Pablo VI

Pablo VI
Siervo de Dios Pablo VI
Papa de la Iglesia católica
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21 de junio de 1963 – 6 de agosto de 1978
Ordenación 29 de mayo de 1920
por Giacinto Gaggia
Consagración episcopal 12 de diciembre de 1954
por Eugène Tisserant
Proclamación cardenalicia 15 de diciembre de 1958
por el papa Juan XXIII
Secretario Pasquale Macchi
Predecesor Juan XXIII
Sucesor Juan Pablo I
Información personal
Nombre Giovanni Battista Montini
Nacimiento Concesio Bandera de Italia
26 de septiembre de 1897
Fallecimiento Castel Gandolfo Flag of the Vatican City.svg
6 de agosto de 1978 (80 años)
Firma Signature paolo vi editada.png
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In nomine Domini

Pablo VI (en latín: Paulus PP VI), nacido como Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini (* Concesio, Lombardía, 26 de septiembre de 1897 - † Castel Gandolfo, 6 de agosto de 1978), fue el Papa n.º 262 de la Iglesia Católica y Soberano de la Ciudad del Vaticano desde el 21 de junio de 1963, hasta su muerte el 6 de agosto de 1978. Sucediendo a Juan XXIII, decidió continuar con el Concilio Vaticano II, la gran obra del pontífice anterior. Así mismo, fomentó las relaciones ecuménicas con las iglesias ortodoxas, anglicanas y protestantes, que dio lugar a muchas reuniones y acuerdos históricos.

Montini trabajó en la secretaría de Estado de la Santa Sede entre 1922 y 1954. Durante su estadía allí, Montini junto a Domenico Tardini fueron considerados como los más cercano e influyentes colaboradores del Papa Pío XII, quién en 1954 lo nombró arzobispo de Milán, la diócesis más grande de Italia, por lo que se convertía automáticamente en Secretario de la Conferencia Episcopal italiana. Juan XXIII lo elevó al cardenalato en 1958, y después de la muerte de Juan XXIII, Montini fue considerado uno de los más probables sucesores.[1]

Él tomó el nombre de Pablo, para indicar su misión renovadora en todo el mundo de la difusión del mensaje de Cristo. Reabrió el Concilio Vaticano II, dándole prioridad y dirección. Después de que el Concilio hubiera finalizado su labor, Pablo VI se hizo cargo de la interpretación y aplicación de sus mandatos, a menudo caminando por una delgada línea entre las expectativas contradictorias de los distintos grupos dentro de la Iglesia Católica. La magnitud y la profundidad de las reformas afectaron a todas las áreas de la Iglesia, superando durante su pontificado las políticas similares de reforma de sus predecesores y sucesores.

Pablo VI fue un devoto mariano, por lo que constantemente habló en congresos marianos y reuniones mariológicas, visitó varios santuarios marianos y publicó tres encíclicas marianas. Citando a las enseñanzas de Ambrosio de Milán, nombró a María como la Madre de la Iglesia durante la realización del Concilio Vaticano II. Pablo VI buscó el diálogo con el mundo, con otros cristianos, otras religiones y ateos, sin excluir a nadie. Se vio como un humilde servidor de la humanidad que sufre y exigió cambios significativos de los acaudalados de Estados Unidos y Europa a favor de los pobres en el Tercer Mundo.[2]

Sus posiciones sobre el control de la natalidad (véase Humanae Vitae) y otros temas fueron controvertidos en Europa Occidental y América del Norte, pero fueron aplaudidos por la gente de Europa Oriental y América Latina. Durante su pontificado se llevaron a cabo muchos cambios revolucionarios en el mundo, revueltas estudiantiles, la Guerra de Vietnam y otros trastornos mundiales. Pablo VI trató de entenderlos a todos, pero al mismo tiempo, de defender el depósito de la fe, que se le había confiado.

Pablo VI tuvo el honor de presidir la apertura de la puerta santa en la Basílica de San Pedro el 24 de diciembre de 1974 dando inicio al jubileo, el cuál fue seguido por aproximadamente mil millones de personas en todo el mundo. Su proceso de beatificación comenzó el 11 de mayo de 1993. [3]

Contenido

Primeros Años

Giudetta Alghisi, madre de Montini.

Giovanni Battista Montini nació en el año 1897 en Concesio, una población de la provincia de Brescia, Lombardía. Fue el segundo de los tres hijos de Giorgio Montini, que era abogado, periodista, director de la Acción Católica y miembro del Parlamento de Italia, y de Giudetta Alghisi, perteneciente a una familia de la nobleza rural. Sus dos hermanos eran Francesco Montini, que más tarde se convirtió en médico, y Ludovico Montini, que más tarde se convirtió en abogado y político.[4] El 30 de septiembre de 1897, fue bautizado con el nombre de Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini.[5] Asistió a la escuela Cesare Arici, dirigida por jesuitas, y en 1916, recibió un diploma de Arnaldo da Brescia, una escuela pública. Su educación fue interrumpida a menudo por episodios de enfermedad. En 1916, entró al seminario de Brescia para convertirse en sacerdote, lo que finalmente logró el 29 de mayo de 1920, celebrando su primera Misa en Concesio en la Iglesia Madonna delle Grazie, que estaba cerca de la casa de sus padres.[6] Montini concluyó sus estudios en Milán con un doctorado en Derecho Canónico ese mismo año.[7] Más tarde estudió en la Pontificia Universidad Gregoriana, en la La Sapienza y, a petición de Giuseppe Pizzardo, en la Academia Pontificia Eclesiástica. En 1922 a la edad de 25 años, y a petición de Giuseppe Pizzardo, Montini entró a la Secretaría de Estado de la Santa Sede, donde trabajó junto con Francesco Borgongini Duca, Alfredo Ottaviani, Carlo Grano, Domenico Tardini y Francis Spellman.[8]

Carrera en el Vaticano

Fotografía de Montini en 1920.

Nunciatura polaca

La única experiencia diplomática en el extranjero de Montini fue durante su estadía en la nunciatura de Varsovia, Polonia en 1923. Al igual que Achille Ratti antes que él,[9] sentía fuertemente el enorme problema, no sólo se limitaba a Polonia, del excesivo nacionalismo.

"Esta forma de nacionalismo trata a los extranjeros como enemigos, especialmente a los extranjeros con los que uno tiene fronteras comunes. A continuación se busca la expansión de su propio país a expensas de los vecinos inmediatos. Las personas crecen con la sensación de estar encerrados. La paz se convierte en un compromiso transitorio entre las guerras".[10]

Cuando fue llamado a Roma, se encontraba feliz de ello: "llega a la conclusión este episodio de mi vida, que me han proporcionado experiencias útiles aunque no siempre alegres".[11] Más tarde, ya Papa, intentaría volver a Polonia en una peregrinación mariana, pero no le fue permitido por el gobierno comunista, una petición que luego no se le pudo negar al polaco Juan Pablo II.

Pío XII

Su capacidad de organización lo llevó a una carrera en la curia romana, la administración civil del papado. En 1931, el cardenal Eugenio Pacelli le nombró profesor de historia en la Academia Pontificia para diplomáticos.[7] En 1937, después de que su mentor Giuseppe Pizzardo fuera nombrado cardenal, y fuera sucedido por Domenico Tardini, Montini fue nombrado Sustituto de Relaciones Ordinarias por el cardenal Pacelli, que era Secretario de Estado de Pío XI. Desde su estadía con Pío XI, a quien veía con asombro, adoptó el punto de vista de que el aprendizaje es un proceso de larga vida, y que la historia era el magister vitae, la profesora de la vida.[12] Su supervisor inmediato en el Vaticano fue Domenico Tardini, con el que tenía una buena relación. La elección de Pacelli como Papa en 1939, era prevista por todos y abiertamente promovida por el fallecido Pío XI en sus últimos años. Esto era un buen augurio para Montini, cuya posición dentro del Vaticano fue confirmada por el nuevo secretario de Estado Luigi Maglione. Todas las mañanas hasta 1954, Montini se reunía con Pío XII, desarrollando una relación cercana y estrecha:

"Es cierto, mi servicio al Papa no se limitó a los asuntos políticos o extra-ordinarios de acuerdo con el lenguaje del Vaticano. La bondad del Papa Pío XII abrió para mí la oportunidad de examinar los pensamientos, incluso el alma de este gran pontífice. Podría citar muchos detalles de cómo Pío XII, siempre con medida y el discurso moderado, se escondía, más aún revelando una noble posición de gran fuerza y coraje sin miedo."

Cuando la Segunda Guerra Mundial estalló, Maglione, Tardini y Montini fueron las principales figuras del Departamento de Estado del Vaticano. Montini fue el encargado de velar por los "asuntos comunes" de la Secretaría de Estado, en la que ocupaba gran parte de la mañana de cada día de trabajo. Por la tarde se trasladaba al tercer piso, dónde estaba la Oficina del Secretario Privado del Pontífice. Pío XII tenía una secretaria personal. Al igual que varios papas antes que él, delegó las funciones de secretaría a la Secretaría de Estado.[13] Durante los años de guerra, miles de cartas de todas partes del mundo llegaron a la mesa del Papa, la mayoría de ellos pidiendo la comprensión, la oración y la ayuda. Montini fue encargado de formular todas las respuestas en el nombre de Pío XII, expresando su empatía y comprensión y prestando ayuda, cuando fuera posible.[13] A petición del Papa, creó una oficina de información para los prisioneros de guerra y los refugiados, que en los años de su existencia, desde 1939 hasta 1947, recibió cerca de diez millones (9.891.497) de solicitudes de información y produjo más de once millones (11.293.511) de respuestas sobre las personas desaparecidas.[14] Montini fue varias veces atacado por el gobierno de Benito Mussolini como ingerente en la política, pero cada vez se encontró con defensas de gran poder en el Vaticano.[15] En 1944, Luigi Maglione murió, y Pío XII nombró a Tardini y Montini Jefes del Departamento de Estado. La admiración a Montini fue casi filial, cómo lo describió el Papa Pío XII:

"Su mente ricamente cultivada, su capacidad poco común para la reflexión y el estudio lo llevó a evitar todas las distracciones y relajaciones innecesarias. Quiso entrar de lleno en la historia de su propio tiempo afligido: con un profundo conocimiento, de que él mismo formaba parte de esa historia. Desea participar plenamente en él, para compartir sus sufrimientos en su propio corazón y alma."[16]

A petición del Papa, junto con Pascalina Lehnert, Ferdinando Baldelli y Otto Faller, creó la Pontificia Commissione di Assistenza, que ayudó a gran número de romanos y refugiados de todas partes con viviendas, asistencia alimentaria y material. Sólo en Roma esta organización distribuyó casi dos millones de porciones de comida gratis en el año 1944.[17] El Vaticano y la residencia papal de Castel Gandolfo se abrieron a los refugiados. Unos 15.000 personas vivían en Castel Gandolfo, solo apoyado con la ayuda de la Pontificia Commissione di Assistenza.[17] A petición de Pío XII, Montini también estuvo implicado en el restablecimiento de la Iglesia Asilo, proporcionando protección a cientos de soldados aliados, que habían escapado de los campos de prisioneros del Eje; judíos, anti-fascistas, socialistas, comunistas, y después de la liberación de Roma, a soldados alemanes, partidarios y otras personas desplazadas.[18] Después de la guerra y luego como Papa, Montini convirtió la Pontificia Commissione di Assistenza, en la mayor organización católica italiana, Caritas Italiana.[19]

Arzobispo de Milán

Después de la muerte del cardenal Alfredo Ildefonso Schuster en 1954, Montini fue nombrado para el puesto de más alto rango en la iglesia italiana, el del arzobispo de Milán, que lo convirtió de forma automática en el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana.[20] El Papa Pío XII presentó al nuevo arzobispo Giovanni Battista Montini "como su regalo personal a Milán". Ambos tenían lágrimas en los ojos cuando Montini se separaron, y Montini viajaba a su diócesis con 1000 iglesias, 2500 sacerdotes, y 3500000 almas.[21] Fue consagrado en la Basílica de San Pedro por el cardenal Eugène Tisserant, el decano del Colegio de Cardenales, ya que Pío XII se vio obligado a permanecer en cama debido a su enfermedad. El Papa sin embargo, pronunció su sermón sobre Giovanni Batista Montini desde su cama, por la radio, a los numerosos fieles reunidos en San Pedro el 12 de diciembre de 1954.[22] El 6 de enero de 1955, Montini tomó formalmente posesión de su catedral de Milán. Pío XII, quién siempre quiso ser un pastor y no un burócrata del Vaticano, concedió con mucho gusto ésta oportunidad, que se le había negado, a Montini. Montini, después de un período de preparación, empezó a tener mucho agrado de sus nuevas tareas como arzobispo, conectando a todos los grupos de fieles en Milán. Le gustaba realizar reuniones con intelectuales, artistas y escritores.[20]

La filosofía de Montini

Montini, como arzobispo de Milán.

En sus primeros meses mostró gran interés en las condiciones de trabajo y cuestiones laborales, teniendo contacto personalmente con sindicatos, asociaciones y dando discursos relacionados con el tema. Creyendo que las iglesias son los únicos edificios no utilitarios en la sociedad moderna y un lugar necesario para el descanso espiritual, inició la construcción de más de 100 nuevas iglesias para el servicio y la contemplación.[23]

Sus discursos públicos se notaron no sólo en Milán, sino también en Roma y en otros lugares. Algunos lo consideraban un liberal, cuando él pidió a los laicos amar no sólo a los católicos, sino también a cismáticos, protestantes, anglicanos, los indiferentes, los musulmanes, paganos, ateos.[24] Contrariamente a las enseñanzas del Papa León XIII (y más tarde Juan Pablo II y Benedicto XVI), que consideraban al clero anglicano desigual a la luz de su falta de sucesión apostólica, el arzobispo Montini simplemente ignoró por completo este aspecto durante una visita del clero anglicano a Milán en 1957 y un posterior intercambio de cartas con el arzobispo de Canterbury, Geoffrey Fisher.[25]

Montini no recibió el capelo cardenalicio durante los últimos cuatro años del pontificado de Pío XII, lo que ocasionó varios comentarios. Ciertamente, Montini no era el único en esta condición; desde la grave enfermedad que aquejaba a Pío XII, no se habían realizado consistorios, por lo que varios arzobispos estaban esperando el honor (debido a la tradición y la importancia de su arquidiócesis) de conseguir el sombrero rojo durante el reinado de Pío XII. Además de Montini, en esta situación se encontraban John Francis O'Hara de Filadelfia, Richard Cushing de Boston, Franz König de Viena, William Godfrey de Westminster, Antonio María Barbieri de Montevideo, Alfonso Castaldo de Nápoles y Paul Marie André Richaud de Burdeos. Pío XII reveló luego que en el consistorio de 1953 habían dos clérigos, que se sabe que eran Montini y Tardini a pesar de no ser mencionados por el Papa, que se encontraban en la parte superior de su lista, pero luego fueron rechazados.[26] Cuando Tardini, en nombre de ambos, le dio las gracias por no nombrarlos cardenales, Pío XII respondió con una sonrisa: "Monseñor Mío, usted me da las gracias, por no dejarme hacer lo que quería hacer", respondiéndole Tardini: "Sí Santo Padre, le doy gracias por todo lo que han hecho por mí, pero aún más, lo que no han hecho por mí". El Papa sonrió.[27]

Angelo Roncalli y Montini eran amigos, pero cuando el primero, ya Papa, anunció un nuevo concilio ecuménico, el cardenal Montini reaccionó con incredulidad: "Este muchacho no sabe, lo el nido de avispas que está provocando".[28] Fue nombrado a la Comisión Preparatoria Central en 1961. Durante el Concilio, su amigo Juan XXIII le pidió que se mudara al Vaticano. Fue miembro de la Comisión de Asuntos Extraordinarios, pero no se dedicó tanto a los debates sobre los diversos temas que se trataban. Su asesor principal fue Monseñor Giovanni Colombo, quien más tarde fue nombrado su sucesor en Milán.[29] La Comisión fue eclipsada en gran medida por la insistencia de Juan XXIII, de que el Concilio debía completar todo su trabajo en una única sesión antes de la navidad de 1962, para el 400º aniversario del Concilio de Trento, una insistencia que también puede haber sido influenciado por el conocimiento reciente del Papa de que tenía cáncer.[30]

Progresismo Pastoral

Montini buscó nuevas formas de hacer la pastoral, reformándola. Él utilizó su autoridad para asegurar que las reformas litúrgicas de Pío XII se llevaron a cabo a nivel local. Durante su período en Milán, Montini era conocido como un miembro progresista de la jerarquía católica. Montini utilizó métodos innovadores para llegar a la gente de la ciudad más grande de Italia: carteles enormes anunciaban que 1.000 voces le hablarían entre el 10 y el 24 de noviembre de 1957. Más de 500 sacerdotes y numerosos obispos, cardenales y laicos entregaron 7.000 sermones en el período no sólo en las iglesias, sino en las fábricas, salas de reuniones, casas, patios, escuelas, oficinas, cuarteles, hospitales, hoteles y otros lugares, donde la gente se reunía.[31] Su objetivo era la re-introducción de la fe a una ciudad sin mucha religión.

"Si sólo podemos decir Padre nuestro y saber lo que esto significa, entonces podríamos entender la fe cristiana."[32]

Montini reconoció que Europa Occidental se había convertido en un país unificado otra vez y no fue demasiado optimista sobre el resultado de esta empresa de gran envergadura. Pero a pesar de su dedicación a las personas que trabajan regularmente, Montini fue también un hombre de letras, siendo su libro favorito, un clásico italiano: Los novios de Alessandro Manzoni, que para él, era casi un evangelio del cristianismo.

Pío XII convocó al arzobispo Montini a Roma, en octubre de 1957, dónde hizo la presentación principal del Segundo Congreso Mundial del Apostolado Seglar. Anteriormente, como Pro-Secretario, había trabajado arduamente para unificar una organización mundial de laicos en 58 países, representando 42 organizaciones nacionales. Se les presentó a Pío XII en Roma en 1951. La segunda reunión en 1957 dio Montini una oportunidad para expresar el apostolado de los laicos en términos modernos:

"Apostolado significa amor. Debemos amar a todos, pero especialmente a aquellos que necesitan ayuda...Nos debe encantar nuestro tiempo, nuestra tecnología, nuestro arte, nuestros deportes, nuestro mundo."[33]

Cardenal

Aunque era visto como papable para suceder a Pío XII, y aunque parece haber recibido algunos votos en el cónclave de 1958,[34] Montini no era miembro del Colegio de Cardenales y por lo tanto no era un candidato serio en ese cónclave.[35] En aquella elección, Angelo Roncalli fue elegido como Papa y asumió el nombre de Juan XXIII. El 17 de noviembre de 1958, a menos de tres semanas después de su elección, L'Osservatore Romano anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales. Esta lista, era encabezada por el nombre de Montini,[36] siendo elevado al cardenalato el 15 de diciembre de 1958, convirtiéndose en cardenal presbítero de Ss. Silvestro e Martino ai Monti. Juan XXIII lo nombró simultáneamente en varias congregaciones del Vaticano, dando lugar a muchas visitas de Montini a Roma en los siguientes años.[37] Como cardenal, Montini participaba en el gobierno de toda la Iglesia, lo que se tradujo en viajes a África (1962), dónde visitó Ghana, Sudán, Kenia, Congo, Rhodesia, Sudáfrica y Nigeria. Más tarde, él sería el primer Papa en visitar África. Después de su viaje, tuvo una audiencia privada con Juan XXIII, que se prolongó durante varias horas. En otros 15 viajes, visitó Brasil (1960) y Estados Unidos (1960), incluyendo Nueva York, Washington DC, Chicago, Universidad de Notre Dame en Indiana, Boston, Filadelfia y Baltimore. El cardenal pasaba sus vacaciones por lo general en la solitaria Abadía de Engelberg en Suiza.[38]

Pontificado

Elección

Artículo principal: Cónclave de 1963

Montini fue visto generalmente como el más probable sucesor del papa Juan XXIII, a causa de su cercanía a él, y a Pío XII, por su experiencia pastoral y administrativa, y su visión y determinación.[39] Juan, un recién llegado al Vaticano a los 77 años, se sintió muchas veces desbordado por la profesional Curia romana, en cambio Montini sabía mucho sobre su funcionamiento interno.[40] A diferencia de los cardenales papables de Bolonia y Génova, Montini no se identificaba ni con la izquierda ni con la derecha, ni fue visto como un reformista radical. Además era visto como el más probable de continuar con el Concilio Vaticano II,[40] ya que, sin resultados tangibles, había durado más de lo previsto por el Papa Juan, que tuvo una visión, pero no una agenda clara. Su retórica parece han tenido una nota de exceso de optimismo, una confianza en el progreso, que era característico de la década de 1960.[41] Cuando Juan XXIII murió de cáncer al estómago, el 3 de junio de 1963, Montini fue elegido para el papado en el cónclave siguiente y tomó el nombre de Pablo VI.

Según palabras del mismo Montini, él sabía lo que venía. Escribió en su diario: "La posición es única. Me trae gran soledad. Yo estaba solitario antes, pero ahora mi soledad llega a ser completa e impresionante...".[42] Pero él no tenía miedo a la nueva soledad que se esperaba de él. Reconoció que sería inútil buscar ayuda afuera, o de confiar todo a los demás. Se veía tan solitario, con Dios. La comunicación con él, debía ser completa e inconmensurable.[42]

Pablo VI acabó con gran parte del esplendor del papado. Fue el último Papa hasta la fecha en ser coronado, su sucesor el Papa Juan Pablo I sustituirá la coronación pontificia (que Pablo ya había modificado sustancialmente, pero que dejó como obligatoria en 1975 en su Constitución Apostólica Romano Pontifici Eligendo), con una toma de posesión del Papa. Pablo VI donó su propia tiara papal, un regalo de su antigua archidiócesis de Milán, a la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington DC (en donde está en exhibición permanente en la cripta) como un regalo a los católicos estadounidenses. En 1968, con el motu proprio Pontificalis Domus, suspendió la mayor parte de las funciones ceremoniales de la antigua nobleza romana en la corte papal, con excepción de los Asistentes Príncipe al Trono Papal. También abolió la Guardia Palatina y la Guardia Noble, dejando a la Guardia Suiza como el único cuerpo militar en el Vaticano.

Término Concilio Vaticano II

Artículo principal: Concilio Vaticano II

Pablo VI decidió continuar el Concilio Vaticano II (el derecho canónico establece que un concilio se suspende luego de la muerte de un Papa), correspondiéndole abrir la segunda sesión el 29 de septiembre de 1963, las siguientes sesiones y el inicio de la aplicación de sus decretos a partir del 7 de diciembre de 1965, cuando concluyó la cuarta y última sesión conciliar. Su pontificado, por tanto, estuvo marcado por la concreción del espíritu del Concilio en la renovación y modernización de la Iglesia católica y de sus enseñanzas. Frente a las interpretaciones en conflicto y las controversias, dirigió la puesta en práctica de sus objetivos de reforma, que incluía la mayor revisión a la Liturgia de la Iglesia jamás hecha, y la primera revisión importante desde el Concilio de Trento, que tuvo lugar 400 años antes del Concilio Vaticano II.

Orientación ecuménica

Durante el Concilio Vaticano II, los Padres del Concilio evitaban realizar declaraciones que pudieran herir a cristianos de otras confesiones.[43] El cardenal Augustin Bea, el Presidente de la Secretaría de la Unidad Cristiana, había contado siempre con el pleno apoyo de Pablo VI en su intento de garantizar que el texto del Concilio fuera amistoso y abierto a la sensibilidad de Iglesias protestantes y ortodoxas, a quiénes había invitado a todas las sesiones a petición del Papa Juan XXIII. Bea también participó activamente en el asunto del Nosstra Aetate, que regulaba la relación de la Iglesia con la fe judía y miembros de otras religiones.[44]

Díalogo con el mundo

Después de su elección como Papa, Pablo VI se reunió primero con los sacerdotes su nueva diócesis. Les dijo que en Milán había comenzando un diálogo con el mundo moderno y les pidió que buscaran el contacto con todas las personas de todos los sectores sociales. Seis días después de su elección anunció que continuaría el Concilio Vaticano II y convocó a su reapertura para el 29 de septiembre de 1963.[20] En su discurso radial de reapertura, Pablo VI recordó la singularidad de sus predecesores, la fuerza de Pío XI, la sabiduría e inteligencia de Pío XII y el amor de Juan XXIII. Como sus "metas pontificias" se encontraban la continuación y finalización del Concilio Vaticano II, la reforma al Derecho canónico, y la búsqueda de la paz social y la justicia en el mundo. La unidad del cristianismo sería fundamental para sus actividades.[20]

Apertura de la segunda sesión del Concilio Vaticano II.

Prioridades del Concilio para Pablo VI

Pablo VI reabrió el Concilio Vaticano II el 29 de septiembre de 1963, dándole cuatro prioridades:

  • Una mejor comprensión de la Iglesia Católica
  • Reformas a la Iglesia
  • Avanzar en la unidad de la cristiandad
  • Diálogo con el mundo[20]

Recordó a los padres conciliares que sólo unos pocos años antes, el Papa Pío XII había publicado la encíclica Mystici Corporis Christi, sobre el cuerpo místico de Cristo. Él les pidió que no se repitiera o crearan nuevas definiciones dogmáticas, sino de explicar en palabras sencillas, cómo la Iglesia se ve a si misma. Agradeció a los representantes de otras comunidades cristianas por su asistencia y les pidió su perdón si es que la Iglesia Católica era la responsable de las separaciones. También recordó a los padres conciliares que muchos obispos del este no habían podido asistir ya que los gobiernos comunistas no permitían sus viajes.[45]

El Concilio debatió sobre los textos de la Iglesia, sobre el ecumenismo y la liturgia. Pablo VI afirmó a los padres reunidos que tenía la intención de visitar Tierra Santa, dónde ningún otro papa había estado desde San Pedro.

Últimas sesiones del Concilio

Pablo VI abrió la tercera sesión del Concilio el 14 de septiembre de 1964, diciendo a los padres conciliares, que él veía al texto sobre la Iglesia como el documento más importante para finalizar el Concilio. A medida que el Concilio había debatido el papel de los obispos en el papado, Pablo VI emitió una nota explicativa que confirmaba la primacía del papado, un paso que fue visto por algunos como una intromisión en los asuntos del Concilio de los obispos.[46] Los estadounidenses presionaron para lograr una pronta resolución sobre la libertad religiosa, pero Pablo VI insistió en que esto sería aprobado junto con otros textos relacionados, tales como el ecumenismo.[47] El Papa finalizó el tercer período de sesiones el 21 de noviembre de 1964, con el pronunciamiento oficial de María como Madre de la Iglesia.[47]

Entre las sesiones tercera y cuarta, el Papa anunció reformas en los ámbitos de la Curia Romana, la revisión del derecho canónico, la reglamentación para los matrimonios mixtos con participantes de varios credos, y las cuestiones del control de la natalidad. La última, y final, sesión del Concilio, fue concelebrada con los obispos de países donde la Iglesia era perseguida. Varios textos propuestos para su aprobación debieron ser cambiados, siendo finalmente todos aprobados. El Concilio fue concluido el 8 de diciembre de 1965, en la Fiesta de la Inmaculada Concepción.[47]

Siguiendo a su primer predecesor, Ambrosio de Milán, Pablo VI declaró a María como Madre de la Iglesia.[47]

Reformas en la Iglesia

Sínodo de Obispos

Artículo principal: Sínodo de los obispos

El 14 de septiembre de 1965 se estableció el Sínodo de los obispos como una institución permanente de la Iglesia y un órgano asesor del papado. Múltiples reuniones se celebrarían sobre cuestiones específicas durante su pontificado, como el Sínodo de los obispos sobre la evangelización en el mundo moderno, que comenzó el 9 de septiembre de 1974.[48]

Reformas en la Curia

Pablo VI conocía la Curia Romana, ya que había trabajado en ella durante más de 30 años en ella (desde 1922 hasta 1954). Puso en práctica sus reformas por etapas, en lugar de hacerlas de una sola vez. El 1 de marzo de 1968, emitió un reglamento, un proceso que había sido iniciada por Pío XII y continuado por Juan XXIII. El 28 de marzo, con su Pontificalis Domus, y en otras varias Constituciones Apostólicas adicionales en los siguientes años, se renovó toda la Curia, que incluía la reducción de la burocracia, la racionalización de las congregaciones existentes y una representación más amplia de los no-italianos en las posiciones de la curia.[49]

Elecciones papales

Pablo VI revolucionó las elecciones papales, ordenando que sólo los cardenales menores a la edad de 80 años podrían participar en futuros cónclaves. En su motu propio Ecclesiae Sanctae, del 6 de agosto de 1966, se invitó a todos los obispos para ofrecer su jubilación a más tardar al cumplir 75 años de edad.[50] Éste requisito se hizo extensivo a todos los cardenales en 1970. Con estas dos estipulaciones, el Papa podía llenar los cargos con jóvenes obispos y cardenales, e internacionalizando al Colegio de Cardenales y la Curia romana, a la luz de varias renuncias debido a la avanzada edad.[48]

Misa de Pablo VI

La reforma de la liturgia había sido parte de los movimientos litúrgicos en el siglo XX, principalmente en Francia, con Robert Schuman, y en Alemania, con Romano Guardini, que fueron reconocidos oficialmente por Pío XII en su encíclica Mediator Dei. Durante el pontificado de Pío XII, el Vaticano flexibilizó las regulaciones sobre el uso del latín en la liturgia católica romana, lo que permitió un cierto uso de las lenguas vernáculas en los bautizos, funerales y otros eventos. En 1951 y 1955, las liturgias de Semana Santa fueron sometidas a revisión, sobre todo incluyendo la reintroducción del Triduo Pascual.[51] El Concilio Vaticano II luego continuó con el mandato de una revisión general del Misal Romano. En abril de 1969, Pablo VI aprobó el "Nuevo Orden de la Misa" (promulgado en 1970), que incluía muchas revisiones y cambios sustanciales, como la introducción de tres nuevas plegarias eucarísticas, la supresión de las oraciones de larga duración, tales como las oraciones al pie del Altar y el último Evangelio, la reintroducción de las oraciones que habían caído en desuso, como la Oración de los Fieles, y la aprobación para el uso de las lenguas vernáculas. Habían habido otras instrucciones emitidas por el Papa en 1964, 1967, 1968, 1969 y 1970 que se centraron en la reforma de todas las liturgias de la Iglesia católica.[52]

Estas reformas importantes no fueron bien recibidas por todos y en todos los países. La repentina y aparente "prohibición" de la misa de realizada por 400 años, cuya última edición se había promulgado en 1962 por Juan XXIII, no se explicaba bien. La experimentación con la nueva misa por liturgistas, tales como el uso de la música pop/folk (en comparación con el canto gregoriano que abogaba el Papa Pío X), junto con los cambios recurrentes en el orden de los santuarios, fue visto por algunos como vandalismo.[40] En 2007, el Papa Benedicto XVI aclaró que la misa de Juan XXIII y la misa de Pablo VI son dos formas del mismo rito romano. La primera, que nunca había sido "jurídicamente derogada", era ahora una forma "extraordinaria del Rito Romano"; mientras que al segunda "obviamente es y permanece como la forma ordinaria de la liturgia eucarística".[53]

Relaciones y diálogos

Para Pablo VI, un diálogo con toda la humanidad no era esencial como un objetivo, sino como un medio para encontrar la verdad. El diálogo según Pablo VI, se basa en la plena igualdad de todos los participantes. Esta igualdad se basa en la búsqueda común de la verdad.[54]

Pablo VI dijo referente a esto:

"Aquellos que tienen la verdad, están en una posición de no tenerlo, porque se ven obligados a buscar todos los días de una manera más profunda y más perfecta. Los que no la tienen, pero buscan con todo su corazón, ya la han encontrado."[55]

Diálogos

En 1964, Pablo VI creó una Secretaría para las religiones no cristianas, rebautizándola luego como Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. En 1971, creó una oficina papal para el desarrollo económico y la asistencia catastrófica. Para fomentar lazos comunes con todas las personas de buena voluntad, decretó un día de paz anual que se celebraría el primer día de cada año de enero. Tratando de mejorar la condición de los cristianos detrás de la Cortina de Hierro, Pablo VI participó en un diálogo con las autoridades comunistas varias veces, recibiendo al ministro de Asuntos Exteriores Andrei Gromyko y al presidente de la Unión Soviética Nikolai Podgorny. La situación de la Iglesia en Polonia, Hungría y Rumania, mejoró considerablemente durante su pontificado.[56]

Viajes por el mundo

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El Papa Pablo VI se convirtió en el primer Papa en visitar los cinco continentes, y fue el Papa más viajero de la historia hasta ese momento, ganándose el apodo de " El Papa Peregrino". Con sus viajes, abrió nuevas vías para el papado, que fueron continuadas por sus sucesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Viajó a Tierra Santa en 1964, donde se reunió con el Patriarca de Constantinopla Atenágoras I, logrando en 1965 la revocación de los decretos de excomunión mutua lanzados en 1054 y que habían dado lugar al Cisma de Oriente y Occidente.

Estatua conmemorativa de la reunión entre Pablo VI y Atenágoras I en Jerusalén.

Entre sus otros viajes se cuentan su participación a los Congresos Eucarísticos en Bombay, India y su viaje a Bogotá, Colombia. Cincuenta años después de la primera aparición, viajó a Fátima en 1967. En 1969, realizó una visita pastoral a África. El 27 de noviembre de 1970, durante su viaje a Filipinas, fue el blanco de un intento de asesinato.[57]

En octubre de 1965, durante su primera visita a los Estados Unidos, abogó por la paz ante las Naciones Unidas, debido principalmente a la intensificación de la Guerra de Vietman durante la presidencia de Lyndon B. Johnson:

"Nuestra breve visita nos ha dado un gran honor; el de proclamar al mundo entero, desde la Sede de las Naciones Unidas, Paz! Nunca olvidaré esta hora extraordinaria. Tampoco podemos llevar a un término más apropiado que el expresar el deseo de que esta sede central de las relaciones humanas para la paz civil del mundo, sea siempre consciente y digna de este gran privilegio."[58]
"No más guerra, nunca más guerra. Paz, es la paz que deben guiar los destinos del pueblo y de toda la humanidad."

Pablo VI envió a uno de los 73 Mensajes de Buena Voluntad del Apolo 11 de la NASA para el histórico aterrizaje lunar. Actualmente el mensaje todavía descansa en la superficie lunar. Tiene escritos el Salmo 8 y el mensaje del Papa: "A la gloria del nombre de Dios, que da tanto poder a los hombres, que ardientemente ora por este maravilloso comienzo".

Nueva diplomacia

Al igual que Pío XII, Pablo VI puso mucho énfasis en el diálogo con todas las naciones del mundo mediante el establecimiento de relaciones diplomáticas. El número de embajadas extranjeras acreditadas en el Vaticano se duplicó durante su pontificado.[59] Esto fue un reflejo de un nuevo entendimiento entre la Iglesia y el Estado, que había sido formulado por primera vez por Pío XI y Pío XII, pero decretado luego por el Concilio Vaticano II. La Constitución pastoral Gaudium et spes afirma que la Iglesia Católica no está ligada a ninguna forma de gobierno y está dispuesta a cooperar de todas formas. La Iglesia mantuvo su derecho de elegir obispos por su cuenta sin ninguna interferencia por parte del Estado.[60]

Teología

Mariología

Pablo VI hizo importantes contribuciones a la mariología durante su pontificado. Él trató de presentar las enseñanzas marianas de la Iglesia en vista de su nueva orientación ecuménica. En el discurso inaugural de su encíclica Ecclesiam Suam, el Papa llamó a María como el ideal de la perfección cristiana. Él se refiere a "la devoción a la Madre de Dios como de suma importancia en la vida viviente del Evangelio".[61]

Encíclicas

Artículo principal: Anexo:Encíclicas del papa Pablo VI
Mense Maio
Artículo principal: Mense Maio

La encíclica Mense Maio del 29 de abril de 1965, se centró en la Virgen María, a la que tradicionalmente el mes de mayo se le dedica como la Madre de Dios. Pablo VI escribió que María es razón para ser considerada como el camino por el cuál las personas van a Cristo. Por lo tanto, la persona que se encuentra con María no puede dejar de encontrarse con Cristo.[62]

Ecclesiam Suam
Artículo principal: Ecclesiam Suam

Ecclesiam Suam fue dada a conocer en la Basílica de San Pedro, el 6 de agosto de 1964, durante su segundo año en el pontificado. Se considera un documento importante, la identificación de la Iglesia Católica con el Cuerpo de Cristo. Un posterior documento del Consejo Lumen Gentium, que afirma que la Iglesia subsiste en el Cuerpo de Cristo, hizo surgir interrogantes en cuanto a la diferencia entre "es" y "subsiste en ella". Pablo VI hizo un llamamiento a "todos los hombres de buena voluntad" y discutieron los diálogos necesarios dentro de la Iglesia, y entre las Iglesias y el ateísmo.[48]

Mysterium Fidei
Artículo principal: Mysterium Fidei

El 3 de septiembre de 1965, Pablo VI publicó Mysterium Fidei, sobre el misterio de la fe. Se opuso a las nociones relativistas que le han dado a la eucaristía sólo un carácter simbólico. La Iglesia, según Pablo VI, no tiene motivos para abandonar el depósito de la fe en un asunto tan vital.[48]

Sacerdotalis Caelibatus
Artículo principal: Sacerdotalis Caelibatus

Sacerdotalis Caelibatus (del latín, "De los sacerdotes célibes"), fue promulgada el 24 de junio de 1967. Defiende la tradición católica del celibato sacerdotal. Esta encíclica fue escrita a raíz del Concilio Vaticano II, cuando la Iglesia Católica fue cuestionada y muchas de las prácticas antiguas fueron sometidas a revisión. El celibato sacerdotal se considera una disciplina en lugar de un dogma, y algunos esperaban que éste podría ser relajado. En respuesta a estas preguntas, el Papa reafirma la disciplina como una práctica de especial importancia en la Iglesia Católica. La encíclica Sacerdotalis Caelibatus confirma la tradicional enseñanza de la Iglesia, que el celibato es un estado ideal y sigue siendo obligatorio para los sacerdotes católicos. El celibato simboliza la realidad del reino de Dios en medio de la sociedad moderna. El celibato sacerdotal está estrechamente relacionado con el sacerdocio sacramental.[48]

Populorum Progressio
Artículo principal: Populorum Progressio

Populorum Progressio, publicada el 26 de marzo de 1967, trató el tema del "desarrollo de los pueblos" y que la economía del mundo debía servir a la humanidad y no sólo a unos pocos. Toca una variedad de principios tradicionales de la enseñanza social católica: el derecho a un salario justo, el derecho a la seguridad del empleo, el derecho a condiciones de trabajo justas y razonables, el derecho a afiliarse a un sindicato y la huelga como último recurso, y el destino universal de los bienes y mercancías.

Además, la Populorum Progressio opina que la paz real en el mundo está condicionada a la justicia. Repite sus demandas expresadas en Bombay en 1964 para una gran escala sobre el Organización Mundial del Desarrollo, como una cuestión de justicia y paz internacionales. Rechazó las nociones para instigar la revolución y la fuerza para cambiar las condiciones económicas.[63]

Humanae Vitae
Artículo principal: Humanae Vitae

De sus ocho encíclicas, las más conocida es la Humanae Vitae, publicada el 25 de julio de 1968. En esta encíclica se reafirmó el punto de vista tradicional de la Iglesia católica sobre el matrimonio y las relaciones conyugales y la condena permanente del control de la natalidad artificial.[64] Hubo dos comisiones papales y numerosos expertos independientes que investigaron los últimos avances de la ciencia y la medicina sobre la cuestión del control de la natalidad.[65] Las opiniones expresadas de Pablo VI reflejan las enseñanzas de sus predecesores, sobre todo de Pío XI,[66] Pío XII[67] y Juan XXIII,[68] y que nunca han cambiado, ya que en repetidas ocasiones se indicaba aquello en los primeros años de su pontificado.[69]

Para el Papa, las relaciones conyugales son mucho más que una unión de dos personas. Ellos constituyen una unión de la pareja amorosa con un Dios amoroso, en el que las dos personas crean una nueva persona materialmente, mientras que Dios completa la creación mediante la adición del alma. Por esta razón, Pablo VI enseña en la primera frase de la encíclica Humanae Vitae, que la transmisión de la vida humana es un papel más serio en el que las personas casadas colaboran libre y responsablemente con el Dios Creador.[70] Esta alianza divina, de acuerdo con Pablo VI, no permite decisiones humanas arbitrarias, que pueden limitar la providencia divina. El Papa no pinta un cuadro excesivamente romántico del matrimonio: relaciones conyugales son un motivo de gran alegría, pero también de dificultades y penas.[70] La cuestión de la procreación humana supera, a juicio de Pablo VI, las disciplinas específicas como la biología, la psicología, la demografía o la sociología.[71] La razón de esto, según Pablo VI, es que el amor conyugal tiene su origen en Dios, que «es amor». Desde esta dignidad básica, define su posición:

"El amor es total, esa singular forma de amistad personal en la que marido y mujer comparten generosamente todo, sin permitir excepciones no-razonables y no pensando únicamente en su propia conveniencia. Quién realmente ama a su pareja, ama no sólo por lo que recibe, sino porque ama a la pareja, por el propio bien de ésta, para poder enriquecer al otro con el don de sí mismo."[72]

Consistorios

Pablo VI celebró seis consistorios entre 1965 y 1977, en los cuáles se promovieron 143 hombres al cardenalato. Éstos se llevaron a cabo el 22 de febrero de 1965 (27 cardenales), el 26 de junio de 1967 (27 cardenales), el 28 de abril de 1969 (34 cardenales), el 5 de marzo de 1973 (30 cardenales), el 24 de mayo de 1976 (20 cardenales) y el 27 de junio de 1977 (4 cardenales).

Incluyendo al Papa Benedicto XVI, todos los sucesores de Pablo VI fueron creados cardenales por él. Su inmediato sucesor Albino Luciani, quien tomó el nombre de Juan Pablo I, fue creado cardenal en el consistorio del 5 de marzo de 1973; Karol Wojtyla fue creado cardenal en el consistorio del 26 de junio de 1967; y Joseph Ratzinger fue creado cardenal en el consistorio del 27 de junio de 1977, que incluía también a Bernardin Gantin de Benin, África. Éste se convirtió en el último de los consistorios de Pablo VI antes de su muerte en agosto de 1978.[73]

Con los seis consistorios, Pablo VI, continuó la política de internacionalización iniciada por Pío XII en 1946, y continuada por Juan XXIII. En su consistorio de 1976, cinco de los veinte cardenales procedían de África, uno de ellos hijo de un jefe de una tribu que tenía cincuenta esposas.[73] Varios prominentes latinoamericanos como Eduardo Francisco Pironio de Argentina; Eugênio de Araújo Sales y Aloisio Lorscheider de Brasil fueron también elevados por él. Hubo voces dentro de la Iglesia en ese momento, que el período europeo de la Iglesia estaba llegando a su fin, una opinión compartida por el cardenal británico Basil Hume.[73] Al mismo tiempo, los miembros del Colegio de Cardenales perdieron parte de sus influencias anteriores, después de que Pablo VI decretara, que no sólo los cardenales, sino también los obispos podían participar en las comisiones de la Curia Romana. El límite de edad de 80 años impuesto por Pablo VI, el en cerca de un 100% del número de cardenales, y la reforma a la vestimenta real de los "Príncipes de la Iglesia" contribuyó a una percepción orientada al servicio de los cardenales en su pontificado. El mayor número de cardenales del Tercer Mundo y el énfasis del Papa sobre cuestiones relacionadas fue, sin embargo, bien recibido por muchos en Europa Occidental.[73]

Últimos años y muerte

Secuestro de Aldo Moro

Fotografía de Aldo Moro durante su cautiverio.

El 16 de marzo de 1978, su amigo de juventud Aldo Moro, un político demócrata cristiano, fue secuestrado por las Brigadas Rojas, que mantuvieron al Papa en suspenso durante 55 días.[74] El 20 de abril, Moro apeló directamente al Papa para intervenir, de la misma manera que Pío XII lo había hecho en el caso del profesor Giuliano Vassalli.[75] A sus ochenta años de edad, el Papa escribió una carta a las Brigadas Rojas:

"No tengo ningún mandato para hablar con usted, y no estoy sujeto a ningún interés privado en lo que respecta. Pero le quiero como a un miembro de la gran familia humana, como un amigo de la época de estudiante y -por un título muy especial- como a un hermano en la fe y como un hijo de la Iglesia de Cristo. Hago un llamamiento que ustedes ciertamente no ignorarán;... de rodillas se los ruego, liberen a Aldo Moro, simplemente, sin condiciones, no tanto por mi humilde y bien intencionada intercesión, pero debido a que comparto con usted la común dignidad de un hermano en la humanidad ... Hombres de las Brigadas Rojas, me dejan, el intérprete de las voces de muchos de nuestros conciudadanos, la esperanza de que en sus sentimientos de corazón, que la humanidad triunfará. En la oración, y siempre amándolos, espero prueba de ello
Paulus PP VI."
[75]

Algunos integrantes del gobierno italiano acusaron al anciano Papa de haber tratado muy amablemente a las Brigadas Rojas. El Papa continuó buscando formas de pagar el rescate por Moro pero fue en vano. El 9 de mayo, el cuerpo acribillado a balas de Aldo Moro fue encontrado en un coche en Roma.[76] Visiblemente afectado y conmovido, luego presidió su funeral en San Juan de Letrán.

Muerte del Papa

Pablo VI dejó el Vaticano, el 14 de julio de 1978, para ir a la residencia papal de Castel Gandolfo, visitando en su camino la tumba del cardenal Giuseppe Pizzardo,[77] que lo había hecho ingresar al Vaticano de medio siglo antes. Aunque se encontraba enfermo, estuvo de acuerdo en reunirse con el nuevo presidente italiano Sandro Pertini por más de dos horas. Por la noche vio una película del Oeste en televisión, feliz sólo cuando vio "los caballos, los animales más hermosos que Dios había creado".[77] Tenía problemas respiratorios y necesitaba oxígeno. Al día siguiente, domingo, en la Fiesta de la Transfiguración, se encontraba cansado, pero quería rezar el Ángelus. Él no era capaz, ni se podía permitir hacerlo, y se mantuvo en cama, aumentando su fiebre.

Tumba de Pablo VI en las grutas vaticanas.

Desde su cama, participó en la misa del domingo a las 6 de la tarde, comulgando. Después de ello, el Papa sufrió un infarto masivo de miocardio, después de lo cuál continuó luchando por su vida durante tres horas. El 6 de agosto de 1978, a las 21:41, el Papa Pablo VI murió en Castel Gandolfo.[77]

Pablo VI fue enterrado bajo el suelo de la Basílica de San Pedro con los otros papas. En su testamento, pidió ser enterrado en "tierra verdadera" y por lo tanto, no tiene un sarcófago decorado, sólo una tumba en el suelo.[78]

Causa de beatificación

El proceso diocesano de beatificación del Siervo de Dios Pablo VI comenzó el 11 de mayo de 1993 por el Papa Juan Pablo II. El título de Siervo de Dios es el primero de los cuatro pasos hacia la posible canonización.

Legado y controversias

El pontificado de Pablo VI siguió la apertura y la internacionalización de la Iglesia comenzada bajo Pío XII. Él implementó las reformas de Juan XXIII y del Vaticano II. Sin embargo, a diferencia de los otros Papas, Pablo VI fue criticado tanto por tradicionalistas como por liberales por la dirección del curso durante el Concilio Vaticano II y durante la implementación de sus reformas a partir de entonces.[79] Expresó el deseo de paz durante la guerra de Vietnam. Esto no fue entendido por todos. Junto con ayudar a los países del Tercer Mundo, el Papa Pablo VI creó sindicatos y federaciones campesinas en otros países. Estos servicios públicos ayudaron a los pobres, y se convirtieron en evidencia de su deseo de completar los objetivos del Concilio Vaticano II. En base a las enseñanzas de la Iglesia, el Papa fue inquebrantable. En el décimo aniversario de la Humanae Vitae, volvió a confirmar éstas enseñanzas.[80] En su estilo y metodología, el era discípulo de Pío XII, a quién profundamente admiraba.[81] Él sufrió por los ataques a Pío XII por su presunto silencio durante el Holocausto.[81] El Papa Pablo sufrió en comparación con sus predecesores. No fue acreditado con una memoria enciclopédica, ni un don para los idiomas, ni un estilo de escritura brillante como Pío XII;[82] no tenía tampoco el carisma, efusión de amor, sentido del humor y calidez humana de Juan XXIII. Él tomó sobre sí mismo el trabajo de reforma inconclusa de estos dos papas, trayendo diligentemente con gran humildad y sentido común y sin mucha fanfarria de su conclusión.[80] De este modo, Pablo VI se vio a sí mismo siguiendo las huellas del apóstol Pablo, llevado en varias direcciones como San Pablo, quién dijo: "Me atraen los dos lados a la vez, porque la Cruz siempre divide".[83]

Las nuevas libertades teológicas que fomentó, como su negación a excomulgar a diferencia de sus predecesores y sucesores, dio lugar a un pluralismo de opiniones e incertidumbres entre los fieles. Él amonestó, pero no castigó a las personas con otros puntos de vista.[84] Se expresaron nuevas demandas, y que se consideraban tabú en el Concilio, tales como la reintegración de los católicos divorciados, el carácter sacramental de la confesión, y el papel de la mujer en la Iglesia y sus ministerios. A esto, los católicos conservadores se quejaban de que "las mujeres querían ser sacerdotes, los sacerdotes quería casarse, los obispos convertirse en papas regionales y los teólogos exigían un magisterio absoluto. Protestantes reclamando la igualdad, los homosexuales y los divorciados pidiendo la plena aceptación".[85] Los cambios tales como la reorientación de la liturgia y las modificaciones en lo ordinario de la Misa, las alteraciones en el calendario litúrgico en el motu proprio Mysterii Paschalis, y la reubicación del tabernáculo, fueron polémicos entre algunos católicos.

Tiara papal de Pablo VI, última en ser usada, y actualmente exhibida en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción.

Preocupado con el mundo moderno en su conjunto, Pablo VI hizo renunciar a muchos de los símbolos tradicionales del papado y de la Iglesia Católica. Algunos de los cambios de Pablo VI a la vestimenta papal fueron anulados por el Papa Benedicto XVI en el siglo XXI. Al negarse a ser el prisionero de un ejército de coloridos uniformes militares, se deshizo de ellos. Se convirtió en el primer Papa en visitar los cinco continentes.[86] Pablo VI sistemáticamente continuó y terminó los esfuerzos de sus predecesores, transformando la Iglesia de ser eurocéntrica a ser una Iglesia mundial, mediante la integración de los obispos de todos los continentes en su gobierno y en los Sínodos que convocó. El 6 de agosto de 1967, en su motu propio Pro Comperto Sane, abrió la Curia Romana a los obispos de todo el mundo. Hasta entonces, los puestos de ésta eran ocupados por cardenales destacados.[86]

Algunos criticaron las decisiones de Pablo VI, tales como el recién creado Sínodo de los Obispos, que tenía un papel meramente consultivo y no podía tomar decisiones por su cuenta, aunque el Concilio había decidido exactamente eso. Durante el pontificado de Pablo VI, cinco sínodos se llevaron a cabo.[87]

El Papa sufrió claramente las respuestas dentro de la Iglesia a la Humanae Vitae. Aunque muchos países y obispos apoyaron el Pontífice, una parte pequeña pero importante de ellos, especialmente en Países Bajos, Canadá, Alemania, se encontraban abiertamente en desacuerdo con el Papa, lo que lo hirió profundamente para el resto de su vida.[88]

Desilusionado por las críticas de los sectores progresistas de la Iglesia, Pablo VI dijo:

... por una fisura, el humo de Satán ha entrado en el templo de Dios.
Paulo VI, 29 de junio de 1972[89]

Según algunas fuentes, cuando la salud de Pablo VI se fue deteriorando cada vez, se habló de la posibilidad de abdicar al trono papal y jubilarse, siempre y cuando no pudiera cumplir con los deberes del papado en plenitud. Sus declaraciones son idénticas a las atribuidas a Pío XI, "un Papa puede sufrir, pero él debe ser capaz de funcionar" y, en varias ocasiones a Pío XII en el mismo sentido.[90]

Referencias

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Bibliografía

Véase también

Enlaces externos


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