Distrito de Lalaquiz


Distrito de Lalaquiz

Distrito de Lalaquiz

El distrito peruano de Lalaquiz es uno de los 8 distritos de la Provincia de Huancabamba, ubicada en el Departamento de Piura, perteneciente a la Región Piura, Perú.

Historia Por El Profesor Baudelio Nery Palacios

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El territorio de Lalaquiz, enclavado en las faldas de la cordillera de los Andes del Norte, en la sub cuenca del río Bigote, antiguamente fue una comarca llamada Chuquisara, que junto con los Caxas, Quillas, Canchachaques, Talaneos, Cumbicus, Chicuates y los Huacapampas, fueron sometidos por las tropas del Inca Túpac Yupanqui, pasando a formar parte de la Región del Chinchaysuyo del Estado Inca; comarcas que formaron parte de los Huancabambas y una de las mejores provincias del Estado Incaico.

En la época de la invasión española, en su avance a Cajamarca, Francisco Pizarro, deseoso por tener información del Inca Atahualpa, ordenó al capitán Hernando de Soto, avanzar a Huancabamba; el viaje lo realizó visitando las comarcas de los Chuquisaras y Caxas, grande fue la sorpresa al encontrar un alto desarrollo productivo y la forma como estaban organizados; principalmente los Caxas, con un pueblo estratégicamente ubicado y comunicado por grandes caminos, con viviendas alineadas, tambos de abastecimiento, con un edén de más de 500 mujeres vírgenes al servicio del Inca, hermosos Baños del Inca, parcelas bien cultivadas y hermosos ejemplares de alpacas y llamas.

Con la captura del Inca Atahualpa en Cajamarca por los españoles; conociendo la ambición de los invasores, Atahualpa ordenó la recolección de oro y plata en todo el Estado Inca; por el Chinchaysuyo Norte, el responsable fue el general Quisquis. Uno de su lugar teniente avanzaba de Quito a Cajamarca, al llegar a Caxas recibió la noticia que el Inca había sido asesinado por los españoles y los tesoros recolectados debían ser guardados secretamente en algún lugar donde no sean hallados por los invasores; cuentan que, estos tesoros fueron llevados a Chicuate y depositados entre cuatro cerros cuyos picos redumbaron y ningún indio regresó para contarlo.

Con la muerte de Atahualpa, el general Quisquis se somete a los españoles y es bautizado con el nombre de Eduardo, a quien le entregaron las comarcas de los Chuquisaras, Caxas, Chicuates, Huacapampas, entre otras; en su matrimonio con una doncella de los Chuquisaras, procreo una hija a quien llamó Eduarda; El general Quisquis por ser una persona buena y servicial solo le decían Lalo, apelativo que también recayó en su hija; a su muerte del general, Eduarda quedó al mando de los Caxas y Chuquisaras, dedicándose de lleno a la ganadería y agricultura; especialmente en la producción de papa, maíz y cereales; en lo referente al maíz, los chuquisaras fueron expertos en cruzar variedades, logrando producir el Tumbaque, grano dulce y suave, el Mishka, grano duro e inmune a la picadura del gorgojo; se dice que, de diferentes comarcas llegaban delegaciones para intercambiar productos por maíz; la amabilidad y buena atención que brindaba Eduarda Quisquis, fue merecedora del apelativo de su padre, que posteriormente solo le decían Lala Quisquis; a su muerte y por la Ley del menor esfuerzo, la comarca de los Chuquisaras tomó el nombre de Lalaquiz y como recuerdo eterno de este noble pueblo, el cerro Chuqizana ubicado en el corazón de la lalaquiz hoy en día lleva su nombre auque desvirtuado, lo correcto debería ser Chuquisara, que en el idioma Quechua quiere decir Maíz de Oro; este cerro cuentan que tiene un camino subterráneo que se comunica directamente con algún lugar del valle sagrado de las Huaringas.

En la época del Virreinato las comarcas son invadidas y tomadas a la fuerza, convirtiéndose en haciendas y los dueños son los españoles o descendientes directos de ellos y los indios pierden todo derecho y se convierten en esclavos; en el caso de Lalaquiz, el 10 de mayo de 1645, el Virrey Márquez de Mancera, nombra a don Juan Dávalos Cuba Maldonado para el corregimiento de Piura como: Juez y Visitador de Tierras, Estancias, Tambos, Trapiches, Almonos, Chacras y Agravios de Indios y los más expresados en su composición (Títulos de la Comunidad de Andanjo. Los Jueces Visitadores eran los encargados de fijar la linderación y dar posesión de los terrenos, de común acuerdo con ambas partes con la finalidad de señalar el Entero, que era la contribución que el beneficiario debía pagar a la Caja Real para que se le entregue el Título de Propiedad. El 12 de octubre de 1645, don Juan Dávalos Cuba Maldonado entregó al Cacique Cosme Chinguel las tierras de Andanjo, Pundín y Canchaque; esto comprendía hasta Vado de Garzas y Barrios que limita con Lalaquiz. Los sobrantes de las tierras de Cosme Chinguel, como es Pariamarca, Llicta y Gualgual, fueron entregadas a don Diego de Távara Oregón, incluyendo Lalaquiz y las tierras de Pajonal Chiquito y Sapse. (Primer dueño de Lalaquiz.

Posteriormente fue designado don Pedro del Barco como Juez Comisionado; nombramiento que le dio don Joaquín Rociíllo y Velarde que era Juez Real Subdelegado de su Majestad en la Ciudad de Piura. Aprovechando del cargo don Pedro del Barco se apoderó de las tierras de Pariamarca, Sapse y Lalaquiz (segundo dueño de Lalaquiz), sometiendo a los naturales a un trato inhumano y cruel por tardarse en el pago de la Caja Real. El trato cruel que daba a los indios, trajo la protesta del Protector de los Naturales don Ignacio Escárate ante el Juez Subdelegado don Joaquín Rociíllo y Velarde, dando cuenta de los abusos de don Pedro del Barco, la queja fue hecha el 14 de octubre de 1799. (“....ellos son unos indios miserables y sin embargo se les ha pedido doscientos pesos por los costos de visitas..”)

Al morir don Pedro del Barco, deja como heredero de sus tierras a su hijo don Diego del Barco (tercer dueño de Lalaquiz) y este las vende a don Félix Monzón (cuarto dueño de Lalaquiz), quien después de poco tiempo vende las tierras de Lalaquiz a don Félix León (quinto dueño de Lalaquiz), y este a don Manuel León Salangán (sexto dueño de Lalaquiz), que a su muerte heredan sus hijos: José María, Luz Angélica, María Elena y Rosa Amelia León Otoya (sétimo dueños de Lalaquiz. La familia León Otoya, vivía en Lima y la hacienda era administrada por don Román Palacios Carrasco; cuentan, que, a don Román Palacios se le propuso en venta la hacienda por el valor de treinta mil soles oro, pagaderos en partes y con el mismo dinero que recibía de los arriendos, propuesta que fue rechazada, quien se conformó en continuar como administrador hasta el año 1936.

Después que don Román Palacios Carrasco, renuncia al cargo de administrador, la hacienda fue arrendada por don Marcelino Vásquez Huamán, quien el 28 de mayo de l943 la compra por el valor de setenta mil soles oro, según Escritura Pública, expedida por el Notario Ernesto Velarde Aizcorbe (octavo dueño de Lalaquiz); el total de esta venta fue pagado en remesas anuales que eran llevadas a la familia León Otoya, por los hermanos Eloy y Pablo Castro, que, venían anualmente desde Frías.

Los colonos o arrendatarios que vivían en la Hacienda Lalaquiz, venían siendo objeto de tratos inhumanos, tratados como seres inferiores, enseñanzas dejadas por los españoles; estos colonos con el paso del tiempo se fueron organizando clandestinamente y luego empezaron a luchar por el derecho a vivir, tenencia de la tierra y el futuro de sus hijos; hecho importante que ocurre el 14 de enero de 1951,en donde 180 colonos forman la “Asociación de Colonos de la Hacienda de Lalaquiz”, institución que fue reconocida el 10 de octubre del mismo año, mediante Resolución Ministerial No.287 DT. Alcanzado a través del Oficio No.1226-S.

El 31 de octubre de 1962, después de grandes luchas, sacrificios, persecuciones y juicios se procede a comprar la hacienda por partes:

PRIMERA. El 31 de octubre de l962, mediante Escritura Pública No.2400. fojas 18384, se compró el 50 % de La propiedad a don Marcelino Vásquez Huamán, por el valor de setecientos mil soles ora.

SEGUNDA. El 7 de septiembre de 1963, mediante Escritura Pública No.272, de fojas 797, se compran las Partes correspondientes a: Francisca Vásquez Ramírez de Arrieta y Zulema Vásquez de Guerrero, por el valor de ciento ochenta y siete mil quinientos soles de oro, con aportes de 174 compradores de Tunal, Maray, Papayo y Mayland.

TERCERA. El 5 de junio de 1964, mediante escritura Pública No.580, de fojas l 686 V. se compran las partes correspondientes a: Teobaldo Vásquez Ramírez, Aurora Vásquez Ramírez de Ciccia y hermanos por el valor de quinientos mil soles de oro, con aportes de 369 compradores de Tunal, Maray, Papayo Y Maylnd.

CUARTA. El 17 de junio de 1965, mediante Escritura Pública No.210 de fojas 493, se compra la parte de don Adán Vásquez Ramírez, por el valor de trescientos mil soles de oro, con aportes de 430 compradores de los cuatro sectores.

En total, la hacienda se compró por el valor de S/. 1 687,500.00 Soles Oro ( Un millón seiscientos ochenta y siete mil quinientos); esto quiere decir que el hacendado se sacó la lotería, en 19 años sin haber hecho ninguna mejora en la hacienda, obtuvo una ganancia de S/. 1 617,500.00 Soles de oro ( Un millón seiscientos diecisiete mil quinientos)

En la época de la conquista, los españoles después de repartirse el botín de guerra y de terminar saqueando todo lo que encontraban a su paso, dieron inicio al Repartimiento y las Encomiendas; el Repartimiento consistía en la entrega de las tierras a los españoles para uso y abuso, y las Encomiendas era la entrega que se hacía a los encomenderos de determinadas tierras junto con los naturales que la habitaban; es así, como los españoles usurparon la tierra y esclavizaron al aborigen, convirtiéndose de esta manera en grandes terratenientes; es decir “Sobre las ruinas y los residuos de una economía socialista, echaron las bases de una economía feudal”.

Los españoles y sus descendientes fueron expandiendo sus propiedades, surgiendo de esta manera las grandes haciendas en el Perú; de la misma manera la ambición por extender el dominio de sus territorios, los hacendados apelaban a todos los recursos legales y las autoridades siempre daban la razón al poderoso, cometiendo de esta manera toda clase de abuso y atropello a los aborígenes; surgiendo grandes levantamientos y luchas sociales en todo el país, logrando en el año 1920, que en la CPP se reconozca las Comunidades Campesinas y lo mismo ratificarse en la CPP del año 1933. Esto motivó el interés del campesinado para hacer reconocer sus comunidades y tener nuevamente posesión de sus tierras que le fueron arrebatadas.

En Lalaquiz, las luchas se daban de diferentes formas, el abuso y maltrato que eran objeto los colonos, hizo que surgieran líderes e iniciaran una tenaz lucha en contra del hacendado y la tenencia de la tierra; destacando el mestizo natural de Frías Anselmo Córdova, pequeño de estatura, conocido como el “Manco Córdova” quien llegó a Lalaquiz el año 1925 después de haber tenido una querella con Reinaldo Arambulo; sus afanes revolucionarios hicieron que frente al abuso e injusticias que sufrían los colonos, estos empiecen a organizarse e inicien una lucha; las ideas reivindicativas mueven los cimientos del hacendado y este empieza con mayor fuerza la represión; a medida que las luchas avanzaban, iban surgiendo nuevos líderes como es el caso de Manuel Eugenio Morales Rivera, natural de Llanta (Ayavaca), quien vino a Lalaquiz y vivió en los Ciruelos. Manuel Eugenio Morales Rivera, logra agrupar a la mayoría de los colonos y se profundizan las luchas; las reuniones se hacían en forma clandestina, en las noches y en los campos muy cuidadosamente por que eran perseguidos por el hacendado, la policía y algunas malas autoridades.

El hacendado contrató maleantes y mandó quemar la casa de Manuel E. Morales, con todas sus pertenencias y después fue invitado a la Soccha en ese lugar fue asaltado y masacrado por el Administrador de la Hacienda don Rosas Adán Vásquez, quien en un arranque de ira y odio le quebró el brazo derecho, cuentan que Manuel Morales era muy hábil, en el asalto que le hicieron, de un salto le quito el fusil a un policía, lo malo que no sabía manejarlo y fue vencido; el hacendado lo fue a dejar a Guayaquiles, al otro lado del río y le prohibió tajantemente retornar a Lalaquiz, luego Manuel Eugenio se fue a vivir a Salitral, desde allí venía a Lalaquiz clandestinamente para continuar con la lucha; cuando suceden hechos del cual fue acusado y los colonos habían sentado las bases de la lucha, él decide viajar con su familia a San Ignacio en donde el año 1965 le sorprendió la muerte.

Siguiendo el camino trazado por Anselmo Córdova y Manuel Morales, surgen otros dirigentes como Estanislao Correa Jibaja, Roberto Gonzáles Tamaríz, Educzelio Chinchay Morales, Rosas Neyra Águila, etc. El 14 de enero de 1951 se reúnen 180 colonos en Asamblea Pública y bajo la presidencia del señor Zenón Mejía, acordaron formar la Asociación de Colonos de la Hacienda de Lalaquiz, institución que les permitió luchar por la tenencia de la tierra, la educación de sus hijos y salir de la situación crítica en que vivían, en esta Asamblea salió elegido como presidente de la Asociación, el señor Faustino Palacios Adrianzén, cargo que desempeñó hasta el año de 1968, periodo en que se hicieron todos los negocios y se compró la hacienda a don Marcelino Vásquez Huamán y familia; en este periodo también se gestionaron escuelas y se construyó la carretera de Barrios a Tunal; cuentan que en la apertura de esta trocha, el señor Palemón Vásquez le cortó la mano a Gilberto Cruz Mejía, por un hecho de odio a los laquiceños.

La adquisición de la tierra por los medios legales y por iniciativa propia se cristalizó el l7 de junio de 1965, en donde la Asociación de Colonos de Lalaquiz, compró seis mil seiscientos noventa y tres hectáreas de tierras de la Hacienda de Lalaquiz, comprendiendo los actuales caseríos de Ullma, Maray, Caravelí, Papayo, Lalaguna, Shuturumbe, Santísima Cruz, el Arrayan, Mayland, Yipta, Capasho y el Pueblo de Tunal, por el valor de un millón seiscientos ochenta y siete mil quinientos Soles de oro, para ser repartidas entre quinientos cuarenta y siete compradores.

Para la compra de la hacienda los colonos, de acuerdo a sus posibilidades económicas depositaron dinero a la Tesorería de la Asociación y estos depósitos a las cuentas que tenía la Asociación en el Banco Popular de Piura; sobre los aportes y amortizaciones no existió una prevención y planificación correcta, lo que trajo una desigualdad en la relación hombre-tierra e inclusive en las cuotas de sostenimiento de la institución que eran iguales para todos; además existió el favoritismo entre dirigentes.

Luego de haber comprado la hacienda, se esperó un buen tiempo para la repartición de las tierras a sus compradores, acciones que crearon gran malestar al interior de la institución, la razón estaba en que la dirigencia no tenían una planificación y el personal capacitado para la tasación, valoración y distribución de la tierra; el problema se resuelve al asumir la presidencia don Francisco Huamán Neyra, quien procede a elaborar el “Reglamento de Valorización y Parcelación de las Tierras de Lalaquiz”. La medición, valorización y repartición estuvo a cargo de una Comisión integrada por los propios compradores de los cuatro sectores; para la entrega de la parcela se levantaba un croquis señalando los límites y luego se redactaba un acta firmada por la Comisión y el dueño del predio, posteriormente la Asociación le entregaba un Certificado de Posesión.

En la compra y repartición de las tierras de Lalaquiz hubo desconfianza, desigualdad e injusticia; desconfianza porque algunos jamás creyeron que se iba a comprar la tierra, otros estaban a favor del hacendado y eran conocidos como los traidores de su clase; desigualdad porque algunos que tenían mayores recursos económicos compraron más y el más pobre menos y en algunos caso nada; injusticia porque no hubo igualdad y algunos dirigentes se quedaron con mejores tierras y otros se quedaron con grandes extensiones de tierras sin haber aportado para la compra.

Según el Reglamento de Valorización y Parcelación en su Art.13 dice: “Son tierras comunales, es decir de la Asociación o de la Comunidad en caso de desaparecer esta: A. Tierras reservadas para la vivienda rural; B. Las zonas que no pueden ser aprovechadas por el ganado y que no fueron entregados a los asociados; C. Las tierras reservadas para la comunidad en cada sector”.

De acuerdo con lo estipulado por el Reglamento de Valorización y Parcelación de las Tierras de Lalaquiz y lo establecido por el Decreto Ley No. 17716, Art.27º, se puede determinar la clasificación de las tierras de Lalaquiz:

A. Tierras de cultivo bajo riego 1 500 hectáreas, representando el 22.4 % B. Tierras de cultivo de secan 4 600 hectáreas, representando el 69.0 % C. Tierras de pastos naturales 500 hectáreas, representando el 7.4 % D. Tierras forestales 93 hectáreas, representando el 1.2 %

Sobre el análisis hecho al Art.13º del Reglamento de Valorización y Parcelación de las Tierras de Lalaquiz, se puede determinar que existen 300 hectáreas de tierras comunales que en su mayor parte son terrenos escabrosos y unas 55 hectáreas de tierras para la construcción de viviendas de los compradores de los cuatro sectores. (Tunal, Maray, Papayo y Mayland.

De los testimonios obtenidos de algunas personas de edad dicen que, en la compra de la hacienda no hubo oportunidad al derecho de la tierra en un promedio de 105 familias, a los que se les denominaba “Pisantes”, ellos no eran dueños ni siquiera de sus chozas donde vivían, esto indica que existieron luchas internas.

Si en Lalaquiz se hubiere aplicado una propuesta socialista, cada colono hubiese tenido derecho a 12 hectáreas de tierra; la razón no estuvo en el derecho de igualdad hombre-tierra, sino en el derecho de igualdad dinero-tierra; esto quiere decir cuanto más dinero tenías mas tierras podías comprar, siempre reinaba el pensamiento feudal, asunto que dio lugar a varios cuestionamientos a los dirigentes y separación de otros, en muchos casos algunos asociados se les devolvió sus aportaciones y a otros se les exigió vender sus aportes; así mismo existen 15 familias que tuvieron derecho a un promedio de 150 hectáreas y otros solo a ½ hectárea.

Las 15 familias que lograron “comprar” o tener un promedio de 150 hectáreas, estaban sujetas a expropiación por la Ley de Reforma Agraria, que en su Art.30 y 32 establece para la provincia de Huancabamba, un máximo de 55 hectáreas de tierra bajo riego y de 110 hectáreas de secano; pero sin embargo se desconoce por que no se expropió estas tierras, que hubiere sido entregadas a las 105 familias que no poseían nada.

Retornando al proceso de la lucha por el derecho a la tierra y la libertad de vivir en paz, además de las personas mencionadas, hubo otros que de una forma u otra dieron grandes aportes a la lucha, podemos mencionar a Julio Vegas Mejía, Vicente Mejía Meléndrez, Santiago Neyra García, Lino Humberto Neyra García, Maximiliano Aguirre Guerrero, Antonio Francisco Córdova Cruz, Plácido Morales, Francisco Huamán Neyra, Mateo Huamán Neyra; todos ellos fallecidos y los que aun viven tenemos: Faustino Palacios Adrianzén, Hortensio Correa Mejía, Alfonso Mejía Berrú, Santos Cruz Carranza, José del Carmén Mejía Berrú, Francisco Guerrero, José Concepción Suárez Tamaríz (actual presidente de la Asociación), Pedro Palacios Huamán, Jerónimo Morales, Isac Palacios Adrianzén, Juan Palacios Adrianzén, Seberina Correa García, Vicente Cruz García, Indalecio García Huayama, Félix Flores Tamariz, Ramón Neyra Huamán, Ananás Santos Huamán, Teodocio Huamán García, Palemón Coello Ramírez, Humberto Santos, etc.

Véase también

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