Superlópez


Superlópez
Para otros usos de este término, véase Superlópez (desambiguación).
Superlópez
Publicación
Formato En su origen seriada, actualmente sólo álbum.
Primera edición 1973-presente
Editorial Euredit
Bruguera
Ediciones B
Periodicidad Irregular (aprox. semestral)
Contenido
Tradición Española
Género Cómico
Personajes principales Superlópez
Jaime
Luisa
Escariano Avieso
Al Trapone.
Dirección artística
Guionista(s) Jan, Efepé
Dibujante(s) Jan
Numeración 52

Superlópez es una serie de historietas, protagonizada por el personaje homónimo, que fue creada en 1973 por el dibujante español Juan López Fernández, mejor conocido por su alias, «Jan». Este se ha ocupado de su creación desde entonces, si bien destacan algunos guiones escritos por Efepé. Nacida como una parodia de Superman, ha acabado convirtiéndose en un vehículo de su dibujante para abordar multitud de temas, incluyendo la crítica social. Es habitual que las entregas de la serie, usualmente enfocadas bajo una óptica surrealista, traten además temas de actualidad, así como que estén fielmente representadas en entornos realistas fruto del empeño de su creador por documentarse minuciosamente.

Superlópez constituyó el último éxito de Bruguera, sólo superado en popularidad por Mortadelo y Filemón. Sin embargo, sus historietas reciben usualmente la crítica de haber descendido en calidad desde los primeros álbumes de la serie.[1]

Contenido

Trayectoria editorial

Euredit (1974)

Superman, personaje objeto de la parodia.

En 1973, el dibujante Juan López Fernández «Jan», recibió el encargo de realizar un libro de historietas cómicas, muy breves, en el que se parodiara a Superman, por parte de Antonio Martín, director editorial del área de cómics de la editorial barcelonesa Euredit. Éste tuvo que convencer a Jan —quien no se consideraba a sí mismo un humorista— [2] para que realizara el trabajo, y la obra se incluyó dentro de la colección Humor siglo XX,[3] [nota 1] dedicada a la sátira de personajes del cómic, literatura y cine americanos, como King Kong, Tarzán o Frankenstein. Jan lo realizó rápidamente, sin mucha fe. [4] [5] [2] [6] Las historietas debían de ser mudas, impresas en blanco y negro y en un formato apaisado de 48 páginas, por lo que, para suplir estas restricciones creativas, recurrió a todo tipo de recursos gráficos, como bocadillos de pensamiento, signos cinéticos o acentuación de las expresiones, logrando así una gran expresividad en sus dibujos.[7]

Jan concibió su parodia de Superman a la manera de un español medio de lo más común y corriente; «en clave de matrimonio hortera», porque le parecía lo más cercano al público de la época.[8] Este personaje, ante las dificultades cotidianas que no puede resolver y que le frustran, adopta como válvula de escape la táctica de imaginarse que es un superhéroe.[9] Las tiras correspondientes a esta etapa, trazadas con lí­nea de rotring sobre hojas de papel folio y con una extensión de tres a cuatro viñetas,[3] [10] cuentan con un dibujo de trazo simple y expresivo,[11] aunque con poca conexión o continuidad entre ellas. Jan, a pesar de las limitaciones del formato, creó gags efectistas sobre Superman, chistes mudos más bien «domésticos»,[6] que mínimamente tenían que ver con el personaje posteriormente desarrollado en las historietas de Superlópez de Ediciones B.

Bruguera (1974-1985)

Primera etapa

Al año siguiente, y hasta 1975, Jan recuperó a Superlópez para una nueva etapa en la editorial Bruguera, proponiendo el personaje a Rafael González, entonces director artístico de la editorial. Bruguera, sin embargo, registró el personaje, desposeyendo a Jan de su propiedad.[12] Estas historietas, autoconclusivas, tenían una longitud en su mayoría de una o dos páginas –tal y como era usual en el estilo de la editorial– con muchas viñetas pequeñas, construidas sobre argumentos mínimos y temas banales, y girando en torno a las viejas y ya desgastadas anécdotas del humor Bruguera.[7] El autor consideraba este estilo anticuado, y ha comentado también que recuerda estas tiras «como una colección de tonterías dibujadas sin ganas y con los ojos puesto en el futuro».[13] Jan llegó incluso a declarar a Rafael González que veía estúpidas las historietas de la editorial,[14] lo que deterioró las relaciones entre ambos. Así, ante las imposiciones marcadas por Bruguera sobre guiones y humor, se negó a realizar los mismos. Aunque este formato no era del agrado de Jan, esperaba –confiando en una renovación de la empresa en busca de sobrevivir a la crisis en la que estaba sumida–[8] que la editorial se modernizara, para así poder desarrollar posteriormente el personaje a su gusto. Parte de los guiones recayeron en Conti, quien los firmó en ocasiones con el seudónimo de Pepe,[7] e incluso algunos de ellos, entregados a Jan generalmente en hojas amarillas mecanografiadas, se dejaron sin firmar.[15] Francisco Pérez, conocido como Efepé, también se hizo cargo de otros guiones; estos llamaron la atención del dibujante, por considerarlos menos bobos y en general mejores, lo que propició su colaboración en la etapa posterior del personaje.[15]

En estas aventuras se presenta a un Superlópez casado, más torpe y humano, preocupado en mayor medida por sus problemas en la oficina que por sus peleas con supervillanos. Las historietas aparecen publicadas en revistas como Tío Vivo (2ª época) o Mortadelo Gigante,[15] y se realiza una recopilación de estas en el álbum n.º 13 llamado El génesis de Superlópez, que también contiene historietas de la etapa anterior en Euredit.

Colaboración estable con Efepé

Jan, gracias a su amistad con Miguel Pellicer,[16] retomó el personaje en 1979 para Bruguera con Efepé como guionista. Las aventuras cuentan con un formato más extenso, primero en historietas cortas fraccionadas de 8 páginas en la revista Mortadelo Especial y más adelante en álbumes Olé!, con publicaciones regulares de cada aventura recopilada.[17] Estos álbumes permitieron el despegue de la serie,[16] publicándose a su vez recopilados en tapa dura en la colección Super Humor. A partir de entonces las historietas de Superlópez siguieron una línea argumental con una continuidad más sólida entre ellas, en unos cómics iniciales donde cobraba mayor protagonismo un humor disparatado y paródico. El tándem Efepé - Jan creaba así la base para sustentar las aventuras posteriores del superhéroe.

Efepé, conocedor del mundo de los superhéroes,[18] ideó para Las aventuras de Superlópez una trama inicial en la que se parodia al Superman de DC Comics, con numerosas referencias al original. Lejos de detenerse en ello, en los siguientes álbumes se continuó con la parodia de multitud de héroes y villanos de los comic-books de superhéroes estadounidenses.[15] De esta forma, en los dos números siguientes entraba en escena «El supergrupo», una sátira consistente de los grupos de superhéroes, tales como los 4 Fantásticos, los Vengadores, X-Men o los Defensores, donde cada integrante del grupo era una parodia de un superhéroe estadounidense.[9] El Capitán Hispania, El Bruto, La Chica Increíble, Latas y El Mago se podían entender como las versiones humorísticas del Capitán América, la Cosa, Jean Grey, Iron Man y el Doctor Extraño, respectivamente.[19] Ricardo Aguilera y Lorenzo F. Díaz indican además que la estructura dramática aportada por Efepé recuerda al Goscinny de Astérix.[1]

Jan como guionista

Desde Los alienígenas los números de la serie son realizados en exclusiva por Jan.

Reirse de Superman en clave española permitió a Jan descubrir una herramienta para contar sus historias.[6] En 1980, tras algunos retrasos en la entrega de los guiones por parte de Efepé,[13] [20] el dibujante decidió tomar las riendas de estos desligando a Superlópez de la trama de superhéroes iniciada con el Supergrupo, a partir del cuarto número Los alienígenas. Con el personaje ya definido en los números anteriores, sucedía que a Jan no le interesaba en especial la crítica continuada de superhéroes, «ya que en realidad eso equivalía a hacer otra más»,[21] y prefería trabajar con sus propias ideas, más enfocadas al mundo real que le rodeaba que a las coordenadas típicas de éstos.[22] Así, abordó temáticas tan variadas como la ciencia-ficción (Los alienígenas, La caja de Pandora), la fantasía (El señor de los chupetes), la serie negra (La semana más larga) o el mundo del cine (La gran superproducción).

Letra S similar a la usada por Superlópez a partir de Los alienígenas.

En Los alienígenas también se produjo un cambio sustancial en la estética del personaje, debido a su condición inicial de parodia: el traje de Superlópez se asemejaba al de Superman, de tal forma que el escudo del original ocasionó problemas entre DC Comics y Bruguera. Ante la posibilidad de perder ventas,[8] la editorial estadounidense, que distribuía Superman en España a través de la misma Bruguera, alegó que Superlópez se trataba de un plagio. No hubo problemas legales sino que DC Comics ejerció presiones que impidieron publicar el personaje en otros países como Francia o Bélgica,[23] así como también presionó a Bruguera para que dejara de utilizar al Supergrupo.[24] Esto, sin embargo, no afectó al autor especialmente, pues el asunto del logo le causaba indiferencia.[21] Las editoriales llegaron a un compromiso y la S se modificó finalmente por otra con un trazo mucho más simple (aunque Jan afirma que no lo hizo porque fuera más fácil y rápida de dibujar),[25] que es el usado desde entonces. A pesar de que este cambio se realizó durante la aventura de Los alienígenas, en la portada de ¡Todos contra uno, uno contra todos! Superlópez ya aparecía con el nuevo logo.

Entre 1981 y 1983 el ritmo de publicación de la colección disminuyó, debido a que la editorial Bruguera pidió a sus nuevos dibujantes personajes con los que relanzar su revista infantil Pulgarcito.[5] En La caja de Pandora, la publicación de las historietas cambia de revista a Mortadelo.[26] Jan continuó, a pesar de ello, ideando historietas de Superlópez para Bruguera hasta que la editorial quebró, dejando a medio publicar La gran superproducción en la nueva revista Superlópez, de la que sólo se llegaron a editar tres números de marzo a mayo de 1985.[26]

Ediciones B (1987-presente)

La quiebra de la editorial obligó a Jan a detener la creación de nuevas aventuras del superhéroe hasta 1987, cuando Ediciones B asumió finalmente los fondos y licencias de Bruguera, y con ello los derechos de Superlópez.[27] Al mismo tiempo, la nueva editorial creó otra publicación con la cabecera Superlópez que se mantuvo durante 4 años. En 1990, el personaje se incorporó fugazmente a la revista Yo y Yo para acabar recalando al año siguiente en Mortadelo. La publicación por entregas de las aventuras del personaje cesó finalmente en 1996, con un único capítulo editado de El Infierno.[28] Ediciones B publica desde entonces las nuevas aventuras del personaje –además de reediciones de las anteriores– en sus colecciones Fans (anteriormente Olé!), Súper Humor y Magos del Humor.[29] Asimismo, Superlópez se ha publicado en otras revistas o publicaciones como la colección Gran Festival Del Cómic de Ediciones Bruch, el suplemento Gente Menuda del diario ABC, El Periódico de Catalunya o el diario El Mundo. Durante este período de Ediciones B hay que resultar el descenso en el número de páginas de cada álbum, debido a imperativos editoriales:[30] De las 62 páginas de que consta El dios del bit se pasa a las 48 de los siguientes álbumes.[31] A causa de esta limitación de formato, Jan tuvo que cambiar el ritmo y complejidad de sus historias.[32] En comparación con su etapa en Bruguera, el autor ha expresado sentirse con mayor libertad, profesionalidad y confianza en su trato con Ediciones B.[33]

Elaboración de las historietas

Temas

Jan prefiere definirse como narrador de historias antes que como dibujador o humorista.[18] Para la realización de cada historia, el autor parte de algún mensaje que transmitir; no quiere hacer siempre lo mismo, pues repitiéndose, éstas pierden contenido.[9] Así, cada una es distinta en su elaboración, en busca de desarrollar una idea en particular enfocada al mundo que rodea al autor. No quiere sentirse encorsetado por la condición de superhéroe del protagonista, el cual pasa a menudo a un segundo plano, pues el entorno de los superhéroes es más propio de la cultura norteamericana.[22] De esa forma, lo importante no es que Superlópez reivindique nada ni resuelva injusticias, es el sentido de las historias lo que le interesa al autor.[34] En contraposición del humor disparatado de los números iniciales, intenta profundizar más allá para crear varios niveles de lectura para sus historietas,[35] no le atrae «entretener por entretener»,[36] e intenta dirigirse al amplio espectro de lectores con los que la serie cuenta. Un ejemplo de ello es la aventura La caja de Pandora, donde el lector más pequeño podrá ver una divertida historia de monstruos, pero alguien más culto podrá advertir alusiones a los mitos griegos, aztecas, hindúes y egipcios, así como referencias a la parapsicología o la ufología.[9] Esta voluntad de proporcionar múltiples lecturas fue recibida sin embargo con escepticismo por la editorial Bruguera, influida por su subcultura propia.[37] Sin embargo, al introducir aspectos literarios o viajes en sus historietas no pretende culturizar a los lectores ni suplantar otras artes, sino introducir elementos reales para darle más dimensión a las historias.[38] Se encuentra muy presente además un enfoque surrealista, sobre el que el autor ha mencionado la posible influencia de su afición al surrealismo literario, con ejemplos como Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift, y otros autores tales como H. G. Wells, Rudyard Kipling, Stanisław Lem o Boris Vian.[21] [39] [8]

Elección de temas

Depende de cada momento, de las barbaridades que lea en el diario o en otros medios acerca de nuestra salvaje civilización... Los temas están ahí fuera. Son muy cambiantes, como las estaciones... Yo miro la vida.[40]
Jan
Cerditos de mazapán en un escaparate en Camprodón, como los que dieron nombre al álbum Los cerditos de Camprodón.

Sobre los argumentos, Antoni Guiral escribió que estaban «enriquecidos por la inquietud personal y cultural de su creador, que abordan temas ligados a la actualidad o desarrollan la gran capacidad de Jan para la fabulación fantástica».[15] Para su elaboración, Jan acostumbra a inspirarse en cualquier idea que encuentre en su entorno, como resultado de la observación de algún elemento que le llame la atención o de su propia experiencia. A menudo, el dibujante recurre a fuentes muy variadas, desde medios de información, como por ejemplo noticias de actualidad de los periódicos, telediarios o documentales de televisión;[41] [42] [43] hasta el arte, la historia o la literatura.[39] Este es el caso de álbumes como La caja de Pandora, El señor de los chupetes, El Infierno o Al centro de la Tierra, que se inspiran en mitologías diversas, o en libros como El Señor de los Anillos, La Divina Comedia o Viaje al centro de la Tierra, respectivamente. Omaetxebarria y Pascual indicaron también la presencia de referencias literarias tales como Pinocho, El soldadito de plomo, así como alusiones a Disney.[44] Otros álbumes como El tesoro del conde Arnau o Los cerditos de Camprodón parten de fuentes menos convencionales del tipo de folletos turísticos o cerditos de mazapán.[45] [46]

El afán de observación le lleva asimismo a representar ambientes cotidianos de forma reiterada: se vuelven habituales escenarios como la oficina, el metro, los atascos en la ciudad, el campo de fútbol, el barrio Horta (donde Jan vivió por un tiempo), El Masnou, etc.[44] Jan se ha reconocido además un observador maniático de gente, ambientes o modas urbanas,[6] y esta intención de contemplar el mundo que nos rodea se puede advertir también en la diversidad de temas de actualidad y referencias culturales que aborda la colección. Hay multitud de ejemplos, comenzando con la obra de Los cabecicubos, escrita durante la Transición como retrato surrelista de esta,[35] hasta otros asuntos más coyunturales como Osama Bin Laden, caricaturizado como Bin Ladillen en Nosotros los Papino;[2] la televisión digital en El dios del bit o Monster Chapapote, una alusión a la crisis producida por el petrolero Prestige.

Documentación

Siempre que empiezo una historia, primero me documento y reúno material de todo tipo. Vázquez me decía que estaba loco pues los demás tendían a simplificar su dibujo y yo siempre me complicaba la vida.[23]
Jan

Con un fondo habitual de ideas por elegir y desarrollar,[42] cuando finalmente el dibujante elige algún tema procura documentarse lo mejor posible, investigar y empaparse de suficiente información. Esta fase, en la que Jan estudia el tema, reúne material de documentación y escribe el guion, suele ocuparle aproximadamente un mes.[41] [40] Este gusto por el detalle es una constante en toda la obra del autor y pueden encontrarse continuamente ejemplos sobre este proceder en sus guiones para Superlópez. Hay que resaltar que Jan es sordo total desde aproximadamente los seis años,[47] por lo que este handicap ha ayudado a que, además de autodidacta, el autor sea un gran observador y muy detallista.[41]

En El tesoro del Ciuacoatl Jan realizó una detallada labor de documentación sobre la cultura mexicana.

Podemos poner como ejemplo la realización del cómic El infierno, cuyo punto de inicio se debe, según cuenta el autor, a una declaración del Papa de que el infierno realmente existía. Tras ella, el dibujante se dedicó a estudiar La Divina Comedia de Dante y otros clásicos como El Diablo Cojuelo de Luis Vélez de Guevara y el Fausto de Goethe.[39] Puede advertirse así el paralelismo entre el Infierno que Superlópez debe atravesar en su historia y el descrito en La Divina Comedia.[28]

Otro caso que demuestra el empeño del autor en documentarse conciezudamente se da en el álbum El tesoro del Ciuacoatl, ambientado en México, donde Jan tuvo que investigar sobre la forma de hablar local para poder caracterizar bien a los personajes. Para ello apuntó todo tipo de frases que encontraba en los periódicos mexicanos, carteles, rótulos de las calles, grafittis, folletos populares o simplemente preguntando.[2] [23] El autor a menudo estudia también los modos de hablar de las tribus urbanas.[48]

Los estudios que realizó para elaborar La caja de Pandora sobre diversas mitologías de la humanidad y sobre parapsicología agradaron mucho a Jan. Éste se documentó en cantidad, y ha considerado al álbum en alguna ocasión como el mejor que ha realizado, porque le salió más redondo en aquella etapa.[37] Con esta aventura acabó además de perfilar su manera de realizar los guiones. Otras de sus historias favoritas son El Infierno, Tirannosaurus Sect o Los ladrones de Ozono.[43] Por otra parte El supercrack, que no fue elaborado por interés del autor, es considerado por éste como el peor que ha realizado.[37] Esta aventura, que gira en torno al fútbol, constituyó también otro ejemplo intenso de documentación, pues a Jan no le gusta este deporte y apenas lo conocía; tuvo por tanto que estudiarse gran cantidad de libros acerca de su historia, reglas y técnicas, y fue al Camp Nou, donde realizó fotos del estadio y del museo.[37]

Asimismo podemos citar otros títulos clásicos como Al centro de la tierra, basado en la novela de Julio Verne o aventuras más recientes como El patio de tu casa es particular, donde la acción se traslada a la época de las guerras carlistas.

Como se ha indicado, Jan no sólo pone cuidado a la hora de documentarse sobre los temas que narra en cada historieta, sino que intenta igualmente detallar de forma realista el paisaje y ambiente presente en sus dibujos:

Cuando tengo un guion resuelto me pongo nervioso, me da por revolver revistas, libros, recortar periódicos, hurgar en mi pequeño archivo de recortes y, finalmente, cojo mi cámara y me doy una vuelta por la ciudad fotografiando todo lo susceptible de servir como escenario de la historieta que voy a hacer.[42]

Un ejemplo de esto es la aventura de Los cerditos de Camprodón donde, tras visitar Camprodón, pueblo del norte de Cataluña, el dibujante pensó en crear una historieta ambientada en ese entorno. Se trasladó allí para realizar el guion sobre el terreno e hizo cientos de fotografías. Posteriormente, también se basó en recortes de periódico para realizar una representación de la cárcel Modelo, que quedó sin ser fotografiada.[46]

Renault 5 similar al modelo utilizado por López en Petisoperías.[49]

El realismo se aplica del mismo modo a otros objetos presentes en el escenario, como por ejemplo los medios de transporte. Jan suele fijarse en modelos a escala de coches, motos y demás transportes, comprados en tiendas de aeromodelismo, para ambientar apropiadamente cada aventura.[50] En Los Cerditos... utilizó cinco modelos de coches y tres de motos para tal fin.[46] Asimismo, esta preocupación viene reflejada en la manera de vestir de los personajes. Tal y como explica el propio dibujante:

Por mi parte prefiero la documentación ambiental, y un tanto también de vestuario; no se puede vestir a la gente actual como hace veinte años... Me he puesto a mirar cómo ha cambiado el vestuario de mis personajes y me pregunto cómo los voy a vestir en la próxima historieta.[51]

Las nuevas tecnologías y en especial Internet ayudaron a Jan a simplificar su búsqueda de documentación, permitiéndole prescindir de los recorridos por librerías y la carga de paquetes de libros.[6]

Desarrollo de los guiones

Estructura en capítulos

La distribución en capítulos impuesta por la publicación seriada de los primeros álbumes llevó a Jan a una etapa donde adaptó este sistema de distintas formas, estableciendo un estilo particular en la estructura de cada una de las historietas. Utilizó de esta manera una división de los capítulos por días en La semana más larga, en los que el total formaba una semana completa; en otras ocasiones, los capítulos constituían estados de ánimo, aspectos de la personalidad, fases de un proceso o sencillamente un avance en la trama. Omaetxebarria y Pascual comentaron que esta división convirtió progresivamente a la etapa en la más lúcida en cuanto a guiones. Mejora igualmente el chiste repetitivo ya presente con Efepé, y en esta época se muestran habituales estructuras repetitivas con idénticos principios y finales o viñetas en posiciones ya vistas, así como finales abruptos en apenas dos páginas.[52]

Entornos realistas

En cuanto sitúas la acción en determinada época o lugar es lógico que busques especificarlo en los dibujos, y no basta que el personaje pase junto a una cabina telefónica roja y diga «estoy en Londres». Intento que se vea que está en Londres y si el lector llega a reconocer entornos que él mismo ha visto, tanto mejor... resulta más creíble.[20]
Jan

Como ya se ha comentado, Jan acostumbra a ambientar fielmente las aventuras de Superlópez. Busca ser coherente y convincente, y que el lector reconozca los entornos,[22] ya que así tienen más vida.[48] Sin embargo, ello no significa que tome como modelo la realidad, sino que la ambienta desarrollando los temas de manera surrealista. De esta manera, aunque la España actual se refleje en los temas, los personajes y el tratamiento de las historias pocas veces tienen que ver.[53]

Esta pretensión por el detalle le ha llevado a realizar algunos álbumes donde destaca la representación fidedigna en las viñetas de escenarios de las zonas en donde transcurren las historietas, como por ejemplo el ya mencionado Los Cerditos de Camprodón. El viaje se convierte así en la fórmula narrativa en la que se apoyan algunas historietas, conduciendo a Superlópez a través de cada escenario, y constituye de forma usual un pretexto como detonante de la acción.[52] Al dibujante siempre le ha interesado conocer cómo eran en realidad los escenarios que dibujaba en sus cómics[48] por lo que, para la realización de la mayoría de este tipo de aventuras, solía visitar personalmente el lugar donde se iba a ambientar la historia y realizaba gran cantidad de fotografías (de 600 a 800) a todos los objetos o enclaves susceptibles de ser dibujados.[54] Para ello cargaba un pesado equipo con dos cámaras y numerosos carretes, aunque la fotografía digital ha mejorado este aspecto.[43]

La catedral de Alejandro Nevski, representada en Periplo búlgaro.

La primera historia que inicia esta impronta característica de determinados volúmenes de la colección es Periplo búlgaro, ambientado en Bulgaria, donde Jan quiso explícitamente que pareciera un viaje turístico.[54] Para ello se dispuso a dibujar los ambientes de Sofía, desde pintorescos tranvías amarillos hasta antiguas callejuelas de casas de madera de Plovdiv y Veliko o los restos arqueológicos del teatro romano de Plovdiv.[55] Esta atmósfera turística, sin embargo, hizo que el dibujante se ganara la crítica de que hacía catálogos turísticos en lugar de cómics.[54]

Foto de un torii en Nara (Japón), representado en una viñeta de La banda del dragón despeinado.

Para la realización de Al centro de la Tierra Jan buscó igualmente la recreación fidedigna de la atmósfera del libro de Julio Verne, estudiando tanto ilustraciones como las descripciones del trayecto y libros de espeleología, geología y mineralogía. Por su parte, para las vistas de Londres, París, Holanda, Hamburgo,etc. se basó en fotografías de libros, revistas, postales y similares.[56]

Asimismo, el ilustrador viajó a Arlés, con el guion ya preparado,[43] para documentarse sobre el entorno del pintor Van Gogh cuando montó la Maison Jaune junto con Gauguin e ilustrar así su volumen La Casa Amarilla. En el mismo caso se encuentra El castillo de arena, para el que Jan se desplazó hasta Túnez con un guion ya establecido.[43] En otros exponentes de este tipo de álbumes, sin embargo, el autor trabajó las ideas de los guiones durante la realización de los mismos viajes, como por ejemplo en La banda del Dragón Despeinado, cuya trama ocurre en Japón; o El tesoro del Ciuacoatl, en México.[43]

Esta clasificación también incluye a Las montañas voladoras, que recorre la extensión del Principado de Andorra y se inspira en la historia de Boris I de Andorra.[42] No en vano esta última aventura cuenta además con una edición traducida al catalán con motivo de la edición de 2005 del certamen La Massana Cómic. Igualmente, cabe mencionar obras tales como Un camello subió al tranvía en Grenoble... u Hotel Pánico.

No obstante, a pesar de que al autor le gusta conocer lugares nuevos, ha desistido de seguir realizando este tipo de viajes para documentarse allá donde no pueda pasar desapercibido, principalmente por entender que el comportamiento turístico supone un daño a los países que lo reciben.[43]

Crítica social

Cada historia se inspira en una problemática social concreta aunque no siempre se muestra con claridad, y depende de la actualidad... Se trata de que los lectores piensen un poco.[30]
Jan
Miro la vida, lo que pasa en este barco redondo en el que todos navegamos, y me gustaría contribuir a que muchos se dieran cuenta de que lo estamos echando a perder... si no lo está ya.[36]
Jan

Desde su toma de control sobre los guiones, Jan procura centrar los temas de sus álbumes alrededor de la realidad social de una manera surrealista.[21] El autor ha admitido tener una inclinación bastante docente,[48] y su intención era desde un principio realizar historietas con mayor contenido crítico social, del estilo de Spirou, lo cual no encajaba en el modelo Bruguera. Paradójicamente, las historietas de Spirou se compraban a agencias en las propias revistas Bruguera.[57] Con el tiempo, en los álbumes ha ido cobrando progresivamente fuerza esa mayor carga social, donde cada lector puede sacar conclusiones distintas y diferentes lecturas. Mediante la utilización de Superlópez como medio para mencionar, plantear o recordar distintos problemas,[6] cada aventura se convierte en una invitación a reflexionar sobre un tema y un reflejo de la realidad bajo una perspectiva irónica a la vez que crítica. La ambientación fantástica de algunos álbumes ayuda asimismo a mantener distancia con la realidad.[58] Jan ha hablado, por ejemplo, de su intención al realizar El gran botellón: «Señalo cómo una actitud de los jóvenes es explotada, con la consiguiente reacción lógica que lleva al extremo de su prohibición, todo un síntoma de fracaso social».[2]

Así, cada historia descansa en un trasfondo de crítica social, pero sin pretender al mismo tiempo dar soluciones. No intenta aleccionar ni tomar partido, «sino esperando que el lector quizá acabe tomando el suyo».[36] [41] El autor intenta no plantear verdades cerradas puesto que, según él, «toda verdad tiene muchas caras, como las piedras preciosas».[9]

Son habituales mensajes contra las drogas en los álbumes.

Entre los temas criticados con más frecuencia se encuentran referencias explícitas contrarias al uso del tabaco o las drogas,[59] con mensajes como «no fumes y lee», «no por mucho fumar amanece más temprano»,[60] «Calle cortada al tráfico» o carteles con jeringuillas tachadas.[61] Para entender mejor el objeto de esta campaña hay que resaltar que el público al que intenta llegar el autor con estos dibujos son principalmente los niños,[36] [62] por lo que, si bien el propio dibujante era fumador hasta 1990[60] (e incluso fuma ocasionalmente en pipa), sí que está en contra del consumo del tabaco u otras sustancias nocivas en niños.[33] En otras ocasiones, se ha hecho alusión al tema de los toros. [58]

Como mención de algunos álbumes donde se tratan diferentes temas podemos citar Los cabecicubos, retrato surrealista de la Transición; Un camello subió al tranvía..., donde se lucha contra el tráfico de drogas; El gran botellón, sobre el consumo de alcohol y drogas de diseño entre los jóvenes; El caserón fantasma, donde se pone de manifiesto el tráfico y explotación de niños en el Tercer Mundo;,[41] Tras la persiana, acerca de la explotación en talleres; o Hipotecarión, donde se refleja la burbuja inmobiliaria y todo su entramado.

Dibujo

Los cambios en el dibujo se explican simplemente porque quiero hacerlo cada vez mejor. [...] También están las ganas de experimentar, que es otra manera de hacerlo mejor: para crear hay que buscar, probar, y si hace falta fracasar se fracasa. Siempre he evitado hacer lo mismo exactamente igual. En cuanto a la paleta, depende de los métodos de impresión que fueron cambiando más a menudo de lo que la gente cree.[20]
Jan

Una vez perfilado el guion, el proceso de dibujo puede llevarle al autor entre tres y cuatro meses,[41] [40] si bien éste ha ido cambiando con la serie a través de los años. Aunque los métodos de reproducción e impresión usados han ido variando con el tiempo, Jan siempre ha dibujado con lápiz y tinta, sigue dibujando y entintando igual que hace 40 años.[20] Aun así, algunos de los materiales que utilizaba asiduamente han dejado de fabricarse, por lo que el dibujante ha ido adaptándose a las modificaciones;[8] como ejemplo, ha tenido que cambiar en varias ocasiones de plumilla.[63] En la década de 1980, el dibujante comentó su método de trabajo: como primer paso, creaba un pequeño boceto de entre 4 y 10 centímetros de alto para visualizar la página entera. A continuación, trasladaba esa idea a una página más grande, esbozando con lápiz rojo, donde también escribía el texto de los bocadillos para calcular su espacio. En ocasiones se ayudaba de otros materiales, como lápices verdes, azules, negros blandos, e incluso boli o rotulador. Tras esto, la página se utilizaba como modelo para dibujar, en una cartulina colocada encima del boceto, la versión final con lápiz de mina dura. Finalmente, en el entintado el dibujante perfeccionaba el dibujo realizado a lápiz.[51] Más recientemente, Jan ha mencionado que aboceta con lápiz 2B en hojas grandes, que luego son calcadas con lápiz de punta fina, para terminar con un entintado a plumilla.[8]


Desde su etapa en Bruguera, el dibujante quería conseguir una evolución en el formato. El leonés tiene un estilo de dibujo muy personal, y nunca le llegó a gustar la escuela Bruguera, pero en sus comienzos se vio obligado a plegarse al estilo de la editorial; al respecto, ha llegado a comentar que sufrió presiones por ejemplo para que recortara las narices.[32] Era, en sus propias palabras, «un rebelde al que le ponían un corsé».[13] Poco a poco, y gracias al relevo paulatino de los directivos, el dibujo fue adoptando la forma con la que su creador se sentía más cómodo, desde las tradicionales historietas Bruguera de viñetas pequeñas y chistes de una o dos páginas, hasta alcanzar un formato con viñetas más grandes semejante al modelo franco-belga de la época, como en Spirou.[23] El dibujante ha comentado que, en busca de lo que quería hacer y aprender a hacer, ya en Los Alienígenas llenaba las viñetas alegremente, lo que no era bien recibido en la editorial.[37] Según Antoni Guiral, cuando Jan llega a Bruguera, «rompe todos los esquemas de la línea blanda de la editorial, aportando [...] un grafismo fresco y lleno de matices, de trazo vivo y muy particular».[15] Omaetxebarria y Pascual indicaron igualmente que «su estilo se revela como personal e intransferible, y destaca especialmente del resto de tebeos de la editorial, tanto en el trazo, color, composición...»[18]

Jan defiende que hay que modernizarse continuamente en el dibujo, lo que le ha llevado a experimentar con la presentación de las viñetas y su distribución como función narrativa.[64] Puede advertirse cómo en los primeros números las viñetas son efectivamente de menor tamaño, mientras que en los más recientes éstas son más grandes, con una cantidad mayor tanto en detalle como en planos generales.[65] También se pueden apreciar otros cambios progresivos, como el modo de vestir de los personajes, las canas del protagonista, o el estilo de los bocadillos con unas flechas cada vez más simples.[66] Otro elemento característico del dibujo de las viñetas es el empleo de esquinas dobladas, como indicación de lapsus temporal.[67] Asimismo, como truco para atraer la atención del lector, se incluyen asiduamente en las páginas elementos como moscas o petisos.[8]

Muchos han elogiado el desempeño de Jan como dibujante,[20] [11] y el propio autor confiesa su empeño en intentar dibujar cada vez mejor.[24] Omaetxebarria y Pascual destacaron su «sobresaliente dominio del dibujo y la expresión, puesta en escena resuelta con encuadres inusuales que contribuyen al desarrollo de la acción, personajes que actúan de forma teatral, combinación texto-imagen que funciona como un todo coherente, empleo de la página con una planificación de las viñetas que influye en el ritmo de lectura y pausas del relato...»[64]

Coloreado

El proceso de coloreado ha ido variando igualmente a lo largo de los álbumes. Ya desde los primeros álbumes Jan rehuyó de la práctica habitual de Bruguera de dar color por indicación, con un empleo del color en el que rechaza los tonos planos, y con el que evoluciona conjuntamente al dibujo aproximándose también al modelo europeo.[68] En algunas entregas de la serie su creador utilizó la técnica de color directo, es decir, la aplicación de los colores sobre el mismo dibujo original. Para esto, Jan se valía de acuarelas líquidas para no tapar la línea de tinta, como ocurriría con el uso de gouache o acuarelas normales, que son opacas; para la terminación de los detalles empleó rotuladores y lápices de colores. Con este método se colorearon álbumes como Al centro de la Tierra y Los Petisos Carambanales, así como portadas. Jan, sin embargo, no siempre se ha encargado de dar color, pues en otros casos se empleó la pauta azul: tras grabar el original, en blanco y negro, se imprimen unas copias en color azul claro y éstas son las que se colorean. El asombro del robot, Periplo búlgaro o La caja de Pandora son ejemplos de álbumes pintados con esta técnica.[69] Las técnicas de impresión conllevaron además otros cambios; como ejemplo, Jan tuvo que volver a pintar todos los álbumes al pasar al sistema de escáner para hacer fotolitos.[24]

En busca del mejor resultado, el dibujante procura estar al día en los sistemas de color.[43] Por ello, cuando los Macintosh llegaron a los 200 MHz de velocidad,[43] Jan decidió utilizar la técnica de coloreado por ordenador,[70] concretamente a partir de la publicación de El Dios del bit.[71] Desde entonces, no utiliza acuarelas si no es para exponer un original. Este cambio no fue sin embargo en busca de una mayor comodidad o para reducir el tiempo de trabajo, pues el dibujante asegura emplear un tiempo similar en terminar sus páginas.[20] El autor ha pasado a emplear el ordenador para rotular, montar las páginas, dar color y grabar para la imprenta. Aunque su concepto de color por ordenador es el de pintar con este exactamente igual a como lo haría con pinceles y acuarelas, la utilización de esta herramienta en los cómics más recientes influye en los estilos de dibujo empleados y contribuye a añadir más detalle a algunas viñetas,[6] así como también le proporciona mayor control sobre los resultados.[43] Tras el escaneo, se ayuda de aparatos tales como una tableta gráfica y programas de edición de imágenes para dar finalmente el color.[8]

Elementos y gags recurrentes

Jan gusta de crearse sus propios tópicos, así como tiene tendencia a evitar los tópicos ajenos,[43] y ello dota a la serie de multitud de elementos particulares. Se pueden encontrar situaciones comunes, presentes a lo largo de muchas historietas, que ayudan a configurar y dotan de identidad al universo de Superlópez, un universo personal de Jan al cual ha llamado su «mundo mágico particular»,[72] y que es habitual al lector. Algunos de ellos son:

  • López, alter ego de Superlópez, ocupa su tiempo durante su horario laboral en la realización de gran cantidad de pajaritas, llegando estas en muchas ocasiones a abundar en su despacho.[73] El dibujante interpreta esto como un signo antiburócrata del personaje, más que como un rasgo de vagancia.[74] [33]
«Un café con leche y un croissant», expresión característica de la serie.
  • Al levantarse cada mañana, somnoliento, López se confunde cuando quiere pedir el desayuno o un billete de metro. Son típicas las frases matutinas «un café con leche y un croissant» delante de una taquilla o «un billete de ida y vuelta a...» ante la barra de algún bar.[73]
  • La congestión y el tráfico urbano es habitualmente parodiado, como puede verse por ejemplo en el recurso utilizado de dibujar vehículos que circulan (y aparcan) encima de otros. Los autobuses tampoco se libran de la parodia e incluso López llega a perder los pantalones al bajar de un autobús sobresaturado, al comienzo de Los cabecicubos. Las rutas inverosímiles y absurdas, tanto en autobuses como en señalizaciones, también son muy comunes. Algunos ejemplos son El Masnou-Bankong[nota 2] o Tokio-Sevilla.[nota 3] [75]
  • Para poder realizar sus cambios de vestimenta Superlópez utiliza, al igual que Superman, cabinas telefónicas presentes en la vía pública. Sin embargo, este tipo de cabinas acristaladas y aisladas del exterior ya no se encuentran habitualmente en el mundo real, por lo que este recurso se convierte en un anacronismo en los álbumes más modernos, y entra en conflicto con la representación realista y actual de los entornos que es habitual en la serie. Para minimizar esta carencia, podemos ver al protagonista realizar ya sus cambios en cabinas fotográficas, tejados, portales o plenamente al descubierto, aprovechando momentos de confusión.
  • Es habitual la inclusión de una frase inicial en la primera página de cada historieta, la cual alude al tema que se desarrolle en cada álbum. Esta tradición empezó a partir de la aventura La caja de pandora, aunque posteriormente se incluyeron otras frases en historietas anteriores como Los alienígenas, aprovechando su reedición.[76]
  • En el universo de Superlópez, al igual que se produce con los escenarios, se utiliza un lenguaje particular que versiona al mundo real de forma alternativa. Algunas palabras o personajes son denominados de forma que recuerdan a otros. Ejemplos de tales términos son Parchelona F.C. (F.C. Barcelona), Tronak el Kárbaro (Conan el Bárbaro), Benault (Renault), Brut Kanlaster (Burt Lancaster), Al Trapone (Al Capone), Lolaspaña (Lola Flores, ‘Lola de España’), Stupend Kong (Stephen Hawking), Falencia (Valencia) o Nipón (Japón). Se ha llegado a mencionar erróneamente que este lenguaje se debe a su sordera total, pero en realidad estas palabras, simplemente, se las inventa.[43] [48]

Hay asimismo otros términos que aparecen continuamente en los álbumes, como es el caso de los circuitos escarolitrópico-gmnésicos (desarrollados por el inquietante profesor Escariano Avieso), Kloperotaraska[43] o la palabra papastratos (o patastratos).[77] El origen de esta última se remonta a la etapa en Cuba de Jan, donde la usaba como alusión genérica de empresa o marca de producto en textos de cómic.[20] También es peculiar el uso de la frase «cachis la mar» (y otras de sus variantes utilizadas como «cachis en la mar», «mecachis» o «cachis»),[78] interjección utilizada habitualmente por Superlópez. Esta expresión es un homenaje a Mecachis, un dibujante del siglo XIX.[79]

Petisos carambanales

Los petisos carambanales son unos seres diminutos, orondos y habitualmente de color amarillo, productos ectoplásmicos originados por la energía supermediúmnica de Superlópez que aparecen alrededor de su figura. La idea de crear estos personajes le surgió a Jan tras leer acerca de parapsicología y paraciencias, historias de ectoplasmas y espiritismo de la época de El retorno de los brujos. Utilizados como un tópico más del dibujante, son un recurso visual para captar la atención del lector,[48] componer o encuadrar.[30] Se encuentran por primera vez en Al centro de la Tierra, si bien no es hasta la aventura de Los petisos… donde se explica la procedencia de estos seres.[80] No obstante, se pueden encontrar con anterioridad unos «primitivos» petisos, aunque verdes, en algunas portadas de la revista Superlópez de Ediciones B.[81]

Tabla de correspondencia del alfabeto petiso.

No todos los petisos son iguales en todas las historias. Tras unos primeros cómics con preponderancia de petisos calvos, su estilo y peinado va variando en sucesivos álbumes. Salvando el cambio debido a la propia evolución del dibujo de Jan, en diversas historias los petisos adoptan una determinada apariencia según el escenario en el que discurre la acción. En El castillo de arena, cuya trama se ubica en pleno desierto, algunos de los petisos aparecen con turbante. Otro ejemplo lo encontramos en La banda del Dragón Despeinado, cómic que transcurre en un Japón alternativo, y donde algunos de los petisos aparecen con ojos rasgados.[82]

Los petisos cuentan con un alfabeto propio particular, idea del propio dibujante,[20] el cual está asociado al alfabeto español. El lector puede entretenerse descifrando sus diálogos, si bien pueden localizarse algunas pequeñas erratas en ellos.[83]

Estos seres han sido parodiados en la serie de animación Cálico Electrónico con la aparición de unos personajes llamados «pelusos carambanales».

Personajes

Juan López/Superlópez

Superlópez nace en el planeta Chitón, bajo el nombre de Jo-Con-Él, y llega a la Tierra mediante una nave, siendo todavía bebé. Se pueden notar las similitudes con la historia de Superman, el cual nació en Kriptón y fue llamado Kal-El. Tras el aterrizaje, el bebé es adoptado bajo el nombre de Juan López Fernández por una pareja de ancianos, residentes en Cataluña.[84] Durante su crecimiento intenta llevar una vida corriente al tiempo que se esfuerza en controlar sus superpoderes y combatir el mal. Ya en su madurez, López trabaja inicialmente como un contable corriente, sometido a la presión de su jefe y a los antojos de su novia Luisa Lanas. Se realiza y evade de la rutina diaria ejerciendo de superhéroe bajo el alter ego de Superlópez, a menudo intentando comprender inútilmente qué ocurre a su alrededor y avanzando a base de mamporrazos hasta resolver los problemas por fortuna.[44] Asimismo, el protagonista cuenta con Villa Soledad, al estilo de la Fortaleza de la Soledad de Superman, una vivienda situada en el Ártico y utilizada como lugar de retiro. En un principio, el personaje oculta su identidad secreta bajo unas gafas, al igual que Clark Kent, pero en La caja de Pandora se le rompen y deja de usarlas.[85] El nombre de sus compañeros de trabajo tampoco es casual si se observa el paralelismo de Luisa Lanas con Lois Lane (novia de Superman) y de Jaime González con Jimmy Olsen (compañero de Clark Kent), así como con el personaje del jefe, sin nombre definido, y Perry White. Por su parte, para nombrar a López su creador buscaba un nombre que fuera paradigma de una personalidad media corrientísima, y que finalmente encontró en el suyo propio.[36] Como representación del español medio, López es forofo del equipo de fútbol Parchelona F.C.[6] Su aspecto es peculiar: cuenta con bigote y pelo negros (aunque se le añadieron canas) y viste un traje azul, similar a un pijama, que le cubre completamente excepto la cabeza y las manos. En el pecho porta una gran S amarilla y, al igual que Superman, lleva una capa roja y unos calzoncillos de slip negros por encima de los pantalones.

Superpoderes

Superlópez cuenta con una gran diversidad de superpoderes, propios de su condición de extraterrestre, aunque en Los alienígenas parece perderlos si no tiene puesto su traje: no puede volar y se estrella dos veces contra la acera. Concretamente, algunos de sus superpoderes son superfuerza, vuelo, supervelocidad, visión de rayos X, supervista, superoído y supersoplido, los cuales aumentan cuanto más enfadado está.[16] También es muy resistente a cualquier tipo de impacto (si bien, al ser golpeado por balas sí parece que le duelan) y prácticamente invulnerable, excepto por la chiktonita, que le produce alergia.[nota 4] La posición que utiliza Superlópez para volar es curiosa, puesto que lo hace con los puños en forma de cuernos.[23] Por otra parte, el traje en sí parece constar de algunas otras propiedades interesantes, como son la impermeabilidad (protege el códice en El tesoro del Ciuacoatl) y la incombustibilidad (tal y como puede observarse al compararlo con las capas falsas de El Infierno)[86]

Personajes secundarios

  • Jaime González Lidenbrock: Es compañero de trabajo de Luisa y Juan. Con pelo rubio rizado y una gran nariz curvada hacia abajo similar a un pimiento, Jaime realiza en los primeros cómics un papel de personaje chivato y vil, que desconfía de López. Más tarde, el personaje evoluciona perdiendo ese carácter malévolo hasta convertirse en buen amigo de Superlópez y coprotagonista de muchas de las aventuras. Su bisabuelo era el profesor Axel Lidenbrock,[56] protagonista de la novela Viaje al centro de la Tierra.
  • Luisa Lanas: También compañera de trabajo y amiga de Juan y de Jaime. Tiene un carácter fuerte y, al contrario que Lois Lane, no soporta el personaje de superhéroe de Superlópez, al que llama «supermedianía» (en clara referencia contrapuesta al apelativo de Superman «superhombre de acero»). Es altiva, tonta e insoportable, y no le cae bien Superlópez porque pretende que las actuaciones de éste son puro afán de protagonismo.
  • El jefe: El jefe de la empresa donde trabajan Juan, Jaime y Luisa. Es un personaje calvo, con gafas y gordo, que acostumbra a llevar traje y fumar puros. Cobra un protagonismo especial en algunos números como Los cabecicubos o Periplo búlgaro. Ha llegado incluso a intentar vender su alma en El Infierno para conseguir el éxito de su empresa.
  • Inspector Holmez: Inspector de policía admirador del inspector Dan, lleva indefectiblemente una gabardina y sombrero beiges. No muy avispado y excesivamente burocrático, suele encontrar a Superlópez en las salidas en las que interviene. Durante la epidemia de los cabecicubos concentró la resistencia ciudadana en las alcantarillas en el G.U.A. (Guerrilla Urbana Anticabecicuba). Sus frases típicas son «Sargento, tome nota» y «Sospechoso, sospechoso» y siempre anda pidiendo cacahuetes.
  • Martha Holmez: Hija del Inspector Holmez, es una chica inteligente e idealista que aparece por primera vez en Los cabecicubos bajo el rol de una atracadora de bancos, aunque más adelante Superlópez le convence para cambiar ese hobby por el dibujo. Vive en una casa junto con su abuela loca. En sucesivas aventuras forma una familia con Chico Humitsec.
  • Chico Humitsec: es un adolescente que domina con soltura la informática. Realiza su aparición en Los cerditos de Camprodón, aunque es a partir de Un camello subió... cuando cobra más protagonismo al conocer a Martha.

El propio Jan se ha representado a sí mismo de forma anecdótica en las viñetas. Cítense su aparición en un cartel como cantante de rock en Cachabolik Blues Rock, su asistencia en Los Petisos Carambanales a la boda de Juan y Luisa, o sus explicaciones sobre Superlópez en 25 años de Superlópez. Además, Jan llega incluso a coprotagonizar la historieta El fantasma del Museo del Prado, incluida en el mismo álbum que Cachabolik Blues Rock.[87]

Villanos

  • Doctor Escariano Avieso: De malévolas intenciones, este calvo e inquietante inventor siempre lleva una bata blanca y gafas negras. Es muy despistado y desorganizado, como puede colegirse de que siempre lleve un zapato y una zapatilla como calzado. A pesar de ello, sus numerosas creaciones, basadas en los circuitos escarolitrópico-gmnésicos de su invención, dan más de un quebradero de cabeza a Superlópez. Se ha asociado en alguna ocasión con Al Trapone, Refuller D'Abastos y Nasty.com. Realiza su primera aparición en «La semana más larga».
  • Al Trapone: es un gánster, jefe de una banda de delincuentes formada habitualmente por Carasucia, Carapincho, Caracortada o Pistolet, entre otros. Siempre anda en negocios ilegales y en ocasiones se ha asociado con el profesor Escariano Avieso o Refuller D'Abastos.
  • Carasucia: Individuo de raza negra y de gatillo fácil que forma parte habitual de la banda de Al Trapone.
  • Caracortada:También forma parte de la banda de Al Trapone. Una gran cicatriz le corta la cara.
  • Carapincho: Calvo, grande, bruto y con barba, sólo es capaz de pronunciar monosílabos como hug. Usualmente es parte integrante de la banda de Al Trapone.
  • Refuller D’abastos: Jorobado, estafador, corrupto y calvo, le podemos ver en su primera aparición como ministro de Tontecarlo en En el país de los juegos, el tuerto es el rey. Más tarde se independizó dedicándose a otros negocios como el tráfico de drogas, estableciendo relaciones con Al Trapone, Escariano Avieso o Nasty.com. Lady Araña formaba parte de su banda.
  • Lady Araña: Esta malvada y manipuladora pelirroja cuenta con toda una trilogía dedicada a ella. Estuvo en la banda de Refuller D'Abastos hasta que se estableció por su cuenta. Posteriormente decidió montar una floristería para retirarse temporalmente de la delincuencia. Tiene un caniche asesino de nombre Tiburón.
  • Nasty.com: Es un experto cracker informático, hijo de Lady Araña. Este niño prodigio, egocéntrico y vanidoso, se ha asociado en turbios negocios con Refuller D'Abastos y Escariano Avieso.
  • Eugene Mengelele: Es un alienígena que pretende dominar el planeta tierra pero el protagonista siempre se lo ha acabado impidiendo. Está basado en Josef Mengele.

Personajes ajenos

En las aventuras de Superlópez, el autor ha introducido (al igual que han hecho otros) muchos personajes ajenos. Jan, durante muchos años, para sobrevivir dibujó troquelados y demás sobre Heidi, Popeye, Mortadelo y Filemón, etc. Por ello es normal ver en alguna viñeta de los cómics, cual individuo de la ciudad o estampados en camisetas o posters, a estos personajes,[88] así como a otros como a Anacleto, Pafman e incluso a Pulgarcito (personaje del propio Jan).[89] En Monster Chapapote, aparece 'Mister X', personaje de Athos y Enrique Carlos, quienes tienen la propiedad intelectual de un personaje de Jan: Pun Tarrota.[90]

Desarrollo de los personajes

Jan, el autor de Superlópez, ha manifestado en más de una ocasión que, tras conseguir un personaje consolidado en las primeras historietas, no se preocupa tanto de la evolución de los personajes como de desarrollar realmente cada nueva historia, siendo para ello el papel de superhéroe un mero pretexto:

[...] Me preocupa cada vez y en cada momento la historia qué voy a hacer sin importarme mucho que el personaje evolucione como sea necesario. Creo que ahora es más creíble, humano y con más profundidad. Pero para mi el personaje es meramente la excusa para contar historias. No miro atrás casi nunca.[23]
Jan
Al principio, el objetivo era ganar lectores parodiando a Superman y criticando los superhéroes... Después me dediqué a lo que realmente quería hacer: explicar mis propias historias. Realmente el personaje es sólo un medio de expresión para mí. No pretendía crear otro superhéroe precisamente, aunque fuera para criticarlos.[41] [nota 5]
Jan

Esto se puede observar claramente en la aventura de La gran superproducción, donde la historia no gira en torno a la faceta de superhéroe del protagonista, sino más bien sobre los entresijos del rodaje de una película.[5] Sin embargo, en sus más de 30 años de historia, el personaje de Superlópez ha ido evolucionando naturalmente junto con sus historietas. Como afirma el propio autor:

Jan, el creador de la serie.
Si Superlópez ha evolucionado lo habrá hecho conmigo, ya que yo soy todos mis personajes. Me aburre sobremanera hacer las cosas siempre igual. Detesto mirar atrás. Por eso acabé dibujándole patillas blancas a Superlópez. ¡No podía rejuvenecerle y ponerle piercings![36]

Aún así, el dibujante procura adaptar los personajes a los cambios para que se mantengan actuales, pues «se hacen grandes con los lectores así que hace falta evolucionar con ellos».[35] Cuando creó a Superlópez, básicamente lo concibió «como un tipo de español medio, oscuro empleado de oficina, y este ha evolucionado»; pero es difícil reflejar esta evolución sin cambiarlo.[8] Como ya se ha comentado, Jan presta atención al vestuario, aunque no se basa únicamente en ese recurso. Por ejemplo, introduce nuevos secundarios más jóvenes y más al día; un ejemplo de ello es la aparición de Chico y Martha. De esa manera, puede continuar con la evolución de los personajes sin ponerle aretes ni pantalones bajos a Superlópez.[53] Por el contrario, Omaetxebarria y Pascual valoraron que en los personajes «no hay evolución, ni en su forma de actuar ni de pensar y pasan desapercibidos perdiendo interés».[68]

Jan suele decir que él es todos y cada uno de sus personajes, y sus historias son un reflejo de su personalidad,[2] si bien hay que matizar que, aunque interpreta a los personajes en su cabeza cuando escribe las historias, con ello no quiere expresar que sea como ellos.[48] Sobre esto, el dibujante ha comentado que algunos lectores presuponen cómo es él a partir de lo que leen en sus historietas, por lo que pueden sacar conclusiones erróneas, como la impresión de que le guste el fútbol a partir de la lectura de El supercrack. Por ello, con el fin de evitar que se le atribuyan a él, ha procurado evitar mostrar cuáles son las ideas políticas de Superlópez.[58] Sin embargo, además de compartir nombre, Jan asegura que mucho del carácter que le asigna a Juan López es calcado del suyo,[39] como por ejemplo su intolerancia hacia las imposiciones,[48] aunque trata de darle a cada personaje su propia idiosincrasia.

El autor intenta que los personajes se complementen por confrontación: Jaime, Luisa y el Jefe hacen el contrapunto a López/Superlópez aunque, según la historia en cuestión, todos los demás secundarios los pueden sustituir en ese cometido.[36] [72] Por otra parte, busca evitar que los personajes se perciban como meros pictogramas, sino que estos actúen, gesticulantes como actores de teatro,[8] [43] [36] y en ocasiones incluso se dirigen directamente al lector.[52]

Recepción y críticas

Superlópez ha sido uno de los personajes de tebeo español que mayor popularidad ha alcanzado desde la década de 1970,[11] sólo comparable a la obtenida por Mortadelo y Filemón.[1] Ricardo Aguilera y Lorenzo F. Díaz han afirmado que se halla «más en consonancia con la escuela valenciana» que con la escuela Bruguera, «pese a los ocasionales ramalazos críticos de la realidad que nos rodea».

Si bien existe cierto consenso sobre la buena calidad de los primeros nueve álbumes de la serie, el resto del material de la serie recibe valoraciones más negativas. Jan, al respecto, ha mencionado que estas críticas pueden tener algo de fundamento, pero también ser producto de la nostalgia.[32] Ha comentado asimismo que los nostálgicos le critican bastante que ya no pinte con las acuarelas anilinas de antaño.[8]

Algunos han considerado que la mejor época de Superlópez fue la que contó con Pérez Navarro a los guiones.[1] [91] [92] Por su parte, Eric Frattini menciona en su Guía básica del cómic que, a partir de La gran superproducción, número diez de la serie, esta se muestra «repetitiva, falta de ingenio [...] y cada vez más enfocada a un público meramente infantil».[11] Omaetxebarria y Pascual mencionan que «aparecen en este n.º los primeros síntomas de la enfermedad que acabará con la serie: viñetas cada vez más grandes o la sencillez y simplicidad de las historias progresivamente se unen a la despersonalización de los personajes y el exceso de moralina (a veces insultante)». Reprochan también la pretensión del autor por la crítica social, como una «crítica ingenua de los actuales males de la juventud», con mensajes moralizantes introducidos «de una forma artificiosa y obsesiva que resulta por acumulación ridícula y absurda».[68]

En la segunda página del álbum de 1991 Un camello subió a un tranvía en Grenoble y el tranvía le está mordiendo la pierna Jan sintetiza por boca de sus personajes algunas de estas críticas, como que las historietas van «de lo soso a lo lamentable», se alejan de la parodia de superhéroes o parecen catálogos turísticos.[nota 6]

Las ventas de Superlópez han ido disminuyendo, sobre lo cual en 2011 comentó el autor: "La supervivencia de la serie no depende de mí, sino de las ventas, y lo cierto es que no van bien. La crisis también me ha dado patadas y ya estoy en números rojos. Mi imaginación no se acaba, pero la continuidad depende de los lectores".[58]

Ediciones

Las aventuras de Superlópez se suelen referenciar por el número de álbum de la colección Olé! (posteriormente Fans Superlópez.[93] ) en el que aparecen, pues en dicho formato se recoge casi todo el material publicado del personaje. Esta colección no sigue un orden cronológico riguroso de la obra de Jan, produciéndose algunos desajustes, como por ejemplo la aventura Los petisos carambanales, recogida en el número 15, que cronológicamente debería situarse entre la 10 y la 11.[80] Ocurren casos similares en los números recopilatorios 13 y 33.

Colección Olé!/Fans Superlópez

La fecha corresponde al año de primera publicación en la colección, no de producción.

  • 1996: Los gemelos Superlópez: Vamos a ver elefantes...
  • 1997: Los cybernautas
  • 1997: El supercrack
  • 1998: Las minas del rey Soplomón
  • 1999: 25 años de Superlópez
  • 1999: Otra vez lady Araña
  • 2000: La guerra de lady Araña
  • 2000: Adiós lady Araña
  • 2001: El dios del bit
  • 2002: El caserón fantasma
  • 2002: Nosotros los Papino
  • 2003: El gran botellón
  • 2003: El patio de tu casa es particular
  • 2004: Monster chapapote
  • 2004: Las montañas voladoras
  • 2005: Tras la persiana...
  • 2005: Gritad, gritad, malditos...
  • 2006: La casa amarilla
  • 2006: La feria de la muerte
  • 2007: Politono Hamelín
  • 2007: Hipotecarión
  • 2007: Iba caminando...
  • 2008: En busca del templo perdido...
  • 2008: La brújula esdrújula
  • 2009: Tú, robot...
  • 2009: La biblioteca inexistente
  • 2010: ¡A toda crisis!
  • 2010: El virus Frankenstein
  • 2011: El mundo de al lado
  • 2011: Elecciones en Kaxim
Colección Super Humor Superlópez

La colección Super Humor Superlópez es una edición recopilatoria de la colección Olé/Fans. Se edita en tapa dura, pero no contiene las portadas originales de la colección Olé/Fans. La fecha entre paréntesis corresponde al año de primera publicación en la colección, no de producción.

  • n.º 1 (1ª 1982, 5ª 2009)
    • 1. Aventuras de Superlópez
    • 2. El supergrupo
    • 3. ¡Todos contra uno, uno contra todos!
    • 4. Los alienígenas
    • 5. El señor de los chupetes
  • n.º 2 (1ª 1987, 5ª 2009)
    • 6. La semana más larga...
    • 7. Los cabecicubos
    • 8. La caja de Pandora
    • 9. La gran superproducción
    • 10. Al centro de la Tierra
  • n.º 3 (1ª 1989)
    • 11. Cachabolik Blues Rock y El fantasma del museo del Prado
    • 12. En el país de los juegos, el tuerto es el rey...
    • 13. El génesis de Superlópez
    • 14. El asombro del robot y Una vez, en una ciudad...
    • 15. Los petisos carambanales y otras petisoperías
  • n.º 4 (1ª 1991)
    • 16. Los cerditos de Camprodón
    • 17. Periplo búlgaro y El tesoro del conde Arnau
    • 18. La banda del dragón despeinado (Yakuza) y La bomba
    • 19. Hotel Pánico y La cosa del pantano, el flautista de Hamelín y otras soserías
    • 20. Un camello subió al tranvía en Grenoble y el tranvía le está mordiendo la pierna
  • n.º 5 (1ª 1994, 2ª 2003)
    • 21. El tesoro del Ciuacoatl
    • 22. Los ladrones de ozono
    • 23. El castillo de arena
    • 24. La aventura está en la esquina
    • 25. Tyrannosaurus sect
  • n.º 6 (1ª 1997)
    • 26. Los gemelos Superlópez
    • 27. La acera del tiempo
    • 28. El infierno
    • 29. Los gemelos Superlópez: Vamos a ver elefantes...
    • 30. Los cybernautas
  • n.º 7 (1ª 2001, 2ª 2003) «por primera vez se recopilan en un orden diferente al de publicación»
    • 34. Otra vez lady Araña
    • 35. La guerra de lady Araña
    • 36. Adiós lady Araña
    • 33. 25 años de Superlópez
    • 32. Las minas del rey Soplomón
  • n.º 8 (1ª 2002, 2ª 2009) «primer tomo de 4 números en vez de 5»
    • 31. El supercrack
    • 37. El dios del bit
    • 38. El caserón fantasma
    • 39. Nosotros los Papino
  • n.º 9 (1ª 2004)
    • 40. El gran botellón
    • 41. El patio de tu casa es particular
    • 42. Monster chapapote
    • 43. Las montañas voladoras
  • n.º 10 (1ª 2006)
    • 44. Tras la persiana...
    • 45. Gritad, gritad, malditos...
    • 46. La casa amarilla
    • 47. La feria de la muerte
  • n.º 11 (1ª 2008)
    • 48. Politono Hamelín
    • 49. Hipotecarión
    • 50. Iba caminando...
    • 51. En busca del templo perdido...
Ediciones en otros idiomas
En la publicación de Super Meier en Alemania atribuyeron erróneamente a Ibáñez como autor.

A partir de la edición de Los alienígenas los signos de admiración de las onomatopeyas se eliminaron para facilitar la traducción a otros idiomas de forma que hubiera que modificar únicamente el texto de los bocadillos.[94] Sin embargo, sólo se tradujeron a Alemania con el nombre de Super-Meier apenas doce números entre 1980 y 1986, un número en Dinamarca (impreso en Bélgica) con el título de Superdan y en Noruega con el título de Superegon.[95] Esta poca difusión fuera de las fronteras se debe a la presión ejercida por DC Comics;[23] Bruguera no cedió en cuanto a España y Alemania, pero en los demás países hubo que dejarlo,[23] y la editorial americana consiguió evitar su publicación en francés en países como Francia o Bélgica.[12] En la revista Superlópez n.º 37 de Ediciones B, además, se indica una edición sueca con el nombre de Super Nilsson. Jan, en todo caso, no ha estado muy interesado en la publicación en otros idiomas fuera de las fronteras, porque no puede controlar la traducción de los textos.[48] Con la publicación del primer número en Alemania, se cometió incluso el error de indicar como autor en su lugar a Francisco Ibáñez, y cuando se les informó del error, la editorial alemana rectificó presentando a Jan como autor surgido del estudio de Ibáñez.[24]

Existen ediciones en catalán de los primeros números con el nombre de «Super Llopis» en la colección Mestres de l'humor, que la Generalidad de Cataluña se comprometió a subvencionar. En 2005 el Comú de Canillo, Andorra, encargó y repartió entre sus habitantes una edición limitada a 1000 ejemplares de «Les Muntanyes Voladores». Se trata de una traducción al catalán de Las montañas voladoras, esta vez respetando el nombre original del personaje, Superlópez.

En gallego, a cargo de la editorial Cerditos de Guinea, se realizó una edición en 2010 de La caja de Pandora, traducida como «A caixa da Pandora».[96]

Adaptaciones a otros medios

En 2003 se dio a conocer un cortometraje animado homónimo realizado por Enrique Gato, de apenas 3 minutos de duración, que quiso hacer como homenaje al personaje.[97] También ha habido intentos de llevarlo a la gran pantalla con personajes de carne y hueso por parte de productoras como Antena 3 Films y On pictures,[98] que se anunciaron tras el estreno de Mortadelo y Filemón. Misión: salvar la Tierra o el director Álex de la Iglesia que también hizo comentarios en este sentido en octubre de 2009.[99] Por su parte, el dibujante prefiere no intervenir en el proceso de elaboración de las adaptaciones; si bien ha comentado en alguna ocasión que le encantaría ver a Woody Allen en el papel de López/Superlópez,[2] [41] tras muchos años de propuestas ya no siente ningún interés personal por la realización de algún proyecto similar.[53] Otros proyectos, como la creación de juegos para ordenador o diversos intentos para la adaptación de dibujos animados, tampoco consiguieron llegar a buen puerto.[23] Jan, quien en su etapa en Cuba trabajó en el sector de la animación y además tiene un estilo muy personal, es muy exigente al respecto de este tipo de propuestas; no le gustaría una adaptación a la pequeña pantalla como la que se realizó con la serie de Mortadelo y Filemón.[33] También, aunque escasa, hay que resaltar la creación de merchandising de Superlópez, con el lanzamiento de productos como camisetas, muñecos, toallas y tazas.[100] Por otra parte, en 2010, Superlópez fue imagen de la campaña de Microsoft El ahorro mutante, orientada a las pymes.[101]

Véase también

Referencias

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Notas
  1. El resto de títulos de la colección estuvo compuesto por Don Plácido (Alfons Figueras), King Tongo (Ventura y Nieto), Tarzanillo (Manel Ferrer) y Franciscostein (Joan Bernet Toledano) (Guiral (2008), p. 325)
  2. Véase Al centro de la Tierra, p.1
  3. Véase Cachabolik Blues Rock, p.26
  4. Véase 25 años de Superlópez
  5. En catalán en el original: «Al principi, l'objectiu era guanyar lectors parodiant Superman i criticant els superherois... Després em vaig dedicar al que realment volia fer: explicar les meves pròpies històries. Realment el personatge és només un mitjà d'expressió per a mi. No pretenia crear un altre superheroi precisament, encara que fos per criticar-los.»
  6. Estas críticas aparecieron en un artículo del n.º 14 de la revista Krazy Comics de noviembre de 1990 (Oliver (1990), p.31)
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Enlaces externos


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