Bernardo de Monteagudo

Bernardo de Monteagudo

Bernardo de Monteagudo

Para la localidad del Gran Buenos Aires, véase Villa Bernardo Monteagudo.
Bernardo Monteagudo

Bernardo de Monteagudo Cáceres, abogado y periodista rioplatense. (Tucumán, 20 de agosto de 1789 - Lima, Perú, 28 de enero de 1825). Miembro de la Logia Lautaro y con fuertes lazos con el gobierno del Imperio Británico, fue un funcionario y asesor intelectual de primer orden en las fuerzas revolucionarias en varios países de Sudamérica. Figura polémica, es considerado por algunos autores como un patriota, aunque Lafond o Stevenson del mismo lado lo consideraban un sanguinario.[1] Monteagudo dirigió políticas de terror y limpieza étnica contra los españoles en sudamérica,[2] y se le relaciona con diversos hechos de sangre, como el asesinato del independentista chileno Manuel Rodríguez o la muerte de José Miguel Carrera.[3] A su vez murió asesinado en circunstancias que son motivo de debate historiográfico.


Contenido

En el Alto Perú

Era hijo de un capitán de milicias de origen español, aunque toda la vida lo persiguió el insulto racista de "mulato". Pasó su infancia en la pobreza, pero cursó estudios de abogacía en Córdoba y en la Universidad de Chuquisaca, de donde se graduó en el año 1808.

El 25 de mayo de 1809 estalló en Chuquisaca una sublevación contra las autoridades virreinales. Monteagudo compuso un "Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII", en que pretendía demostrar que los derechos del rey de España y del pueblo español sobre España eran los mismos que los de los americanos sobre América. Por otro lado, sirvió como teniente de artillería del ejército revolucionario, dirigido por Juan Antonio Álvarez de Arenales.

Cuando el gobernador Francisco de Paula Sanz recuperó el gobierno, arrestó a Monteagudo y lo liberó poco después. Volvió a ser arrestado en Tupiza, siendo liberado después de la batalla de Suipacha por el Ejército del Norte, pasando a ser auditor del mismo y secretario de Juan José Castelli, jefe político de la expedición. Estuvo a su lado y rubricó con su firma las órdenes de ejecutar a Sanz, Nieto y Córdoba.

Durante la reconquista del Alto Perú, varios miembros del ejército, y especialmente Monteagudo, insultaron gravemente los sentimientos religiosos de la población, lo que les trajo mucha oposición. Luego de la batalla de Huaqui, que terminó con la victoria de las tropas realistas al mando del General José Manuel de Goyeneche, la tropa local desertó y se pasó al enemigo, alejando para siempre a los argentinos del Alto Perú.

En Buenos Aires

Regresó a Buenos Aires, donde asumió la defensa de varios de los acusados, incluido Castelli, en el juicio para buscar responsables por la derrota. Fue editor de la Gaceta de Buenos Aires, alternándose con Vicente Pazos Silva, quien pronto pasó a ser su enemigo y lo acusó de "sacrílego profanador". Influyó en la redacción del Estatuto Provisional por el que se debía regir el gobierno hasta la reunión de la Asamblea General Constituyente.

Persiguió por todos los medios a los españoles, fueran patriotas o realistas, y apoyó al ministro Rivadavia en su acusación a Martín de Álzaga y su círculo, sin fundamento alguno y por razones de venganza personal, de intentar una revolución para restaurar el dominio español en el Río de la Plata. Monteagudo fue nombrado fiscal y dirigió un sumario en que no se permitió que los acusados se defendieran. La mayor parte fueron ejecutados, incluido Álzaga.

En 1812 fundó el periódico Mártir o Libre, en donde acentuaba la necesidad de una inmediata proclamación de la independencia. Intentaría reflotar la Sociedad Patriótica, y con los que habían sido sus miembros se unió a la Logia Lautaro, fundada por San Martín y Alvear.

Apoyó la revolución de octubre de 1812, que depuso al Primer Triunvirato y colocó en su lugar al Segundo Triunvirato, dominado por la Logia. Integró la Asamblea del Año XIII y participó en las medidas de gobierno que ésta tomó, y también en la decisión de no declarar la independencia ni redactar una Constitución.

Apoyó luego al dictador Carlos María de Alvear, y fue deportado a la caída de éste. Pasó dos años en Europa, donde cambió su orientación política y se hizo partidario de las monarquías constitucionales. Protegido por Antonio González Balcarce, se le permitió regresar, aunque no a Buenos Aires, sino a Mendoza.

En Chile

En 1817, pocos días después de la batalla de Chacabuco, cruzó la Cordillera y se puso a órdenes de San Martín como auditor del Ejército de los Andes. Dos meses después redactó la Declaración de la Independencia Chilena, y se hizo confidente y consejero del director Bernardo O'Higgins.

En Chile se le suele identificar como el encargado de realizar los trabajos sucios dentro de la Logia Lautaro.[4]

Tras la Sorpresa de Cancha Rayada fue la primera persona que huyó de Chile. Apenas llegado a Mendoza, se enteró de la victoria patriota en la Batalla de Maipú, e inmediatamente buscó alguna forma de congraciarse con sus protectores. Se encontró en Mendoza con los hermanos Juan José y Luis Carrera, presos pero a punto de recobrar la libertad. Se presentó como enviado especial de San Martín y en su nombre dirigió un juicio sumario y secreto en su contra, logrando la pena de muerte y haciéndola ejecutar sin consultar a San Martín.

San Martín se puso furioso, pero O'Higgins hizo que Monteagudo volviera a ocupar su cargo en el gobierno de Chile.

A las pocas semanas otro popular opositor, el coronel Manuel Rodríguez, era arrestado y posteriormente asesinado durante el traslado a un segundo centro de reclusión. El hecho primero fue anunciado oficialmente como el resultado de un intento de fuga. Pero el teniente Antonio Navarro, autor material de asesinato, en una posterior confesión judicial, narró que Monteagudo se reunió personalmente con él para encargarle la "exterminación" de Rodríguez:

...que interesaba toda exactitud en el encargo (...) la exterminación del coronel don Manuel Rodríguez por convenir a la tranquilidad pública...
Antonio Navarro
Confesión Judicial, 15 de marzo de 1823[5]

La versión de otro testigo, el capitán José Miguel Benavente, asegura que la orden le fue dada a Navarro también por Bernardo O'Higgins y Antonio González Balcarce.[6]

San Martín logró que lo deportaran a San Luis, donde convenció al gobernador Dupuy de aumentar la severidad de las penas de los realistas allí confinados. Eso los indujo a intentar una sublevación, pero las fuerzas puntanas, al mando del teniente Pringles y del riojano Facundo Quiroga, reprimieron el intento: todos los realistas fueron muertos, de forma despiadada los oficiales españoles fueron todos degollados por orden de Monteagudo[7]

En el Perú

En 1821 fue llamado por San Martín para reemplazar al recientemente fallecido Antonio Álvarez Jonte como auditor del ejército en Perú. Su primer éxito fue convencer al gobernador de Trujillo de pasarse a los patriotas: era el marqués de Torre Tagle, futuro primer presidente peruano. Apoyó las tendencias monárquicas de San Martín.

Cuando San Martín tomó el poder en Perú como Protector Supremo, en agosto de 1821, lo nombró Ministro de Guerra y Marina y, más tarde, de Gobierno y Relaciones Exteriores. Expulsó al arzobispo de Lima, fundó una Escuela Normal y una Biblioteca, abolió la mita y libertó a los hijos de esclavos. Por orden de San Martín creó una especie de nobleza, distinguida con la Orden del Sol, con la intención de "restringir las ideas democráticas". También repitió un experimento que había sido funesto en Buenos Aires: expulsar a todos los españoles europeos.

Tras la renuncia de San Martín, que dejó como presidente a Torre Tagle, los propios peruanos lo forzaron a expulsar a Monteagudo en julio de 1822. Tras una corta estadía en Panamá, recorrió Guatemala, Colombia y Trujillo, en Perú. Acompañó a Bolívar con el grado de coronel en la campaña final de la guerra de la independencia del Perú. No obstante la vigencia de la resolución legislativa que ordenaba su proscripción, acompañó a Bolívar en su entrada en Lima, después de la victoria en la batalla de Ayacucho del 9 de diciembre de 1824.

Aunque escribió un Ensayo sobre la Confederación americana, cuéntase, sin que al respecto haya pruebas, que aconsejó al Libertador que regresara a Colombia.

El 28 de enero de 1825 fue asesinado por sus enemigos limeños.

Los historiadores no logran ponerse de acuerdo sobre Monteagudo, ya que fue un revolucionario “jacobino”, pero que cambió varias veces de posición política. A lo largo de su carrera pidió y consiguió una sorprendente cantidad de penas de muerte, pero fue también un brillante ideólogo de la Independencia americana.

Asesinato de Monteagudo

Bernardo de Monteagudo cayó asesinado el 28 de enero de 1825. Se dijo que esa muerte tuvo carácter político. Tal versión ha sido auspiciada por el relato de Ricardo Palma, quien vinculó el asesinato de Monteagudo a una "logia republicana" (masones) a la que inevitablemente vendría a estar asociado el ministro peruano Sánchez Carrión, quien se reveló enérgico y hasta implacable con Monteagudo y elogiaba con júbilo la llamada "excomunión civil" de Monteagudo finalmente decretada por el Primer Congreso Constituyente del Perú de 1822; y también por el testimonio del general colombiano Tomás C. de Mosquera, muchos años después.

El asesino pudo identificarse porque, como usó un cuchillo nuevo, dio lugar a que se llamara a todos los barberos de la ciudad de Lima. Uno de ellos declaró haber afilado el de un negro que parecía cargador o aguador; presentes los de estos oficios, fue identificado Candelario Espinosa, quien llegó a confesar el delito y relacionar con él a personas de la alta sociedad de Lima.

Otros posibles gestores del crimen pudieron haber sido algunos partidarios de los españoles, envalentonados con la noticia de la próxima llegada de una escuadra realista al Callao para auxiliar a José Ramón Rodil y Campillo y obsesionados por su odio al ministro de San Martín que tanto daño les hiciera. En ese sentido declaró, por un momento, el mismo asesino. Simón Bolívar escribió a Santander pocos días después (9 de febrero) acogiendo, en cierta forma, la misma versión:

"Este suceso debe tener un origen muy profundo o muy alto. Los asesinos están presos y ellos confiesan dos personas que pertenecen a la facción gótica de este país. Yo creo que esto puede tener origen en los intrigantes de la Santa Alianza que nos rodean; porque el objetivo no debía solo ser matar a Monteagudo sino a mí y a otros jefes"
Carta de Simón Bolívar a Santander del 9 de febrero de 1825#GGC11C

También pudo tratarse de una venganza por razones privadas o domésticas. O de un caso de asesinato para robar como creyeron Heres, O´Leary y el coronel Belford Wilson, edecán del Libertador.

Manuel Lorenzo de Vidaurre y tres vocales escogidos especialmente tomaron a su cargo el asunto y formaron un tribunal especial con amplias facultades. En el proceso hay documentos en el sentido que Espinosa fue torturado y que insistió, bajo esa presión, en que el móvil del asesinato fue el robo. En el juicio que se siguió por su muerte, Simón Bolívar arrebató la competencia a la Corte Superior de Lima y llevó personalmente el juicio e interrogatorio a los sospechosos del crimen, dos esclavos negros, cuyo testimonio no reveló y a quienes condonó la pena de muerte y los envió a la Gran Colombia.[8]

Vidaurre, en una comunicación a Bolívar, que aparece en Suplemento a las cartas americanas, escribió:

"Señor: una mano poderosa movió el puñal de ese asesino, yo lo hubiera descubierto si obrara por mí solo. El negro conducirá el secreto a la eternidad"
Carta de Manuel Lorenzo de Vifaurre a Simón Bolívar#GGC11C

Según San Martín, en una carta a Mariano Alejo Álvarez, escrita en 1833 (y publicada en el Boletín del Museo Bolivariano de Lima en 1930), él se esforzó en preguntar a cuantas personas pudo acerca de este asesinato y recibió versiones contradictoria: los sindicados fueron Sánchez Carrión, los españoles, un coronel celoso de su mujer y hasta Bolívar, sin que faltaran los que dijeran que el hecho se hallaba cubierto por un velo impenetrable.

Monteagudo, antiguo ministro de San Martín y de Torre Tagle, enemigo de José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete, primer Presidente de la República del Perú, que fue el autor de su caída, proscrito por el Congreso Constituyente con severidad insólita en aquella asamblea liberal, se había puesto en contacto con el Libertador desde 1823, en Guayaquil. Bolívar escribió a Santander, el 4 de agosto de 1823, desde ese puerto:

"Monteagudo tiene un gran tono dipomático y sabe en esto más que otros. Tiene mucho carácter, es muy firma, constante y fiel a sus compromisos. Está aborrecido en el Perú por haber pretendido una monarquía constitucional, por su adhesión a San Martín, por sus reformas precipitadas y por su tono altanero cuando mandaba (...). Añadiré francamente que Monteagudo conmigo puede ser un hombre infinitamente útil"
Carta de Bolívar a Santander del 4 de agosto de 1823#GGC11C

Referencias

  1. [1]
  2. [2]
  3. [3]
  4. Benjamín Vicuña Mackenna, El ostracismo del jeneral D. Bernardo O'Higgins, Valparaíso: Impr. i Libr. del Mercurio de Santos Tornero, 1860
  5. Justo Abel Rosales, Los restos de Manuel Rodríguez, Recopilación de todas las piezas que componen el expediente formado por el comité popular para identificarlos, Imprenta B. Vicuña Mackenna, p.57, Santiago, 1895.
  6. Miguel Luis Amunátegui, La dictadura de O'Higgins, Santiago : Impr. Litogr. i Encuadernación Barcelona, 1914
  7. http://books.google.com/books?id=ecNmAAAAMAAJ&pg=PA576&dq=espa%C3%B1oles+monteagudo&lr=&as_brr=3&ei=za-KSoSEO5fGM5OnzaoM&hl=es#v=onepage&q=espa%C3%B1oles%20monteagudo&f=false.
  8. Morote, Herbert. Bolivar, Libertador y Enemigo del Perú. Lima: Jaime Campodónico, 2007 pág 130 y ss.

Fuentes

  • Peruanas:
  • Historia de la República del Perú, Jorge Basadre Grohmann, Empresa Editora El Comercio, Lima, 2005
  • Bolívar Libertador y Enemigo Nº 1 del Perú, Herbet Morote, Lima: Jaime Campodónico, 2007.

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