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Cuenca del Orinoco

Cuenca del Orinoco

Cuenca del Orinoco

Artículo bueno

El Orinoco es uno de los ríos más importantes del mundo, no tanto por su longitud y caudal (2140 km y algo más de 30.000 m³/s), ni por la extensión de su cuenca (un millón de km²); ni siquiera por las peculiaridades que encierra, sino por su importancia histórica y económica y la significación que ha tenido para Venezuela, país en el que se extiende la mayor parte de su cuenca, con casi las dos terceras partes de la misma. Es probablemente el río más caudaloso del mundo con relación a su cuenca, similar en extensión a la del Danubio, pero con un caudal que triplica al de este último río.

No creo que se sepa en el mundo de río tan grande y tan fondo

Contenido

Geografía física

La cuenca del río Orinoco sintetiza las tres grandes formas de relieve que existen en la naturaleza: macizos antiguos y escudos por un lado, cordilleras de levantamiento reciente (es decir, del Terciario) por el otro, y depresiones tectónicas y cuencas o llanuras de acumulación, en tercer lugar. Cada una de estas formas del relieve tiene sus características propias, pero también sus semejanzas con regiones naturales similares de otras partes del mundo. Para un país cualquiera, en especial en la zona intertropical, representa una gran ventaja ecológica y económica tener representadas en su territorio estas tres formas del relieve. En toda América, sólo Canadá y los Estados Unidos además de Venezuela y Colombia, que en su territorio tiene una parte reducida del escudo guayanés, presentan una disposición geológica similar.

Para definir la cuenca del Orinoco como una región natural, es necesario establecer las características geográficas que la definen, como son la extensión, el relieve, el clima, la hidrografía, la vegetación, los suelos, y los recursos minerales, temas que se presentan a continuación, de manera resumida.

Extensión

La cuenca del Orinoco tiene una superficie de casi 989.000 km², de los que 643.480 km², es decir, algo más del 65%, quedan en territorio venezolano, mientras que el 35% restante queda en territorio colombiano, en los Llanos colombianos y la vertiente oriental de la Cordillera Oriental de Colombia, un tramo de la gran Cordillera de los Andes. Esta región colombiana recibe el nombre de Orinoquía. De la parte localizada en Venezuela, algo más de la mitad se extiende desde los Andes venezolanos y la Cordillera de la Costa hasta la ribera noroccidental del propio río Orinoco (la margen izquierda), formando la mayor parte de los Llanos venezolanos y el delta del Orinoco. La parte sur de la cuenca recoge la mayor parte de las aguas que proceden de la Guayana Venezolana.

Relieve

La cima del Roraima, el tepuy más elevado de la Guayana venezolana. Las curiosas formas han sido producidas por la erosión.

Desde el nacimiento del Orinoco en el cerro Delgado Chalbaud (1047 msnm) hasta su desembocadura, el Orinoco describe un gran arco y su cuenca se extiende como un abanico, razón por la cual la parte noroccidental de la cuenca es algo más extensa que la sudoriental. Como ya se ha indicado, las dos subregiones de la cuenca tienen caracteres bastante distintos, debido a las diferencias en cuanto a su constitución geológica. La máxima altura de la cuenca se encuentra en la Sierra Nevada del Cocuy, en Colombia (más de 5.000 msnm), la cual forma parte de la Cordillera Oriental de los Andes de Colombia.

El borde noroeste de la cuenca estaría formado por las vertientes andinas colombo-venezolanas y las laderas meridionales de otros relieves montañosos del norte de Venezuela, mientras que el borde meridional de la cuenca estaría marcado, en su mayor parte, por la divisoria de aguas entre el Orinoco y el Amazonas, la cual está ubicada sobre el macizo guayanés. Entre ambos bordes se extienden la Guayana Venezolana en la margen derecha del Orinoco y los Llanos, tanto colombianos como venezolanos, en la margen izquierda. Como vemos, el propio río Orinoco marca nítidamente el límite natural entre estas dos regiones; podría decirse que el Orinoco es una de las fronteras naturales más notables que existen en el mundo, aunque este hecho tiene una sencilla explicación: los ríos llaneros tienen una pendiente escasa y han ido construyendo durante millones de años una llanura de acumulación con los sedimentos que acarrean desde las cordilleras donde nacen. Y son estos sedimentos los que empujan el cauce del Orinoco contra el propio escudo guayanés. La Guayana venezolana constituye, al contrario que los Llanos, una superficie de erosión. De la combinación de estas dos fuerzas que modifican el relieve, una constructiva, la sedimentación y otra destructiva, la erosión, surge la situación actual en la que el río marca el límite entre las dos regiones. Este límite presenta algunas excepciones ya que, en algunos trechos pueden verse cerros redondeados de origen granítico (y que, por lo tanto, son relieves guayaneses) en la margen izquierda del Orinoco, es decir, en el borde de los Llanos. Frente a Ciudad Bolívar puede verse, sobre todo en la época de aguas bajas, uno de estos cerros redondeados de granito en el propio centro del río: se trata de la Piedra del Medio, donde pueden verse los distintos niveles alcanzados habitualmente por las aguas del río, expresados en la distinta coloración del granito, lo cual explica el valor de esta isla granítica como "nilómetro", según expresión del propio Alejandro de Humboldt. Las areniscas de la Guayana venezolana (de la Formación Roraima) se han venido transformando en arena por la erosión que, aunque nunca fue muy intensa por la extraordinaria resistencia de las rocas, sí ha sido muy duradera (más de 1000 millones de años), por lo cual la cobertura sedimentaria ha venido transformándose en un relieve invertido que forma los tepuyes. Más aún, de no ser por el hecho de que el Macizo Guayanés ha venido sufriendo un lento y largo movimiento de ascenso, en la época actual ya se habría convertido en una penillanura en la que casi toda la cobertura sedimentaria de areniscas habría desaparecido. Las arenas procedentes de este proceso erosivo han venido depositándose en la margen izquierda del río, sobre todo en los Llanos Bajos del estado Apure, entre los ríos Meta y el propio Apure. No se depositaron en la orilla derecha porque allí el relieve es más alto. Y estas arenas podrían convertirse a lo largo de millones de años en estratos de areniscas que también podrían llegar a convertirse al elevarse y rejuvenecerse el relieve en mesetas similares a las que ahora existen en Guayana. Sería así una especie de ejemplo de la teoría del Ciclo de erosión de William Morris Davis, aunque es justo señalar que esta teoría dista mucho de tener una aceptación general en el mundo científico.

A su vez, estas arenas han venido a crear un ecosistema único en el mundo: un extenso campo de dunas (ocupa unos 30.000 km²) que tiene la particularidad de que no se trata de un clima desértico sino de un clima de sabana en un paisaje de pastos naturales que se alternan con algunas selvas de galería, ríos caudalosos y médanos de más de 100 km de longitud y hasta 20 m de altura. Algunos de estos médanos son utilizados por los llaneros para establecer en ellos las queseras, con lo que, además de procesar parte de la leche, se va preparando a un grupo de reses para que vayan al frente de la manada (lo que en los Llanos se denomina la madrina del rebaño). También sirven para que el ganado se refugie de las inundaciones. Así pues, este ecosistema tan curioso y pintoresco, es el resultado del modelado eólico en un clima de sabana. No se trata, como se señala en el Atlas de Venezuela. Una imagen espacial (conocido también como el Atlas de Pedevesa ([3] ), de un ecosistema de "paleodunas" formado en un ambiente con un clima mucho más seco que el actual, sino de un mecanismo de formación de dunas que actúa sólo durante la época de sequía ya que, al bajar el nivel de las aguas del Orinoco por el estiaje de los ríos, especialmente de los que proceden de los Llanos, se quedan unas extensas playas de arena muy fina, que los vientos alisios muy pronto van trasladando hacia el sureste formando lo que ahora constituye el Parque Nacional Santos Luzardo, nombre tomado de uno de los personajes principales de la novela de Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos. Una parte de este paisaje se puede ver en las imágenes satelitales de WikiMapia: [1] y [2].

Clima

Climograma de Ciudad Bolívar. Las lluvias se indican en mm y las temperaturas en °C.

En toda la extensión de la cuenca del Orinoco los climas son isotermos, es decir, climas con escasas variaciones de temperatura a lo largo del año (la diferencia entre la temperatura media de los meses más y menos cálidos es de apenas 3 °C), como corresponde a la zona intertropical. Se distinguen de manera bastante nítida cinco grandes tipos de clima en las zonas bajas (hasta los 800 msnm aproximadamente, según las consideraciones de Antonio W. Goldbrunner) que son el clima de selva (Af en la clasificación de Köppen) y el de sabana (Aw en la misma clasificación climática). Está en discusión si existe un clima monzónico (según la nomenclatura de Köppen). En todo caso, la existencia de este clima se reduciría a la costa atlántica del delta del Orinoco, donde actúa la influencia de la corriente ecuatorial del norte (que aquí es prácticamente una corriente de deriva litoral) para hacer que las lluvias sean mucho más importantes en toda la costa común a las Guayanas y a Venezuela, pero que disminuyen bruscamente en Venezuela al avanzar tierra adentro. En las altitudes mayores se pueden distinguir cuatro o cinco pisos térmicos, climáticos, bióticos o ecológicos según criterios usados por distintos autores y el interés de los mismos en cuanto a su campo de investigación. Las temperaturas tienen una amplitud anual muy escasa (unos 3 °C o menos), aunque su amplitud diaria es mucho mayor y ronda en torno a los 10 °C. Las precipitaciones son elevadas, especialmente en la Guayana Venezolana, donde se llega a unos valores muy altos (4.000 mm o más) en algunas zonas bastante extensas. En Los Llanos, la pluviosidad es bastante menor (1.500 a 2.000 mm, con una elevación de este monto hacia el piedemonte de los Andes) y da origen a la presencia de una vegetación de sabana, con selvas de galería junto a los ríos, y en el piedemonte andino, bosques tropófilos, los cuales pierden gran parte de sus hojas durante la estación de sequía. En el gráfico climático de Ciudad Bolívar pueden verse el comportamiento de las lluvias (línea azul) y el de las temperaturas (línea roja). El sombreado en amarillo indica la estación o época de sequía (déficit de precipitaciones, según el índice xerotérmico de Gaussen). Sin embargo, el clima de Ciudad Bolívar no es representativo de toda la cuenca del Orinoco, sino que más bien constituye una anomalía, en el sentido de que, por razones de su ubicación con respecto a los vientos dominantes (por la acción de las montañas del noreste de Venezuela y de las mesetas del sureste) y el encontrarse esta ciudad algo alejada del mar (la influencia de la pluviosidad de la corriente de deriva litoral en las costas atlánticas venezolanas), las precipitaciones son bastante menores que lo que deberían ser.

Hidrografía

Confluencia del Caroní en el Orinoco, cuyas aguas se distinguen por la distinta coloración, más blancas en el Orinoco (al fondo) y más oscuras en primer término (aguas del Caroní). La distinta anchura de las franjas es un efecto óptico por la distancia, siendo la del Orinoco mucho mayor.
Unión de las aguas del Orinoco con el Caroní, al fondo. Pueden verse las dos franjas por la distinta coloración de los dos ríos.

El Orinoco, con sus afluentes, constituye una extensa red hidrográfica con ríos muy caudalosos y de longitud considerable. De toda su cuenca, el afluente de mayor longitud es el Guaviare, más largo (unos 1550 km) que el propio Orinoco en el punto de su confluencia, mientras que el más caudaloso es el Caroní. Muchos de sus afluentes son ríos navegables, especialmente, los de la margen izquierda, que proceden de los Llanos, tanto colombianos como venezolanos,[4] mientras que los ríos guayaneses (afluentes por la margen derecha) son más caudalosos pero con saltos y raudales, que los hacen muy útiles en la producción de energía hidroeléctrica, pero sin aprovechamiento como vías de navegación, si exceptuamos algunos tramos muy breves. Presenta numerosas islas, tanto rocosas (relieves de erosión) como sedimentarias (arenas y otros sedimentos), así como muchos caños o brazos, meandros abandonados y lagos en herradura.

Los principales afluentes por la margen derecha son el Manaviche, Ocamo, Padamo (con su afluente el Matacuni por su margen izquierda), el Cunucunuma, el Ventuari (río muy caudaloso, con su afluente el Manapiare, por la derecha), el Sipapo (con sus afluentes el Autana y el Cuao, ambos por la derecha), el Samariapo, el Parguaza (con varios afluentes con un curioso drenaje en bayoneta), el Suapure, el Cuchivero (con su afluente el Guaniamo, por la margen izquierda, río donde se ha venido explotando el oro desde hace mucho tiempo), el Caura (con su afluente Erebato por su margen izquierda), río muy caudaloso[5] y con uno de los saltos más notables de la Guayana (no tanto por su altura sino por el caudal), el salto Pará, el Aro y, por último, el Caroní con su afluente el Paragua, represados ambos ríos en el Cañón de Necoima o Necuima, en una presa con fines hidroeléctricos de más de 200 m de altura que origina un embalse, el lago de Guri, con más de 4.000 km² de superficie y una producción de unos 10 millones de kW/hora, lo cual lo define como uno de los ríos más valiosos y productivos del mundo: hasta los momentos, la producción de la central hidroeléctrica de Guri sólo es superada por la central hidroeléctrica de Itaipú, en el río Paraná. En la cuenca del río Cuao se encuentra (si exceptuamos las lagunas alargadas o en herradura que forman algunos meandros abandonados) la única laguna de la cuenca: la laguna del rey Leopoldo, llamada así porque se descubrió durante una expedición patrocinada por el rey Leopoldo III de Bélgica hace algo más de 50 años (actualmente es muy fácil observarla a través de programas con imágenes de satélite, generalmente de acceso gratuito en Internet). Esta laguna tiene unos 400 m de longitud por 270 de anchura, aproximadamente ([3]). Es la única laguna existente en la Guayana venezolana, lo que confirma el carácter irregular del relieve de dicha región natural, poco favorable para ellas, y que contradice también el mito del siglo XVI, de la existencia de un enorme lago (el lago de Parima) del cual nacían, supuestamente, los ríos Orinoco y Amazonas, con casi todos sus afluentes.

Por la margen izquierda se puede citar al Mavaca, el caso único en el mundo del Casiquiare (que no es un afluente sino, por el contrario, un efluente, es decir, una derivación del Orinoco que drena sus aguas hacia la cuenca del Amazonas a través del río Negro), el Atabapo, los cuatro ríos que proceden del territorio colombiano, que son el Guaviare (con su afluente el Inírida), el Vichada, el Tomo y el Meta. Y de nuevo en territorio venezolano, los ríos apureños al norte del Meta: el Cinaruco, Capanaparo, Arauca y Apure, este último con numerosos afluentes por su margen izquierda reunidos en dos grandes ríos, el Portuguesa y el Guárico. Y algunos ríos también llaneros de menor importancia y caudal, como el Manapire, Iguana, Zuata y Pao. Por último, al Caño Manamo van a desembocar, ya en el delta del Orinoco, el Tigre con su afluente por su margen derecha, el Morichal Largo, y el Guanipa con su afluente por su margen izquierda, el Amana.

Cada uno de los afluentes nombrados del río Orinoco merecería un estudio más detallado. Asimismo, algunos problemas escasamente investigados, como la diferente coloración de las aguas de dichos afluentes tal como se ve en la imagen, el fenómeno de la falta de nubosidad durante las mañanas en los ríos más caudalosos (fenómeno que está someramente explicado en los artículos sobre la Guayana Venezolana, en el del río Amazonas, y, sobre todo, en el artículo sobre la diatermancia), la gran extensión de dunas o médanos en el estado Apure, la cual está ubicada entre los ríos Cinaruco, Capanaparo, Arauca y el propio Apure, la comparación del caudal entre los distintos afluentes y entre el Guaviare y el propio Orinoco y otros, son también temas que merecen tratamiento aparte, algo más detallado que el que se incluye más adelante en el estudio documental de la cuenca del gran río colombo-venezolano.

Vegetación

Matapalo o higuerote mostrando en una abertura parte del tronco del árbol sobre el cual se apoyó. Parque del Este, Caracas, Venezuela.

En la parte guayanesa de la cuenca del Orinoco predominan las selvas ecuatoriales, caracterizadas por la existencia de varios niveles de árboles de muy variadas especies, consecuencia de una elevada competencia por conseguir una dotación suficiente de rayos solares.

Esta lucha por la luz solar está ejemplificada por la presencia de matapalos, árboles que tienen originalmente un tallo rastrero que usan para apoyarse en torno a un árbol de gran tamaño con el fin de alcanzar la luz solar. Cuando llegan a superar el techo vegetal y se incrementa la función de la fotosíntesis comienzan a crecer estrangulando al árbol sobre el que se habían apoyado (además de que le obstruyen la luz solar). Los matapalos más frecuentes pertenecen al género Ficus, como es el caso del Ficus elastica, también llamado higuerote o simplemente "mata de caucho" (distinta del caucho hevea o Hevea brasiliensis, de donde se obtiene el caucho natural). La nota peculiar de estas selvas es la extraordinaria variedad de la vegetación: muchísimas especies vegetales por hectárea, pero pocos ejemplares de cada una en esa superficie. La otra nota distintiva es la enorme producción anual de biomasa: unas 500 t/año/ha, contra unas 300 en los bosques de coníferas de la zona de taiga en el hemisferio norte, en las condiciones más favorables. Y es esa extraordinaria diversidad lo que la hace el tipo de vegetación más útil que existe, especialmente por sus posibilidades y por la producción de oxígeno, aunque resulta una limitación en lo que se refiere a su explotación comercial.

Las selvas de la zona intertropical constituyen el mayor pulmón vegetal del planeta ya que todos los vegetales necesitan absorber una enorme cantidad de agua y CO2 para producir, a través de la fotosíntesis, los hidratos de carbono (o carbohidratos) que necesitan para su crecimiento, pero dejan también una enorme cantidad de oxígeno libre que usan los animales para su respiración. A muy largo plazo, el balance entre producción y consumo tanto de oxígeno como de CO2 tiende a mantenerse equilibrado, de acuerdo con el principio de Lavoisier que se refiere a que la materia no se crea ni se destruye, sino que solamente se transforma. Pero durante millones de años (desde la Era Primaria, cuando aparecieron las primeras especies vegetales en nuestro planeta) se ha ido acumulando una enorme cantidad de biomasa sobre la superficie terrestre (y también en el subsuelo en forma de hidrocarburos), en la que suele existir una estrecha correspondencia entre producción y consumo que fluctúa a través del tiempo en un proceso de equilibrio. Ello significa que, en su conjunto, el balance entre producción y consumo, tanto de oxígeno como de anhídrido carbónico, sigue un eterno proceso de retroalimentación que es el responsable de alcanzar en un momento dado, una situación de clímax, concepto que necesitará, con el tiempo, ser revisado. No debemos olvidar que, en la naturaleza, el número de productores (vegetales) es mucho mayor que el de consumidores (animales).

Desde luego, esto no significa que se pueda seguir expoliando el medio geográfico (suelos, vegetación, fauna, producción de contaminantes) sin restricciones hasta llegar a situaciones irreversibles. Por otra parte, hay que tener en cuenta que los problemas ecológicos varían mucho a escala local o regional: lo que puede ser una situación de equilibrio a escala global no significa que no existan problemas en otras escalas. Lo que hay que tener en cuenta es que la capacidad de regeneración y de restauración del equilibrio perdido en la vegetación de la zona intertropical, por una parte, es mucho mayor de lo que la gente (incluyendo los científicos) supone y, por otra parte que, en forma paralela a los procesos de desertificación por el mal manejo del medio ambiente y por el agotamiento de muchos recursos naturales, existe un avance continuado en el aprovechamiento y rescate para la reforestación y para el cultivo de zonas antes incultas e improductivas que ha dado origen a una superproducción en muchos órdenes en lo que se refiere a los alimentos, en especial, en la zona intertropical.

Por otra parte, el uso de la enorme cantidad de especies vegetales para la obtención de productos medicinales tiene una enorme potencialidad, que sólo se irá ampliando en la medida que se vaya conociendo mejor. La bebida conocida como Amargo de Angostura, por ejemplo, constituye un ejemplo de el desarrollo de un tónico que resultó muy útil desde el siglo XIX ya que, aunque con una composición creada por Johann Gottlieb Benjamin Siegert, y que siempre se guardó en el mayor secreto hasta nuestros días, se sabe que contenía entre sus ingredientes quina (de ahí el sabor amargo) y sarrapia, vegetales cuyos principios medicinales están perfectamente comprobados desde hace más de tres siglos.

Además de la vegetación de selva ecuatorial, en la parte de los Llanos, que comparten Venezuela y Colombia, predominan las sabanas, praderas de pastos estacionales, con selvas de galería, matas (pequeñas agrupaciones aisladas de árboles) y esteros con palmeras (palma llanera, especialmente), etc.

Fauna

Perezoso (Bradypus trydactilus) en la Plaza Bolívar de El Hatillo, cerca de Caracas.

La fauna de la cuenca del Orinoco es muy rica en especies, principalmente en cuanto a aves se refiere. Los Llanos del Orinoco constituyen una de las zonas más ricas del mundo en este sentido y, literalmente, como se señala en libros con excelentes fotografías y en folletos turísticos, Venezuela es un paraíso de aves: garzas, corocoros, flamencos, ocas del Orinoco, loros, guacamayas y tucanes, aves de presa y muchos otras especies son muy abundantes en los Llanos.[6] El Orinoco y sus afluentes también tienen una gran variedad de especies acuáticas, como el delfín del Orinoco (que en el lenguaje popular recibe el nombre de "tonina"), el manatí o sirena del Orinoco, el perro de agua y otros los mamíferos. Entre los reptiles están la anaconda, la tortuga con dos variedades típicas de la Guayana, la arrau y la matamata (Chelidae fimbriatus), esta última de un aspecto sumamente extraño, tal como la presentó en una fotografía Volkmar Vareschi en su obra de 1959,[7] los caimanes, las babas (similares a los caimanes, pero de menor tamaño) y otras especies. También existen más de 300 especies de peces identificadas en el río Orinoco, muchas de gran interés económico, como el valentón o lau-lau (que es una especie de bagre que alcanza más de dos metros de longitud y es de carne muy apreciada), la curvinata, la palometa, la zapoara, la cachama, el caribe (Pigocentrus cariba) y muchas otras especies, algunas de las cuales se están criando en lagunas o en los propios ríos.[8] La pesca fluvial sobrepasó las 37.000 t en 1994 en el territorio venezolano de la cuenca del Orinoco, de las cuales más de 15.000 t procedían del Estado Apure,[9] sin incluir las capturas realizadas en el Estado Delta Amacuro, porque parte de las mismas se obtienen en el océano Atlántico o en el propio delta pero con peces de origen marino, que entran en los innumerables caños durante el fenómeno del macareo. Los animales acuáticos son más abundantes en el propio Orinoco y en los afluentes de la margen izquierda que en los afluentes guayaneses del gran río (es decir, los afluentes de la margen derecha). Los monos aulladores (araguatos) abundan en las llamadas "matas" de los Llanos (áreas de selva en los lugares más húmedos de la sabana). La danta o tapir, el oso hormiguero, la pereza (o perezoso), que se alimenta en los árboles conocidos como yagrumos y ceibas, el chigüire (el roedor de mayor tamaño del mundo, que en Brasil recibe el nombre de capibara) y muchas otras especies también abundan en la cuenca del Orinoco.

Suelos

Los suelos en casi toda la cuenca del Orinoco son bastante pobres, sobre todo, en la parte guayanesa de la cuenca, que es donde predominan las superfices rocosas y arenosas. Son suelos muy ácidos, como corresponde al clima intertropical y a la absorción del anhídrido carbónico (procedente de la descomposición de la materia vegetal) por parte de las aguas de lluvia, las cuales transforman al CO2 en ácido carbónico, el cual se acumula en el suelo. Sin embargo, la vegetación es muy variada, sobre todo en la Guayana venezolana, lo cual equivale a decir que los suelos en la cuenca del Orinoco no tienen tanta relevancia en la determinación de los cultivos o de la vegetación natural, salvo algunas excepciones, ya que otros elementos del medio ambiente (como la temperatura y pluviosidad) tienen mucha mayor importancia.

Recursos naturales

Los recursos naturales son sumamente variados, como corresponde a una región extensa que contiene áreas cubiertas por las tres grandes formas del relieve terrestre (mesetas y escudos, llanuras sedimentarias y cordilleras de formación reciente). A continuación se indican algunos ejemplos de recursos naturales presentes en la cuenca del Orinoco y que son, por lo general, autóctonos. No es una lista exhaustiva y debería ampliarse en un artículo especial. En principio, puede leerse también los artículos relacionados que se indican al final.

  • Vegetación
    • Maderas
      • Caoba (Swietenia macrophylla)
      • Mangle (Rizophora mangle) en el delta del Orinoco
      • Mijao (Anacardium excelsum)
      • Jabillo (Hura crepitans)
      • Apamate (Tabebuia rosea)
    • Alimentación
      • Merey (Anacardium occidentalis)
      • Palmito
      • Yuca amarga (Manihot utilissima), para la elaboración del casabe
      • Yuca dulce (Manihot aipi), para consumo directo (hervida, frita)
    • Materias primas
  • Recursos energéticos y minerales
    • Petróleo y gas (Llanos de Barinas, Guárico, Anzoátegui y Monagas (Faja petrolífera del Orinoco)
    • Recursos hidroeléctricos: Río Caroní: represas o embalses de Guri (Central hidroeléctrica Simón Bolívar), Macagua I y II, Caruachi, etc.
    • Mineral de hierro (Cerro Bolívar, Cerro Altamira, etc., en el Estado Bolívar)
    • Mineral de aluminio (bauxita) en Los Pijiguaos (Estado Bolívar)
    • Oro en Las Claritas, Icabarú, La Paragua, El Callao y muchas otras partes del estado Bolívar.
    • Diamantes en Icabarú, La Paragua y otras partes del estado Bolívar (y también del estado Amazonas)
    • Jaspe (en la quebrada del Jaspe, en la Gran Sabana y en otras partes)
    • Caolín, en la parte septentrional de la Gran Sabana.

Ecología

La ecología de la cuenca del Orinoco ha sido ampliamente estudiada y se han discutido considerablemente muchos temas que podrían considerarse como polémicos, tales como:

  • Si existe o no una fauna propia de los tepuyes o, por el contrario, la presencia de especies que existen sólo en algunos de esos tepuyes se debe al aislamiento y a la evolución de otras especies que también se encuentran en otras zonas altitudinales. Es la idea que le dio nombre a un trabajo de investigación (Islas en el tiempo) expuesto en un libro de la National Geographic Magazine, así como en el libro de Uwe George, en alemán, con el mismo título.[10]
  • Los fenómenos cársticos en mesetas de arenisca (formación de simas y sumideros).
  • La capacidad de recuperación de la selva ecuatorial, mucho mayor de lo que se pensaba antes.
  • Los efectos de la minería (oro y diamantes) en las cuencas del Caroní, el Paragua, el Icabarú y el Guaniamo por el lavado de grandes áreas y la contaminación con mercurio.

Con relación a los temas ecológicos podrían citarse numerosas obras, por ejemplo, las de EWEL y MADRIZ (1968), acerca de las zonas de vida en Venezuela; la de la FUNDACIÓN DE EDUCACIÓN AMBIENTAL (1983), sobre los amplios Parques Nacionales venezolanos; la de GONZALEZ, V.C. (1987), sobre la palma moriche (Mauritia flexuosa), tan útil en la cultura indígena; la de WEIBEZAHN, ALVAREZ, y LEWIS, editores (1991), que estudia integralmente a la cuenca del Orinoco como un ecosistema y el ensayo de MARAVEN (1985), acerca del deterioro ambiental en Venezuela. Sin embargo conviene señalar aquí, que la visión tan negativa acerca de la ecología y sobre el impacto de los seres humanos en el paisaje que se describe en alguno de los trabajos de MARAVEN, debería ser matizada en el caso de Venezuela, donde se ha destinado una gran parte de la superficie del país al establecimiento de parques nacionales y de otras Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (ABRAE). Cuando se vuela en avión sobre los Llanos, pueden identificarse los pueblos y ciudades como verdaderos oasis de vegetación en medio de la sabana donde pastan millones de cabezas de ganado, y centros urbanos que permanecen desde hace siglos casi completamente cubiertos por una capa de árboles sembrados por sus habitantes a partir del momento de su fundación, que constituyen los centros de una transformación del espacio que, en su mayor parte ha sido, y sigue siendo, muy positiva.

Parques naturales

Historia del Orinoco

Portada de la obra El soberbio Orinoco (versión francesa) de Julio Verne.

El primer gran río descubierto por los españoles en tierras continentales americanas fue el Orinoco, cuyo enorme caudal hizo que bautizaran al mar en su desembocadura como Mar Dulce, en el tercer viaje de Colón al Nuevo Mundo (1498). La exploración de su cuenca comenzó desde entonces y sólo llegó a completarse a mediados del siglo XX, cuando se realizó una expedición a las fuentes del caudaloso río, con lo que se cerró un ciclo de exploraciones de más de cuatro siglos y medio.[11] Este período de más de cinco siglos contados hasta la actualidad se encuentra extraordinariamente documentado con escritos de una gran heterogeneidad en cuanto a su calidad, pero que fueron analizados, interpretados y valorados en multitud de ensayos, muchos de los cuales podrían servir para desarrollar progresivamente temas más específicos, con el fin de lograr un conocimiento bastante completo del tema que es, como veremos, sumamente amplio. Cristóbal Colón y Vicente Yáñez Pinzón a finales del siglo XV; Diego de Ordaz, el pirata Walter Raleigh y Antonio de Berrío en el siglo XVI; misioneros en los siglos XVII y XVIII, entre los que hay que citar a los capuchinos catalanes y a los jesuítas José Gumilla,[12] autor de la famosa obra El Orinoco ilustrado y defendido y Manuel Román, a quien podríamos considerar como descubridor de la comunicación entre el Orinoco y el Amazonas a través del río Casiquiare (1744); Humboldt a comienzos del siglo XIX, Julio Verne (autor de El soberbio Orinoco, una de sus obras más interesantes) a finales de dicho siglo y multitud de científicos, artistas, exploradores, pintores, escritores, misioneros, ingenieros, a lo largo de esos 500 años, podrían considerarse como ejemplos del enorme interés que el Orinoco siempre ha despertado en todo el mundo. En el siglo XX puede señalarse el magnífico poema de Andrés Eloy Blanco El río de las siete estrellas que hace referencia al Orinoco y a las 7 estrellas de la bandera venezolana en ese entonces . El caso más ejemplar es el de la compositora irlandesa Enya, con su canción Orinoco Flow de la cual también se hizo un video.[13] Lo interesante de este video es que ilustra, a través de un barco similar al de los primeros navegantes que viajaron al Nuevo Mundo, el impacto que el conocimiento de este hermoso río causó en los primeros europeos que lo conocieron (1498 y 1499).

Estudio documental y crítico del Orinoco

En este tema se trata de desarrollar de manera objetiva algunos de los aspectos que han sido motivos de discusión en el estudio científico de la cuenca del Orinoco. Tampoco es una lista exhaustiva, sino una especie de breve introducción a cada tema:

El Casiquiare

Este es un caso único en el mundo de comunicación natural a través de un río que conecta las cuencas de otros dos ríos muy importantes en América del Sur. No se trata de una captura fluvial sino de una especie de derrame o vertido de parte del caudal, que aprovecha la inclinación del relieve y la resistencia de las rocas graníticas por los cuales fluyen las aguas del Orinoco. Volkmar Vareschi, biólogo austríaco, estudió las verdaderas razones de la bifurcación del Orinoco y el origen de su efluente, el Casiquiare. Según Vareschi, poco antes de la bifurcación el río se estrecha al atravesar un relieve rocoso y al ensancharse después se produce un efecto de tobera que da origen al depósito de una especie de montículo en el centro que divide la corriente en dos partes principales, siendo la de la izquierda la que da origen a la derivación del Casiquiare. Las imágenes de WikiMapia que nos muestran estos procesos pueden verse en el artículo sobre el Casiquiare.

Frontera sur de Venezuela

Tradicionalmente se consideraba como el extremo sur del territorio venezolano a las cataratas de Huá, en el Caño Maturacá, pero con el desarrollo de nuevos métodos de exploración desde el espacio (satélites artificiales) y el sistema SLR (Side Looking Radar) se ha determinado que el punto más meridional del territorio queda en las cabeceras del río Arari o Castaño, afluente del Siapa que, a su vez, desemboca en el Casiquiare (0º 48' de latitud N).

La Piedra del Cocuy

Aunque en muchos textos venezolanos y de otros países se cita a la enorme Piedra del Cocuy como el punto trifinio donde convergen las fronteras de Colombia, Brasil y Venezuela, lo cierto es que este relieve granítico, similar a los Panes de azúcar que se encuentran en el macizo brasileño, se encuentra completamente en territorio venezolano. El verdadero punto trifinio se encuentra ubicado en una isla del río Negro (Isla de San José) que queda relativamente cerca.[14] La polémica sobre el tema puede verse en WikiMapia: [4].

El verdadero Orinoco y el Guaviare

Retomando el planteamiento que se hace en la novela de Julio Verne, El Soberbio Orinoco, sobre cuál es el verdadero Orinoco a partir de la triple confluencia de este río con el Guaviare y el Atabapo, varios autores aprovecharon los 500 años del Orinoco y los actos realizados en 1998 en la sede de la Biblioteca Nacional de Venezuela, en los que se hizo una exhibición bibliográfica de más de 1.500 obras referentes a la cuenca del gran río sudamericano, para señalar que el verdadero Orinoco era el Guaviare y que, por lo tanto, el Orinoco-Guaviare tendría su nacimiento en Colombia. Señalan para fundamentar esta tesis, además de la superior longitud del Guaviare (1550 km) a la del Orinoco en el punto de confluencia (940 km), el hecho de que una vista aérea de la triple confluencia nos muestra que las aguas oscuras del Orinoco casi desaparecen por completo ante el caudal superior del Guaviare, cosa fácil de ver en las imágenes satelitales de Google Earth o de Wikimapia. Se dio la cifra de que aguas abajo de la triple confluencia, casi el 60% del caudal procede del Guaviare y 40% del Orinoco.

Al respecto cabe señalar lo siguiente:

  • Es cierto que el Guaviare es más largo, pero no más caudaloso.
  • El nombre de los ríos es una cuestión de toponimia, no de longitud ni de caudal. Ejemplos: el Mississippi es más corto y menos caudaloso que su afluente el Missouri; el Miño es más corto y menos caudaloso que el Sil, su afluente. Y así sucesivamente.
  • El Orinoco es mucho más profundo y de mayor pendiente en el lugar de la confluencia. Siendo de igual anchura, el Orinoco es más caudaloso. Es cierto que aguas abajo de la confluencia el predominio de las aguas del Orinoco es de color blanco por los sedimentos del Guaviare. Pero ello se debe a que el Guaviare es un río llanero de aguas blancas, divagante, con muchos meandros y cauces abandonados y tiene una profundidad escasa. Sin embargo, la gran cantidad de sedimentos que arrastra han dado origen a elevar el nivel del cauce, por lo que sus aguas en el punto de la confluencia se superponen a las del Orinoco al llegar desde un nivel ligeramente más alto.
  • La confusión se ha debido en gran parte, a la distinta densidad de las aguas blancas (Guaviare, Meta y Apure) y las aguas negras (Orinoco, Ventuari, Caura, Caroní), siendo las primeras de menor densidad y mucho más densas las aguas oscuras. El motivo se debe a que las aguas aciduladas son mucho más densas, como se puede ver en una simple taza de café: el café más claro (con menor cantidad de ácidos húmicos) se queda en la superficie, mientras que después de un rato de reposo, el café del fondo es mucho más oscuro.
  • Lo anterior se demuestra porque después de un trecho, sin haber recibido afluentes de importancia, las aguas del Orinoco vuelven a verse azules (de nuevo en las imágenes satelitales), tan pronto algunos pequeños raudales mezclan las aguas de distinto color mostrando el predominio de las aguas del Orinoco procedentes del Escudo Guayanés sobre las aguas llaneras del Guaviare o del Meta.

Microclima de los grandes ríos

Las imágenes de satélite de los grandes ríos de la zona intertropical nos muestran la carencia de nubes sobre el cauce mismo de estos ríos, como se puede ver en el artículo sobre el fenómeno de la diatermancia. Este es un fenómeno fácil de explicar, como también se señala en los artículos sobre el río Amazonas y otros. Lo que sucede es que el gran caudal de estos ríos genera una presencia de agua fría que mantiene el aire atmosférico sobre estos ríos, sin la humedad necesaria para que generen nubosidad. A su vez, el hecho de que las aguas de estos grandes ríos sean frías tiene una explicación muy sencilla: las aguas se calientan más lentamente que las tierras con la insolación. Como las imágenes de satélite se toman por lo general en horas de la mañana (por la menor nubosidad), que es cuando la diferencia de temperatura entre las aguas y el aire es más notoria, la mayor presión atmosférica resultante impide o limita la formación de nubes sobre las aguas fluviales. Una imagen tomada de WikiMapia donde se ven los ríos Caura y Orinoco nos muestra perfectamente este fenómeno ([5]).

Caudal y régimen del Orinoco

El río Orinoco tiene un régimen monomodal. Esto significa que tiene un solo período de crecida que culmina a fines de julio y una época de aguas bajas, que culmina a comienzos de abril. Todo parece indicar que la primera crecida a comienzos de la época de lluvias, va seguida por un breve lapso de aguas momentáneamente bajas, lo cual tiene una sencilla explicación: las primeras lluvias dejan la atmósfera con una humedad relativa bastante escasa, por lo que se necesita unos días para volver a "cargarse". Es un fenómeno que puede observarse en el magnífico trabajo del antiguo Ministerio de Obras Públicas (Mediciones en ríos grandes),[15] no sólo en lo que se refiere a los aforos del propio Orinoco, sino también en los de algunos afluentes importantes, como el Ventuari, el Cuchivero, el Caura y el Caroní. Sin embargo, esta idea necesita de un mayor nivel de precisión y de verificación, por cuanto el trabajo citado, (editado en 1972) presenta unos datos válidos para un lapso demasiado breve (unos 2 años), por lo que debemos ser cuidadosos y prudentes a la hora de formular conclusiones acerca de los mismos.

En todo caso, este fenómeno, que puede constatarse en un sencillo experimento (el lento y progresivo llenado de un vaso de agua hasta que se derrama), es también aplicable a la atmósfera en la cantidad de agua en sus distintos estados físicos que puede contener. En el caso del vaso de agua, si al final lo vamos llenando gota a gota, el nivel del agua sobrepasará el borde del vaso, formando una superficie convexa de forma lenticular. Pero siempre llegará el momento en el que una sola gota hace que se derrame el agua sobrante y un poco más, quedando la superficie del agua en forma cóncava, por la propia cohesión de los líquidos, que en su salida al derramarse "succiona" algo de agua adicional del propio vaso.

Geografía humana

La cuenca del Orinoco constituye una especie de síntesis demográfica de Venezuela y de la América del Sur en general ya que en ella se encuentran rasgos culturales pertenecientes a pobladores venidos de muchas partes de nuestro planeta y este es un fenómeno que se ha podido constatar desde tiempos prehispánicos, ya que también los pueblos que habitaban el territorio del noreste de la América del Sur procedían de distintas zonas del continente (regiones caribeña, andina y amazónica), convirtiendo al territorio de la Venezuela actual en una especie de encrucijada de distintas culturas, como señala Pablo Vila (1960), además de otros autores.

Población autóctona

La población indígena no es muy numerosa, al menos desde el punto de vista absoluto, aunque a escala local puede ser predominante en pequeñas poblaciones de los estados Apure, Amazonas, Bolívar, Anzoátegui y Delta Amacuro. En total, la población indígena del Orinoco actualmente debe ser inferior a los 40.000 habitantes, cifra en disminución progresiva por la emigración hacia las principales ciudades del país. Distinguiremos, entre otros, los siguientes grupos:

  • Waraos o guaraos, en el delta (Estado Delta Amacuro). Pueblo de pescadores, agricultores, grandes navegantes y artesanos (cestería, especialmente las mujeres, etc.). Integrados a la vida del país, tienen un nivel cultural elevado, con abundantes escuelas (muchas de ellas correspondientes a las misiones y otras, a las escuelas públicas del Estado).
  • Kariñas, en el suroeste del estado Anzoátegui. Único pueblo indígena que ha adoptado la vida económica llanera con la ganadería y la cría de caballos.
  • Pemones, en el macizo guayanés del estado Bolívar.
  • Yanomamos. Ubicados en el Estado Amazonas y en el Brasil, en la zona limítrofe con Venezuela. A menudo identificados incorrectamente como yanomami. Esto se debe a la acción evangelizadora de los misioneros italianos, ya que en idioma italiano, el plural de yanomamo es yanomami. El mismo Padre Cocco, misionero italiano, escribió un libro en el que narra sus experiencias de más de medio siglo entre los yanomamos y emplea, correctamente, este término.[16] Son cazadores, pescadores y agricultores (estos últimos, por lo general, son las mujeres) que acostumbran a sembrar yuca y frutales.

Población llanera

Los Llanos del Orinoco estaban poco poblados a comienzos del siglo XVI. Esto significó que la población indígena era muy escasa, sobre todo, si la comparamos con la que existía en los Andes y las cordilleras, valles y zonas costeras del norte del país. Pero la introducción del caballo y de otras especies de animales domésticos (ganado vacuno, principalmente) vino con el tiempo a transformar el modo de vida de toda la región de una manera notable. Los Llanos, aún hoy, siguen siendo una región donde pueden verse las notables influencias culturales y económicas de la colonización española, en mucho mayor grado que en otras regiones: ganadería y trashumancia, folclore, arquitectura (algunos hatos y haciendas de Los Llanos parecían recordar los cortijos andaluces, por ejemplo), costumbres, etc. Y, como se explica en el artículo sobre San Sebastián de los Reyes, la difusión de un modo de vida distinto y desconocido previamente en los Llanos vino a revolucionar la historia, no sólo de Venezuela, sino de gran parte de la América del Sur: recordemos que en la Campaña de los Andes, un ejército inicialmente venezolano partió de los Llanos y se fue engrosando sucesivamente para participar en la guerra de la Independencia sudamericana luchando contra el dominio español en Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Y ello se hizo con llaneros, así como con caballos y ganado vacuno procedentes de los Llanos. Esta idea contrasta con una obra muy difundida, de gran valor científico, escrita por Miguel Acosta Saignes y que constituye un estudio fundamental sobre Etnología Antigua de Venezuela al hablar sobre el modo de vida de los otomacos, tribu indígena ubicada en el ángulo que forman la confluencia de los ríos Apure y Orinoco (la horqueta del Apure) y en la que se señala que su modo de vida estaba basado en la horticultura. La visión que describe Pablo Vila acerca de esta zona específica es algo distinta, señalando que los recursos económicos (pesca, caza y recolección) eran algo distintos a los que verdaderamente deben entenderse por la horticultura. También el Padre José Gumilla, superior de la Compañía de Jesús y autor de una obra monumental sobre el Orinoco, realizó un ensayo sobre el poblamiento del Orinoco, precisamente, porque le preocupaba, en el siglo XVIII, la escasa población de la cuenca de este gran río. Una excelente obra sobre la vida de los llaneros es la obra de Fernando Calzadilla Valdés,[17] que recoge la vida de los Llanos apureños en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX.

Población guayanesa

En Venezuela suele referirse a la población guayanesa, muchas veces, a la formada por descendientes de los antiguos inmigrantes trinitarios y guyaneses (y de otros países de lengua inglesa), que vinieron a las tierras del estado Bolívar a partir del siglo XIX, a trabajar como mineros, especialmente en las minas de oro de El Callao, población ubicada en la parte oriental de dicho estado. La influencia cultural de estos mineros fue muy importante, hasta el punto de que cuando se oye hablar del folclore guayanés, en Venezuela, se suele pensar en el conjunto musical Serenata Guayanesa, que rescató los bailes y canciones traídas por los primeros inmigrantes y que hoy se conoce como manifestaciones folclóricas del calipso venezolano o Calipso de El Callao.

Ciudades

La cuenca del Orinoco contiene núcleos urbanos muy importantes en Colombia y, especialmente en Venezuela. La ciudad más poblada de toda la cuenca es Ciudad Guayana, conurbación formada por Puerto Ordaz, San Félix de Guayana, Matanzas y otros núcleos menores, y que tiene casi un millón de habitantes. Es una ciudad muy moderna (Puerto Ordaz se fundó a mediados del siglo XX) y próspera, convertida en pocos años en la verdadera metrópoli de las Guayanas.

Otras ciudades importantes en la parte venezolana de la cuenca son:

Referencias

  1. DE LEÓN, Rafael y RODRÍGUEZ DÍAZ, Alberto J. El Orinoco aprovechado y recorrido. Caracas: Ministerio de Obras Públicas y Corporación Venezolana de Guayana (M.O.P. - C.V.G.), 1976. Uncopyrighted edition.
  2. Cristóbal Colón (1498). Carta de relación del tercer viaje
  3. Pedevesa. Atlas de Venezuela. Una visión espacial. Caracas: Instituto de Ingeniería, 1992
  4. Competencia anual "Nuestros ríos son navegables"
  5. El Caura es el tercer río venezolano por su caudal, después del propio Orinoco y del Caroní
  6. FERRARO, Carlos y LENTINO, Miguel. Venezuela, paraíso de aves. Caracas: Armitano Editores, 1992
  7. VARESCHI, Volkmar. Orinoco arriba. Caracas: Ediciones Lectura, 1959, p. 41
  8. NOVOA y RAMOS, 1978
  9. OCEI, Anuario Estadístico 1996, p. 279
  10. GEORGE, Uwe. Inseln in der Zeit. Hamburg: Geo im Verlag, 1988
  11. Contramaestre Torres, Alberto. La expedición Franco-Venezolana al Alto Orinoco. Caracas: Ministerio de Obras Públicas, Dirección de Cartografía Nacional, s.f. (c. 1962)
  12. GUMILLA, (Padre) Joseph. El Orinoco ilustrado y defendido. Historia natural, civil y geográfica de este gran río y de sus caudalosas vertientes. Escrito en 1731. Ediciones posteriores: 1745, 1791 y 1882. Versión francesa, 1758. Caracas: Academia Nacional de la Historia, Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, Nº 68, 1963.
  13. Enya. Orinoco Flow en YouTube
  14. Rodríguez Díaz, 1995, p. 32
  15. REPÚBLICA DE VENEZUELA. Mediciones en ríos grandes. Caracas: Ministerio de Obras Públicas, 1972.
  16. COCCO, Luis. Iyëwei-Teri. Quince años entre los Yanomamos. Caracas: Escuela Técnica Popular Don Bosco, 1972
  17. Fernando Calzadilla Valdés. Por los Llanos de Apure. Caracas: Ministerio de Educación, Biblioteca Popular Venezolana, 1943

Fuentes bibliográficas

  • DE LEÓN, Rafael y RODRÍGUEZ DÍAZ, Alberto J. El Orinoco aprovechado y recorrido. Caracas: Ministerio de Obras Públicas y Corporación Venezolana de Guayana (M.O.P. - C.V.G.), 1976. Uncopyrighted edition.
  • FERRARO, Carlos y LENTINO, Miguel. Venezuela, paraíso de aves. Caracas: Armitano Editores, 1992.
  • GUMILLA, (Padre) Joseph. El Orinoco ilustrado y defendido. Historia natural, civil y geográfica de este gran río y de sus caudalosas vertientes. Escrito en 1731. Ediciones posteriores: 1745, 1791 y 1882. Versión francesa, 1758. Caracas: Academia Nacional de la Historia, Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, Nº 68, 1963.
  • GUMILLA, José. Tribus indígenas del Orinoco. Caracas: Instituto Nacional de Cooperación Educativa (I.N.C.E.), 1968.
  • REPÚBLICA DE VENEZUELA. Mediciones en ríos grandes. Caracas: Ministerio de Obras Públicas, 1972.
  • RODRÍGUEZ DÍAZ, Alberto J. Desarrollo del eje de navegación Orinoco-Apure-Arauca. Informe preliminar, vol. I. Caracas: MARNR (Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables), 1980, 219 p., con bibliografía, más 46 p. (Anexos).
  • RODRÍGUEZ DÍAZ, Alberto J. Fronteras de Venezuela. Caracas: 1995.
  • VARESCHI, Volkmar. Orinoco arriba. Caracas: Ediciones Lectura, 1959.
  • VERNE, Julio. El Soberbio Orinoco. La edición original es de 1898. Título original: Le superbe Orénoque. Paris: J. Hetzel et Cie., s. a., con ilustraciones. Edición de gran lujo (411 pp.). Existen varias ediciones en español: Madrid: Saenz de Jubera hermanos, editores (s.a.), 3 cuadernos, ilustrados con grabados (I: 73 pp; II: 67; III: 71 pp.). Barcelona: Editorial Molino, S.A. Caracas: Publicaciones Seleven C.A., Hyspamerica Ediciones. Traducción: Julia Pérez. Introducciones: Oscar Yanes y José Cuberos. Con ilustraciones, 226 pp., 1979.

Sobre Ecología

  • EWEL, John J. y MADRIZ, Arnaldo. Zonas de vida de Venezuela. Memoria explicativa sobre el mapa ecológico. Caracas: M.A.C. (Ministerio de Agricultura y Cría), Dirección de Investigación, 1968.
  • FUNDACION DE EDUCACIÓN AMBIENTAL. Los Parques Nacionales de Venezuela. Madrid: Incafo, 1983.
  • GEORGE, Uwe. Inseln in der Zeit. Hamburg: Geo im Verlag, 1988.
  • GONZALEZ, V. C. Los morichales de los Llanos orientales. Un enfoque ecológico. Caracas: Ediciones CORPOVEN, 1987.
  • NATIONAL GEOGRAPHIC SOCIETY. Venezuela’s islands in Time. Washington: N.G.S., 1989.
  • VARESCHI, Volkmar. Ecología de la vegetación tropical. Caracas: Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales, 1992. ISBN 980-07-1270-4.
  • WEIBEZAHN, Franz H.; ALVAREZ, Haymara; LEWIS, William M., editores. El río Orinoco como ecosistema. Caracas: Electrificación del Caroni C.A. (EDELCA), Fondo Editorial Acta Científica Venezolana, C.A. Venezolana de Navegación (CAVN), Universidad Simón Bolívar. Impresos Rubel C.A., 1990.

Véase también

Enlaces externos

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