Configuración del Estado liberal en España (1833-1868)


Configuración del Estado liberal en España (1833-1868)

El Estado liberal comenzó su camino en España desde la muerte en 1833 de Fernando VII, monarca absolutista. Este artículo llegará hasta la Revolución Gloriosa de 1868, tras la cual se encuentra el Sexenio Democrático, en el que reinaría Amadeo de Saboya y, tras su reinado, se establecería la Primera República Española. Más tarde vendría el periodo de la Restauración borbónica, en el que, por ejemplo, se aprueban un Código de Comercio (1885) y un Código Civil (1889) que adaptan el derecho español a los aires del liberalismo y da protección jurídica al naciente y creciente capitalismo.

Contenido

Primera Guerra Carlista

El frente en su momento álgido.
Artículo principal: Primera Guerra Carlista

La muerte de Fernando VII provoca una serie de levantamientos y la proclamación de Don Carlos como rey. Los alzamientos están liderados por militares absolutistas que habían sido retirados del ejército o incluso procesados. El primero en alzarse es Manuel Martín González, seguido por Verasategui, Santos Ladrón y Zumalacárregui. Se inicia una cruenta guerra civil caracterizada por la escasa localización geográfica, ya que se desarrolla en País Vasco y Navarra y en algunos pequeños focos en Cataluña, Aragón y Valencia.

Los bandos

A grandes rasgos se puede definir esta Primera Guerra Carlista como el medio para decidir la continuidad del Antiguo Régimen o el triunfo del liberalismo. El carlismo defiende el absolutismo. Entre sus filas están la baja nobleza rural, el clero bajo vasco y campesinos vascos y navarros. Los carlistas se unen bajo el grito de "Dios, Patria y Fueros" (la defensa de los Fueros comienza en 1834 por medio de una imposición de la Diputación de Vizcaya a Don Carlos).

Los liberales están liderados por la reina regente María Cristina de Borbón. En un principio son liberales moderados, pero más adelante hay también progresistas. Se pueden considerar liberales las clases medias ilustradas, que tienen que acabar con el Antiguo Régimen.

El desarrollo de la Guerra

Los alzamientos carlistas de 1833 están seguidos por la creación de juntas o gobiernos locales. Cuando Don Carlos vuelve a España en 1834, intenta crear un gobierno con la Administración Central en País Vasco y Navarra que se convertiría en gobierno nacional finalizada la Guerra. Los carlistas utilizaron la guerrilla por su conocimiento del medio rural y porque las ciudades son liberales. La Primera Guerra Carlista es un enfrentamiento campo-ciudad que tiene tres etapas, de dos años cada una:

Álbum de las tropas carlistas del norte.
  • 1ª etapa (1833-1835): es dominada por Zumalacárregui, carlista. El ejército liberal es mermado por la guerrilla, lo que obliga a María Cristina a llamar a filas a los progresistas. Don Carlos se plantea en 1835 el asalto de Bilbao, pero Zumalacárregui no apoya este plan porque sabe que la artillería carlista no aguantaría un asedio. Al final el asalto es un fracaso y Zumalacárregui muere.
  • 2ª etapa (1835-1837): Zumalacárregui es sustituido por Cabrera. Ambos bandos optan por el control. Luis Fernández de Córdoba, liberal, intenta crear una línea de contención para aislar a los carlistas, pero esta línea obligaría a cubrir más de 500 km, una zona demasiado extensa. Los carlistas intentan aliviar la presión en País Vasco y Navarra con operaciones en Cataluña y Aragón, aunque no lo consiguen y el resto de la Guerra sólo se libra en País Vasco y Navarra.
  • 3ª etapa (1837-1839): desde 1837 la Guerra ya está prácticamente decidida a favor de los liberales. Dentro del bando carlista surge una división entre los que optan por rendirse y firmar la paz; y los intransigentes que quieren seguir luchando. Al final el general Maroto acuerda con los liberales el Convenio de Vergara en agosto de 1839, lo que pone fin a la Guerra, aunque Don Carlos seguiría luchando unos meses más. Además de la paz, el acuerdo asegura la continuidad de los Fueros y permite la integración de los militares carlistas en el ejército regular real.

El personaje más favorecido es el general Espartero, conocido tras su victoria en Luchana como el "Espadón de Luchana". Consigue una gran presencia política y social y un título nobiliario que le convierte en Grande de España, y era Duque de la Victoria. María Cristina reina hasta 1843, año en que la princesa Isabel es nombrada mayor de edad y empieza a reinar con trece años.

Implantación del liberalismo (1833-1843)

En esta década se da el relevo definitivo del Antiguo Régimen al liberalismo. La primera base es el Estatuto Real de 1834, que se puede considerar como otra nueva Constitución. Posteriormente los progresistas llegan al poder y llevan a cabo profundas reformas e incluso establecen una nueva Constitución en 1837.

María Cristina de Borbón.

El paso a la monarquía constitucional: Estatuto Real de 1834

La Guerra Carlista obliga a María Cristina de Borbón a transformar el régimen para mantenerse en el trono. Este cambio consiste en otorgar poderes a los liberales, con lo cual sucede que la esposa del rey español más absolutista es la que abre el camino del liberalismo.

En 1832 Fernando VII se recupera de una enfermedad y nombra un nuevo gabinete de gobierno liderado por Cea Bermúdez, que gobierna hasta 1834 y lleva a cabo algunas reformas, bastante conservadoras y dirigidas por el rey. Las reformas no son bien recibidas ni por los absolutistas ni por los liberales.

Tras la muerte de Fernando VII en 1833, varias personas cercanas a la reina insinúan la necesidad de unas nuevas Cortes y un nuevo gobierno, aunque luego María Cristina sólo designa un nuevo gobierno a cargo de Francisco Martínez de la Rosa, que encabeza un gobierno liberal moderado que debe crear un marco constitucional aceptable para la Corona. Los progresistas no apoyan a Martínez de la Rosa, al que apodan "Rosita la pastelera". Aunque Martínez de la Rosa pueda parecer conservador, en su momento fue una auténtica revolución, pues la monarquía renuncia al monopolio del poder. El Estatuto Real también es una especie de transacción entre monarquía y liberales para agradecer el apoyo durante la Guerra.

En la práctica el Estatuto Real da a la Corona un gran margen de actuación, pues nombra directamente a muchos diputados en las Cortes y el resto son elegidos sólo por los más ricos. El poder ejecutivo es de la reina y el legislativo es de la reina y las Cortes. Las ilusiones liberales se hunden al ver las escasas concesiones que les da la Corona.

El Estatuto Real establece dos cámaras. En una están los representantes no elegidos, los Grandes de España, que entran en las Cortes directamente. Esta cámara de no elegidos es el Estamento de Próceres. La otra cámara, de diputados elegidos bajo sufragio censitario, es el Estamento de Procuradores. Sólo les eligen unos 16.000 hombres. El Estatuto Real establece que las Cortes voten impuestos pero no les da la iniciativa legislativa sin el apoyo de la Corona, que tiene además el poder ejecutivo.

Los progresistas no se rinden y utilizan resquicios legales del Estatuto Real para hacer reformas. Se ven favorecidos por los malos resultados de los liberales en los primeros años de la Guerra Carlista, lo que obliga a María Cristina a hacer concesiones. Entre las reformas progresistas están la aprobación de algunos derechos del individuo (libertad, igualdad, propiedad, independencia judicial y responsabilidad ministerial). Al final los progresistas presionan cada vez más a María Cristina, hasta que en 1835 la regente designa un gobierno liberal progresista.

Juan Álvarez Mendizábal.

La llegada al poder de los progresistas

Los progresistas llegan al poder mediante la insurrección, con revueltas durante todo el verano de 1835 lideradas por las Juntas y las Milicias. Dada la anarquía del país, la reina regente se ve obligada a nombrar un gobierno progresista, a cargo de Juan Álvarez Mendizábal, que inicia rápidamente una serie de reformas que llevarían a España a convertirse en un Estado más moderno.

El primer objetivo de Mendizábal es conseguir dinero para aumentar los efectivos militares de los liberales y para saldar la deuda pública que el Estado había contraído con los que habían invertido en el Estado. La solución de Mendizábal es la desamortización de los bienes del clero regular y su venta, aunque los estamentos privilegiados se oponen y presionan a María Cristina para que destituya a Mendizábal. La reina accede y echa a Mendizábal, pero se da otro alzamiento violento en verano de 1836 para que vuelva un gobierno progresista: el Motín de La Granja. Se crea un nuevo gobierno progresista en el que Mendizábal es sólo Ministro de Hacienda.

Reformas progresistas (1835-1837)

El gran protagonista es Mendizábal. En 1823, tras el Trienio Liberal, se había exiliado. Durante su exilio en Europa entró en contacto con las ideas más liberales. Tiene una nueva concepción jurídica del derecho de propiedad basada en las teorías de Adam Smith y en las teorías capitalistas. Según Mendizábal, para hacer de España un país liberal, económica y políticamente hablando, se tienen que dar los siguientes pasos: la eliminación del régimen señorial, la desvinculación de las tierras (acabar con el mayorazgo), y la desamortización eclesiástica y civil. Entonces se podría realizar la revolución agrícola, con un aumento de rendimiento que produciría excedente para invertir en la industria.

El régimen señorial es eliminado en agosto de 1837. Los señores pierden la jurisdicción, pero conservan la propiedad de la tierra si demuestran que es suya. Los señoríos se convierten en explotaciones capitalistas. También se elimina el mayorazgo, por lo que muchos nobles mejoran su situación económica vendiendo tierras.

Lo más importante es la desamortización eclesiástica, que se lleva a cabo mediante la "Ley del voto de confianza", para tomar decisiones sobre la guerra sin necesidad de decidirlas en las Cortes. La desamortización se realiza mediante un decreto sin debate en las Cortes. Mendizábal aprovecha para reformar el clero regular, con dos decretos.

El primero, de febrero de 1836, es el Decreto de Extinción de Regulares, que establece la eliminación universal de las órdenes del clero regular varón. Sólo se salvan los colegios de misioneros y las órdenes hospitalarias. Con respecto al clero regular femenino, se decreta la supresión de conventos y, en algunos, se fija una comunidad máxima de veinte monjas. Además se prohíbe la coexistencia de dos conventos de la misma orden dentro del mismo núcleo de población; y también se prohíbe admitir novicias y que los hermanos sean sacerdotes. Los que eran sacerdotes son ahora párrocos del clero secular, y a los hermanos legos se les deja en la sociedad civil, sin compensación. Todas las posesiones de las órdenes eliminadas y reformadas pasan a ser bienes nacionales.

El segundo decreto, de marzo de 1836, es el Decreto de venta de bienes nacionales. Mendizábal argumenta que resuelve el problema de la Hacienda salvando deuda pública; justifica una reforma socioeconómica basada en el libre mercado, fomentando el interés individual; y dice que esta venta de bienes crearía un grupo amplio de apoyo a la causa isabelina.

Después de este decreto se establece el sistema de venta de bienes nacionales. Se rechaza el sistema de venta a plazos, que es la única posibilidad para los colonos de ser propietarios; y se aprueba el sistema de subasta pública, en el que sólo participan los más ricos. Cuanto mayor es la puja, más se libera la deuda pública.

Toda esta acción reformadora va acompañada de una serie de leyes que aseguran el libre mercado. Para ello, se da libertad en la forma de explotación de la tierra y libre circulación de bienes agropecuarios e industriales; se eliminan los derechos de la Mesta, entre los que se encuentran el de libre paso y libre pasto; se dan permisos para vallar explotaciones agrícolas; se da libertad en los contratos de arrendamiento sobre tierras; se dan libertad de almacenamiento y precio (controlado sólo por oferta y demanda).

Constitución española de 1837.

La Constitución de 1837

Artículo principal: Constitución española de 1837

Tras el Motín de La Granja, el gobierno progresista convoca unas Cortes extraordinarias constituyentes, que tienen dos opciones; reformar la Constitución de 1812 o crear una nueva. Esto daría lugar a la Constitución de 1837, que conllevaría un nuevo sistema político hasta 1844. Además, las reformas que plantea dan lugar a una sociedad clasista. El partido progresista, "heredero directo" de los doceañistas, es el encargado de enterrar por completo la Constitución de 1812. En su lugar crean una constitución cercana a la que hubieran hecho los moderados. Este moderantismo se ve a la hora de decidir la forma de gobierno, porque eligen una monarquía constitucional de carácter liberal doctrinario: el papel ejecutivo de la Corona es reforzado e incluso aumentado. El precedente más directo de este tipo de monarquía es el Estatuto Real de 1834, de los moderados. Sólo están de acuerdo con los doceañistas en la proclamación de la soberanía nacional, de la cual surge la constitución sin actuación de la Corona. Incluso la soberanía nacional es diferente, porque en 1812 aparecía en el articulado, mientras que en 1837 sólo hace una breve mención en el preámbulo.

La Constitución de 1837 establece unas Cortes bicamerales: el Senado, designado por la reina; y la Cámara Baja, elegida por sufragio censitario. La Corona puede disolver las Cortes, en las que actúa como moderadora, y vetar las leyes. Es el primer poder del Estado, aunque tiene poderes limitados por las Cortes, que están en un plano inferior.

Las razones que llevan a los progresistas a hacer esta constitución han dado lugar a un debate en la historiografía. Una de las ideas más seguidas es que los progresistas, con todo el poder, rompen el exclusivismo político entre progresistas y moderados, crean una constitución transaccional, para que tenga cabida la Corona. Esta teoría considera la Constitución de 1837 como el precedente de la canovista de 1876. Es seguida por Suanzes-Carpeña y Miguel de Artola.

Otra idea de algunos historiadores es que el exclusivismo es accidental, y que los progresistas no se atrevieron a plantear otro sistema que fuera distinto a la monarquía constitucional. No pensaron ni en monarquía parlamentaria ni en república. Esta segunda idea es defendida por Javier Tusell.

Otra tercera propuesta dice que en el fondo el partido moderado y el progresista defienden lo mismo, son iguales, y que lo único que les diferencia es el ritmo de las reformas. En cuanto al modelo social que defienden, es una España mesocrática, de propietarios capitalistas y libre mercado.

Al margen de este debate sobre la Constitución de 1837, el gran problema del liberalismo es el atraso económico del país, por lo que la clase media es muy débil. El liberalismo tiene enemigos por la derecha, los absolutistas; y por la izquierda, los partidarios de una revolución social. Mientras tanto, lo único que interesa a los liberales es mantener lo que han conseguido. Progresistas y moderados saben que el orden no se puede mantener sobre un parlamento inseguro con muchas alternancias, por lo que optan por fortalecer el poder ejecutivo, lo que ofrece dos posibilidades: un régimen autoritario en manos de un militar o fortalecer la Corona. Dentro de la segunda opción los progresistas contemplan una monarquía con todos los poderes, pero quieren como rey a alguien a quien poder controlar.

Crisis del progresismo. Regencia de Espartero (1840-1843)

Artículo principal: Regencias y Constitución de 1837 en España
Baldomero Espartero.

Proceso de formación

Esta regencia viene marcada por dos hechos importantes: en 1840, tras la Primera Guerra Carlista, se da un alzamiento revolucionario que quita a María Cristina de la regencia; y en 1843, con trece años, la princesa Isabel es declarada mayor de edad y empieza a reinar. Es un periodo progresista, pues sigue vigente la Constitución de 1837, en la que hay un gran dominio de la jefatura de Estado, en manos del general Espartero, nacido en la provincia de Ciudad Real a finales del siglo XVIII de familia más bien humilde (su padre era artesano y él era el menor de ocho hermanos). Ante las escasas perspectivas de futuro, ingresó en un convento dominico. El estallido de la Guerra de Independencia hace que abandone el convento y se haga militar. En un principio forma parte del cuerpo de ingenieros, pero lo deja porque era muy elitista y no podría ascender. Pasa al cuerpo de infantería, donde no importaba tanto el origen social. Al terminar la Guerra de Independencia se une a las expediciones militares que van a América para acabar con los independentismos y allí consigue un rápido ascenso, hasta llegar a ser brigadier, que equivale a general.

Cuando vuelve a España, en plena Década Ominosa, tiene una gran reputación pero no tiene fortuna. Su situación económica cambia al casarse con una aristócrata, Jacinta Martínez Sicilia, que también le sitúa en los estratos más altos de la sociedad. Cuando se inicia la Primera Guerra Carlista, Espartero se une a los liberales. Su objetivo es convertirse en comandante de los ejércitos del norte, cargo al que llega en 1836, nombrado por Mendizábal, tras demostrar su valía en Luchana. Entonces goza de un título nobiliario propio: Conde de Luchana. A partir de entonces, María Cristina está tutelada en temas de guerra por Espartero, situación que se refuerza cuando se firma la Paz de Vergara en 1839. Este éxito le da otro título nobiliario: duque de la Victoria.

En 1840 es puesto en el trono por el partido progresista como nuevo regente hasta 1843. Desde 1854 a 1856 es presidente del gobierno del Bienio Progresista. En los años 60 del siglo XIX está retirado de la política, y tras el destronamiento de Isabel II a finales de la década los liberales le ofrecen ser rey de España, cargo que no acepta. Amadeo le otorga el título de Príncipe de Vergara, con tratamiento de Alteza Real.

Dentro de la regencia hay dos fases: el proceso de formación y el desarrollo de la regencia. En el proceso de formación hay que destacar que tras la expulsión de María Cristina se plantea una discusión entre dos posibles regencias. Unos proponen una regencia unitaria y otros una regencia de tres personas. Se puede decir que los unitarios son los progresistas más conservadores y los trinitarios los más radicales, que quieren debilitar el poder de la jefatura de Estado. Los trinitarios son mayoría en las Cortes, pero la votación final es entre Congreso y Senado, más conservador. Espartero debe su regencia a los senadores moderados.

Desarrollo de la regencia de Espartero

Ya establecido como regente en 1841, Espartero retoma las reformas pendientes desde 1837. En primer lugar, sigue con la desamortización, que afectaría al clero secular. Dentro de esta desamortización, además de nacionalizar bienes de la Iglesia, también nacionaliza impuestos de la Iglesia, como el diezmo. Esto supone un enfrentamiento directo con la Iglesia, una ruptura diplomática entre Roma y España (el Papa es Gregorio XVI) y el aislamiento de Espartero en Europa respecto a las potencias más conservadoras, pues sólo es apoyado por Inglaterra.

La segunda reforma de Espartero es la Cuestión Foral. Se hace un Decreto de Ley, llamado Ley de centralización administrativa, que conlleva la eliminación de los fueros, lo que causa un conflicto con los carlistas, que habían firmado la Paz de Vergara con la condición de mantener los Fueros, y también provoca el inicio de una conspiración de los militares moderados, aliados con carlistas. Las reformas de Espartero desembocan en un conflicto continuo entre 1842 y 1843. Espartero debe hacer frente a tres líneas de oposición:

Diego de León y Navarrete.
  • las conspiraciones moderadas, con el apoyo de María Cristina, que originan un levantamiento en octubre de 1841 que pretendía ser simultáneo en País Vasco y Madrid, donde Diego de León tiene que llegar al palacio real, secuestrar a la princesa Isabel y llevarla al País Vasco. El plan no funciona, porque Diego de León fracasa y además es condenado a muerte, con lo que Espartero incumple la regla de no fusilar a generales. Los intentos de sublevación de los moderados no acaban, pero siguen fracasando hasta 1843. Los artífices son el general Leopoldo O'Donnell, presidente de la Orden Militar Española, subvencionada por María Cristina; y el general Narváez, que era el cerebro de las operaciones. A finales de 1841 y principios de 1842 se producen en Barcelona alzamientos juntistas, como consecuencia de un acuerdo comercial librecambista entre España e Inglaterra que era perjudicial para la industria textil catalana. Son alzamientos de carácter democrático y republicano que reivindicaban una sociedad de clases. Estos alzamientos no son controlados por el gobierno y se dan situaciones de anarquía en Barcelona. Espartero establece el estado de sitio y bombardea la ciudad en 1842. El bombardeo supone una caída en la popularidad de Espartero.
  • Espartero también encuentra oposición en su propio partido, una oposición liderada por los miembros civiles del progresismo. Son grupos muy personalistas entre los que destacan las facciones de Manuel Cortina, Salustiano Olózaga, y el grupo más fuerte, los progresistas puros y trinitarios, encabezados por Joaquín María López y Fermín Caballero. Esta oposición merma la popularidad de Espartero mediante las críticas en la prensa. Acusaban a Espartero de anglófilo, autoritario y usurpador del trono, alegando que Espartero quería llegar a ser rey.

El desgaste de estas líneas de oposición tiene su fruto en mayo de 1842, cuando se produce una moción de censura que acaba con el gobierno "esparterista" de Antonio González. En 1843 acaba finalmente la regencia de Espartero, pues tras la moción de censura sube al poder Joaquín María López, que intenta llevar a cabo una reforma constitucional que daría lugar a una monarquía parlamentaria. Espartero no admite esta reforma y Joaquín María López dimite, y en verano de 1843 se da un alzamiento militar contra Espartero en el que se unen los líderes civiles progresistas, los moderados y los carlistas. El gran favorecido del alzamiento es el general Narváez, convertido en Capitán General de Madrid y que llegaría a jefe de gobierno.

Lo primero que hacen los moderados es convocar elecciones, en las que ganan. Dichas Cortes declaran mayor de edad con 13 años a la princesa Isabel, que empieza su reinado personal.

La articulación del liberalismo español

El panorama político tras la Primera Guerra Carlista tiene una estructura en la que se encuentran la Corona, el ejército y los partidos dinásticos, moderados y progresistas. Lo único que tienen en común es la oposición al carlismo. Hay que destacar las diferencias que dan lugar a un enfrentamiento casi continuo entre Corona y moderados contra progresistas. La victoria depende del apoyo recibido del ejército.

Partidos dinásticos: moderados y progresistas

En teoría el liberalismo representa al pueblo y ostenta la soberanía nacional a través de instituciones creadas para defender el interés general, como el senado, el parlamento, etc. Esta representación es elegida mediante sufragio universal masculino y está canalizada a través de dos partidos, que representan las ideas políticas de la sociedad, aunque en la práctica existen órganos representativos, que no son elegidos por sufragio universal, sino por sufragio censitario o incluso directamente por la Corona.

Los partidos políticos son reuniones de tipo personalista en torno a un líder civil o militar. No hay programa político y las elecciones están amañadas por el partido que las convoca. Existen dos tipos de partidos muy distinguidos:

  • Partido moderado, cuya composición social es bastante heterogénea, podemos encontrar terratenientes, comerciantes ricos, intelectuales conservadores, restos de la antigua nobleza, alto clero y algunos mandos militares. Defiende los principios de la propiedad privada; soberanía compartida entre Cortes y Corona; la anulación de algunos derechos y tienen la negociación de algunos derechos individuales y colectivos y la defensa de la Iglesia como elemento configurador de mentalidades. Este partido utiliza el sufragio censitario, para evitar a personas no deseadas, lo que acarrea la creación de Cortes con diputados de dudosa legitimidad.
  • Partido progresista, también con una composición social heterogénea aunque en este caso predominan la pequeña y mediana burguesía. También se incluyen burgueses industriales y banqueros, clase media y artesanos y profesionales liberales como abogados y médicos. Entre sus principios están la soberanía nacional no compartida, el dominio de las Cortes, la reafirmación de los poderes locales y la reforma agraria, pasando por la nacionalización de los bienes de la Iglesia y la desvinculación de las tierras de los nobles. Utilizan el sufragio censitario, aunque permiten una mayor participación que los moderados, siendo el principal mecanismo de acceso al poder el alzamiento juntista, que es de carácter violento y es provocado por civiles y militares que, en la mayor parte de los casos, obligan a la jefatura de Estado a nombrar un gobierno progresista.

Moderados y progresistas, sufren divisiones internas con el tiempo. En el caso progresista, a partir de 1840 se dividen entre unitarios y trinitarios. En 1854 se forma otro grupo, la Unión Liberal, una escisión de los moderados. Los trinitarios forman en 1849 el Partido Demócrata, que defiende las ideas más radicales y revolucionarias, como el sufragio universal, libertades públicas, intervencionismo estatal en Educación, etc.

Espoz y Mina.

El peso del ejército

A partir de la Guerra de la Independencia, se puede hablar de que el ejército está muy politizado. Destaca la orientación liberal de muchos mandos militares. Éstos llevan a cabo los intentos por acabar con Fernando VII (Francisco Espoz y Mina, Juan Díaz Porlier). Esta presencia militar en la política, se afianza durante la Primera Guerra Carlista, en la cual la debilidad inicial del bando liberal hace que la regente y los liberales se apoyen en militares como Espartero. Posteriormente, el intervencionismo militar en política se continúa con Narváez y O’Donnell. La presencia militar evidencia el principal problema del liberalismo: no había una burguesía fuerte que pudiera ejecutar sus ideas.

Juntas y Milicia

Ambas constituyen organización política y defensa militar. Tienen su origen en el vacío de poder a principios de la Guerra de la Independencia. Son gobiernos provinciales soberanos que al principio hacen la guerra por su cuenta. Posteriormente ceden su soberanía a la Junta Suprema. Sin embargo, el movimiento juntista se utiliza como elemento de presión para llegar al poder, así que al principio las Juntas son un movimiento ciudadano pero se convierten en una herramienta política. Los progresistas utilizaron las Juntas en 1835, 1836, 1854 y 1868 y los moderados en 1843.

Portada del volumen que recogía los discursos publicados en El Censor durante el año 1781.

Respecto a la Milicia, supone una alternativa al ejército regular que tiene su origen en 1808 y puede definirse como ciudadanos en armas. Fue utilizada por la burguesía para acabar con lo que fuera en contra de sus intereses (absolutismo, feudalismo, etc.) No tiene jerarquía, todos los milicianos son iguales y son elegidos por el pueblo, siendo la máxima autoridad el alcalde de la ciudad donde se forma la Milicia.

Tanto Juntas como Milicia se consideran ideológicamente indeterminadas, son muy cambiantes y no es extraño que sus acciones se extralimiten.

La prensa

Diarios y revistas plasman durante el siglo XIX el proceso de implantación del liberalismo en España, además de recoger las nuevas teorías políticas y el debate entre los principales partidos. El problema de la prensa es que el 85% de la población española era analfabeta, pero aún así era el único medio de comunicación de masas.

En la mayor parte de los casos, las publicaciones son como un panfleto y están elaboradas por intelectuales y por grupos de presión. A partir de mediados de siglo surge la prensa de partido. Por ejemplo, El Universal y El Censor eran moderados; El Espectador, monárquico y El Eco del Comercio y La Abeja, progresistas. A finales del XIX, surge una prensa socialista, que coincide con la formación del PSOE, que tiene su propio diario: El Eco de la Clase Obrera.

Los moderados en el poder (1843-1868): el reinado personal de Isabel II

Artículo principal: Reinado de Isabel II de España

Tras la caída de Espartero y la proclamación de la mayoría de edad de Isabel, se inicia una serie de gobiernos moderados que son apoyados por la Corona. La primera medida de los moderados en el poder es evitar alzamientos progresistas, para lo que desarman a la Milicia Nacional y restablecen la Ley de Ayuntamientos para controlar mejor los gobiernos locales desde el Gobierno Central, lo que evita la creación de Juntas. Cuando comienza su reinado, la reina sólo tiene 13 años, y con el paso de los años experimenta un deterioro muy marcado intelectual, física y emocionalmente, por lo que la reina está muy influenciada por las personas que la rodean.

La configuración del régimen moderado

Una vez acabada la regencia de Espartero se convocan elecciones a Cortes en noviembre de 1843. Moderados y progresistas, por primera y última vez, presentan una lista conjunta para repartirse los cargos políticos. Estas Cortes no tocan la Constitución de 1837 y declaran la mayoría de edad de Isabel II, que nombra como Jefe de Gobierno a Salustiano Olózaga, progresista, que rompe el pacto con los moderados y nombra a todos los ministros dentro del Partido Progresista y lleva a cabo reformas mal vistas por los moderados, como la reestructuración de la Milicia Nacional. Se provoca una gran tensión política, y la mejor salida que tiene Olózaga es conseguir un Decreto de disolución de Cortes, para lo que necesitaba a la reina, y convocar otras elecciones para conseguir una mayoría absoluta.

Francisco Martínez de la Rosa.

Consigue el Decreto de disolución y lo guarda para hacerlo público al día siguiente. Los moderados actúan rápido y acusan a Olózaga de haber forzado a la reina a firmar. Esta acusación no se sostiene, pero Luis González Bravo, vicepresidente del Congreso, asegura que vio cómo Olózaga forzó a la reina a firmar, algo que es mentira. Olózaga dimite y se exilia y González Bravo se convierte en jefe de Gobierno, iniciando una dictadura civil, que duraría 6 meses en los que el Gobierno se limita a poner paz reprimiendo los levantamientos juntistas progresistas. González Bravo restaura la Ley de Ayuntamientos para acabar con las Juntas, y acaba con la Milicia Nacional creando el cuerpo de la Guardia Civil.

En la primavera de 1844 se considera pacificado el país, con lo cual se acaba la dictadura civil y se convocan nuevas elecciones en las que gana Narváez. Esto supone una situación complicada para él, porque no había demostrado grandes dotes políticas. Lleva un gobierno muy autoritario, tratando a los ministros como subordinados suyos del ejército. Narváez da un paso adelante en las reformas políticas, llegando a la construcción de un Estado centralizado y a la reforma fiscal. En su equipo ministerial destacan Alejandro Mon, ministro de Hacienda, encargado de la reforma fiscal; Pedro José Pidal, ministro de Gobernación y encargado de crear el Estado centralizado y el concordato con la Iglesia en 1851; y Francisco Martínez de la Rosa, ministro de Estado y creador de la política del justo medio.

Afianzado en el gobierno el partido moderado, se llega a 1845, año crucial para el liberalismo español, pues se plantea una encrucijada en la que el partido moderado hace balance de los logros y fracasos desde la Revolución Liberal. Según el gobierno, es momento de ver qué se puede mantener y qué hay que cambiar. Según Narváez, si en 1845 se cierra el ciclo revolucionario, habría que dar respuesta a varios problemas como los carlistas, descontentos por el incumplimiento del acuerdo con Espartero; la situación de la Iglesia, que ha perdido gran parte de su patrimonio y sobre todo su influencia; y problemas políticos, denominados "inestabilidad constitucional", porque se han elaborado dos constituciones en menos de cinco años. La solución que encuentran los moderados es redactar una nueva constitución, la de 1845.

La división de los moderados

Una vez decidida la creación de una nueva Constitución se dedican a otras reformas, como establecer un orden público para evitar las situaciones de anarquía que se habían dado bajo los gobiernos progresistas. Sin embargo, los moderados no están unidos y se dividen en tres grupos con una visión propia de los objetivos marcados.

El primer grupo, más derechista, son los monárquicos o conservadores autoritarios, liderados por Juan Bravo Murillo, en el poder en 1851 y 1852. El segundo grupo, más la izquierda, liderados por Francisco Pacheco y después por Cánovas del Castillo, son los moderados puritanos. El grupo del centro son los moderados liberales-doctrinarios o narvaecistas, que resulta la facción triunfante.

Los narvaecistas se ponen rápidamente a trabajar en la nueva constitución. Se presentan varios modelos, entre los que destaca el del Marqués de Viluma, cuya constitución sigue la línea de una carta otorgada que da todo el poder a la Corona, así que es rechazada frontalmente. Los progresistas no pueden hacer oposición a Narváez, porque no tienen presencia en las Cortes, así que se instaura el modelo liberal doctrinario; que establecería una monarquía constitucional con soberanía compartida entre la Corona y las Cortes.

Constitución de 1845.

En cuanto a la declaración de derechos, la Constitución de 1845 destaca por sus leyes sobre imprenta y religión. No hay censura previa para imprimir, pero se crean unos tribunales especiales para juzgar los delitos de injuria contra el gobierno o la Corona. Con respecto a la religión se rechaza la libertad de culto de 1837, aunque no se llega a la intolerancia de la del 1812. En 1845 España se convierte en un Estado confesional católico y se restablece la subvención de culto y clero, y además se favorece la presencia de la Iglesia en la enseñanza, algo que sirve de primer paso entre Iglesia y Estado para su reconciliación, que llegará en el 1851 con el Concordato.

Respecto a la organización de los poderes del Estado, la Constitución de 1845 establece un modelo bicameral, Senado y Congreso, renovado cada cinco años y cuyos representantes son elegidos mediante la Ley de distritos uninominales (en cada distrito sólo hay un ganador) para lograr mayorías parlamentarias muy estables. Además se establecen las rentas para poder ser elegido (12.000 reales) y para poder votar (400 reales). En 1846 sólo vota el 0,8% de la población, casi 100.000 personas.

La creación del Estado liberal centralizado

Supone la gran aportación de los moderados, sobre todo por su duración, porque está vigente hasta el Estado de las Autonomías. El Estado centralizado no forma parte de la Constitución de 1845, sino que fue creado por leyes orgánicas. El artífice es Pedro José Pidal, que importa el modelo de centralización napoleónica llevado a cabo durante el Consulado. El centralismo, según Napoleón, consistía en crear una administración controlada por agentes unipersonales. El eslabón más importante es el Gobierno central; luego los Departamentos, mandados por prefectos; y por debajo estaría el maire al frente de cada unidad territorial básica. Adaptado a España, se coloca a la reina y al jefe de gobierno en primer lugar. En el segundo escalafón están los Gobernadores Civiles, al frente de las provincias y nombrados por el Gobierno Central; y por último los alcaldes, ayuntamientos y diputaciones y nombrados por los Gobernadores Civiles, aunque en el ciudades grandes son nombrados por el Gobierno Central.

Dentro del Estado Centralizado español destacan las Diputaciones Provinciales, que habían tenido un gran poder político y económico pero con los moderados su poder queda reducido a órgano de consulta. El apoyo principal de cada Gobernador Civil es el Consejo Provincial, nombrado desde Madrid y que actúa como Tribunal de lo contencioso y administrativo, es el mediador entre ciudadanos y Administración. Dentro de los ayuntamientos, todos los concejales son elegidos por sufragio censitario y deben ser aceptados por el alcalde y el Gobernador Civil. El alcalde debe mantener el orden público, adaptándose a lo que designe el gobierno central, que, en algunos casos, se reserva el derecho de nombrar un Corregidor en lugar de un alcalde, dado que el alcalde pasaba por elecciones y el Corregidor era elegido a dedo.

Estatua del Duque de Ahumada en Valdemoro.

Uno de los problemas principales para Pidal es la cuestión foral. Los moderados respetan los fueros de País Vasco y Navarra, por miedo a un alzamiento carlista, pero estas provincias pierden un gran número de prerrogativas legislativas y judiciales que antes controlaban. Hay más medidas centralizadoras, como el Sistema de Instrucción Pública, dado que las competencias educativas, antes en manos de ayuntamientos y diputaciones, pasan a manos del Gobierno Central, que establece planes de estudio y niveles educativos. También se establece el Sistema Métrico Decimal, para que sólo haya un tipo de medidas. Por último, en cuanto al orden público, el Estado Centralizado cuenta con la Guardia Civil, que sustituye a la Milicia Nacional, pues se considera que la Milicia no conserva el orden, ayuda a los progresistas a llegar al poder y no actúa en el mundo rural, donde hay un gran número de problemas, como el bandolerismo.

El primer decreto fundacional de la Guardia Civil es el de González Bravo en 1844, que tiene la idea de establecer en España un modelo semejante a la gendarmería francesa. Sin embargo, la idea de González Bravo es transformada por Narváez en un nuevo decreto, llamado el contradecreto, firmado por el Duque de Ahumada. Según este decreto la Guardia Civil tiene una doble naturaleza. Dependería del Ministerio de Gobernación y de los alcaldes por su servicio civil. Presenta una disciplina militar en su organización interna, con lo cual dependería del Ministerio de Guerra. Al frente de la Guardia Civil se sitúa la Inspección General, dirigida por el Director General de la Guardia Civil. Tradicionalmente éste es un militar de alto rango en la reserva, aunque después llegarían algunos civiles. La Guardia Civil goza de gran autonomía por estar entre dos ministerios.

Las alternativas al moderantismo

Con este sistema de gobierno de los moderados transcurre una década en la que la vida política gira en torno a Narváez y a la Corona y en la que se crean varios grupos de presión que intentan arrancar privilegios a ambos. La formación de estos grupos es una de las pocas vías política que permiten los moderados.

El moderantismo tiene oposición política sin representación parlamentaria. Se puede destacar el carlismo, que protagoniza varios alzamientos armados, como los de 1848 y 1849 en Cataluña, "Dels Matiners", cuya violencia hace que sean llamados como la Segunda Guerra Carlista. Otro grupo opositor es el Partido Demócrata, que se va cada vez más a la izquierda, declarándose republicano y antimonárquico.

En diciembre de 1851 se lleva a cabo en Francia el golpe de Estado de Luis Bonaparte, Napoleón III. Esto repercute en España, bajo el gobierno de Bravo Murillo, que suspende las Cortes y las clausura un año. Con las Cortes cerradas, Bravo Murillo gobierna mediante decretos e intenta implantar un sistema político que otorgase más derechos a la Corona. Esta reforma causa una reacción política, en mayo de 1852 se redacta un escrito a la reina para que reabra las Cortes. En diciembre de 1852, se reabren y además se nombra a un nuevo presidente: Francisco Martínez de la Rosa. Bravo Murillo, todavía presidente, está en contra, así que disuelve las Cortes y publica una nueva constitución y leyes orgánicas para las futuras Cortes. Bravo Murillo fracasa, es obligado a dimitir, aunque una de sus reformas sí se convertiría en ley en 1857: la de senadores hereditarios, natos y vitalicios.

Napoleón III.

Estos acontecimientos políticos desembocan en un conflicto armado que se funda en el apoyo que la Corona daba a una política extrema que amenazaba con volver a la situación del liberalismo de 1834. Un grupo de unos 200 senadores y congresistas intenta conseguir una solución por vía política, pero no obtienen respuesta y en febrero de 1854 se produce en Zaragoza un alzamiento que es reprimido, aunque la conspiración continúa, dirigida por narvaecistas y puritanos. El siguiente alzamiento se da en Vicálvaro, "La Vicalvarada", con O´Donnell y Dulce, que no logran mucho éxito en un principio, algo que cambia en Manzanares (Ciudad Real), donde se les une el general Serrano. Juntos protagonizan el Manifiesto de Manzanares, que provoca un gran cambio político y alzamientos en Barcelona, Valladolid y Valencia hasta que el gabinete de Gobierno dimite y se crea una Junta de Gobierno en Madrid que obliga a la reina a nombrar un nuevo Gobierno. Sorprendentemente, la reina nombra a Espartero jefe de gobierno y no a O’Donnell, que es nombrado Ministro de Guerra.

El Bienio Progresista (1854–1856)

Artículo principal: Bienio Progresista

Es un periodo marcado por la coalición entre moderados más de izquierda y progresistas más de centro. Esta coalición se institucionaliza mediante un partido fundado por O’Donnell, la Unión Liberal, que consigue la mayoría en las elecciones de 1854, y se mantiene en el poder dos años. Se reinstauran leyes progresistas como la de ayuntamientos, la Milicia y se redacta una nueva constitución que no es promulgada, porque se acaba el Bienio. La obra legislativa principal del Bienio son las reformas económicas, destinadas a consolidar a la clase media. Entre las medidas económicas están la desamortización de Madoz y la ley de ferrocarriles.

La nueva desamortización afecta a los bienes de los ayuntamientos y en menor medida a la Iglesia, a órdenes militares y a algunas instituciones benéficas. El número de bienes nacionalizados es mucho mayor al de 1837. Los objetivos son sanear la hacienda y pagar las obras de construcción del ferrocarril. Esta desamortización tiene graves consecuencias: para los ayuntamientos, perder tierras supone perder uno de los principales medios de financiación.

La Ley de ferrocarriles se publica en 1855 para regular la construcción de la red ferroviaria, así como para buscar inversores para su desarrollo. En España no había grandes inversores, así que el capital es extranjero. Además, la infraestructura y los trenes eran ingleses, lo que no favorece a la siderurgia española. Además el ancho de vía era distinto al europeo, así que el ferrocarril no llega a ser el negocio que se esperaba. Los inversores se desesperan y venden en masa sus acciones. Mientras, el gobierno lucha por consolidar la clase media y la clase popular, que se encuentra sin voz ni voto, provoca un conflicto social, por los precios, los impuestos, malas cosechas, etc. Todo desemboca en alzamientos en Barcelona en contra del reclutamiento forzoso, de los bajos salarios y de las largas jornadas laborales. El gobierno reacciona introduciendo algunas mejoras laborales y el derecho de asociación. La crisis definitiva llega en 1856, con numerosos alzamientos que obligan a Espartero a dimitir. La reina nombra a O’Donnell como jefe de gobierno.

Crisis definitiva del moderantismo (1856–1868)

Tras el Bienio Progresista se restablecen la Constitución de 1845 y la Unión Liberal se mantiene en el poder con O’Donnell (1856-1863) Después vuelve Narváez, en un periodo tranquilo, con el establecimiento del orden del Estado centralizado y tras detener el proceso desamortizador de Madoz. La política exterior se usa para que la población no se centre en los problemas internos. España se mete en conflictos en Marruecos, Indochina y México. En 1863 vence la coalición de progresistas, demócratas y republicanos, aunque sube al poder Narváez, con un gobierno dictatorial que acaba en 1868, cuando estalla una nueva revolución, dirigida contra el gobierno y la Reina Isabel II: la Revolución Gloriosa.

Véase también


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