Méndez, conocido como "el Tigre Rubio") que, sin control de la situación, acudió en socorro de la primera.

Al igual que en Campo Vía un año antes, el 16 de noviembre de 1934, más de 7000 hombres de dos divisiones bolivianas, acosados por la presión enemiga, el calor y la sed, mezclados y apretujados, ya sin disciplina alguna, comenzaron a rendirse. Algunos grupos lograron escapar internándose en el monte. Se vivieron escenas de gran dramatismo cuando el ejército paraguayo tuvo que proveer de agua y alimentos, en forma perentoria, a una masa de hombres que duplicaba su capacidad logística.

Muchos prisioneros bolivianos estaban tan debilitados que por el zarandeo de los camiones que los llevaban a nuestra retaguardia perdían el equilibrio y caían al camino, donde nadie los recogía. Así se llenó la ruta de un tendal de cadáveres, algunos muertos por la sed, otros atropellados por los camiones que, debido a la oscuridad o la polvareda, no los podían esquivar.
Estigarribia (1950, págs. 323-326)

Como consecuencia de esta irrupción paraguaya en la zona central, el general Peñaranda ordenó el rápido abandono del fortín Ballivián al sur y la retirada hacia Villa Montes antes de que esas fuerzas pudieran ser aisladas por el enemigo. Cayó así Ballivián, un fortín que era todo un símbolo de la presencia de Bolivia en el Chaco. El presidente Salamanca comenta:

Sobrevino la derrota del Carmen, que en mi concepto era responsabilidad inexcusable del comando. El más grosero descuido o poco más o menos a sabiendas del peligro, ocasionó este funesto desastre. Imaginé que el comando estaría humillado y que era ocasión de renovarlo para salvar a Bolivia.
Presidente Salamanca (según Arze Quiroga, 1974, pág. 19)

En su larga lucha contra lo que consideraba como una ineptitud crónica de los comandantes bolivianos, el presidente Salamanca comenzó a buscar un reemplazante de Peñaranda, convencido cada vez más de que este carecía de los conocimientos y el carácter para dirigir al ejército boliviano.

Derrocamiento de Daniel Salamanca (23 de noviembre de 1934)

Artículo principal: Daniel Salamanca

El desastre de El Carmen obligó al ejército boliviano a abandonar el Fortín Ballivián (a cuya defensa se había dado tanta importancia), y atrincherarse a pocos kilómetros de Villa Montes, base del ejército boliviano en el Chaco. Siete días después y con las fuerzas enemigas acercándose a Villa Montes, el presidente boliviano Daniel Salamanca decidió viajar en persona a esa localidad para destituir al general Enrique Peñaranda y reemplazarlo por el general José L. Lanza. La relación de Salamanca con Peñaranda fue siempre áspera, lindante casi con la insubordinación. En un radiograma a Peñaranda, luego de la derrota de El Carmen y de la retirada de Ballivián, Salamanca le manifestó:

Hago saber a ustedes que el pueblo ya no tiene confianza en la pericia del comando.
Presidente Salamanca

La respuesta de Peñaranda no fue menos violenta:

Aquí en la línea se piensa lo mismo de su gobierno y no por ello nos alarmamos.
Peñaranda

Fue un error de Salamanca, en su larga lucha contra el comando boliviano, abandonar La Paz sin la custodia adecuada. El 23 de noviembre de 1934, sectores politizados de las fuerzas bolivianas leales al general Peñaranda y al coronel Toro, se resistieron a la orden presidencial.

Tropas al mando del mayor Germán Bush cercaron el chalet de la casa Staudt donde se había alojado el presidente Salamanca. En medio del mayor aparato de fuerza se apresó al presidente y capitán general del Ejército [...] quien no tenía siquiera una pequeña escolta
Urioste (1940, pág. 137)
De todas las revoluciones o golpes de estado en Bolivia, esta fue una de las más grotescas. Se extrajeron tropas de las trincheras y en plena zona de operaciones, a doce kilómetros del enemigo, los principales jefes hicieron apuntar cañones a la residencia donde se alojaba el envejecido jefe del gobierno, la rodearon de soldados armados con fusiles y ametralladoras, y con actitudes valentonas, incitadas en algunos de ellos por el alcohol libado durante la noche de vigilia, aprisionaron a su víctima y más tarde le exigieron su renuncia.
Querejazu Calvo (1984)

Luego los insurrectos acordaron con el vicepresidente Tejada Sorzano para que asumiera la primera magistratura. Fue el mejor cerco que lograron realizar los comandantes bolivianos en toda la guerra y Salamanca no se privó de decírselos.

Daniel Salamanca retornó por vía aérea a Cochabamba. Quince días después hubiera tenido que soportar el tremendo desastre de Yrendagüé. Ahora ya no debía cargar con la responsabilidad que venía temiendo desde un año atrás: la de tener que firmar la paz en condiciones de inferioridad, con el ejército paraguayo pisando territorio históricamente boliviano por culpa de los errores de los comandantes insurrectos. Ahora esa tarea quedaba en manos de Tejada Sorzano, de Elio y sus correligionarios liberales, o de los oficiales del ejército que iniciaban de nuevo su marcha al gobierno de Bolivia.

Maniobra de Yrendagüé y colapso del Cuerpo de Caballería del coronel Toro (5 al 8 de diciembre de 1934)

Artículo principal: Batalla de Yrendagüé
Situación al 8 de diciembre de 1934.

El 9 de noviembre de 1934, el poderoso Cuerpo de Caballería del coronel Toro con 12 000 hombres cercó a los paraguayos en la zona del fortín Yrendagüé, único lugar donde el equipo de perforación de pozos del ejército paraguayo encontró abundante agua dulce en el Chaco. El 2.º Cuerpo de Ejército paraguayo, cuya misión era alejar esas fuerzas bolivianas de la zona de El Carmen, escapó nuevamente del cerco y continuó su retirada hacia Picuíba-La Faye.

Pese a la derrota boliviana en El Carmen (16/11/1934), el coronel Toro siguió presionando a Franco preparándose para ocupar La Faye. El general Estigarribia devolvió la 8.ª División al 2.º Cuerpo por lo que a principio de diciembre este disponía de 5500 hombres pero aún así la situación de las fuerzas paraguayas era comprometida. Antes de que se produjera la inevitable ocupación boliviana de La Faye, que crearía serios problemas logísticos, el coronel Franco, tal cual era su característica, ideó un contraataque sorpresivo por lo casi imposible de su realización. El plan consistía en infiltrar a la 8.ª División entre dos divisiones bolivianas rumbo a Yrendagüé, a través de 70 kilómetros de desierto, en pleno verano, con más de 45 grados de calor a la sombra, abriéndose paso por un monte cerrado para no ser descubierta por las patrullas de control y aviación enemiga, apoderarse de los pozos y dejar sin agua a todo el Cuerpo de Caballería boliviano en pleno desierto.

La 8.ª División paraguaya, con el coronel Eugenio A. Garay a la cabeza (era el oficial de más edad en el ejército), inició la marcha el día 5 de diciembre y con gran esfuerzo y con sus hombres al borde de la deshidratación llegó a Yrendagüé el día 8 de diciembre, tomó el fortín y los pozos. Sin agua, las fuerzas bolivianas se desintegraron. Muchos soldados salvaron sus vidas entregándose. El día 10, miles de soldados bolivianos intentaron huir desde El Cruce hacia el fortín 27 de noviembre muriendo de sed o suicidándose desperdigados por el desierto. El día 11 llovió providencialmente sobre los sobrevivientes. De los 12 000 hombres, Bolivia perdió el 50% de los soldados y el 60% del armamento. Fue una de las batallas más crueles de la guerra y produjo una profunda impresión en el pueblo boliviano cuando se enteraron del padecimiento de los soldados.

El historiador Bruce W. Farcau, al comparar las acciones del coronel Franco con las del general estadounidense Patton dice: «La movilidad depende más de la personalidad del comandante y su estado mental que de la velocidad de los vehículos que puedan tener a su disposición».[1]

Batalla de Ybibobó (28 de diciembre de 1934)

Véase también: Batalla de Ybybobó

Después de la derrota en El Carmen y el abandono de Ballivián, el Primer Cuerpo boliviano (Divisiones 4ª y 9ª) al mando del coronel Enrique Frías, estableció una nueva línea defensiva en Ybibobó, a 70 km al oeste de El Carmen, donde comienzan las primeras estribaciones andinas. Los 2500 hombres de la 9.ª División (coronel Jenaro Blacutt), protegían un frente de 18 kilómetros.

Pese a que la aviación boliviana descubrió partes de una picada que construían los paraguayos hacia ese lugar, el comando boliviano desestimó toda posibilidad de ataque en ese sector. El 28 de diciembre de 1934, aprovechando una tormenta, una división paraguaya al mando del mayor Alfredo Ramos se infiltró entre la 9.ª y 8.ª división boliviana y cortó el camino de retirada de la 9.ª división. Todas las líneas de mando de la división boliviana colapsaron produciéndose una gran confusión. La artillería divisionaria abandonó sus posiciones al iniciarse el ataque, muchos soldados huyeron hacia el río Pilcomayo, otros rompieron el cerco por iniciativa propia y el resto se rindió. En los primeros días de enero 1200 hombres fueron hechos prisioneros, unos 200 se ahogaron en el cruce del Pilcomayo. La 9.ª división se desintegró, pero se salvaron los coroneles Frías y Blacutt y otros oficiales.

Constitución del Tercer Ejército Boliviano y batallas finales

Defensa de Villamontes

Artículo principal: Batalla de Villamontes

Luego de la derrota de Ybibobó, el comando boliviano estableció una nueva línea de defensas en Villamontes. Con sus arsenales, depósitos y líneas de comunicación, este pueblo era el último punto de apoyo que le quedaba a Bolivia en el Chaco. Su pérdida hubiera abierto el camino a Tarija, y teniendo en cuenta las precarias líneas de comunicaciones bolivianas, hubiera dejado toda esa zona en manos de los paraguayos. Después que otros jefes se rehusaron a asumir la responsabilidad, la tarea fue encomendada a los coroneles Bernardino Bilbao Rioja y Moscoso. La concentración de artillería realizada no tenía precedente; las fortificaciones de campaña eran extensas. La moral de las tropas experimentó un repunte debido al buen liderazgo. El río Pilcomayo, incluido en las defensas del Sector Sur, sector encomendado a Bilbao, se tornó impasable para el enemigo al destacarse a la 4ª División boliviana a lo largo de la rivera de ese río.

Pese a las pérdidas experimentadas en 1934, el reconstituido ejército boliviano alcanzó por tercera vez desde iniciada la guerra la superioridad de efectivos y medios sobre las fuerzas paraguayas. Pero los problemas seguían siendo los mismos, los soldados reclutados carecían de experiencia a lo que se sumaba defectos muy ostensibles en la conducción. Por esa razón, en contra de todas las expectativas, el ejército paraguayo mantuvo la iniciativa: el 11 de enero de 1935, dos regimientos bolivianos fueron rodeados sufriendo 330 muertos y 200 prisioneros obligando al resto a retirarse. Un destacamento bajo las órdenes del coronel Caballero Irala logró llegar hasta el río Parapetí, y desde Carandaitý, el coronel Franco tomó Boyuibé el 28 de enero, cortando el camino entre Villa Montes y Santa Cruz. Diez días después (febrero de 1935), los paraguayos lograron envolver el flanco derecho de las defensas de Naicorainza, pero los bolivianos fueron reforzados por la 1ª División de Caballería y Franco debió retirarse.

En un último esfuerzo el general Estigarribia decidió atacar Villa Montes el 13 de febrero con 5000 hombres. La aviación, las fortificaciones y la artillería frenaron el avance paraguayo que carecía de granadas para sus cañones. A pesar de la inferioridad numérica y de medios, un destacamento bajo las órdenes del coronel Garay cruzó el río Parapetí, ya fuera del Chaco, y penetró en territorio boliviano capturando Poperé el 5 de abril. Una contraofensiva boliviana lanzada el 14-16 de abril penetró las líneas paraguayas a lo largo del camino a Camatindy, y el 19 de abril, los bolivianos retomaron Tarari, obligando al coronel Fernández y sus fuerzas a retirarse. El éxito del contragolpe boliviano fue limitado y se realizó al costo de elevadas bajas. El esfuerzo del ejército paraguayo estaba llegando al máximo, hasta tal punto que debido a la carencia de artillería Estigarribia solicitó a la marina paraguaya desmantelar los dos cañones delanteros de la cañonera Humaitá para transportarlos a 15 kilómetros de Villa Montes y, desde esa posición, destruir sus defensas. Se prepararon los puentes del ferrocarril, se diseñó un medio de transporte que soportara los 5500 kilos que pesa cada cañón de 6 metros de largo y 120 milímetros de diámetro, se planeó la construcción de un soporte de cemento de 35 toneladas de peso para sostener el retroceso y se transportó al Chaco un tractor de gran capacidad para llevarlo hasta la zona de operaciones. La finalización de la guerra impidió que los cañones del Humaitá pudieran actuar sobre Villa Montes.

Batalla de Ingavi (4 al 8 de junio de 1935)

La batalla de Ingavi comenzó el primero de junio de 1935 con una ofensiva de la 6ª División boliviana comandada por el coronel Julio Bretel compuesta por 3000 hombres. Dicha división estaba integrada, entre otros, por los regimientos de infantería "Florida", y de caballería "Ballivián". El destacamento paraguayo estaba a cargo del teniente coronel José Cazal Rivarola que conocía muy bien la zona y su traslado al fortín Ingavi fue hecho por Estigarribia dada la inminente ofensiva boliviana contra las fuerzas paraguayas estacionadas allí desde fines de abril de 1935. Sus órdenes eran que Ingavi no debía caer en manos enemigas dada las conversaciones diplomáticas en curso. Las fuerzas paraguayas estaban organizadas en tres "pseudos" regimientos e integradas por expertos veteranos con años de combate. Cazal reforzó las defensas de Ingavi con el mínimo indispensable de soldados y mantuvo por afuera de ella una reserva móvil para realizar maniobras sobre el enemigo.

Al cuarto día de iniciado el ataque boliviano, Cazal Rivarola, con no más de 850 hombres, fracturó a la División enemiga y rodeó separadamente a las poco experimentadas fuerzas bolivianas. Entre el 7 y el 8 de junio la batalla de Ingavi terminó con la captura del coronel Bretel y dos mayores, uno de ellos era Humberto Berndt Vivanco, mercenario chileno que fuera contratado por el ejército boliviano cinco meses antes, en enero de 1935, y que al caer prisionero comandaba el regimiento "Ballivián" de la 6ª División. Las fuerzas de Cazal Rivarola avanzaron los días siguientes por el camino Ingavi-Ravelo desalojando varios puntos defensivos bolivianos establecidos cada 5 kilómetros y capturando prisioneros, camiones, armas y provisiones.

Comanchaco (el general Estigarribia) toma las disposiciones de que nuestro convoy vaya conduciendo prisioneros y heridos por itinerario [...] más corto para llegar a “180” y de allí a Camacho. De paso tener asegurada esa vía, con los puestos de etapas para el reaprovisionamiento, para la emergencia que, de continuar más la guerra, utilizar dicho camino como eje para aprovisionamiento de pertrechos y tropas para una posible gran maniobra que ya se vislumbraba por el sector Ingavi-Ravelo-Roboré, pues con la victoria de Ingavi [...] se le presentaba indiscutiblemente nuevos planteamientos y favorables perspectivas tácticas y estratégicas.
Cazal Rivarola (1979, pág. 291)

En ese mismo momento, en Buenos Aires (Argentina), se llegaba al acuerdo de firmar, el día 12 de junio, un protocolo de paz. Ese día las tropas de Cazal Rivarola ya habían avanzado 32 kilómetros desde Ingavi y estaban a solo 15 kilómetros de su nuevo objetivo: Ravelo y las instalaciones petrolíferas bolivianas.

Estos hechos influyeron en la decisión del comando boliviano de exigir a sus diplomáticos de que aceptaran la propuesta paraguaya y firmaran el protocolo de paz.

Fin de la guerra

E. Martínez Thedy (Uruguay), Luis A. Riart (Paraguay), Tomás M. Elío (Bolivia) y Carlos Saavedra Lamas (Argentina) negocian la Paz del Chaco.
Sello postal conmemorativo de la Paz en el Chaco, con los escudos de Paraguay y los de los estados garantes: Argentina, Brasil, Chile, Perú, Estados Unidos y Uruguay.
Sello postal conmemorativo Paz del Chaco y homenaje a los soldados paraguayos.

Después de largas negociaciones, el tratado para terminar la guerra fue firmado en Buenos Aires (Argentina) el 21 de julio de 1938. El canciller argentino Carlos Saavedra Lamas, había convocado a una Conferencia de Paz en Buenos Aires. Había obtenido el premio Nobel de la Paz de 1936, por su labor en pro de la paz en general, y en particular por haber inspirado el Pacto antibélico Saavedra Lamas, firmado por 21 naciones y convertido en un instrumento jurídico internacional. Tuvo un papel importante como mediador para finalizar la guerra del Chaco.

Paraguay retuvo las 3/4 partes del Chaco Boreal. Bolivia recibió una zona a orillas del río Paraguay, donde se encuentra hoy día Puerto Bush.

Acuerdo limítrofe

El 27 de abril de 2009, 74 años después de finalizado el enfrentamiento bélico, los presidentes Evo Morales de Bolivia y Fernando Lugo de Paraguay firmaron en Buenos Aires el acuerdo definitivo de límites territoriales del Chaco Boreal. El acto se realizó en presencia de la presidenta de la Argentina Cristina Fernández de Kirchner, previa aceptación por parte de sus respectivos cancilleres del “Acta de cumplimiento y ejecución” del Tratado de paz, amistad y límites entre Bolivia y Paraguay de 1938.

Notas

  1. a b c Farcau, Bruce W.: The Chaco war: Bolivia and Paraguay, 1931-1935. Westport (Connecticut): Praeger, 1996.
  2. Zook, 1961, pág. 129

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Enlaces externos


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