Desaparecidos durante el Proceso de Reorganización Nacional

Desaparecidos durante el Proceso de Reorganización Nacional

Madres de Plaza de Mayo, foto de desaparecidos
Pintada recordando a los estudiantes desaparecidos durante la última dictadura militar.

"Desaparecidos por la dictadura argentina" es el nombre con que se conoce a las personas que fueron víctimas del crimen de desaparición forzada durante el gobierno militar de la Argentina autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983).

Contenido

Definición

La Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas [1], firmada en 1994, lo considera como un delito de lesa humanidad imprescriptible y lo define del siguiente modo:

Se considera desaparición forzada la privación de la libertad a una o más personas, cualquiera que fuere su forma, cometida por agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona, con lo cual se impide el ejercicio de los recursos legales y de las garantías procesales pertinentes.

Contexto

En los años del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), el gobierno formado por la junta militar impulsó la persecución, el secuestro y el asesinato de manera secreta de personas por motivos políticos y religiosos en el marco de lo que se conoce como la Guerra Sucia en Argentina. Esas prácticas eran comunes a todas las dictaduras de América Latina en el marco de la Operación Cóndor en Sudamérica y la Operación Charlie en Centroamérica.

La razón de que un Estado totalitario recurra a este método se debe a su efecto de supresión de todo derecho: al no existir cuerpo del delito se garantiza la impunidad, el desconocimiento impide a los familiares y la sociedad realizar acciones legales, infunde terror en las víctimas y en la sociedad y mantiene separados a los ciudadanos en su accionar frente al Estado. La desaparición es lo que vuelve al opositor un homo sacer, es decir unas personas que pueden ser asesinadas impunemente (Agamben,1998).

La táctica militar de hacer desaparecer a los opositores es un método represivo que se basa fundamentalmente en la producción de desconocimiento. Por eso, saber que pasó, recuperar la memoria y exigir la verdad, se volvieron reclamos principales de las víctimas y de las organizaciones de derechos humanos. Una de las consignas que refleja esta preocupación, cantada en las marchas de protesta contra el gobierno militar, decía: "¡¡Los desaparecidos, que digan donde están!!"

La "desaparición" de personas genera una situación de agravamiento de la represión y las heridas, debido a las dificultades para los familiares de "dar por muerto" a sus seres queridos y eventualmente dar por finalizada la búsqueda de sus restos y la averiguación de lo que realmente les sucedió.

La desaparición de personas como método represivo fue introducida en la Argentina por la escuela militar francesa desde los últimos años de la década del '50, transmitiendo las tácticas militares que habían utilizado y perfeccionado durante la guerra de independencia de Argelia. A partir de la década del '60 se generalizó a través de la Escuela de las Américas.

La influencia del Decreto de Noche y Niebla de Hitler

El sistema de desaparición de personas fue racionalizado por primera vez por el nazismo, a partir del Decreto Noche y Niebla (Decreto Nacht und Nebel) de Hitler, del 7 de diciembre de 1941, cuyo texto fue reconstruido por el Tribunal de Nuremberg. Los ideólogos del nazismo sostenían que el Decreto daba inicio a una "innovación básica" en la organización del Estado: el sistema de desapariciones forzadas.

La orden básica del Decreto de Noche y Niebla de Hitler era:

Los actos de resistencia de la población civil en los países ocupados sólo se castigaran por una corte marcial, cuando: a) había certeza de que se aplicara la pena de muerte y, b) cuando la sentencia se pronunciase dentro de los ocho días posteriores al arresto.

Según palabras textuales de Hitler, el resto de los opositores debían ser detenidos durante "la noche y la niebla" (por el Decreto Nacht und Nebel) y llevados clandestinamente a Alemania sin dar otra información que el hecho de su detención.

Entre los fundamentos del Decreto se explica que:

El efecto de disuasión de estas medidas... radica en que: a) permite la desaparición de los acusados sin dejar rastro y, b) que ninguna información puede ser difundida acerca de su paradero o destino.

El texto reconstruido precisa que:

Una intimidación efectiva y duradera solo se logra por penas de muerte o por medidas que mantengan a los familiares y a la población en la incertidumbre sobre la suerte del reo” y "por la misma razón, la entrega del cuerpo para su entierro en su lugar de origen, no es aconsejable, porque el lugar del entierro podrá ser utilizado para manifestaciones... A través de la diseminación de tal terror toda disposición de resistencia entre el pueblo, será eliminada.[1]

Las técnicas nazis de terrorismo de Estado, procesadas a través de la doctrina de la contrainsurgencia fueron aprendidas por los militares argentinos en primer lugar a través de la escuela francesa que estaba instalada como cuerpo docente permanente del la Escuela Superior de Guerra de Argentina, desde fines de la década de 1950[2] y luego de la Escuela de las Américas.

Un camionero testigo de los vuelos de la muerte declaró que le preguntó a un militar sobre el destino de los cadáveres que traía, y este contestó: “Van a la niebla de ninguna parte”.[3]

Práctica de la desaparición forzada de personas

El propio general Videla argumentaba en un reportaje realizado por la periodista María Seoane:

No, no se podía fusilar. Pongamos un número, pongamos cinco mil. La sociedad argentina, cambiante, traicionera, no se hubiere bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil, 10 mil, 30 mil. No había otra manera. Había que desaparecerlos. Es lo que enseñaban los manuales de la represión en Argelia, en Vietnam. Estuvimos todos de acuerdo. ¿Dar a conocer dónde están los restos? Pero ¿qué es lo que podíamos señalar? ¿El mar, el Río de la Plata, el Riachuelo? Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas. Pero luego se planteó: si se dan por muertos, enseguida vienen las preguntas que no se pueden responder: quién mató, dónde, cómo.[4]

Decía el general Videla en la televisión norteamericana el 14 de septiembre de 1977:

Debemos aceptar como una realidad que en la Argentina hay personas desaparecidas. El problema no está en asegurar o negar esa realidad, sino en saber las razones por las cuales estas personas han desaparecido. Hay varias razones esenciales: han desaparecido por pasar a la clandestinidad y sumarse a la subversión; han desaparecido porque la subversión las eliminó por considerarlas traidoras a su causa; han desaparecido porque en un enfrentamiento, donde ha habido incendios y explosiones, el cadáver fue mutilado hasta resultar irreconocible. Y acepto que puede haber desaparecidos por excesos cometidos durante la represión. Esta es nuestra responsabilidad; las otras alternativas no las gobernamos nosotros. Y es de esta última de la que nos hacemos responsables: el gobierno ha puesto su mayor empeño para evitar que esos casos puedan repetirse.

Existe también una histórica declaración de Videla, transcrita por Clarín el 14 de diciembre de 1979:.

¿Qué es un desaparecido? En cuanto éste como tal, es una incógnita el desaparecido. Si reapareciera tendría un tratamiento X, y si la desaparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento tendría un tratamiento Z. Pero mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está, ni muerto ni vivo, está desaparecido. (oír grabación)

Los operativos de detención eran realizados comúnmente por militares o paramilitares fuertemente armados que se movían en automóviles en grupos de entre cuatro o cinco personas. Previamente, acordaban con las fuerzas de seguridad la liberación de la zona donde iban a actuar. Atrapaban a las víctimas en la calle, en bares, cines, en sus casas o en el lugar donde se encontraran en ese momento.

Una vez detenidos eran trasladados a un centro clandestino de detención (se estima que funcionaron hasta 610[5] ) donde se los interrogaba mediante un régimen de tortura sistemática. Finalmente, en la mayoría de los casos, fueron asesinados y sus cuerpos hechos desaparecer mediante los denominados vuelos de la muerte, sepultados en fosas comunes, o como N.N.

Durante los primeros años, si bien los medios habían pactado no dar información sobre lo que estaba ocurriendo, a veces se publicaban noticias sobre la detención de personas o la aparición de cadáveres.

Habrían sido secuestradas tres personas en la ciudad de Luján. Además, habrían sido violados los domicilios del abogado Raúl Castro y del estudiante José Luis Caldú. Los hechos habríanse perpetrado entre las 21 del martes y las 3 del miércoles por un grupo de entre 10 y 12 desconocidos que se identificaron como integrantes de un grupo comando.[6]
Aparecen tres cuerpos en la costa uruguaya del Río de la Plata, frente a la ciudad de Juan Lacaze. Estaban atados de pies y manos y con signos de haber sido torturados y golpeados. Se han hallado 17 desde el 22 de abril, generalmente mutilados y desnudos.[7]
Es secuestrada una joven frente a la Facultad de Ciencias Médicas de La Plata, cuando se hallaba con otras muchas personas esperando el microómnibus en la parada de Paseo del Bosque.

En esa oportunidad descendieron de un automóvil Torino tres de sus cuatro ocupantes, quienes tomaron a la muchacha. Esta comenzó a dar gritos de auxilio y alcanzó a asirse de una columna de alumbrado público. Varios de los que presenciaban la escena se aprestaron a intervenir, ante lo cual los tres secuestradores los amedrentaron, extrayendo armas de fuego y efectuando varios tiros al aire. Seguidamente introdujeron a la chica en el vehículo y partieron velozmente.

En el lugar, según algunos testigos, se le cayó a uno de los secuestradores una credencial de suboficial de policía, que posteriormente fue entregada a las autoridades para la verificación de su autenticidad.

Las detenciones las llevaban a cabo las fuerzas militares y policiales, a veces con colaboración activa de funcionarios civiles o de las autoridades de las empresas, colegios o universidades a las que pertenecían las víctimas. Ningún organismo brindaba información sobre el paradero de las víctimas a los familiares. Los jueces no deban curso a los habeas corpus presentados y en muchos casos, los abogados que presentaban esos recursos resultaban ellos mismos desaparecidos.

Número de víctimas

Marcha con fotos de desaparecidos durante el trigésimo aniversario del golpe de Estado de 1976

Según la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), creada al final de la dictadura por el gobierno constitucional de Raúl Alfonsín, el número de desaparecidos —de acuerdo a la cantidad de denuncias judiciales presentadas por víctimas y familiares— es de 8.961 personas [2], pero grupos defensores de los derechos humanos como las Madres de Plaza de Mayo y el Servicio Paz y Justicia, estiman que hubo 30.000 desaparecidos. Un informe de la inteligencia chilena estimaba el número de desaparecidos en 22.000 personas en 1978, según un informe de los EEUU [3]. Hasta 2003 la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación Argentina tenía registrados 13.000 casos [4].

El Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas", CONADEP, pone de manifiesto que la mayoría de las víctimas eran jóvenes menores de 35 años, de profesión obrero o estudiante, y que fueron detenidos preferentemente en su domicilio durante la noche.

Ver detalle: estadísticas de la CONADEP sobre las detenciones.

Procesos judiciales en el exterior

Durante más de 25 años las leyes de impunidad, como las de Obediencia Debida y Punto final impedían en Argentina llevar ante los tribunales penales a los acusados de delitos de secuestros, desaparición forzada, torturas, asesinatos en los años de la dictadura militar. Por este motivo, los organismos de derechos humanos y de familiares de los desaparecidos buscaron ayuda en el exterior, para alcanzar la verdad y la justicia. Desde 1985 se abrieron procesos judiciales en Italia, por los ciudadanos de origen italiano desaparecidos en Argentina. El primer juicio concluyó en Roma el 6 de diciembre del 2000 con la condena a cadena perpetua de los generales Carlos Guillermo Suárez Mason y Omar Riveros. En ese juicio el Tribunal de Roma también condenó a 24 años de cárcel a Juan Carlos Gerardi, José Luis Porchetto, Alejandro Puertas, Héctor Oscar Maldonado y Roberto Julio Rossin, culpables del delito de homicidio en el caso de Martino Mastinu.

También en Francia se desarrolló un juicio contra la dictadura argentina, por el secuestro y asesinato de dos monjas ciudadanas de ese país. En este juicio se sentenció al Teniente de Fragata Alfredo Astiz, alias "Ángel de la Muerte", a prisión perpétua. Años después también se presentaron denuncias penales contra miembros de la dictadura militar Argentina en España, Alemania, Suiza y Suecia. En España los juicios empezaron en 1996 y después de más de 8 años determinaron el 19.04.05 la sentencia a prisión perpetua del ex capitán de fragata Adolfo Francisco Scilingo, quien había descrito en argentino los vuelos de la muerte..

En Alemania el 11 de julio del 2001, el Tribunal de Nuremberg emitió órdenes de captura internacional contra el general Carlos Guillermo Suárez Mason por su responsabilidad en el asesinato de la socióloga alemana Elisabeth Kaesemann en mayo de 1977 en Buenos Aires. Más tarde, el 21 de diciembre de 2001 el mismo Tribunal de Núremberg emitió órdenes de captura contra el Almirante Emilio Eduardo Massera, el Coronel Pedro Alberto Durán Saenz, y el General Juan Bautista Sasiain, por sus responsabilidades en el asesinato de Elisabeth Kaesemann. Los pedidos de extradición a Alemania de estos acusados fueron rechazados por el poder judicial de Argentina. El 28 de noviembre del 2003, a pedido de la Fiscalía de Nuremberg, el Tribunal de esa ciudad emitió órdenes de captura contra el ex Presidente de la Junta Militar Jorge Rafael Videla, el ex Almirante Emilio Eduardo Massera, también integrante de la Junta de Gobierno de la dictadura militar, y el ex General Carlos Guillermo Suárez Mason, por su responsabilidad en los homicidios de los ciudadanos alemanes Elisabeth Käsemann y Claus Zieschank, en Argentina.

Los juicios en Europa cumplieron un importante rol de presión al poder judicial y al gobierno argentino, que finalmente, tras casi 30 años después del Golpe de Estado, anularon las leyes de impunidad, para juzgar en el propio país a los acusados por los delitos de derechos humanos durante la época de la dictadura militar, y así evitar tener que extraditarlos al exterior, como o venían reclamando tribunales de España, Italia, Francia y Alemania.

Procesos de reparación

24 de Marzo de 2006, a 30 años del golpe de estado, todavía hay muchos familiares siguen sin saber qué fue de ellos, y grupos como Abuelas de Plaza de Mayo y Madres de Plaza de Mayo se dedican a buscar a sus nietos, hijos de desaparecidos, que fueron robados y criados por otras familias, en muchos casos, de los mismos militares que torturaban a sus padres.

El 4 de Agosto de 2006 se condenó por primera vez a un responsable directo de las desapariciones. Se trata del ex suboficial de la Policía Federal Argentina Julio Simón, también conocido como "Turco Julián", que fue condenado a 25 años de prisión [5]. Simón había sido beneficiado por la Ley de Punto Final y la Ley de Obediencia Debida, las cuales evitaron el inicio de juicios a ex represores.

Impacto en la cultura

Numerosas obras artísticas han tomado como tema central la desaparición forzada de personas en Argentina. A continuación se realiza una breve lista de algunas de las más destacadas:

Otras obras artísticas mencionan la desaparición forzada en otros lugares del mundo.

  • They Dance Alone (1988), canción escrita por el músico británico Sting, centrada principalmente en las madres de los desaparecidos chilenos.
  • Desapariciones (1984), escrita por el músico panameño Rubén Blades, la canción no referencia puntualmente a la situación política/geográfica, fue escrita en referencia a los casos de desapariciones en Panamá, pero fue interpretada por la banda argentina Los Fabulosos Cadillacs con enorme éxito.

Referencia

  1. Dieterich, Heinz (2003). Chile y la "innovación básica" del Fuehrer, Rebelión
  2. Robin s.a.; Balza 2005
  3. El País, 1 de enero de 2006
  4. Seoane, María (2001), El dictador, Buenos Aires: Sudamericana, pag. 215
  5. (Seoane 2001, 227/228)
  6. La Razón, viernes 12 de marzo de 1976
  7. La Prensa, martes 7 de septiembre de 1976
  8. Diario La Razón, 26 de septiembre de 1976. La joven fue identificada ex post como Marlene Katherine Kegler, 22 anos, estudiante de medicina, desaparecida el 24/9/76
  9. Dinosaurios, Charly García, Clics Modernos (letra de la canción)
  10. Los libros que la dictadura militar no pudo destruir, La Capital, 14 de marzo de 2004

Bibliografía

  • Agamben, Giorgio (1998). Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida. Valencia: Pre-Textos. 84-8191-206-9.
  • Dieterich, Heinz (2003). «Chile y la "innovación básica" del Fuehrer» Rebelión[6].
  • Lázara, Simón (1987). «Desaparición forzada de personas, Doctrina de la seguridad nacional y la influencia de los factores económico-sociales», Crimen contra la Humanidad. Buenos Aires: Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.
  • Robin, Marie-Monique (s.a.). «La escuela francesa, Entrevista realizada por Raúl Favella y Silvia Rodulfo» Argenpress[7] consultado 2 de abril de 2006.
  • Balza, Martín Antonio (2005). «Memorias de un general retirado» II Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo[8]. consultado 14 de abril de 2006

Véase también

Enlaces externos

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